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“La Iglesia acompaña y llora a quienes regresan en ataúdes”: Cáritas-Spes en el corazón herido de Ucrania

El padre Viacheslav Hrynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania, relata a Press Crux cómo la Iglesia acompaña a niños, familias desplazadas y comunidades golpeadas por una guerra que sigue destruyendo hogares, separando familias y robando la infancia.

ENTREVISTA | CARITAS SPES | UCRANIA

Ana Paula Morales (Poli)

9/1/202610 min read

Caritas Spe Ucrania
Caritas Spe Ucrania

Kiev, Ucrania.- En Ucrania, la guerra también se mide en cartas infantiles. Cada Navidad, Cáritas-Spes organiza la campaña “Carta a san Nicolás”, en la que niños de distintas regiones escriben sus deseos. Casi ninguno pide juguetes: quieren que termine la guerra, que sus padres regresen vivos del frente, que sus amigos vuelvan a casa o que ellos mismos puedan regresar algún día a las habitaciones donde transcurrió su infancia.

“Lo más doloroso es comprender que algunos de estos niños ya no tienen adónde volver”, relató a Press Crux el padre Viacheslav Hrynevych, SAC, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania, la misión caritativa de la Iglesia católica de rito latino en el país.

El sacerdote conoce el límite de toda respuesta humanitaria. Cáritas puede entregar alimentos, combustible, ropa de invierno o un techo provisional, pero no puede comprar la paz ni prometer a un niño que su padre volverá. “No sabes cómo responder a la pregunta: ‘¿Cuándo terminará la guerra?’. Pero debes contestar, como adulto, en el papel de san Nicolás. Y esa respuesta no debe romper el corazón del niño, aunque rompa el tuyo”, afirmó.

Su testimonio llega cuando Ucrania atraviesa un nuevo periodo de intensa presión sobre la población civil. El Plan de Necesidades y Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas para 2026 calcula que 10,8 millones de personas necesitan asistencia y protección. Los organismos humanitarios buscan alcanzar a 4,12 millones de las más vulnerables, mientras alrededor de 3,7 millones permanecen desplazadas dentro del país.

El comienzo del nuevo curso escolar volvió a mostrar esa normalidad quebrada. Más de dos millones de niños regresaron a las aulas y otros continuaron sus estudios a distancia o bajo una modalidad híbrida. Associated Press documentó cómo una alerta aérea interrumpió en Kiev las ceremonias del primer día de clases: las risas, la música y los globos dieron paso al sonido de las sirenas y a la carrera de alumnos, padres y maestros hacia los refugios.

La violencia continuó después del inicio del curso. El 2 de septiembre, Reuters informó que Kiev sufrió el séptimo día consecutivo de ataques aéreos. Once personas resultaron heridas y varios edificios residenciales y universitarios fueron dañados. En Odesa, los ataques contra instalaciones energéticas dejaron sin electricidad a más de 350.000 hogares, mientras en Dnipró murieron dos personas y fueron alcanzados almacenes de alimentos y edificios educativos.

Cortesía: Cáritas Spe Ucrania.

Dejar atrás una vida entera

Para el padre Hrynevych, uno de los desafíos más dolorosos es la evacuación. No consiste únicamente en trasladar a una persona lejos del fuego: significa arrancarla de su hogar, de su empleo, de su parroquia, de sus vecinos y de los recuerdos que sostienen su historia.

“Imagina que has vivido toda tu vida en un lugar y, de pronto, te ves obligado a dejarlo todo y comenzar desde cero. Es un estrés enorme”, explicó.

En primavera, Cáritas-Spes evacuó al personal de su centro en Nikópol, una ciudad situada frente a los territorios ocupados, al otro lado del río Dniéper. El viaje hasta Leópolis duró cerca de dos días. Con el paso del tiempo, esas personas han logrado adaptarse, pero la experiencia revela el costo humano que permanece escondido detrás de la palabra “desplazamiento”.

En las comunidades cercanas al frente, la alimentación depende en gran medida de voluntarios y militares, la atención médica se encuentra gravemente interrumpida y la educación presencial resulta imposible debido a los bombardeos. A estas dificultades se suma ahora la preparación para un nuevo invierno.

Hrynevych explicó que las comunidades necesitan combustible para los generadores, materiales de calefacción, ropa abrigadora y fuentes alternativas de iluminación. La destrucción de instalaciones de almacenamiento durante los ataques rusos ha reducido aún más la capacidad para resguardar suministros. Cáritas-Spes está actualizando las necesidades de todas las diócesis con el propósito de presentar solicitudes a sus socios internacionales y organizar una respuesta coordinada.

La disminución del financiamiento internacional agrava esa vulnerabilidad. Reuters advirtió que los recortes de ayuda no han reducido la emergencia humanitaria y que la guerra continúa provocando un profundo daño psicológico, especialmente entre mujeres y niños. Associated Press recogió, por su parte, la advertencia del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados: la diplomacia sigue siendo la única salida viable, mientras los recursos disponibles resultan insuficientes frente a las necesidades.

El director de Cáritas-Spes percibe esa demora desde el terreno. Cuando una comunidad necesita ayuda de manera urgente, explicó, cada trámite burocrático puede hacer que lo necesario “para ayer” llegue demasiado tarde. Por eso pide que la solidaridad internacional no se debilite: desde la oración y la difusión de lo que ocurre hasta el apoyo económico y material, toda ayuda puede sostener a las familias que se preparan para afrontar otro invierno bajo la guerra.

Una generación a la que le están robando la infancia

La guerra en Ucrania no comenzó en 2022. Desde 2014, con la ocupación de Crimea y el inicio de los combates en el Donbás, una generación entera ha crecido pensando en familiares que quedaron bajo ocupación y en hogares a los que quizá nunca podrá regresar. La invasión rusa a gran escala, iniciada el 24 de febrero de 2022, profundizó esa herida.

“Los adultos solo vemos la punta del iceberg y muchas veces no alcanzamos a imaginar lo que estos niños viven realmente”, dijo el padre Hrynevych.

Algunas familias han quedado separadas entre distintos países; otras han perdido a uno de sus miembros o no resistieron la presión emocional causada por años de guerra. La ocupación, el cautiverio y la muerte —en ocasiones presenciada por los propios menores— han obligado a muchos niños a asumir responsabilidades y experiencias impropias de su edad.

“Las nuevas condiciones a veces les roban la infancia”, lamentó el sacerdote.

Las cifras muestran la magnitud de esa herida. El 25 de agosto, UNICEF informó que las Naciones Unidas habían verificado 3.946 niños muertos o heridos desde febrero de 2022, aunque advirtió que el número real probablemente sea mayor. Solo durante julio de 2026 murieron 17 menores y otros 166 resultaron heridos, el registro mensual de víctimas infantiles más elevado desde abril de 2022.

El deterioro alcanza al conjunto de la población civil. La Misión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ucrania verificó 437 civiles muertos y 2.610 heridos durante julio. En los primeros siete meses de 2026 contabilizó 12.477 víctimas civiles, un incremento de 44% respecto del mismo periodo de 2025.

Sin embargo, Hrynevych se resiste a mirar a los menores únicamente como víctimas. En ellos descubre también una capacidad de resistencia que, confía, contribuirá algún día a levantar el país. “Esto destruye, pero también fortalece. Creo profundamente que llegará un tiempo de renovación para Ucrania y que la fuerza motriz serán estos niños, con una experiencia de vida y una resistencia interior increíbles. Dios no nos abandona”, afirmó.

Estudiar entre sirenas y refugios

La escuela podría ofrecer a los niños una pequeña parcela de normalidad, pero también se ha convertido en objetivo y escenario de la guerra. UNICEF señaló que más de 340 instalaciones educativas resultaron dañadas o destruidas durante 2025. El organismo había verificado al menos 1.611 escuelas afectadas desde febrero de 2022, aunque advirtió que el número real probablemente sea mayor.

En numerosas regiones, los estudiantes alternan las clases presenciales con la educación a distancia o descienden a refugios cada vez que suenan las alarmas. Algunas escuelas han acondicionado espacios subterráneos para continuar las lecciones durante los ataques; otras no pueden abrir porque carecen de refugios adecuados o se encuentran demasiado cerca del frente.

La interrupción educativa no se limita a la pérdida de contenidos académicos. También reduce los espacios de convivencia, debilita los vínculos entre los niños y prolonga el aislamiento de quienes han sido desplazados. Para las familias que tuvieron que abandonar sus comunidades, comenzar en una escuela nueva significa adaptarse a otro lugar mientras intentan procesar el miedo, la pérdida y la incertidumbre.

Las cartas dirigidas a san Nicolás permiten ver esa experiencia desde la mirada de los menores. Sus peticiones no se concentran en objetos, sino en personas y lugares: un padre que regrese vivo, un amigo que vuelva, una casa que todavía exista. Para el padre Hrynevych, responder esas cartas exige reconocer el dolor sin destruir la esperanza.

No se trata de ofrecer promesas que ningún adulto puede garantizar, sino de hacerle saber al niño que no está solo. Esa es también la tarea de los campamentos, los programas de acompañamiento familiar y los espacios seguros organizados por Cáritas-Spes: devolverles, aunque sea por unos días, la posibilidad de jugar, descansar y sentirse protegidos.

Una Iglesia que permanece junto a su pueblo

En medio de la guerra, las parroquias reúnen ayuda para civiles y soldados; sacerdotes católicos sirven como capellanes, mientras religiosas, voluntarios y trabajadores de Cáritas continúan atendiendo a las comunidades pese al peligro y al agotamiento.

Cáritas-Spes desarrolla proyectos para familias de prisioneros de guerra, desaparecidos y veteranos; organiza campamentos para niños y madres, retiros familiares, programas de reconstrucción de edificios dañados, apoyo a personas desplazadas y pequeñas subvenciones para que las familias puedan recuperar sus medios de vida.

“La Iglesia en Ucrania no está separada de la realidad; está cerca de la gente. Acompaña, espera, acoge y llora a quienes parten a la guerra y regresan en ataúdes. Es compañía tanto con los vivos como con los muertos. Durante la guerra, la Iglesia se convierte en un signo de esperanza”, declaró el padre Hrynevych.

Lo que sostiene a quienes sirven, aseguró, es una misericordia convertida casi en reflejo: si un niño llora o necesita ayuda, se acude sin calcular primero la distancia, el cansancio o el peligro. La respuesta no siempre resuelve el problema, pero impide que las personas lo afronten completamente solas.

El agotamiento existe, aunque en medio de él también aparecen señales inesperadas de vida: la noticia de que después de una noche de ataques no hubo víctimas o el mensaje de un compañero que anuncia el nacimiento de un hijo. “En esos momentos vuelves brevemente a una realidad normal, pacífica”, compartió.

Para el sacerdote, la fe no elimina el dolor ni explica fácilmente lo inexplicable, pero ofrece una orientación para permanecer junto a quienes sufren. “Es fuente de esperanza, brújula, algo eterno. Debemos permanecer cerca de quienes lloran. Así se manifiesta la presencia de Dios; así actúa el Señor en la vida humana”, sostuvo.

León XIV pide detener la espiral de violencia

El Papa León XIV ha mantenido a Ucrania entre sus llamados más insistentes. En febrero de 2026 pidió que callaran las armas, cesaran los bombardeos y se alcanzara un alto el fuego inmediato, al recordar que “cada guerra es una herida infligida a toda la familia humana”.

El 9 de agosto, ante el aumento de las víctimas civiles, el Pontífice volvió a pedir respeto al derecho internacional humanitario y el fin de los ataques contra objetivos civiles. “Es hora de detener la espiral de violencia y abrir espacio a la diplomacia y al diálogo, preparando el camino hacia la paz”, expresó después del rezo del Ángelus.

La acción de la Santa Sede no se ha limitado a los llamamientos públicos. León XIV ha conversado con el presidente Volodímir Zelenski sobre la necesidad de alcanzar un alto el fuego y favorecer el retorno de los niños trasladados a Rusia; también ha expresado la disposición del Vaticano a facilitar las negociaciones y ha recibido a madres y esposas de prisioneros, así como a adolescentes ucranianos que consiguieron regresar.

En mayo de 2026, responsables de Cáritas Ucrania y Cáritas-Spes se reunieron en el Vaticano con el Cardenal Pietro Parolin para abordar, entre otros temas, el retorno de los menores y futuras iniciativas humanitarias.

En julio, el Papa envió al arzobispo Paul Richard Gallagher como representante especial a las celebraciones del santuario nacional de Berdýchiv, con una petición expresa de rezar por quienes padecen la brutalidad de la guerra.

Esta cercanía coincide con la misión que el padre Hrynevych describe desde el terreno: permanecer, evitar que el sufrimiento se vuelva invisible y recordar que detrás de cada desplazamiento, cada edificio destruido y cada carta infantil existe una vida concreta.

“Recuerden a Ucrania en sus oraciones”

Al dirigirse de manera especial a los católicos de México, el sacerdote no formuló una consigna política. Hizo una petición humana y espiritual: “La guerra destruye familias, arrebata la infancia sin preocupaciones y la vejez en paz. Nadie puede estar preparado para esto. Muchas cosas hoy no dependen de nosotros, pero siempre podemos seguir siendo humanos, mostrar bondad a quien lo necesita y orar”.

Ucrania, añadió, no desea solamente una pausa precaria, sino una paz que impida a quienes llegan con armas continuar haciendo daño. Una paz que permita a las familias reunirse, a los niños regresar a las aulas y a quienes fueron desplazados volver a una casa que todavía pueda llamarse hogar.

“Quiero pedirles que nos recuerden en sus oraciones”, concluyó.

Mientras esa paz no llega, Cáritas-Spes continuará respondiendo las cartas dirigidas a san Nicolás. No podrá prometer que la guerra terminará pronto ni que todos los padres volverán. Pero sí puede hacer saber a cada niño que su voz fue escuchada y que, aun en medio de la guerra, no ha sido olvidado.

Cortesía: Cáritas Spe- Ucrania

Cortesía: Cáritas Ucrania. Padre Viacheslav Hynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania.

Padre Viacheslav Hynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania.
Padre Viacheslav Hynevych, director ejecutivo de Cáritas-Spes Ucrania.

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