Ucrania:«Sin la intervención directa del Papa, la tregua no habría sido posible», afirma arzobispo

El arzobispo mayor de Kyiv-Halych, Sviatoslav Shevchuk, calificó de “profético” el papel de León XIV en la crisis humanitaria de Oleshky. La tregua de seis días permitió llevar alimentos y medicinas y evacuar a casi 800 personas de la localidad ucraniana ocupada por Rusia.

IGLESIA EN UCRANIA

Ana Paula Morales (Poli)

11/7/20266 min leer

Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de Kyiv-Halych y jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana. Foto: Mykola Vasylechko / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

CIUDAD DEL VATICANO.— El arzobispo mayor de Kyiv-Halych y cabeza de la Iglesia greco-católica ucraniana, Sviatoslav Shevchuk, aseguró que la intervención personal del papa León XIV fue decisiva para abrir una tregua humanitaria en Oleshky, localidad del sur de Ucrania ocupada por las fuerzas rusas y castigada durante meses por la escasez de alimentos, agua, medicamentos y electricidad.

“Sin la voz y la intervención directa del Santo Padre, la tregua no habría sido posible”, afirmó Shevchuk en una entrevista difundida este jueves por Vatican News.

El líder greco-católico calificó de “profético” el gesto de León XIV, quien durante octubre telefoneó personalmente tanto al presidente ruso, Vladímir Putin, como al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para pedir una pausa en las hostilidades que permitiera llevar ayuda humanitaria y facilitar la salida voluntaria y segura de los civiles.

La llamada a Putin tuvo lugar el 16 de octubre, cuando León XIV todavía permanecía hospitalizado en el Policlínico Gemelli de Roma. Días después, ya fuera del hospital, el Pontífice habló con Zelenski y volvió a plantear la urgencia de encontrar una salida para los habitantes de Oleshky.

Según Shevchuk, aquella intervención rompió lo que describió como un “desierto humanitario” en torno a una población prácticamente aislada por la guerra.

Una ciudad sin alimentos ni vías de escape

Oleshky se encuentra en la región de Jersón, en la margen izquierda del río Dniéper, frente a zonas controladas por Ucrania. Las fuerzas rusas ocupan la localidad desde el comienzo de la invasión a gran escala de 2022.

Durante meses, sus habitantes enfrentaron una situación cada vez más precaria. Las carreteras estaban minadas, la infraestructura había resultado gravemente dañada y la llegada regular de alimentos, agua potable y medicamentos se había vuelto extremadamente difícil.

Shevchuk afirmó que durante el verano algunas personas llegaron incluso a alimentarse con hojas verdes ante la falta de comida.

“Todos sabíamos que, si no se hacía nada, nadie sobreviviría al invierno”, explicó.

La tregua humanitaria comenzó el 27 de octubre y se mantuvo durante seis días. Permitió realizar labores de desminado, introducir suministros esenciales y organizar la evacuación de civiles.

Reuters informó que casi 800 personas fueron evacuadas en total. Los residentes fueron trasladados inicialmente en autobuses y ambulancias hacia Crimea y posteriormente divididos entre quienes querían dirigirse hacia Rusia y quienes deseaban regresar a territorio controlado por Ucrania.

Shevchuk relató que grupos de evacuados que regresaron a Ucrania fueron recibidos por Cáritas después de atravesar Bielorrusia.

La operación, coordinada con participación de representantes humanitarios rusos y ucranianos, contó también con la intervención diplomática de la primera dama estadounidense Melania Trump. Reuters describió la pausa como la tregua localizada más prolongada desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala.

«Cuando existe un mínimo de buena voluntad, se pueden salvar vidas»

Para Shevchuk, lo ocurrido en Oleshky demuestra que incluso en medio de una guerra prolongada existe espacio para acuerdos capaces de proteger vidas humanas.

El arzobispo expresó su esperanza de que la experiencia pueda convertirse en precedente para futuras iniciativas.

León XIV manifestó una esperanza semejante durante el Ángelus del 1 de noviembre, cuando pidió que la cooperación que hizo posible la operación humanitaria genere “nuevas iniciativas concretas en favor de la paz”.

Sin embargo, la tregua tuvo límites claros.

Los combates continuaron en otras regiones de Ucrania y, una vez terminada la pausa, Kyiv acusó a las fuerzas rusas de haber utilizado esos días para rotar tropas, reforzar posiciones defensivas y mejorar su logística. Moscú no confirmó específicamente esas acusaciones; el Kremlin señaló que los movimientos militares durante una tregua no resultan inusuales.

Familias separadas por la guerra

Shevchuk advirtió además que las consecuencias de la guerra van mucho más allá de los frentes de combate.

Según el arzobispo mayor, cerca de dos tercios de las familias ucranianas viven actualmente algún tipo de separación forzada: numerosos hombres permanecen en el frente mientras mujeres y niños se encuentran en regiones más seguras del país o en el extranjero.

A ello se suma una fuerte caída de la natalidad.

Shevchuk señaló que la incertidumbre y el miedo al futuro están dificultando que las parejas jóvenes puedan pensar en formar o ampliar sus familias.

“La familia, entendida como comunión de vida, está profundamente herida en Ucrania”, explicó.

También expresó preocupación por los niños y adolescentes que crecen en medio de las ausencias familiares, la violencia y una creciente dependencia de las herramientas digitales.

Recordó el caso de un adolescente de 13 años que le confesó que nadie tenía tiempo para él excepto la Iglesia.

Para Shevchuk, ese fenómeno está creando lo que denominó una generación de “huérfanos sociales”: jóvenes que quizá tienen padres, pero que experimentan soledad, desplazamiento o rupturas familiares provocadas por la guerra.

«Permanecer humanos en circunstancias deshumanas»

El jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana afirmó que uno de los mayores desafíos pastorales es impedir que la sociedad termine acostumbrándose a la muerte y a la violencia.

Recordó su visita a Bucha después de la retirada de las fuerzas rusas y la experiencia de encontrarse frente a cadáveres y fosas comunes.

Ante aquellas escenas, explicó, las diferencias religiosas o nacionales perdían cualquier importancia.

“Somos todos iguales, todos seres humanos”, afirmó.

Para el arzobispo, la misión de la Iglesia en medio de la guerra consiste precisamente en crear “espacios de humanidad” y ayudar a las personas a no perder su capacidad de compasión.

Shevchuk concluyó pidiendo oración y solidaridad internacional con Ucrania ante la llegada de un nuevo invierno, mientras los ataques continúan afectando instalaciones eléctricas y sistemas de calefacción.

“La caridad cristiana salva vidas”, afirmó.

Y frente a la pregunta de cuándo terminará la guerra, respondió desde la fe: los seres humanos saben iniciar las guerras, dijo, pero después pueden convertirse en sus prisioneros.

Para Shevchuk, la experiencia de Oleshky ofrece, al menos, una pequeña demostración de que incluso en medio del conflicto todavía es posible detener las armas durante unas horas o unos días y colocar la vida humana por encima de la guerra.

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