¿Cómo rezaba el rosario Madre Teresa de Calcuta? El secreto de su confianza en la Virgen María

Con el rosario entre las manos, Madre Teresa de Calcuta recorría las calles de la India para servir a los más pobres. Pero detrás de aquella sencilla oración existía una profunda relación con la Virgen María que la acompañó incluso durante sus largos años de oscuridad espiritual.

Ana Paula Morales (Poli)

10/21/20267 min read

Las manos de santa Teresa de Calcuta, símbolo de una vida entregada a la oración y al servicio de los más pobres. Su profunda devoción al Santo Rosario acompañó su misión de amor y caridad.

Fotografía: Cortesía del Mother Teresa Center. Reproducida con autorización para Press Crux.

CIUDAD DE MÉXICO.— Para santa Teresa de Calcuta, el rosario no era simplemente una devoción ni una sucesión de avemarías. Era una manera de permanecer cerca de la Virgen María y, a través de ella, acercarse a Jesucristo. Aquella oración acompañó su vida cotidiana y se convirtió en una expresión de la confianza que depositaba en la Madre de Dios, especialmente durante los momentos de sufrimiento y oscuridad interior.

Su particular relación con la Virgen quedó recogida en el libro Mother Teresa: In the Shadow of Our Lady (Madre Teresa. Al amparo de Nuestra Señora), escrito por el sacerdote Joseph Langford, M.C., quien conoció personalmente a la santa y colaboró con ella en la fundación de la rama sacerdotal de los Misioneros de la Caridad.

En esta obra, el padre Langford profundiza en una dimensión esencial de su espiritualidad: la devoción mariana de Madre Teresa no se limitaba a pedir la intercesión de la Virgen, sino que consistía en aprender a vivir como ella, con humildad, confianza, obediencia y una profunda disposición para servir a los demás.

El rosario, una oración que acompañaba su misión

La imagen de Madre Teresa caminando por las calles de Calcuta con el rosario en la mano resume una parte fundamental de su espiritualidad. Según la biografía publicada por el Mother Teresa Center, después de comenzar su jornada en unión con Jesús en la Eucaristía, salía a las calles llevando consigo el rosario para encontrar y servir a Cristo en las personas enfermas, abandonadas y necesitadas.

La oración no constituía una actividad separada de su trabajo, sino el fundamento de su misión. Entre las enseñanzas conservadas por el Mother Teresa Center figura una afirmación especialmente significativa: «El rosario nos llevará al amor perfecto de Dios». Para la religiosa, contemplar los misterios de la vida de Jesús de la mano de María debía transformar la manera de amar y servir a los demás.

Esta devoción estaba estrechamente vinculada con lo que Madre Teresa llamaba la «confianza amorosa». En el cuarto día de la novena publicada por el Mother Teresa Center, dedicado a la Virgen María y titulado Our Lady Will Help You(«Nuestra Señora nos ayudará»), la santa enseñaba: «Si permanecemos junto a Nuestra Señora, ella nos dará su espíritu de confianza amorosa, entrega total y alegría».

Para Madre Teresa, aquella confianza significaba ponerse en manos de María con la sencillez de una hija que se sabe amada y acompañada por su madre. El rosario era una expresión cotidiana de esa relación filial y una manera de dejarse conducir hacia Jesús, incluso cuando las dificultades parecían superar sus fuerzas. Esta confianza no dependía de experimentar consuelos durante la oración, sino de perseverar en la fe, siguiendo el ejemplo de la Virgen al pie de la cruz.

Una petición de la Virgen: enseñar a las familias a rezar

La importancia que Madre Teresa atribuía al rosario también aparece en sus experiencias espirituales de 1947, cuando comenzaba a tomar forma su misión entre los más pobres.

El Mother Teresa Center recoge unas palabras que, según los escritos de la santa, la Virgen María le dirigió aquel año: «No tengas miedo. Enséñales a rezar el rosario, el rosario en familia, y todo irá bien». Esta invitación, que forma parte del relato de sus experiencias místicas, muestra la relación que la religiosa establecía entre la oración, la confianza y la cercanía maternal de María.

Para Madre Teresa, el rosario no era una práctica reservada a las personas consagradas. También podía convertirse en un espacio de encuentro con Dios dentro del hogar y ayudar a las familias a crecer en la fe, la unión y la paz.

Su convicción era que la oración mariana debía llevar a una relación más profunda con Cristo y traducirse en actos concretos de caridad. De este modo, las avemarías que acompañaban sus jornadas no terminaban en la contemplación, sino que encontraban continuidad en el cuidado de los enfermos, el consuelo de los moribundos y la atención a quienes habían sido abandonados.

La Virgen María durante su noche oscura

Uno de los aspectos más profundos de la espiritualidad de Madre Teresa se conoció después de su muerte, cuando fueron publicadas algunas de las cartas dirigidas a sus acompañantes espirituales. En ellas quedó de manifiesto que, durante décadas, la fundadora de las Misioneras de la Caridad había experimentado una prolongada oscuridad interior, caracterizada por la ausencia del consuelo sensible de Dios.

En una entrevista concedida a ZENIT en abril de 2008, el padre Joseph Langford explicó que aquella experiencia no debía confundirse con una pérdida de fe. Madre Teresa continuó creyendo y amando a Dios incluso cuando no podía experimentar interiormente su presencia.

Según el sacerdote, la Virgen María desempeñó un papel fundamental en aquella etapa. Al igual que María permaneció junto a Jesús al pie de la cruz, incluso en el momento de mayor sufrimiento, Madre Teresa encontró en ella un modelo de fidelidad para afrontar su propia oscuridad espiritual.

Langford explicó que la relación de la santa con María le permitió comprender que la fe no depende necesariamente de los sentimientos o de las experiencias de consuelo. La confianza amorosa que había aprendido de la Virgen la ayudó a perseverar en su vocación y a continuar sirviendo a los más pobres, aun cuando su propia vida interior estaba marcada por el silencio y el sufrimiento.

Aprender a vivir como María

En su libro, el padre Langford identifica cuatro disposiciones espirituales que caracterizaban la relación de Madre Teresa con la Virgen: la pequeñez, la confianza, la obediencia y la contemplación. Para la santa, reconocerse pequeña ante Dios significaba aceptar su propia necesidad de gracia, mientras que confiar en María implicaba acudir a ella con la sencillez de una hija.

La obediencia suponía aprender de la disponibilidad de la Virgen para aceptar la voluntad divina, y la contemplación consistía en reconocer la presencia de Dios incluso en las circunstancias más difíciles. Estas actitudes permiten comprender por qué el rosario ocupaba un lugar tan importante en su espiritualidad: no bastaba con pronunciar las oraciones, sino que era necesario permitir que la contemplación de Cristo transformara la propia vida.

El padre Langford también relacionó la misión de Madre Teresa con el misterio de la Visitación. Así como María llevó a Jesús a su prima Isabel, la religiosa procuraba llevar la presencia de Cristo a las personas más necesitadas. Su devoción mariana encontraba, por tanto, una expresión concreta en el servicio a los pobres, a quienes reconocía como destinatarios privilegiados del amor de Dios.

Una oración por la paz

Madre Teresa también relacionaba el rosario con la construcción de la paz. Entre las enseñanzas conservadas por su Centro figura su invitación a rezarlo con fe y a buscar, en primer lugar, la paz del propio corazón.

Esta perspectiva estaba estrechamente vinculada con su manera de comprender la caridad cristiana. Para ella, la paz debía comenzar en cada persona, extenderse a las familias y manifestarse en gestos concretos de amor hacia quienes sufrían. La oración alimentaba el servicio, mientras que el servicio daba expresión visible a su encuentro con Dios.

Madre Teresa murió el 5 de septiembre de 1997 y fue canonizada por el papa Francisco el 4 de septiembre de 2016. Su ejemplo continúa recordando que el rosario puede rezarse en medio del trabajo, el cansancio, las preocupaciones familiares o el sufrimiento, y que la perseverancia en la oración no depende de experimentar consuelos extraordinarios.

Para la santa de Calcuta, permanecer cerca de María significaba aprender a reconocer, amar y servir a Jesús, especialmente en los más pobres. Su confianza amorosa en la Virgen se expresó tanto en las cuentas del rosario que sostenía entre sus dedos como en aquellas mismas manos con las que cuidaba a los enfermos, consolaba a los moribundos y acompañaba a quienes habían sido olvidados.

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Santa Teresa de Calcuta con un niño. Foto: Mother Teresa Center, con autorización.

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