«Que nuestros niños puedan vivir en paz»: sacerdote relata el drama de las familias en Nigeria

Una mujer embarazada podría tener que recorrer 80 kilómetros para llegar a un hospital. Niños deben cambiar de escuela y madres pierden los pequeños negocios con los que alimentaban a sus familias. En entrevista con Press Crux, el padre Kuha Indyer describe las consecuencias del cierre de varias instituciones católicas en Ihugh, mientras la ONU advierte de una crisis de desplazamiento y pobreza que afecta a cientos de miles de personas en el estado de Benue.

ENTREVISTA EXCLUSIVA | IGLESIA EN NIGERIA | 2 DE 4

Ana Paula Morales (Poli)

10/28/202612 min leer

Gboko, Nigeria.— ¿Qué puede hacer una mujer embarazada cuando llega el momento de dar a luz y el hospital más cercano ya no puede atenderla? ¿Cómo continúa estudiando un niño cuando sus padres apenas habían conseguido pagar los gastos del curso escolar? ¿De qué vive una madre que pierde el pequeño negocio con el que alimentaba a sus hijos?

Son algunas de las preguntas que plantea el padre Kuha Indyer, misionero de la Congregación del Espíritu Santo, al describir a Press Crux las consecuencias del cierre de escuelas, un hospital y una parroquia católica en Ihugh, una localidad de la diócesis de Gboko, en el estado de Benue, al centro-norte de Nigeria.

«Puedo imaginar la angustia de una mujer embarazada, con dolores de parto, que tenga que recorrer unos 80 kilómetros por nuestras malas carreteras para llegar a un hospital, debido al cierre del St. Thomas», expresó el sacerdote.

No relataba un caso particular que hubiera presenciado. Con ese ejemplo, buscaba mostrar lo que significa perder un centro sanitario en una región donde la pobreza, la inseguridad y las dificultades de transporte condicionan profundamente la vida de las familias.

La diócesis de Gboko dispuso el cierre de sus instituciones en Ihugh mediante una carta pastoral y un decreto del 12 de octubre de 2026, firmados por el obispo William A. Avenya y el canciller diocesano, padre Marcellinus Wende. La decisión respondió a una serie de incendios, robos y hostigamientos contra propiedades y personal de la Iglesia.

Según informó la agencia vaticana Fides, la suspensión afectó a las escuelas St. Winifred, al hospital St. Thomas —incluidos sus servicios asociados— y a la parroquia St. Winifred.

En la primera entrega de esta entrevista, Press Crux abordó las agresiones contra las instituciones católicas, las tensiones con parte de la comunidad y las condiciones de seguridad exigidas por la diócesis para considerar su regreso.

Ahora, el padre Indyer pone el acento en quienes quedaron al otro lado de las puertas cerradas: los pacientes, los escolares, los trabajadores y las familias que dependían de aquellas instituciones para salir adelante.

Una región donde miles de familias han tenido que abandonar sus hogares

La situación de Ihugh se desarrolla en un contexto de violencia prolongada en el estado de Benue, donde las disputas por tierras, los enfrentamientos entre comunidades agrícolas y ganaderas, los desplazamientos y las tensiones étnicas y religiosas han deteriorado la seguridad.

El 13 de junio de 2025, hombres armados atacaron la comunidad de Yelwata, también en Benue, dejando numerosos muertos y viviendas incendiadas. Según informó Reuters el 17 de junio de 2025, los primeros balances señalaban alrededor de un centenar de fallecidos y al menos 3.000 personas desplazadas.

La agencia recogió testimonios de familias que perdieron a sus seres queridos y sus medios de subsistencia. Entre ellos figuraba el de un agricultor que regresó para encontrar los restos de varios miembros de su familia y el lugar donde guardaba sus productos destruido por el fuego.

Meses después, el 2 de febrero de 2026, Reuters informó que la Fiscalía nigeriana había presentado cargos relacionados con terrorismo contra nueve hombres acusados de participar en la organización de aquella matanza, cuyo balance posteriormente se situó alrededor de 150 muertos.

Se trata de hechos distintos de los ataques contra las instituciones católicas de Ihugh. Sin embargo, permiten comprender el clima de inseguridad que afecta al estado y las graves consecuencias de la violencia para la población civil.

La magnitud de la crisis también ha sido documentada por las Naciones Unidas.

En un informe publicado el 10 de septiembre de 2026, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) señaló que Benue acogía a cerca de 500.000 personas desplazadas por la fuerza. El organismo documentó más de 270 ataques contra civiles entre enero de 2024 y agosto de 2025, y reportó más de 880 muertos durante 2025. Hasta agosto de 2026 había contabilizado otras 76 muertes.

Estas cifras corresponden al conjunto del estado de Benue y no específicamente a Ihugh. Reflejan, sin embargo, la dimensión de una crisis que obliga a numerosas familias a abandonar sus hogares, interrumpir sus actividades económicas y buscar protección en otras comunidades.

Cuando una mujer necesita un hospital y el camino también es un obstáculo

Para las familias de Ihugh, el cierre del hospital St. Thomas representa mucho más que la pérdida de un edificio.

El padre Indyer explicó que las personas enfermas deben buscar atención en otros establecimientos, con las dificultades que implica recorrer distancias más largas y afrontar nuevos gastos de transporte.

Su preocupación es especialmente grande por las mujeres embarazadas y los pacientes que necesitan atención urgente.

La carta pastoral del 12 de octubre, cuyo contenido fue facilitado por el sacerdote a Press Crux, dispone que los pacientes del hospital sean derivados a otros centros sanitarios, procurando garantizar la continuidad de la atención de quienes se encuentran en situaciones delicadas.

Pero para una familia que apenas consigue cubrir sus necesidades diarias, la existencia de otro hospital no garantiza que pueda llegar hasta él.

La situación se inscribe en un problema más amplio de acceso a los servicios básicos.

En una evaluación humanitaria publicada en julio de 2025, UNICEF encontró que, entre los hogares desplazados examinados en las zonas afectadas de Benue, el 74 % podía acceder a servicios de salud, aunque muchos enfrentaban obstáculos como la falta de medicamentos, la inseguridad y los costos de atención. El informe también identificó problemas graves de agua potable, saneamiento y condiciones de alojamiento.

Los resultados corresponden a las comunidades evaluadas por UNICEF, no a todos los hogares de Benue ni a las familias de Ihugh. Aun así, permiten comprender cómo una crisis de seguridad puede convertirse también en una crisis sanitaria.

Las madres que vendían comida y los motociclistas que llevaban niños a la escuela

El cierre de las instituciones católicas también afecta a personas que no trabajaban directamente para la Iglesia.

El padre Kuha recordó a los motociclistas que cada mañana transportaban a los niños hasta la escuela primaria y a las mujeres que vendían alimentos en las instalaciones del hospital y los centros educativos.

Sus pequeños negocios dependían del movimiento diario de estudiantes, pacientes, familiares y trabajadores.

«Pienso en las mujeres que venden comida en el hospital y en la escuela primaria, porque de ello obtienen los ingresos para sostener a sus familias», señaló el misionero a Press Crux.

Para estas personas, dejar de vender o de transportar pasajeros puede significar quedarse sin el dinero necesario para comprar alimentos, pagar la educación de los hijos o atender una enfermedad.

El sacerdote describió la situación como especialmente dolorosa porque las instituciones católicas no solamente ofrecían servicios educativos y sanitarios: también contribuían a sostener la economía cotidiana de la comunidad.

Según explicó, algunas familias habían encontrado en estas actividades una manera de sobrevivir en un entorno de escasas oportunidades laborales.

La pobreza, añadió, también alimenta tensiones relacionadas con el acceso a la tierra y las expectativas de apoyo económico por parte de la Iglesia. No obstante, esas circunstancias no permiten identificar a los responsables de los ataques contra sus instituciones.

Niños que deben abandonar su escuela

La suspensión de las actividades educativas plantea otra dificultad inmediata.

El padre Indyer explicó que las alumnas del internado femenino St. Winifred fueron trasladadas provisionalmente a otros colegios católicos de la diócesis para que pudieran continuar sus estudios.

Sin embargo, las alternativas son más limitadas para los niños de educación infantil y primaria, cuyos centros no funcionan bajo el sistema de internado.

Sus padres y tutores deben encontrar nuevas escuelas, afrontar posibles diferencias en las colegiaturas y adquirir uniformes distintos, gastos que pueden superar sus posibilidades económicas.

El misionero recordó que muchas familias ya habían realizado grandes esfuerzos para preparar el inicio del curso escolar. Ahora deben volver a buscar recursos para que sus hijos no pierdan la oportunidad de estudiar.

La interrupción de las clases se produce, además, en un país donde millones de niños enfrentan dificultades para acceder a la educación.

Según UNICEF, en su llamamiento humanitario para Nigeria, más de diez millones de niños permanecen fuera de la escuela en el país, debido a una combinación de pobreza, desplazamientos, inseguridad y otras barreras.

En Benue, el organismo también ha documentado cómo la violencia obliga a los menores a abandonar sus escuelas y comenzar de nuevo en lugares desconocidos.

El 20 de agosto de 2026, UNICEF publicó la historia de Ayoosu Myoom, una adolescente de quince años que vivió durante años en un asentamiento de desplazados antes de recuperar la posibilidad de asistir a clases.

Su historia, ajena al cierre de las instituciones de Ihugh, muestra que regresar a un salón de clases puede representar mucho más que continuar los estudios: significa recuperar una parte de la infancia y volver a imaginar un futuro.

«La pobreza es una fábrica de inseguridad»

Para el padre Indyer, las dificultades de Benue no pueden analizarse únicamente desde la violencia armada.

En entrevista con Press Crux, el sacerdote insistió en la necesidad de crear oportunidades económicas, combatir la corrupción y ofrecer a las familias condiciones para vivir con dignidad.

Describió la pobreza como una «fábrica» en la que prosperan la inseguridad, los secuestros y distintas formas de delincuencia.

Su reflexión no pretende justificar los ataques ni responsabilizar a las personas pobres de la violencia. Plantea, más bien, que la falta de oportunidades agrava situaciones sociales que requieren respuestas mucho más amplias que las medidas policiales.

En este sentido, pidió a las autoridades garantizar la seguridad de los ciudadanos y promover políticas que permitan a las familias superar las condiciones de precariedad.

El misionero considera que construir la paz también implica proteger la educación, facilitar el acceso a los servicios sanitarios y ayudar a los jóvenes a encontrar una forma digna de ganarse la vida.

Una respuesta concreta: enseñar, acompañar y abrir oportunidades

Frente a estas dificultades, el padre Kuha Indyer continúa trabajando en iniciativas de formación y desarrollo comunitario impulsadas por los misioneros espiritanos.

Una de ellas es el Spiritan Development Centre, en Gboko, un proyecto de la Provincia de Nigeria Nordeste de la Congregación del Espíritu Santo.

El centro busca ofrecer acompañamiento espiritual, educación y oportunidades de desarrollo a personas que enfrentan situaciones de vulnerabilidad.

Entre sus iniciativas se encuentra una Academia de Liderazgo Juvenil que imparte un programa de un año sobre liderazgo, valores sociales, alfabetización digital y mediática, atención al trauma y habilidades para emprender.

El objetivo, según explicó el sacerdote, es formar jóvenes capaces de servir a sus comunidades y contribuir a transformar su entorno.

La academia también ha dado origen a una escuela de fe para niños que acuden los fines de semana a recibir formación religiosa y moral. Algunos reciben además educación básica e instrucción en inglés, especialmente aquellos cuyas familias carecen de recursos para inscribirlos en escuelas convencionales.

El centro mantiene asimismo un programa de alfabetización para adultos en lengua tiv y un sistema comunitario de ahorro y pequeños préstamos, destinado a personas que no pueden acceder fácilmente a créditos bancarios.

A través de estas iniciativas, algunas familias encuentran herramientas para emprender pequeños negocios, atender sus necesidades y mejorar sus condiciones de vida.

No se trata de soluciones suficientes para superar por sí solas la crisis que atraviesa Benue, pero sí de esfuerzos concretos para que la falta de recursos no determine por completo el futuro de una persona.

La pobreza también se refleja en la falta de agua y electricidad

El Spiritan Development Centre enfrenta sus propias dificultades.

El sacerdote explicó que carecen de un suministro eléctrico adecuado y que dependen de un generador antiguo que se avería con frecuencia.

Cuando deja de funcionar, no pueden bombear agua al depósito que también abastece a la comunidad vecina.

Además, necesitan aulas para que los niños puedan aprender, convivir y realizar actividades en un ambiente seguro. Una casa comunitaria destinada a alojar a los misioneros permanece sin techo por falta de recursos, lo que ha impedido que algunos religiosos puedan incorporarse al proyecto.

El transporte constituye otra necesidad importante.

Estas carencias muestran que incluso quienes buscan ayudar a las familias más pobres deben desarrollar su labor con medios limitados.

El padre Indyer expresó su deseo de encontrar personas e instituciones dispuestas a colaborar con los proyectos de formación, desarrollo y evangelización de los espiritanos.

Aseguró que cualquier apoyo recibido sería utilizado responsablemente y acompañado de la correspondiente rendición de cuentas.

«Que nuestros niños puedan vivir en paz»

Al preguntarle qué sostiene su esperanza frente a tantas dificultades, el padre Indyer respondió que su fe en Jesucristo y el ejemplo de hombres y mujeres santos que perseveraron en circunstancias adversas continúan inspirándolo.

También recordó un dicho que resume el sacrificio de quienes trabajan en situaciones difíciles: «Lo que ha de dar luz debe soportar el fuego».

Para el misionero, las dificultades no eliminan el sentido de su vocación. Al contrario, lo animan a continuar anunciando el Evangelio y acompañando a quienes más necesitan ayuda.

Pero su deseo principal no se expresa en grandes proyectos ni en cifras económicas.

Está relacionado con los niños.

«Desearía que las autoridades crearan las condiciones para que nuestros niños puedan vivir en paz y perseguir sus sueños académicos, contribuyendo así a construir un mundo mejor», afirmó a Press Crux.

Su petición resume una preocupación compartida por las familias que dependen de las instituciones católicas de Ihugh: que sus hijos puedan estudiar, que los enfermos reciban atención, que los adultos tengan trabajo y que la violencia no les arrebate también la posibilidad de construir un futuro.

Mientras la diócesis mantiene suspendidas las actividades de sus instituciones hasta que existan garantías duraderas de seguridad, el sacerdote insiste en que las comunidades necesitan protección, oportunidades y acompañamiento.

La esperanza que describe no desconoce la pobreza ni el sufrimiento. Se sostiene en la convicción de que, aun en circunstancias adversas, la educación, la solidaridad y la fe pueden abrir caminos.

Porque detrás de un hospital cerrado hay personas que necesitan atención. Detrás de una escuela sin alumnos hay niños que desean aprender. Y detrás de cada pequeño negocio que desaparece hay una familia que busca cómo llegar al día siguiente.

En Ihugh, recuperar la paz significaría también recuperar esas posibilidades.

Y para el padre Kuha Indyer, esa esperanza tiene un rostro concreto: el de los niños que merecen crecer sin miedo y tener la oportunidad de cumplir sus sueños.

Nota de la redacción: Esta es la segunda de cuatro entregas de una entrevista exclusiva de Press Crux con el padre Kuha Indyer, misionero espiritano en la diócesis de Gboko, Nigeria. A lo largo de esta serie abordamos la violencia, la pobreza y los desafíos que enfrentan las comunidades cristianas, así como la labor de la Iglesia para acompañar a las familias y mantener viva la esperanza.

Niños participan en actividades educativas y de formación en el Spiritan Development Centre, en Gboko, estado de Benue, Nigeria. Impulsado por los misioneros de la Congregación del Espíritu Santo, el centro ofrece acompañamiento espiritual, educación y oportunidades de desarrollo a familias vulnerables, en una región marcada por la pobreza y la inseguridad.Fotografías: cortesía del padre Kuha Indyer, CSSp. / Spiritan Development Centre.

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Niños participan en una peregrinación mariana por los campos de cultivo de Gboko, en el estado de Benue, Nigeria, llevando consigo una imagen de la Virgen María. En medio de las dificultades que atraviesa la región, la oración y la devoción mariana forman parte de la vida de estas comunidades, donde los misioneros espiritanos acompañan la formación humana y espiritual de las nuevas generaciones.Fotografías: cortesía del padre Kuha Indyer, CSSp. / Spiritan Development Centre.

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