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Padre Pío llegó a rezar 34 rosarios en un día: el secreto de su devoción a la Virgen

Un testimonio de 1954 revela la extraordinaria dedicación del santo capuchino al rosario, una oración que lo acompañaba durante sus jornadas en el convento de San Giovanni Rotondo y que consideraba fundamental para su vida espiritual.

Ana Paula Morales (Poli)

10/23/20267 min read

El 6 de febrero de 1954, alrededor de las nueve de la noche, el padre Carmelo de Sessano preguntó al Padre Pío cuántos rosarios había rezado durante aquella jornada. El capuchino respondió que llevaba 34 y que todavía tenía pendientes otros dos antes de acostarse.

La conversación, recogida entre los testimonios difundidos por la Padre Pio Foundation, muestra hasta qué punto el rosario formaba parte de la vida cotidiana de san Pío de Pietrelcina, el sacerdote italiano conocido por los estigmas de la Pasión de Cristo y por las largas horas que dedicaba al confesionario.

La cifra puede resultar sorprendente, pero no constituye el único testimonio sobre su intensa vida de oración. El padre Marcellino, uno de los religiosos que convivieron con él, relató que el santo procuraba mantener siempre un rosario entre sus manos. Incluso cuando necesitaba ayuda para lavárselas, pasaba las cuentas de una mano a la otra para no desprenderse de ellas.

Según los recuerdos conservados por la misma fundación, el Padre Pío también acostumbraba guardar rosarios junto a su cama y debajo de la almohada, de manera que pudiera continuar rezando durante la noche.

¿Cuántos rosarios rezaba diariamente?

Los relatos de quienes conocieron al Padre Pío contienen distintas cifras. En una ocasión, el sacerdote habría respondido al padre Mariano que rezaba aproximadamente 30 rosarios diarios, mientras que al padre Michelangelo le habló de 32 o 33 durante una jornada.

Estos testimonios, recogidos por la Padre Pio Foundation, permiten conocer la importancia que el santo concedía a esta oración, aunque no constituyen un registro sistemático que permita establecer con precisión cuántos rosarios rezaba cada día.

Más allá de las cifras, quienes lo conocieron coincidían en destacar su perseverancia. Para el capuchino, el rosario era una forma de mantenerse unido a Dios a través de la intercesión de la Virgen María, incluso durante las largas jornadas de atención espiritual a los peregrinos que llegaban a San Giovanni Rotondo.

El santo también insistía en la importancia de contemplar los misterios de la vida de Jesucristo. Cuando alguien se refería al carácter repetitivo del rosario, recordaba que cada decena invitaba a meditar un misterio diferente. Y a quienes se cansaban durante la oración les recomendaba descansar un poco y retomarla después.

El rosario, su arma espiritual

El Padre Pío utilizaba con frecuencia el lenguaje del combate espiritual para referirse a la oración. Su convicción era que la vida cristiana exigía perseverancia, confianza en Dios y una relación constante con la Virgen María.

Durante su canonización, celebrada el 16 de junio de 2002 en la plaza de San Pedro, san Juan Pablo II recordó una de las expresiones más conocidas del capuchino: «La oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios».

En aquella homilía, el Pontífice explicó que la fecundidad apostólica del santo procedía de su unión constante con Dios, manifestada en las largas horas que pasaba en oración y administrando el sacramento de la penitencia.

El Papa también recordó que el Padre Pío solía definirse como «un pobre fraile que ora», expresión que resume la importancia que concedía a la oración como fundamento de su ministerio sacerdotal.

Su devoción a la Virgen María ocupaba un lugar especial en esa espiritualidad. El rosario no era únicamente una práctica piadosa, sino una forma de contemplar a Cristo acompañado por su Madre y de confiarle las dificultades de la vida.

San Juan Pablo II lo presentó como ejemplo de devoción al rosario

Cuatro meses después de canonizar al Padre Pío, san Juan Pablo II publicó, el 16 de octubre de 2002, la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, dedicada al Santo Rosario.

En el documento, el Pontífice recordó a distintos santos que encontraron en esta oración un camino de santificación, entre ellos san Luis María Grignion de Montfort, el Padre Pío de Pietrelcina y el entonces beato Bartolo Longo.

El Papa explicó que el rosario, aunque posee un profundo carácter mariano, es esencialmente una oración centrada en Cristo, pues permite contemplar los principales acontecimientos de su vida junto a la Virgen María.

Esta perspectiva ayuda a comprender la devoción del Padre Pío: su amor a María estaba estrechamente unido a su relación con Jesucristo y a su vocación sacerdotal.

Una vida de oración y caridad

La intensa dedicación del capuchino al rosario no estuvo separada de su servicio a los demás. Durante décadas recibió a numerosos peregrinos que acudían a San Giovanni Rotondo para confesarse, pedir consejo espiritual o solicitar sus oraciones.

Su preocupación por quienes sufrían también se expresó en la creación de la Casa Sollievo della Sofferenza —Casa de Alivio del Sufrimiento—, el hospital inaugurado en 1956 para atender a los enfermos.

Durante la ceremonia de canonización, san Juan Pablo II destacó esa unión entre la vida espiritual y las obras de misericordia: «Oración y caridad: he aquí una síntesis muy concreta de la enseñanza del padre Pío».

El Pontífice señaló que ambas dimensiones formaban parte de una misma vocación, en la que la oración constante encontraba una expresión concreta en la atención a los penitentes y a las personas necesitadas.

El Padre Pío murió el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años, y fue canonizado por san Juan Pablo II el 16 de junio de 2002.

Su devoción al rosario continúa siendo uno de los aspectos más recordados de su espiritualidad. Los testimonios sobre las numerosas veces que lo rezaba cada día muestran una práctica extraordinaria, pero su enseñanza no se reduce a la cantidad de oraciones.

Para el santo capuchino, el rosario era un camino de perseverancia, contemplación y confianza en la Virgen María, una oración que acompañaba tanto su vida interior como su servicio a quienes acudían a él en busca de ayuda.

Ilustración de san Pío de Pietrelcina rezando el rosario, una de sus devociones más importantes. Imagen generada con inteligencia artificial para Press Crux.

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