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Sismo en Panamá: «Hace falta enviar el consuelo», pide director de radio de la arquidiócesis

Eduardo Soto, director de Radio Hogar y asesor en comunicación del arzobispo de Panamá, describe la emergencia que dejó el terremoto de magnitud 7,7 en comunidades rurales. La Iglesia moviliza ayuda para familias que necesitan agua, alimentos, refugio y acompañamiento.

ENTREVISTA | IGLESIA EN PANAMÁ

Ana Paula Morales (Poli)

10/13/20269 min read

Ciudad de Panamá, Panamá.-Las familias que han perdido sus viviendas en las comunidades rurales de Panamá necesitan agua potable, alimentos y un lugar seguro donde resguardarse de la lluvia. La emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7,7 del 9 de octubre de 2026 también exige atender el miedo y la angustia de quienes han visto desaparecer su hogar y los espacios que sostenían su vida comunitaria.

«Hace falta enviar el consuelo, no solamente bienes materiales», afirma desde Ciudad de Panamá, en entrevista con Press Crux, Eduardo Antonio Soto Pimentel, director de Radio Hogar, emisora de la arquidiócesis de Panamá, y asesor en comunicación del arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta.

Escritor y periodista con cuatro décadas de experiencia, Soto fue director del semanario arquidiocesano Panorama Católico y de Comunicación de la Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019. Actualmente también conduce un programa de entrevistas y opinión en FETV, el canal de televisión arquidiocesano. Desde esos medios sigue la emergencia y recoge los testimonios de sacerdotes y habitantes de las zonas afectadas.

El terremoto tuvo su epicentro cerca de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, según Associated Press (AP). Por su parte, Reuters informó el 11 de octubre que se habían registrado más de 200 réplicas, al menos 27 heridos y cerca de 900 viviendas dañadas, sin fallecidos reportados hasta ese balance. El Gobierno declaró el estado de emergencia nacional mientras continuaban las evaluaciones en las comunidades más alejadas.

«Nadie está preparado para algo así»

Soto se encontraba en las instalaciones de FETV, a punto de comenzar una reunión editorial del noticiario de la tarde, cuando sintió el movimiento. Todo el personal tuvo que salir del edificio. Apenas 45 minutos antes, recuerda, había concluido una charla del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) sobre las medidas que debían adoptarse ante un sismo.

«Nadie está preparado para algo así tan enorme y tan imprevisto», expresa. La coincidencia quedó grabada en su memoria, al igual que la reacción de una directora de cámaras que, en medio del nerviosismo, perdió momentáneamente la orientación y no encontraba la salida. «Para los que estábamos allí pensábamos que era el fin del mundo», relata.

Aunque el temblor se sintió con fuerza en la capital, los testimonios que comenzaron a llegar desde el interior revelaron una situación más grave en pequeñas comunidades rurales. Según explica, numerosas viviendas antiguas, construidas con materiales como caña y barro, sufrieron daños severos o se desplomaron.

En La Colorada, en la provincia de Los Santos, un sacerdote originario de la comunidad le transmitió que aproximadamente dos terceras partes de las casas habían colapsado. La estimación corresponde al testimonio local recogido por Soto y no a un censo técnico definitivo.

El periodista describe una población con numerosos adultos mayores y familias dedicadas a la agricultura que se han quedado sin vivienda y, en algunos casos, sin acceso inmediato a alimentos, agua potable o medicamentos.

«Gente que no tiene qué comer, gente que no tiene qué beber, gente que no tiene con qué abrigarse, que no tiene medicinas», señala al explicar las necesidades que le han comunicado desde esa localidad.

Las lluvias agravan la situación de quienes han perdido su hogar. «Han tenido que dormir a la intemperie, pero ha empezado a llover», advierte. Aunque se trata de comunidades pequeñas, insiste en que su tamaño no disminuye la urgencia de atenderlas.

Llegar a las comunidades más alejadas

Para Soto, una de las prioridades es evitar que la ayuda se concentre únicamente en las cabeceras de los distritos y corregimientos. Advierte que existen poblados más alejados, hacia las montañas, a los que resulta difícil acceder por los daños en los caminos.

«No toda la ayuda ha llegado», señala. Explica que algunos centros de población ya reciben suministros, pero todavía hace falta alcanzar localidades donde las necesidades son mayores y «hay incomunicación por los caminos dañados o porque son invisibilizados por la distancia».

Entre las necesidades que menciona figuran agua potable, alimentos no perecederos, frazadas y toldas o carpas que permitan protegerse de la lluvia. También considera necesario trasladar a lugares seguros a quienes permanecen en zonas aisladas sin condiciones adecuadas de refugio.

La dificultad de acceso forma parte de la respuesta oficial a la emergencia. En una comunicación del 11 de octubre, la Presidencia informó que trabajaba en reabrir caminos bloqueados por deslizamientos y en distribuir agua, alimentos y carpas en Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos.

Desde la Iglesia, explica Soto, también se busca hacer visibles las necesidades de las comunidades más alejadas, para que la distancia y las dificultades de comunicación no las dejen fuera de la asistencia.

«Cada diócesis está haciendo lo propio»

Según informa, la arquidiócesis de Panamá habilitó cuatro centros de acopio en la capital para recoger suministros y enviarlos a las comunidades. A esa movilización se suman iniciativas parroquiales y diocesanas que reúnen agua, alimentos, leche para niños, pañales y frazadas.

«Cada diócesis está haciendo lo propio», explica. Cáritas Nacional también ha activado la recaudación de donaciones, mientras sus referentes diocesanos recopilan información sobre las familias afectadas.

Soto señala que ese trabajo busca conocer el alcance de las necesidades y orientar la distribución de la ayuda: «Para tener claridad de la herida y poder entonces trabajar en su atención».

Para quienes desean colaborar desde el extranjero, recomienda canalizar las aportaciones mediante las cuentas oficiales de Cáritas Nacional. «Lo más seguro sería enviar transferencias bancarias a la cuenta de Cáritas Nacional», expresa, al explicar que los recursos se destinan a la asistencia a través de las Cáritas diocesanas.

Templos dañados y evaluaciones pendientes

La emergencia también ha afectado edificios religiosos que forman parte de la historia y la vida espiritual de las comunidades. Una relación preliminar de la diócesis de Santiago de Veraguas, facilitada para esta entrevista, registra ocho templos afectados: dos clasificados con daños totales y seis con daños parciales.

En la primera categoría aparecen el templo parroquial de San Isidro Labrador, en Soná, y la basílica menor de Jesús Nazareno de Atalaya. Los daños parciales corresponden a la catedral de Santiago Apóstol y a los templos parroquiales de Mariato, Río de Jesús, Las Palmas, La Mesa y Montijo. El templo histórico de San Francisco de la Montaña figura sin afectaciones.

La propia relación advierte que el balance está sujeto a la evaluación técnica de los daños y de las condiciones de seguridad. La clasificación de «daños totales» no permite, por sí sola, afirmar que ambos edificios se hayan derrumbado por completo.

Por su parte, el informe preliminar del equipo del Ministerio de Cultura, también facilitado para esta nota, describe colapsos parciales y daños de consideración en iglesias de Villa de Los Santos, Parita, Las Tablas, Las Minas y Los Pozos. Asimismo, recoge afectaciones en Atalaya, La Palma, Pocrí y Llano de Piedra, en Macaracas.

En Atalaya, este segundo documento menciona daños visibles en la torre y señala que no se dispone de registros del interior. La diferencia de alcance entre ambos informes exige esperar las inspecciones especializadas antes de establecer una conclusión definitiva sobre el inmueble.

Las restricciones de acceso impuestas por el Sistema Nacional de Protección Civil de Panamá (SINAPROC) han limitado la revisión de algunos interiores. Por ello, todavía deben verificarse las condiciones de altares, retablos, imágenes, cubiertas y otros bienes religiosos. Los documentos disponibles no constituyen un balance nacional definitivo de templos afectados.

«La fe también tiembla»

La pérdida de viviendas y los daños en los templos también han golpeado emocionalmente a las comunidades. Soto cuenta que algunos sacerdotes que atienden las zonas afectadas están profundamente conmocionados y al borde del llanto: conocen a las familias, comparten su sufrimiento y, en ciertos casos, encuentran dificultades para llegar hasta ellas.

«La fe también tiembla», expresa al describir esa experiencia. Por ello, considera que la asistencia debe incluir una presencia cercana que ayude a las personas a afrontar lo vivido.

Desde los medios arquidiocesanos se busca la participación de especialistas para abordar el impacto emocional del desastre. «Ya se habló en la arquidiócesis de la atención de la salud mental», señala. Al momento de la entrevista, sin embargo, todavía no se había anunciado una línea eclesial de asistencia psicológica.

El Ministerio de Salud informó el 12 de octubre que mantiene atención psicológica en las provincias afectadas. Su comunicado, difundido por SERTV, indica que las personas que necesitan orientación o apoyo emocional pueden comunicarse con la línea 147 del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).

Para el director de Radio Hogar, la respuesta de la Iglesia debe unir la asistencia material con la cercanía a quienes atraviesan la emergencia. Allí donde las familias han perdido su casa y los sacerdotes comparten el dolor de sus comunidades, acompañar significa también ayudar a recuperar la confianza y, como expresa Soto, hacer «que se encienda la esperanza otra vez».

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Foto: cortesía de Eduardo Soto

Catedral de San Juan Bautista, en Penonomé, provincia de Coclé, Panamá. Foto: cortesía de Eduardo Soto.

Parroquia San Isidro Labrador, Soná, provincia de Veraguas. Foto: cortesía de Eduardo Soto.

Exterior lateral de la parroquia San Isidro Labrador de Soná, en Veraguas. Foto: cortesía de Eduardo Soto

Iglesia de San Atanasio, La Villa de Los Santos, provincia de Los Santos. Foto: cortesía de Eduardo Soto

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