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«Nuestra oración puede transformar los corazones»: arzobispo francés tras ataque en Taybeh
Mons. Vincent Dollmann, arzobispo de Cambrai, sobrevivió a una agresión de colonos israelíes durante una visita a Taybeh, en Cisjordania. En entrevista con Press Crux, denunció la inseguridad que enfrentan las familias cristianas, pero destacó su fe, hospitalidad y compromiso con la educación como signos de esperanza.
ENTREVISTA | TIERRA SANTA
Ana Paula Morales (Poli)
10/27/202611 min leer


Taybeh, Cisjordania.- Estábamos recogiendo aceitunas con un beduino y su hijo cuando, alrededor de las 13:00 horas, vimos a lo lejos vehículos y hombres encapuchados. El servicio de seguridad del consulado de Bélgica nos dijo: “¡Tenemos que irnos, rápido, rápido!”». Así recordó Mons. Vincent Dollmann, arzobispo de Cambrai, Francia, los momentos de tensión que vivió el pasado 17 de octubre en Taybeh, una localidad cristiana de Cisjordania, cuando un grupo de colonos israelíes atacó a una delegación de la que formaba parte, integrada por representantes diplomáticos europeos, autoridades francesas y miembros de la Iglesia católica.
En entrevista exclusiva con Press Crux, el arzobispo, quien encabeza la arquidiócesis francesa desde 2018, describió cómo los agresores se aproximaron a los participantes mientras acompañaban a agricultores palestinos durante la cosecha de aceitunas. «Llegaron unos jóvenes muy alterados, con barras de hierro y palos. El alcalde de Aulnoye-Aymeries, el señor Baudoux, fue empujado violentamente. Estábamos estupefactos. Subimos al vehículo blindado y los jóvenes comenzaron a golpear las ventanas. Una de ellas incluso se agrietó. Fue violento», relató.
El prelado destacó la intervención de los equipos de seguridad de los consulados, cuyo personal está preparado para responder ante situaciones de crisis. «Nuestro grupo se sintió rápidamente a salvo. La sangre fría de los servicios de seguridad y su profesionalismo nos tranquilizaron», aseguró. Sin embargo, la experiencia le permitió comprender la vulnerabilidad cotidiana de quienes no cuentan con esa protección.
La agresión también fue documentada por las agencias internacionales. Reuters informó el 17 de octubre que entre los afectados se encontraban representantes diplomáticos de Bélgica, Francia y Polonia, además de autoridades locales francesas y miembros de la Iglesia. Por su parte, AFP recogió el testimonio del alcalde Bernard Baudoux, quien denunció haber recibido golpes durante el ataque. El Gobierno belga condenó la violencia y exigió protección para los civiles palestinos y los representantes diplomáticos.
Taybeh, un pueblo cristiano vinculado al Evangelio
Taybeh es un pequeño pueblo palestino situado en Cisjordania, en los territorios palestinos ocupados, aproximadamente a 30 kilómetros al norte de Jerusalén y a 12 de Ramala. Cuenta con unos 1,400 habitantes y reúne a tres comunidades cristianas: greco-ortodoxa, greco-católica melquita y latina.
La Custodia de Tierra Santa identifica Taybeh con la antigua Efraím. Según el Evangelio de san Juan, después de la resurrección de Lázaro, Jesús se retiró con sus discípulos a esa población cercana al desierto, donde permaneció antes de su última Pascua (Jn 11,54). El Patriarcado Latino de Jerusalén también recoge esta vinculación bíblica.
La localidad conserva además la memoria de san Charles de Foucauld. De acuerdo con el Patriarcado Latino de Jerusalén, el santo francés visitó la parroquia como peregrino y regresó para pasar ocho días en oración y meditación. Años después, seguidores de su espiritualidad promovieron la conservación de la habitación donde se había alojado. Su recuerdo forma parte de la tradición de oración y acogida de peregrinos que la comunidad mantiene hasta hoy.
«Están indefensos y prácticamente ya no salen»
Aunque el ataque provocó momentos de temor entre los visitantes, Mons. Dollmann aseguró que lo que más le impresionó ocurrió después, cuando el padre Bashar Fawadleh, párroco latino de Taybeh, lo acompañó en automóvil. El sacerdote, a quien había conocido como un hombre comunicativo y alegre, permaneció en silencio durante el trayecto.
«Lo que me marcó fue su silencio, cuando normalmente hablaba con facilidad y alegría. Su mutismo expresaba una gran tristeza y desconcierto. El padre Bashar se dio cuenta de que no había límites para la violencia de estas personas y de que ni siquiera una delegación oficial era ya una protección para los habitantes», explicó el arzobispo.
Para el prelado, aquel silencio reflejaba una realidad que las familias de Taybeh conocen desde hace tiempo: la sensación de vivir sin garantías de seguridad frente a las agresiones. «Están indefensos y prácticamente ya no salen. No hay ejército ni policía que los defienda», afirmó. Añadió que la violencia continuó incluso después de la agresión a la delegación: «La noche del 17 de octubre, unos individuos entraron en una casa y maltrataron a sus ocupantes».
Taybeh, situada cerca de Ramala, es conocida por ser una localidad palestina de población íntegramente cristiana, donde conviven fieles de las Iglesias latina, greco-ortodoxa y greco-católica. Su situación se inscribe en un contexto de creciente violencia en Cisjordania, territorio ocupado por Israel desde 1967, especialmente desde el inicio de la guerra de Gaza, desencadenada por los ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar israelí.
Según datos publicados por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), durante 2026 se han registrado numerosos incidentes de violencia de colonos contra comunidades palestinas, con heridos, daños materiales y restricciones de acceso a terrenos agrícolas. Reuters también ha documentado agresiones durante la cosecha de aceitunas, una actividad de gran importancia económica y cultural para las familias palestinas.
Para Mons. Dollmann, la situación adquiere una dimensión especialmente dolorosa cuando se trata de los olivares, cultivados durante generaciones. «Allí el olivo es una fuente de ingresos para muchas generaciones. Es el árbol característico de esta tierra a la que están profundamente unidos y representa todo el amor de las generaciones anteriores por cultivarla. Pero hoy ya no pueden acceder a ella», lamentó.
El arzobispo explicó que las restricciones de circulación afectan también al trabajo de las familias. Algunos habitantes encuentran empleo gracias a iniciativas del Patriarcado Latino de Jerusalén vinculadas con la escuela, la atención a peregrinos y la comunicación, mientras que otros deben desplazarse diariamente hacia Ramala y localidades cercanas. «Tienen que pasar por puestos de control que pueden cerrarse arbitrariamente e impedirles llegar a sus lugares de trabajo», señaló.
Los ataques contra los cristianos de Taybeh
La agresión del 17 de octubre no fue un episodio aislado. En julio de 2025, dirigentes cristianos de Jerusalén denunciaron ataques contra terrenos agrícolas y lugares religiosos de Taybeh. Reuters informó entonces de un incendio cerca del cementerio y de las ruinas de la histórica iglesia de San Jorge, lo que llevó a representantes de distintas Iglesias a visitar la localidad para manifestar su solidaridad.
El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y el patriarca greco-ortodoxo Teófilo III han expresado públicamente su preocupación por la seguridad de los habitantes y la continuidad de la presencia cristiana en la región. Las tensiones afectan especialmente a comunidades pequeñas, cuya permanencia depende también de la posibilidad de trabajar, acceder a sus tierras y ofrecer un futuro a sus hijos.
En este contexto, Mons. Dollmann advirtió que la inseguridad está deteriorando las condiciones de vida de las familias y empujando a algunas a considerar la emigración. El arzobispo insistió en que no se trata solamente de las consecuencias inmediatas de los ataques, sino de las dificultades acumuladas para desarrollar una vida cotidiana estable.
«Humanamente, no hay futuro para ellos», afirmó al referirse a los jóvenes palestinos que crecen en Taybeh. «A pesar de todas las propuestas educativas, el futuro sigue siendo sombrío, especialmente en lo que respecta al acceso al trabajo y a la posibilidad de formar una familia. A pesar del apego a esta tierra, cada año hay familias que se marchan al extranjero».
«Descubrieron que existen países donde se puede circular sin ser detenido»
Mons. Dollmann viajó a Taybeh del 12 al 19 de octubre como parte de una iniciativa de acercamiento entre la comunidad cristiana palestina y la arquidiócesis de Cambrai. La relación surgió gracias a la hermana Nelly, religiosa de la comunidad de la Santa Cruz de Jerusalén, originaria de la diócesis francesa, que reside desde hace años en Cisjordania y mantiene vínculos con la asociación L'Aulne et l'Olivier, creada en Aulnoye-Aymeries para apoyar a la parroquia católica de Taybeh.
Durante el verano, un grupo de jóvenes palestinos visitó Francia y conoció a familias de la diócesis. Como continuación de aquel intercambio, el arzobispo viajó a Taybeh, donde fue recibido por el padre Bashar. Durante su estancia se formalizó un hermanamiento entre ambas ciudades y sus parroquias, en presencia de los cónsules de Francia, Bélgica y Polonia.
Al recordar lo que significó para los jóvenes conocer Europa, el arzobispo destacó un aspecto que considera especialmente revelador de su realidad cotidiana. «Los jóvenes que vinieron a Francia descubrieron que existen países, como los de Europa, donde se puede circular sin ser detenido e interrogado. También descubrieron una sociedad que no ponía en duda su palabra, ni siquiera la exactitud de su nombre, y que no sospechaba que estuvieran mintiendo».
Pese a las dificultades, el prelado subrayó el esfuerzo de la comunidad por ofrecer una educación integral a las nuevas generaciones. La escuela católica de Taybeh atiende a aproximadamente 400 alumnos y promueve tanto la excelencia académica como el conocimiento de la cultura palestina, sus danzas tradicionales y las actividades deportivas. El fútbol y el baloncesto forman parte de la vida escolar, junto con la formación religiosa y las iniciativas de convivencia.
«Se busca la excelencia en el conocimiento. Se vuelve a dar valor a la cultura palestina y a las danzas tradicionales, con cierto orgullo. Los jóvenes también son iniciados en la riqueza de sus respectivas tradiciones religiosas», explicó.
El arzobispo destacó que dos tercios de los alumnos de la escuela son musulmanes, circunstancia que convierte al centro en un espacio de encuentro entre comunidades. «En esta escuela existe una verdadera educación para la convivencia entre musulmanes y cristianos», afirmó, convencido de que esta labor educativa constituye una de las aportaciones más importantes de la Iglesia a la sociedad local.
Una comunidad que conserva la fe y la hospitalidad
A pesar de la violencia y la incertidumbre, Mons. Dollmann aseguró haber encontrado una comunidad cristiana profundamente arraigada en su fe, que continúa transmitiendo sus tradiciones a las nuevas generaciones. «Los cristianos alimentan su fe a través de la belleza de la liturgia y la fidelidad a la oración. Pero lo que más destaca es su sentido de la hospitalidad», señaló.
El arzobispo recordó especialmente su visita a la llamada Casa de las Parábolas, una antigua construcción situada junto a una iglesia de Taybeh, que permite conocer la organización de las viviendas de la región en tiempos bíblicos. En ella se conserva un espacio junto al establo y debajo de la habitación común, semejante al que, según algunas interpretaciones históricas, pudo haber servido de refugio a la Sagrada Familia en Belén.
«La hermana explicaba que la Sagrada Familia había podido beneficiarse de la hospitalidad de los habitantes de Belén, subrayando que el pesebre debía situarse en el corazón mismo de la vivienda», recordó. Para el prelado, esta explicación permite comprender la importancia que la acogida ha tenido históricamente en la cultura de Tierra Santa.
«Taybeh desea permanecer fiel a esta tradición de hospitalidad mediante la acogida de numerosos grupos, aunque ahora sean menos», añadió, al explicar que la disminución de las peregrinaciones constituye otra de las consecuencias de la inestabilidad regional.
Durante su visita también conoció a dos religiosas argentinas de la congregación del Verbo Encarnado que trabajan en una casa de acogida para unas veinte personas mayores. El arzobispo destacó el servicio de las comunidades religiosas internacionales que permanecen en la región y acompañan discretamente a la población, incluso en circunstancias difíciles.
«Informarse es la primera responsabilidad de cada cristiano»
Preguntado por las medidas necesarias para evitar nuevas agresiones, Mons. Dollmann pidió que las autoridades garanticen una protección efectiva e imparcial a las comunidades civiles. «Sería necesario, ante todo, que se respetaran los acuerdos sobre el terreno y que las estructuras encargadas de la seguridad pudieran proteger a las poblaciones de manera imparcial», afirmó.
El prelado también insistió en la importancia de mantener la atención internacional sobre los territorios afectados por conflictos y tensiones, especialmente aquellos que quedan relegados frente a las prioridades de las grandes potencias. A su juicio, la solidaridad requiere conocer la realidad de quienes sufren y evitar que sus dificultades desaparezcan de la conversación pública.
Al preguntarle cómo pueden ayudar los católicos de México y América Latina, recordó la presencia de religiosas y religiosos procedentes de distintos países, cuyo trabajo permite conocer de primera mano las necesidades de las comunidades. «Estas congregaciones permiten disponer de información fiable sobre la vida de las personas. Informarse es la primera responsabilidad de cada cristiano», sostuvo.
Asimismo, invitó a respaldar proyectos de desarrollo mediante organizaciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada, L'Œuvre d'Orient y la Orden del Santo Sepulcro, que apoyan iniciativas pastorales, educativas y sociales en Tierra Santa.
Finalmente, Mons. Dollmann pidió no olvidar la dimensión espiritual de la solidaridad con los cristianos de la región. «Y no olvidemos la oración. A través de ella, el Señor nos da luz y fuerza para mantener nuestro corazón y nuestra inteligencia abiertos a la realidad del mundo», expresó.
El arzobispo concluyó con una reflexión sobre la posibilidad de que la oración contribuya a la reconciliación en medio de la violencia: «Nuestra oración puede también permitir que el Espíritu Santo transforme los corazones de quienes están habitados por la violencia y toque los corazones de quienes rezan con nosotros para buscar la paz».
Mons. Vincent Dollmann, arzobispo de Cambrai (Francia), durante su visita a Taybeh, en Cisjordania. Foto: cortesía de Mons. Vincent Dollmann.


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