«Mi primera prioridad será escuchar»: la primera mujer que dirigirá las Obras Misionales Pontificias revela a Press Crux su visión para la Iglesia

Sor Mary Teresa Barron, religiosa irlandesa nombrada por León XIV para asumir la presidencia de las Obras Misionales Pontificias, habla en exclusiva con Press Crux sobre los desafíos de la evangelización, las mujeres que han sostenido silenciosamente la misión de la Iglesia y las prioridades que llevará al Vaticano. Con más de tres décadas de vida religiosa y una amplia trayectoria misionera en África, dirige también un mensaje especial a México y América Latina: «Su vocación misionera es más importante que nunca».

ENTREVISTA EXCLUSIVA | VATICANO

Ana Paula Morales (Poli)

10/31/202616 min leer

Ciudad de México.- Sor Mary Teresa Barron será la primera mujer en dirigir las Obras Misionales Pontificias, una red mundial de cooperación que apoya la evangelización y el sostenimiento de las Iglesias en territorios de misión. Sin embargo, la religiosa irlandesa, nombrada por el papa León XIV el pasado 8 de octubre, asegura que su primera prioridad cuando asuma el cargo el 4 de enero de 2027 no será anunciar reformas ni establecer nuevas estrategias, sino escuchar a quienes viven diariamente la misión de la Iglesia, especialmente en las comunidades que enfrentan mayores dificultades.

«Mi primera prioridad será escuchar: escuchar a las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo, a las Iglesias locales, a los misioneros y a las comunidades a las que sirven», afirmó Barron en una entrevista exclusiva concedida por escrito a Press Crux, en la que explicó cómo recibió su nombramiento, qué aprendió durante sus años de servicio en África y cuáles considera los desafíos más urgentes de la evangelización.

«La misión eficaz comienza escuchando lo que el Espíritu Santo dice a través del Pueblo de Dios. Antes de proponer prioridades, es importante escuchar las alegrías, las esperanzas, los desafíos y las realidades que experimenta la Iglesia en diferentes contextos», añadió.

Su nombramiento llega en un momento de importantes transformaciones para el catolicismo. Según el dossier estadístico de la Agencia Fides publicado en octubre de 2026, el número de católicos en el mundo alcanzó los 1.422 millones, un incremento de 16,69 millones respecto al año anterior. África continúa registrando un crecimiento especialmente significativo, mientras que las vocaciones religiosas femeninas y el número de seminaristas mayores disminuyen a escala mundial.

Estas diferencias reflejan algunos de los desafíos que Barron encontrará en una Iglesia cuya presencia se extiende por todos los continentes, pero cuyas comunidades viven realidades profundamente distintas.

¿Qué son las Obras Misionales Pontificias y por qué son importantes?

Las Obras Misionales Pontificias son una red internacional al servicio del Papa que promueve la evangelización y sostiene a las comunidades católicas de los territorios de misión mediante la oración, la formación y la cooperación económica. Están integradas por cuatro instituciones: la Obra de la Propagación de la Fe, que apoya las necesidades pastorales de las Iglesias jóvenes; la Obra de San Pedro Apóstol, dedicada a la formación de seminaristas y religiosos; la Obra de la Infancia Misionera, que fomenta la participación de los niños en la misión; y la Pontificia Unión Misional, orientada a fortalecer la conciencia y formación misioneras. A través de esta red, la Iglesia ayuda a sostener seminarios, comunidades, proyectos de formación, iglesias y capillas, especialmente en regiones donde los recursos locales resultan insuficientes. Su misión consiste también en recordar que todas las comunidades católicas tienen una responsabilidad compartida en la evangelización, independientemente de su situación económica o geográfica.

La dimensión de esta tarea puede apreciarse en las cifras de Fides: en el mundo existen 111.602 estaciones misioneras, de las cuales únicamente 4.187 cuentan con un sacerdote residente, mientras que 107.415 carecen de presencia sacerdotal permanente. Estos datos corresponden al cierre de 2024 y forman parte del informe estadístico publicado en octubre de 2026.

Para Barron, la función de las Obras Misionales Pontificias no puede reducirse a la distribución de recursos materiales.

«Las Obras Misionales Pontificias tienen un papel único en el fortalecimiento de la solidaridad entre las Iglesias, ayudándonos a reconocer que somos una sola familia misionera en la que ninguna comunidad debería sentirse aislada u olvidada», señaló.

La religiosa también considera indispensable fortalecer la formación y colaboración entre las Iglesias locales, particularmente en lugares donde las dificultades económicas, sociales o culturales hacen más compleja la transmisión de la fe.

«Me gustaría fortalecer la formación misionera, profundizar la colaboración entre las Iglesias locales y promover una mayor conciencia de que la misión es responsabilidad de cada bautizado», explicó.

Una vocación nacida en Irlanda y fortalecida en África

Mary Teresa Barron nació el 7 de noviembre de 1968 en Donegal, Irlanda, en una familia cuya fe y sensibilidad hacia la misión influyeron en su vocación. Ingresó en 1992 a las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles, congregación fundada en Francia en 1876 y dedicada especialmente a la evangelización en África. Durante su formación fue enviada a Nigeria, donde enseñó inglés en una escuela primaria y catecismo en una parroquia de Ibadan. Completó su noviciado en Cork, Irlanda, en 1995, y posteriormente fue destinada a Tanzania, donde permaneció más de una década trabajando en comunidades rurales, programas educativos, acompañamiento pastoral, formación de mujeres y proyectos relacionados con el VIH/sida. Realizó su profesión perpetua el 1 de julio de 2001, en su parroquia de origen, en Donegal.

A su experiencia misionera añadió una formación académica en Desarrollo Internacional y Administración de Servicios de Salud Pública en Dublín. En 2018 fue elegida superiora general de su congregación y, entre 2022 y 2025, presidió el Servicio de Documentación y Estudio sobre la Misión Global (SEDOS). También encabezó la Unión Internacional de Superioras Generales entre 2023 y 2025, participó con derecho a voto en las asambleas del Sínodo sobre la Sinodalidad de 2023 y 2024 y fue nombrada miembro del Dicasterio para la Evangelización por el papa Francisco en 2024. En enero de 2026, León XIV la designó consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.

En su conversación con Press Crux, Barron reconoció que su experiencia misionera en Nigeria y Tanzania resultó decisiva para comprender la evangelización no como una actividad unilateral, sino como una relación de encuentro y aprendizaje mutuo.

«Mis años en África han sido uno de los mayores regalos de mi vida misionera. Las Iglesias locales de allí me enseñaron que la evangelización consiste, ante todo, en relaciones y presencia. Antes de proclamar el Evangelio con palabras, hay que estar dispuesto a compartir la vida con las personas, escuchar sus historias, alegrarse con sus esperanzas y caminar junto a ellas en sus dificultades», afirmó.

La futura presidenta de las Obras Misionales Pontificias recordó especialmente el testimonio de las mujeres con quienes trabajó, muchas de ellas pertenecientes a comunidades de escasos recursos.

«Me conmovió profundamente la vitalidad de la fe, expresada especialmente por las mujeres con quienes trabajé estrechamente. Incluso en situaciones marcadas por la pobreza o los recursos limitados, encontré una extraordinaria capacidad de resistencia, alegría y confianza en la providencia de Dios», explicó.

Estas experiencias modificaron su percepción del trabajo misionero.

«Me llevaron a comprender la misión no como algo que uno lleva a los demás, sino como un intercambio mutuo de dones en el que todos somos evangelizados», añadió.

«No era algo que yo buscara ni esperara»

Barron reconoció que su nombramiento para presidir las Obras Misionales Pontificias la sorprendió. Cuando recibió la propuesta, todavía no había concluido su mandato al frente de su congregación, por lo que consideró necesario discernir la decisión junto con sus consejeras.

«Cuando me plantearon por primera vez la posibilidad de este nombramiento, me sorprendió muchísimo que me tuvieran en cuenta, pero también me entusiasmó, como misionera, la posibilidad de influir en la vocación misionera de todos los bautizados», relató.

«Como toda vocación misionera, este nombramiento no era algo que yo buscara ni esperara. Todavía no he terminado mi mandato como responsable de mi congregación», añadió, explicando que su reacción inicial fue consultar si podía compartir la propuesta con las integrantes del consejo congregacional para discernir juntas la respuesta.

Pese a sentirse consciente de sus propias limitaciones, aseguró haber experimentado una profunda serenidad espiritual.

«Experimenté una paz interior que nacía de confiar en que el Señor nunca llama sin proporcionar también la gracia necesaria para la misión encomendada».

La religiosa considera que su incorporación a la dirección de las Obras Misionales Pontificias representa la continuidad de una vocación que comenzó décadas atrás, cuando decidió consagrar su vida a la misión.

«No es un camino nuevo, sino una nueva manera de servir al mismo Evangelio», explicó.

«Recibo este nombramiento como una invitación a ponerme a mí misma y a poner la experiencia de mi congregación misionera todavía más plenamente al servicio de la Iglesia universal, especialmente de aquellas Iglesias locales que continúan dando testimonio de Cristo en circunstancias difíciles», añadió.

Y resumió su comprensión de la responsabilidad que asumirá en Roma:

«La misión pertenece a Dios. Nosotros somos simplemente colaboradores en su obra salvadora, llamados a escuchar, acompañar y favorecer la comunión entre pueblos y culturas».

«El mayor desafío de la Iglesia es también su mayor oportunidad»

Al ser preguntada por los problemas más urgentes que enfrentan las Iglesias jóvenes de África, Asia y América Latina, Barron identificó como prioridad la formación de cristianos capaces de vivir y transmitir su fe en medio de las transformaciones contemporáneas.

«Creo que el mayor desafío que enfrenta hoy la Iglesia es también su mayor oportunidad: formar discípulos misioneros que puedan vivir y dar testimonio del Evangelio de manera auténtica en el mundo actual», afirmó.

La religiosa explicó que todos los cristianos están llamados, desde el bautismo, a participar en la misión de Cristo mediante una relación profunda con Dios y una vida marcada por el servicio, la compasión, la justicia y la esperanza.

«En un mundo cada vez más marcado por el individualismo, la polarización, el miedo a la diferencia y la fragmentación social, la Iglesia está llamada a formar mujeres y hombres que puedan tender puentes, fomentar el diálogo y dar testimonio de la dignidad de toda persona humana», señaló.

Según Barron, la formación de sacerdotes, religiosos y laicos debe responder a transformaciones culturales, tecnológicas, sociales y espirituales que afectan la vida de las comunidades. Considera que la Iglesia debe ayudar a las personas a encontrar sentido y esperanza sin perder sus raíces evangélicas.

«Uno de los desafíos más urgentes es la necesidad de una formación integral que prepare al clero, a los religiosos y a los fieles laicos para responder a realidades sociales, culturales, tecnológicas y espirituales que cambian rápidamente, permaneciendo firmemente arraigados en el Evangelio», explicó.

La futura presidenta de las Obras Misionales Pontificias también destacó que la evangelización debe prestar atención a las consecuencias de la pobreza, las desigualdades, los movimientos migratorios, los conflictos y el deterioro ambiental.

«Estas realidades afectan no solo las condiciones materiales, sino también la dignidad humana, la cohesión social y la capacidad de las comunidades para desarrollarse», advirtió.

«La misión de la Iglesia no puede separarse de la promoción de la justicia, la paz, la reconciliación y el cuidado de la creación, porque estos elementos son parte integral del mensaje del Evangelio», añadió.

La preocupación por los jóvenes y el futuro de la evangelización

Otro de los asuntos que Barron considera prioritarios es el acompañamiento de las nuevas generaciones, especialmente en sociedades donde muchos jóvenes experimentan una creciente distancia respecto a las instituciones tradicionales.

«En todo el mundo, muchos jóvenes buscan identidad, pertenencia, sentido y esperanza. A menudo son profundamente generosos y sienten una gran pasión por construir un mundo mejor, pero también pueden sentirse desconectados de las instituciones y de las comunidades», señaló.

Ante esta realidad, la religiosa considera necesario que la Iglesia no limite su presencia entre los jóvenes a la transmisión de contenidos religiosos, sino que procure espacios de encuentro y acompañamiento.

«La Iglesia debe encontrar maneras de seguir escuchándolos, caminar con ellos y crear espacios donde puedan encontrarse con Cristo y descubrir su propia vocación misionera», afirmó.

Pese a los desafíos, Barron aseguró encontrar motivos de esperanza en la vitalidad de las Iglesias jóvenes, particularmente por su creatividad, experiencia comunitaria y creciente participación en la evangelización.

«Las Iglesias jóvenes ya no son simplemente receptoras de misioneros o de apoyo misionero; cada vez más se están convirtiendo en protagonistas de la misión», sostuvo.

«Están enriqueciendo a la Iglesia universal con su fe, su vitalidad, su creatividad, su experiencia intercultural y su profundo sentido de comunidad», añadió.

Para la religiosa, el futuro de la misión dependerá de la capacidad de las distintas Iglesias para aprender unas de otras, sin considerar que unas tienen exclusivamente la responsabilidad de enseñar y otras la de recibir.

«El futuro de la misión dependerá en gran medida de nuestra capacidad para aprender unos de otros y reconocer que cada Iglesia local tiene tanto dones que recibir como dones que compartir», explicó.

«No se trata de una mujer que recibe un cargo»

El nombramiento de Barron representa un acontecimiento histórico por ser la primera mujer designada para presidir las Obras Misionales Pontificias. Sin embargo, la religiosa rechazó interpretar este reconocimiento únicamente como un logro individual y lo vinculó con la contribución de las mujeres a la evangelización durante generaciones.

«Veo este nombramiento como un reconocimiento a las innumerables mujeres que, a lo largo de la historia de la Iglesia, han dedicado sus vidas a la misión del Evangelio», afirmó.

Barron recordó que las mujeres religiosas y laicas han sido evangelizadoras, educadoras, catequistas, trabajadoras sanitarias, responsables pastorales y constructoras de comunidades, muchas veces en lugares remotos y sin reconocimiento público.

«Muchas han servido en lugares alejados, a menudo con poco reconocimiento, pero su testimonio ha sido indispensable para el crecimiento y la vitalidad de las comunidades cristianas», explicó.

La religiosa también hizo una reflexión sobre la manera en que tradicionalmente se ha relatado la historia de la evangelización, donde las contribuciones masculinas han ocupado un lugar más visible.

«A menudo se dice que la historia es his-story, la historia de él, y cuando observamos muchos de los relatos sobre la evangelización, las contribuciones de los hombres ocupan, comprensiblemente, gran parte de la narración histórica», señaló.

«Sin embargo, junto a esa historia existe lo que algunos han llamado her-story, la historia de ellas: la historia, tantas veces pasada por alto, de mujeres cuya fe, valentía y perseverancia ayudaron a establecer, sostener y alimentar comunidades cristianas en todo el mundo», añadió.

En numerosos lugares, destacó, las mujeres fueron las primeras transmisoras de la fe, dentro de las familias, las escuelas, los centros sanitarios y las comunidades locales.

«Su contribución no siempre ha sido documentada adecuadamente, pero ha sido inconmensurable», afirmó.

Por ello, Barron considera que su nombramiento debería servir para reconocer una contribución colectiva que ha acompañado a la Iglesia durante siglos.

«No se trata de una mujer que recibe un cargo, sino de reconocer a las innumerables mujeres cuyo servicio ha hecho de la Iglesia lo que es hoy».

La religiosa también expresó su deseo de que su designación anime a otras mujeres a participar activamente en las responsabilidades de la Iglesia.

«Espero que las mujeres jóvenes, tanto religiosas como laicas, vean en este momento un estímulo para seguir ofreciendo generosamente sus talentos al servicio del Evangelio», indicó.

Recordó que el papa Francisco habló reiteradamente de la necesidad de ampliar la participación de las mujeres en los procesos de discernimiento, toma de decisiones y liderazgo, y consideró que su nombramiento puede entenderse como otro paso dentro de ese camino.

Una Iglesia multicultural: «La unidad no requiere uniformidad»

La trayectoria de Barron incluye responsabilidades y encuentros con comunidades católicas de África, Asia, Europa y América Latina. Esta experiencia, señaló, le permitió comprender que la Iglesia universal es una realidad cada vez más multicultural e intercultural.

«He tenido el privilegio de visitar y relacionarme con Iglesias locales en diferentes países de Asia, Argentina y Europa del Este, además de mis contactos habituales con países de África y Europa occidental», explicó.

Estos encuentros fortalecieron su convicción de que la diversidad cultural no debe interpretarse como una amenaza para la unidad eclesial, sino como una riqueza que puede contribuir a la evangelización.

«El Espíritu actúa entre diferentes pueblos, culturas y tradiciones, enriqueciendo a todo el Cuerpo de Cristo mediante sus dones y testimonios particulares», afirmó.

En su opinión, esta realidad adquiere especial importancia en un contexto internacional marcado por tensiones, divisiones y polarización.

«Al vivir y dar ejemplo de una auténtica interculturalidad, la Iglesia ofrece un signo poderoso de que la unidad no requiere uniformidad, sino que florece mediante el respeto mutuo, el diálogo y la celebración de nuestras diferencias como dones de Dios», sostuvo.

México y América Latina: «Su vocación misionera es más importante que nunca»

En su entrevista con Press Crux, Barron dirigió un mensaje especial a los católicos mexicanos y latinoamericanos, a quienes animó a reconocer su responsabilidad en la evangelización más allá de sus propias comunidades.

«A los católicos de México y de toda América Latina les diría que su vocación misionera es más importante que nunca», afirmó.

La religiosa reconoció que su experiencia directa en América Latina se limita principalmente a visitas a las comunidades de su congregación en Argentina y a una estancia breve en Brasil. No obstante, aseguró que las iniciativas pastorales de la región le han dejado una impresión positiva, particularmente por su compromiso con las personas en situación de marginación.

«Me he sentido profundamente inspirada por lo que he encontrado», afirmó.

Barron destacó especialmente el trabajo misionero realizado en la Amazonía, donde obispos, sacerdotes, religiosos y laicos participan conjuntamente en iniciativas de evangelización y acompañamiento comunitario.

«Estas experiencias ofrecen enseñanzas importantes a la Iglesia universal sobre sinodalidad, participación y acción misionera», explicó.

La futura presidenta de las Obras Misionales Pontificias consideró que América Latina debe reconocerse no solamente como una región que históricamente ha recibido misioneros, sino como una Iglesia capaz de compartir sus propias experiencias y vocaciones con otros continentes.

«América Latina posee una rica herencia de fe, devoción popular, creatividad pastoral y un profundo compromiso con los pobres», señaló.

«La Iglesia universal mira a América Latina no solamente como una región que recibe misioneros, sino cada vez más como una región que envía misioneros, comparte generosamente sus dones y contribuye significativamente a la misión evangelizadora de la Iglesia», agregó.

Para Barron, una de las aportaciones fundamentales de las comunidades latinoamericanas radica en la relación entre la fe y el compromiso con las personas más vulnerables.

«Su experiencia nos recuerda que la misión se fortalece más cuando está arraigada en comunidades de fe vibrantes y se expresa mediante actos concretos de solidaridad y servicio», afirmó.

«La misión no es responsabilidad de unos pocos especialistas»

Barron insistió en que la evangelización no debe entenderse como una actividad reservada únicamente a sacerdotes, religiosas o personas enviadas a territorios lejanos.

«Uno de los avances importantes en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II ha sido una comprensión más profunda de que la misión no es responsabilidad de unos pocos especialistas, ni se limita a viajar a países lejanos para proclamar el Evangelio», explicó.

La religiosa recordó que todos los bautizados están llamados a participar en la misión de Cristo y que esa responsabilidad debe expresarse también en la vida cotidiana.

«La misión pertenece a todo el Pueblo de Dios y el discipulado misionero es necesario en todas partes», señaló.

«Dondequiera que estemos, estamos llamados a mirar más allá de los muros de nuestras iglesias y a fijarnos en quienes nos rodean y buscan esperanza, sentido, compasión y pertenencia», añadió.

La futura presidenta de las Obras Misionales Pontificias considera que esta conciencia misionera resulta indispensable para el futuro de la evangelización, especialmente en una Iglesia donde las necesidades de las comunidades son cada vez más diversas.

«Estamos llamados a ser una Iglesia que sale al encuentro de las personas allí donde se encuentran y que da testimonio del amor de Dios tanto con palabras como con obras», afirmó.

Escuchar antes de actuar: el compromiso con el que llegará al Vaticano

Cuando sor Mary Teresa Barron asuma sus nuevas responsabilidades en enero de 2027, llevará consigo la experiencia de las comunidades africanas donde trabajó durante más de una década, los años de gobierno de su congregación y su participación en organismos internacionales de la vida religiosa.

Su llegada al Vaticano se produce además en el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, instituida en 1926 y celebrada este año bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión».

Aunque tendrá responsabilidades institucionales importantes, Barron insiste en que su primera tarea será conocer y escuchar las necesidades de las comunidades misioneras.

«Antes de proponer prioridades, es importante escuchar las alegrías, las esperanzas, los desafíos y las realidades que experimenta la Iglesia en diferentes contextos», reiteró.

Para los católicos de México, América Latina y el resto del mundo, dejó una invitación a participar en la misión mediante la oración, la solidaridad y el testimonio cotidiano.

«Mi exhortación a todos los católicos es cultivar un corazón verdaderamente misionero: rezar por las misiones, apoyarlas generosamente y dar testimonio del Evangelio en la vida diaria», afirmó.

Y concluyó con una reflexión que resume la visión con la que se prepara para asumir su nuevo encargo:

«La misión comienza cada vez que nos permitimos encontrarnos con los demás con apertura, compasión y el deseo de compartir la esperanza que viene de Cristo. En este sentido, cada discípulo es un misionero y cada comunidad cristiana está llamada a ser un signo vivo del amor de Dios por el mundo».

Esta entrevista fue concedida por escrito a Ana Paula Morales para Press Crux. Las declaraciones de sor Mary Teresa Barron fueron traducidas del inglés al español a partir de sus respuestas originales. Las cifras proceden del dossier Estadísticas de la Iglesia católica 2026 de la Agencia Fides, basado en datos de 2024. La información biográfica fue contrastada con la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la Unión Internacional de Superioras Generales y fuentes eclesiales irlandesas.

Sor Mary Teresa Barron, primera mujer nombrada para presidir las Obras Misionales Pontificias, en una composición que evoca la dimensión universal de la misión de la Iglesia. Imagen elaborada con inteligencia artificial a partir de una fotografía de la religiosa.

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