El secreto detrás de la sonrisa de Madre Teresa: caminó casi medio siglo sin sentir la presencia de Dios

El padre Brian Kolodiejchuk, quien la conoció durante 20 años y fue postulador de su causa de canonización, revela cómo la santa convirtió su dolorosa oscuridad interior en una participación en la sed y el abandono de Cristo.

Ana Paula Morales (Poli)

9/5/20267 min read

Cortesía de Mother Teresa Center

El mundo conoció su sonrisa, su sari blanco, sus manos arrugadas sosteniendo a moribundos y su voz firme frente a los poderosos. Lo que casi nadie supo mientras vivía fue que Madre Teresa de Calcuta pasó buena parte de su existencia sin sentir la presencia de Dios.

Detrás de una de las figuras religiosas más reconocibles del siglo XX había una mujer que continuaba rezando, sirviendo y sonriendo mientras atravesaba una prolongada oscuridad interior.

“Madre Teresa era una mujer apasionadamente enamorada de Jesús”, afirmó el padre Brian Kolodiejchuk, M.C., quien la conoció durante dos décadas, dirigió su causa de canonización y tuvo acceso a la correspondencia en la que la santa confió su experiencia espiritual.

En entrevista con Press Crux con motivo de su fiesta litúrgica, el sacerdote explicó que aquella oscuridad no fue una crisis ni la pérdida de la fe. Fue, paradójicamente, una unión más profunda con Cristo.

“Estaba tan unida a Jesús que Él pudo compartir con ella su mayor sufrimiento: algo de lo que vivió en el Huerto de Getsemaní y en la cruz, cuando experimentó el abandono”, señaló.

Cortesía Mother Teresa Center. A la izquierda Santa Teresa de Calcuta, San Juan Pablo II y Padre Brian Kolodiejchuk, M.C

La llamada que comenzó en un tren

La historia de las Misioneras de la Caridad comenzó el 10 de septiembre de 1946. Madre Teresa, entonces religiosa de Loreto y profesora en una escuela bengalí, viajaba en tren hacia Darjeeling cuando recibió lo que posteriormente llamaría “la llamada dentro de la llamada”.

El padre Brian asegura que, gracias a las cartas conservadas por sus directores espirituales, hoy se conoce parte de aquella experiencia. Madre Teresa percibió con claridad interior que Jesús le pedía abandonar el convento de Loreto y fundar una nueva comunidad destinada al servicio de “los más pobres entre los pobres”.

Ella ya trabajaba con niñas de familias necesitadas. Pero la nueva llamada la conduciría a quienes vivían y morían en las calles, a los enfermos, abandonados y descartados.

“Jesús continuaba preguntándole: ‘¿Te negarás a hacer esto por mí?’”, relató el sacerdote.

La pregunta adquiría una fuerza particular por un voto privado que Madre Teresa había formulado en 1942: no negarle nada a Dios. Si llegaba a reconocer que Él le pedía algo y lo rechazaba deliberadamente, consideraba que cometería una falta grave.

Abandonar Loreto no fue una liberación, sino un sacrificio. Amaba profundamente a su congregación y a sus hermanas. Marcharse le costó incluso más que dejar su casa y a su madre años antes.

“No habría dejado Loreto si no hubiera tenido la certeza de que se trataba de un verdadero mandato de Jesús”, aseguró el padre Brian.

“Tengo sed”: el fuego secreto de su misión

La experiencia del tren quedó unida a dos palabras pronunciadas por Cristo en la cruz: “Tengo sed”.

Para Madre Teresa, explicó el sacerdote, la sed era la imagen capaz de expresar la intensidad del amor de Jesús por cada persona.

“La sed de Jesús es como un prisma a través del cual pueden contemplarse todos los demás aspectos de la espiritualidad y de la misión de Madre Teresa”, afirmó. “Todo está conectado con la sed de Jesús y con el deseo de saciarla”.

Ese núcleo espiritual es estudiado en Mother Teresa’s Secret Fire: The Encounter That Changed Her Life and How It Can Transform Your Own, del padre Joseph Langford, cofundador de los Misioneros de la Caridad Padres. El libro sostiene que la extraordinaria obra visible de Madre Teresa nació de un encuentro interior y de una convicción: detrás de cada rostro abandonado, Cristo continuaba diciendo “Tengo sed”.

No se trataba únicamente de alimentar o curar. Su propósito era responder al deseo de amor de Cristo amando a quienes se sentían rechazados, solos o indeseables.

Cuando comenzó la obra, desapareció el consuelo

En el tiempo de la llamada, Madre Teresa había experimentado una intensa cercanía con Jesús. Pero, aproximadamente desde que comenzó el trabajo en los barrios pobres de Calcuta, aquella experiencia sensible desapareció.

“Después sintió que no había nada”, explicó el padre Brian.

La religiosa continuó creyendo, aunque sus sentimientos parecían decirle lo contrario. Ella misma comparó su situación con un cielo cubierto de nubes: no podía ver el sol, pero sabía que seguía brillando por encima de ellas.

“Su experiencia era contraria, pero creía con una fe muy grande que Jesús la amaba, que estaba presente, que la obra era suya y que todo lo que hacía era para Él”, explicó.

Durante décadas, ni siquiera las religiosas más cercanas conocieron la magnitud de aquel sufrimiento. Solo algunos sacerdotes y directores espirituales tuvieron acceso a sus cartas.

La publicación en 2007 de Mother Teresa: Come Be My Light, recopilado y comentado por el padre Brian, mostró al mundo una faceta desconocida de la santa. El volumen reúne la correspondencia enviada a sus consejeros espirituales y revela una experiencia de desolación que se prolongó, con breves excepciones, casi 50 años.

La BBC, al informar sobre su canonización, recordó que aquellas cartas habían mostrado la profundidad de sus dudas y luchas interiores. Sin embargo, el padre Brian ha insistido en que no deben interpretarse como incredulidad, sino como una dolorosa prueba de amor y fidelidad.

CNA, en una información reproducida por EWTN News, recogió su precisión: Madre Teresa vivió una “prueba de fe”, no una “crisis de fe”. La diferencia es esencial. No abandonó a Dios cuando dejó de sentirlo; continuó entregándole la vida.

El amor no es solamente un sentimiento

El testimonio de Madre Teresa adquiere una fuerza particular en una época que identifica el amor con la emoción y la fe con la consolación.

“Madre Teresa es un gran ejemplo de lo que realmente es el amor”, afirmó el sacerdote. “El amor es más que un sentimiento. El amor es una decisión. El amor está en la voluntad”.

El padre Brian trasladó esta enseñanza a la vida familiar: hay momentos en los que una persona no siente deseos de sacrificarse y, sin embargo, decide hacerlo porque se trata de su esposo, su esposa, su hijo o su hija.

“Voy a hacerlo, aunque me cueste”, resumió.

Madre Teresa solía repetir que el amor, para ser verdadero, debía doler. En un mundo herido e imperfecto, amar a Dios y al prójimo supone aceptar de alguna manera el sufrimiento y la cruz.

En cierta ocasión intentó consolar a una mujer que sufría mucho en el hospital diciéndole que “la cruz es Jesús besándonos”. La paciente respondió: “Madre, por favor, dígale a Jesús que deje de besarme”.

La escena resume la sencillez y el humor con los que abordaba realidades profundamente dolorosas.

De 12 religiosas a 754 misiones

Madre Teresa fundó oficialmente las Misioneras de la Caridad en Calcuta en 1950. La comunidad inicial, integrada por apenas 12 religiosas, se convirtió en una red presente en los cinco continentes.

Cuando murió, el 5 de septiembre de 1997, había dejado cerca de 600 casas. En 2016, Reuters documentó que el número se acercaba ya a 750 y que la obra seguía creciendo después de su muerte.

Las cifras oficiales más recientes indican que en 2025 había 5 mil 76 Misioneras de la Caridad en 754 misiones de 138 países, dedicadas al servicio gratuito de los más pobres, según la congregación fundada por la santa.

La expansión muestra que su muerte no apagó la obra nacida en aquel tren. Associated Press recuerda su canonización, celebrada el 4 de septiembre de 2016 por el Papa Francisco, como uno de los acontecimientos históricos de esa fecha.

En aquella ceremonia, el Pontífice describió a Madre Teresa como una mujer que se inclinó ante quienes morían abandonados al borde de las calles y que hizo oír su voz ante los responsables de la pobreza. Según la crónica de EFE, más de 100 mil personas participaron en la celebración.

Francisco afirmó en su homilía de canonización que su santidad era tan cercana, tierna y fecunda que el mundo continuaría llamándola simplemente “Madre Teresa”.

San Juan Pablo II señaló que la fuerza para entregarse completamente a los demás la encontraba en la oración y en la contemplación silenciosa de Cristo. León XIV, en Dilexi te, la presentó como un icono universal de la caridad y recordó que recogía a los rechazados, lavaba sus heridas y los acompañaba hasta la muerte con la ternura de la oración.

El legado que cualquiera puede imitar

El padre Brian considera que la grandeza de Madre Teresa no la vuelve inalcanzable. Al contrario, su camino puede ser imitado en la vida diaria.

“Ella nos enseña la importancia de hacer cosas ordinarias, pero con un amor extraordinario; cosas pequeñas con un amor grande”, sostuvo.

El ofrecimiento de la mañana, añadió, permite entregar anticipadamente a Dios las oraciones, el trabajo, las alegrías y los sufrimientos del día. De esa manera, cada acción, incluso la más escondida, adquiere un valor sobrenatural.

La mujer que recibió el Nobel de la Paz en 1979, que fue recibida por gobernantes y que se convirtió en una de las personalidades más conocidas del planeta dejó una medida de grandeza distinta: no el éxito, sino la fidelidad.

“No estamos llamados a tener éxito, sino a ser fieles”, recordó el padre Brian.

Esa puede ser la clave última de su vida. Madre Teresa no permaneció porque sintiera siempre la presencia de Dios. Permaneció cuando dejó de sentirla. Continuó buscando a Jesús en los cuerpos heridos de los pobres y transformó su propia oscuridad en una luz para millones de personas.

Santa Teresa de Calcuta
Santa Teresa de Calcuta

Cortesía Mother Teresa Center

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