“La Iglesia acompaña y llora a quienes regresan en ataúdes”: Cáritas-Spes en el corazón herido de Ucrania

El padre Viacheslav Hrynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania, relata a Press Crux cómo la Iglesia acompaña a niños, familias desplazadas y comunidades golpeadas por una guerra que sigue destruyendo hogares, separando familias y robando la infancia.

Ana Paula Morales (Poli)

9/1/20268 min read

Caritas Spe Ucrania
Caritas Spe Ucrania

“La Iglesia acompaña y llora a quienes regresan en ataúdes”: Cáritas-Spes en el corazón herido de Ucrania

El padre Viacheslav Hrynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania, describe para Press Crux una emergencia que no termina: evacuaciones, infancia herida, familias fracturadas y una Iglesia que permanece junto a los vivos y los muertos.

Por Ana Paula Morales

En Ucrania, la guerra también se mide en cartas infantiles. Cada Navidad, Cáritas-Spes organiza la campaña “Carta a san Nicolás”, en la que niños de distintas regiones escriben sus deseos. Casi ninguno pide juguetes. Piden que termine la guerra, que sus padres regresen vivos del frente, que sus amigos vuelvan a casa o que ellos mismos puedan regresar algún día a las habitaciones donde transcurrió su infancia.

“Lo más doloroso es comprender que algunos de estos niños ya no tienen adónde volver”, relató a Press Crux el padre Viacheslav Hrynevych, SAC, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania, la misión caritativa de la Iglesia católica de rito latino en el país.

El sacerdote conoce el límite de toda respuesta humanitaria: se puede entregar alimento, combustible, ropa de invierno o un techo provisional, pero no se puede comprar la paz ni prometer que un padre volverá.

“No sabes cómo responder a la pregunta: ‘¿Cuándo terminará la guerra?’. Pero debes contestar, como adulto, en el papel de san Nicolás. Y esa respuesta no debe romper el corazón del niño, aunque rompa el tuyo”, afirmó.

Su testimonio llega cuando Ucrania atraviesa un nuevo periodo de enorme presión sobre la población civil. El Plan de Necesidades y Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas para 2026 calcula que 10.8 millones de personas necesitan asistencia y protección. Los organismos humanitarios pretenden alcanzar a 4.12 millones de las más vulnerables, mientras alrededor de 3.7 millones de personas permanecen desplazadas dentro del país.

El comienzo del nuevo curso escolar volvió a mostrar esa normalidad quebrada. EFE informó que unos 2.2 millones de niños regresaron a las aulas y otros 1.4 millones reanudaron sus estudios a distancia o bajo una modalidad híbrida, en un país sometido a ataques constantes.

Associated Press describió cómo una alerta aérea interrumpió en Kiev las ceremonias del primer día de clases. Las risas, la música y los globos dieron paso al sonido de las sirenas y a la carrera de alumnos, padres y maestros hacia los refugios. De las escuelas secundarias del país, casi una tercera parte no puede operar completamente de manera presencial.

La violencia no dio tregua después del inicio del curso. El 2 de septiembre, Reuters informó que Kiev sufrió el séptimo día consecutivo de ataques aéreos. Once personas resultaron heridas y varios edificios residenciales y universitarios fueron dañados; alrededor de 160 estudiantes tuvieron que buscar refugio mientras se encontraban en clase.

En Odesa, los ataques contra instalaciones energéticas dejaron sin electricidad a más de 350,000 hogares. En Dnipró murieron dos personas y fueron alcanzados almacenes de alimentos y edificios educativos. Esta nueva escalada concede todavía mayor urgencia a la advertencia del padre Hrynevych sobre la preparación para el próximo invierno.

El director de Cáritas-Spes explicó que las comunidades necesitan combustible para generadores, materiales de calefacción, ropa abrigadora y fuentes alternativas de luz. A ello se suma la destrucción de instalaciones de almacenamiento causada por los ataques rusos. La organización está actualizando las necesidades de todas las diócesis para presentar solicitudes a sus socios internacionales y organizar la respuesta.

Cortesía Cáritas Spe Ucrania

padre Viacheslav Hrynevych
padre Viacheslav Hrynevych

Dejar una vida entera

Para el padre Hrynevych, uno de los desafíos más dolorosos es la evacuación. No consiste únicamente en trasladar a una persona lejos del fuego: significa arrancarla de su hogar, su empleo, su parroquia, sus vecinos y sus recuerdos.

“Imagina que has vivido toda tu vida en un lugar y, de pronto, te ves obligado a dejarlo todo y comenzar desde cero. Es un estrés enorme”, explicó.

En primavera, la organización evacuó al personal de su centro en Nikópol, una ciudad situada frente a los territorios ocupados, al otro lado del río Dniéper. El viaje hasta Leópolis tomó cerca de dos días. Hoy, señaló, esas personas han logrado adaptarse, pero la experiencia muestra el costo humano que permanece escondido detrás de la palabra desplazamiento.

En las comunidades cercanas al frente, la comida depende en gran medida de voluntarios y militares, la atención médica está gravemente interrumpida y la educación presencial queda bloqueada por los bombardeos.

La fatiga internacional agrava esa vulnerabilidad. Reuters advirtió en junio que los recortes de ayuda no habían reducido la crisis humanitaria y que la guerra seguía causando un profundo daño psicológico, especialmente entre mujeres y niños.

Associated Press, por su parte, recogió la advertencia del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados: la diplomacia sigue siendo la única salida viable, mientras el financiamiento humanitario se queda corto frente a las necesidades.

Hrynevych percibe esa demora desde el terreno. Cuando la situación es crítica, explicó, cada proceso burocrático hace que la ayuda necesaria “ayer” llegue tarde. Por eso pide que la solidaridad no se debilite: desde la oración y la difusión en redes sociales hasta la ayuda material, todo puede sostener a quienes se preparan para afrontar otro invierno extremadamente difícil.

Una infancia atravesada por la guerra

La guerra en Ucrania no comenzó en 2022. Desde 2014, con la ocupación de Crimea y el inicio de los combates en el Donbás, una generación entera ha crecido pensando en familiares que quedaron bajo ocupación y en habitaciones infantiles que ya no existen. La invasión rusa a gran escala, iniciada el 24 de febrero de 2022, profundizó esa herida.

“Los adultos solo vemos la punta del iceberg y muchas veces no alcanzamos a imaginar lo que estos niños viven realmente”, dijo el sacerdote.

Algunas familias se han dividido entre distintos países; otras han perdido a uno de sus miembros o no resistieron la presión emocional. La ocupación, el cautiverio y la muerte —en ocasiones presenciada por los propios menores— han obligado a muchos niños a crecer demasiado rápido.

“Las nuevas condiciones a veces les roban la infancia”, lamentó Hrynevych.

Las cifras confirman la magnitud de esa infancia herida. El 25 de agosto, UNICEF informó que las Naciones Unidas habían verificado 3,946 niños muertos o heridos desde febrero de 2022, aunque la cifra real probablemente sea mayor. Solo durante julio de 2026 murieron 17 menores y otros 166 resultaron heridos: fue el registro mensual de víctimas infantiles más elevado desde abril de 2022.

El deterioro alcanza a toda la población civil. La Misión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ucrania verificó 437 civiles muertos y 2,610 heridos durante julio. En los primeros siete meses de 2026 contabilizó 12,477 víctimas civiles, un incremento del 44% respecto del mismo periodo de 2025.

La educación también continúa bajo ataque. UNICEF señaló que más de 340 instalaciones educativas resultaron dañadas o destruidas durante 2025. El organismo había verificado al menos 1,611 escuelas afectadas desde febrero de 2022, aunque advirtió que el número real probablemente era mayor.

Sin embargo, Hrynevych se resiste a mirar a estos menores únicamente como víctimas.

“Esto destruye, pero también fortalece. Creo profundamente que llegará un tiempo de renovación para Ucrania y que la fuerza motriz serán estos niños, con una experiencia de vida y una resistencia interior increíbles. Dios no nos abandona”, afirmó.

Una Iglesia que permanece

En medio de la guerra, las parroquias recogen ayuda para civiles y soldados; sacerdotes católicos sirven como capellanes y religiosas, voluntarios y trabajadores de Cáritas continúan atendiendo a las comunidades pese al peligro y al agotamiento.

Cáritas-Spes sostiene proyectos para familias de prisioneros de guerra, desaparecidos y veteranos; organiza campamentos para niños y madres, retiros familiares, programas de reconstrucción de edificios dañados, apoyo a personas desplazadas y pequeñas subvenciones para que las familias recuperen sus medios de vida.

“La Iglesia en Ucrania no está separada de la realidad; está cerca de la gente. Acompaña, espera, acoge y llora a quienes parten a la guerra y regresan en ataúdes. Es compañía tanto con los vivos como con los muertos. Durante la guerra, la Iglesia se convierte en un signo de esperanza”, declaró.

Lo que mantiene a quienes sirven, aseguró, es la misericordia convertida casi en reflejo: si un niño llora o necesita ayuda, se acude, sin calcular primero la distancia o el peligro.

El cansancio existe, pero también irrumpen pequeñas señales de vida: la noticia de que, después de una noche de ataques, no hubo víctimas o el mensaje de un compañero anunciando el nacimiento de un hijo.

“En esos momentos vuelves brevemente a una realidad normal, pacífica”, compartió.

La fe no elimina el dolor, pero impide que una persona lo atraviese sola.

“Es fuente de esperanza, brújula, algo eterno. Debemos permanecer cerca de quienes lloran. Así se manifiesta la presencia de Dios; así actúa el Señor en la vida humana”, sostuvo.

León XIV: alto el fuego, diálogo y atención a las víctimas

El papa León XIV ha mantenido a Ucrania entre sus llamados más insistentes. En febrero de 2026 pidió que callaran las armas, cesaran los bombardeos y se alcanzara un alto el fuego inmediato, porque “cada guerra es una herida infligida a toda la familia humana”.

El 9 de agosto, ante el aumento de las víctimas civiles, el Pontífice volvió a pedir respeto al derecho internacional humanitario y el fin de los ataques contra objetivos civiles.

Es hora de detener la espiral de violencia y abrir espacio a la diplomacia y al diálogo, preparando el camino hacia la paz”, expresó después del rezo del Ángelus.

La acción de la Santa Sede no se ha limitado a las palabras. León XIV ha hablado con el presidente Volodímir Zelenski sobre el alto el fuego y el retorno de los niños trasladados a Rusia; ha expresado la disposición del Vaticano a favorecer las negociaciones y ha recibido a madres y esposas de prisioneros, así como a adolescentes ucranianos que lograron regresar.

En mayo de 2026, los responsables de Cáritas Ucrania y Cáritas-Spes se reunieron en el Vaticano con el cardenal Pietro Parolin para abordar, entre otros asuntos, el retorno de los niños y futuras iniciativas humanitarias.

En julio, el Papa envió al arzobispo Paul Richard Gallagher como representante especial a las celebraciones del santuario nacional de Berdýchiv, con una petición expresa de oración por quienes padecen la brutalidad de la guerra.

Esta cercanía coincide con la misión que Hrynevych describe desde el terreno: no abandonar, no acostumbrarse al sufrimiento y no permitir que el dolor se vuelva invisible.

“Recuerden a Ucrania en sus oraciones”

Al dirigirse de manera especial a los católicos de México, el sacerdote no formuló una consigna política. Hizo una petición humana y espiritual.

“La guerra destruye familias, arrebata la infancia sin preocupaciones y la vejez en paz. Nadie puede estar preparado para esto. Muchas cosas hoy no dependen de nosotros, pero siempre podemos seguir siendo humanos, mostrar bondad a quien lo necesita y orar”, expresó.

Ucrania, añadió, no anhela una pausa precaria, sino una paz en la que quienes llegan con armas se detengan y no vuelvan a hacer daño.

“Quiero pedirles que nos recuerden en sus oraciones”.

Las familias con niños deben encontrar vivienda, trabajo y nuevas escuelas. Los menores batallan para integrarse y hacer amigos. Con las personas mayores, el primer obstáculo suele ser convencerlas de partir, pues muchas permanecen en los lugares más peligrosos hasta el último momento.

Cortesía: Cáritas Ucrania

Cortesía: Cáritas Ucrania. Padre Viacheslav Hynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania.

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