“La paz es un don escaso en esta región”: la Iglesia acompaña a refugiados y familias en Jordania

Desde el santuario de Nuestra Señora del Monte, el misionero argentino Padre Víctor Moreyra relata cómo la guerra atraviesa el cielo jordano, golpea la economía y empuja a los jóvenes a emigrar. Frente a ello, la Iglesia sostiene escuelas, asistencia médica y proyectos para refugiados, al tiempo que procura fortalecer a las familias cristianas para que permanezcan en su tierra.

Ana Paula Morales (Poli)

9/19/202610 min read

Anjara, Jordania.- Rodeada por países marcados por la guerra, Jordania ha logrado conservar una estabilidad excepcional en Medio Oriente. Sin embargo, esa paz no significa aislamiento: misiles y drones han cruzado su espacio aéreo, bases militares extranjeras situadas en su territorio han sido atacadas, los vuelos han sufrido interrupciones y la incertidumbre regional ha golpeado el turismo, el comercio y las posibilidades de futuro de los jóvenes.

“Jordania es un país, hasta ahora, muy bendecido por Dios con el don de la paz”, afirmó a Press Crux el padre Víctor Moreyra, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado y misionero en Anjara. Desde el santuario de Nuestra Señora del Monte, el religioso observa las consecuencias de los conflictos que rodean al reino: la guerra en Gaza, la inestabilidad en Siria e Irak y la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.

“La paz es un don bastante escaso por aquí”, reconoció. A su juicio, Jordania ha conseguido mantenerse al margen de una confrontación directa gracias, en buena medida, al trabajo diplomático del rey Abdalá II y de la Casa Real. Pero eso no significa que la población permanezca ajena a lo que sucede en la región ni que la guerra se perciba únicamente como algo lejano.

La guerra atraviesa el cielo de Jordania

El padre Moreyra explicó que los ataques dirigidos contra instalaciones militares extranjeras situadas en territorio jordano han provocado momentos de temor entre la población. La ubicación geográfica del país lo coloca en medio de algunas de las principales rutas utilizadas durante las confrontaciones regionales y, aunque Jordania no haya entrado directamente en la guerra, sus habitantes han tenido que escuchar alarmas y buscar resguardo ante el paso de misiles y drones.

“Jordania no está preparada para recibir ataques aéreos; no hay refugios preparados. Sí existe un sistema de alarma y uno trata de ponerse a resguardo”, señaló. “Cuando pasan los ataques de un lado a otro, atraviesan el espacio aéreo jordano. Eso sí influye en la vida cotidiana”.

La situación descrita por el misionero coincide con lo documentado por agencias internacionales. En julio de 2026, la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea pidió a las aerolíneas evitar el espacio aéreo jordano debido al incremento de la actividad militar, los ataques con misiles y drones y la activación de los sistemas de defensa del país, según informó Reuters. La agencia señaló que Irán había asegurado haber atacado instalaciones militares estadounidenses en Jordania, entre ellas la base aérea de Al Azraq, aunque Reuters precisó que no había podido verificar de manera independiente todos los detalles de esos ataques.

Associated Press informó también que los ataques iraníes contra instalaciones estadounidenses han puesto a prueba la delicada posición de Jordania y sus vínculos con Washington. Además de la amenaza militar, el país enfrenta una economía presionada por la acogida de refugiados, el aumento de los precios de la energía, la inflación y la caída del turismo.

Pese a ello, el padre Moreyra subrayó que la vida cotidiana continúa y que Jordania no mantiene una confrontación directa con otros países. “Alrededor nuestro hay muchísimos problemas, pero aquí no llegan de manera directa como en otros lugares”, explicó. Los principales efectos se perciben cuando se activa el sistema de alarma, se restringe el espacio aéreo o se interrumpen vuelos, pero también en el abastecimiento, el comercio, el precio del petróleo y el empleo.

Uno de los sectores más afectados ha sido el turismo, una fuente fundamental de ingresos para miles de familias. Reuters documentó que la guerra en Gaza provocó cancelaciones masivas, reducción de vuelos y un fuerte descenso de visitantes en lugares como Petra y Wadi Rum. Antes del conflicto, el turismo representaba alrededor del 12.5% de la economía jordana, pero la percepción internacional de que todo Medio Oriente es inseguro ha alejado incluso a viajeros de países que no participan directamente en las hostilidades.

Estas consecuencias económicas se suman a una preocupación pastoral más profunda: la partida de los jóvenes. “Siempre está en ellos el pensamiento de buscar un futuro mejor fuera de Medio Oriente y fuera de Jordania”, afirmó el sacerdote. La guerra y la inestabilidad política de los países vecinos intensifican la percepción de que las oportunidades se encuentran en otra parte y dificultan que las nuevas generaciones imaginen su porvenir en el país donde nacieron.

Crear oportunidades para que los jóvenes permanezcan

Ante este panorama, la Iglesia trabaja para que los jóvenes puedan estudiar, encontrar empleo, formar una familia y permanecer en Jordania. “Hay una preocupación constante de la Iglesia por crear oportunidades para los jóvenes, tanto de estudio como de trabajo, para que puedan quedarse”, explicó el padre Moreyra.

A esta labor se suma lo que describió como un trabajo menos visible, pero igualmente importante: acompañar a los matrimonios jóvenes y ayudarlos a superar los obstáculos económicos que dificultan tener hijos. “Las familias jordanas tienen un gran amor por la vida. Quieren tener hijos y dejar descendencia. La Iglesia, a través de instituciones como Cáritas, realiza un trabajo silencioso para apoyarlas”, indicó.

En el santuario de Nuestra Señora del Monte, muchas parejas acuden precisamente para pedir la gracia de concebir un hijo. “Una de las cosas que más vienen a pedirle a la Virgen es poder tener hijos”, relató el sacerdote. En la cultura local también tiene un peso especial el nacimiento del primer hijo varón, no —aclaró— por una preferencia entre el hombre y la mujer, sino debido al papel que tradicionalmente se le atribuye en el sostenimiento y cuidado de la familia.

Para el misionero, el fortalecimiento de los matrimonios, el acceso a la educación y la creación de empleo están estrechamente relacionados con la permanencia de la comunidad cristiana en Jordania. El Dicasterio para las Iglesias Orientales advirtió en su llamamiento para la Colecta Pro Terra Sancta de 2026 que las comunidades cristianas de Jordania y otros países de Medio Oriente enfrentan graves dificultades sociales, económicas y políticas. Por ello, la Iglesia sostiene escuelas, seminarios, familias, obras pastorales y programas de ayuda destinados a preservar la presencia de los cristianos, considerados las “piedras vivas” de Tierra Santa.

Jordania, un país que ha acogido a los refugiados

Jordania ha recibido durante décadas a palestinos, iraquíes y sirios que huyeron de guerras, persecuciones y crisis humanitarias. “Es un país que generosamente ha recibido a todos los refugiados que han llegado”, afirmó el padre Moreyra. La respuesta, explicó, está organizada por el Gobierno, organismos internacionales, el Patriarcado Latino de Jerusalén, Cáritas Jordania y diversas parroquias y congregaciones religiosas.

La Iglesia ofrece alimentos, atención médica, educación, acompañamiento espiritual y programas de capacitación laboral. Esa ayuda no está condicionada por la pertenencia religiosa. “La Iglesia nunca cierra las puertas de la caridad de Cristo a nadie. Se ayuda a la persona, sea de la religión que sea”, recalcó.

Algunos de los sacerdotes y religiosos que atienden a estas comunidades también han experimentado el desplazamiento. El misionero recordó el caso de consagrados procedentes de Irak que se vieron obligados a abandonar sus comunidades y que ahora acompañan espiritualmente a otras familias refugiadas. Su propia experiencia les permite comprender el desarraigo, la incertidumbre y el dolor de quienes han perdido su hogar.

En Anjara, una población situada en las montañas de Ajloun, la parroquia no cuenta con la infraestructura de los grandes centros de acogida. Aun así, ha recibido proyectos organizados por Cáritas, entre ellos clases de apoyo para niños refugiados y programas de capacitación para mujeres. Estas iniciativas buscan responder a necesidades inmediatas, pero también devolver a las familias cierta estabilidad y herramientas para reconstruir su vida.

“Es muy difícil ser refugiado”, reconoció el sacerdote. “Ellos hablan mucho de su tierra, de lo que han perdido y de todo lo que dejaron atrás”. Para el padre Moreyra, ese desarraigo permite contemplar también la experiencia de la Sagrada Familia, obligada a huir a Egipto para salvar la vida del Niño Jesús. “Estar lejos de la propia tierra es una experiencia de la cruz, del sufrimiento de Cristo. Pero también es una experiencia de esperanza, porque Dios nunca abandona al que sufre”, afirmó.

Nuestra Señora del Monte, refugio en medio de la incertidumbre

El padre Víctor Moreyra llegó a Jordania después de haber trabajado como misionero en Brasil, Perú, Egipto y Beit Jala, cerca de Belén. Pertenece al Instituto del Verbo Encarnado, congregación cuyo carisma es la evangelización de la cultura y que mantiene presencia en diferentes lugares de Tierra Santa y Medio Oriente.

“La misión tiene su fundamento en la fe”, explicó. Inspirado en la encíclica Redemptoris Missio de San Juan Pablo II, recordó que el principal protagonista de toda misión es el Espíritu Santo y que los religiosos son instrumentos de la acción de Dios. El paso por diferentes países no cambió esa concepción, pero sí enriqueció su experiencia y le enseñó la importancia de conocer las lenguas y culturas de los pueblos a los que es enviado.

“El misionero debe aprender no solamente la lengua, sino también la cultura de estos lugares para poder anunciar el Evangelio”, señaló.

Su misión actual se desarrolla en el santuario de Nuestra Señora del Monte, en Anjara, uno de los principales centros marianos de Jordania. Según la tradición cristiana local, Jesús y María atravesaron esta región durante sus recorridos por las tierras situadas al este del río Jordán.

El santuario adquirió especial relevancia después de que, el 6 de mayo de 2010, una religiosa y varias mujeres afirmaran haber visto lágrimas de sangre en el rostro de una imagen de la Virgen. La devoción creció desde entonces y numerosas personas acuden cada año para pedir consuelo, salud y la gracia de formar una familia.

El padre Moreyra aseguró que el lugar se ha convertido progresivamente en un centro de peregrinación para todo el país. “El patriarca ha llamado a la Virgen de Anjara ‘Madre de todos los jordanos’”, explicó.

En medio de la guerra y de la incertidumbre económica, el santuario recibe a personas que buscan consuelo por la enfermedad, el desplazamiento, la separación familiar o la imposibilidad de tener hijos. “Vienen a pedirle a la Virgen el don de la vida y el consuelo en el sufrimiento”, señaló.

Para el sacerdote, vivir y servir en un santuario mariano constituye también una gracia personal. “Es algo muy hermoso poder estar en un santuario de la Virgen y contemplar todo lo que ella obra en las personas”, expresó.

“En el que sufre está presente Cristo”

El contacto con refugiados, enfermos y familias que atraviesan dificultades recuerda diariamente al padre Moreyra las palabras de Jesús en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo: “Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron”.

“En la persona que sufre está presente la imagen de Nuestro Señor Jesucristo”, sostuvo. Para los misioneros, añadió, el encuentro con personas que padecen carencias materiales, espirituales o afectivas también se convierte en una fuente de crecimiento, porque les permite encontrarse con Cristo de una manera concreta.

El sacerdote recordó el ejemplo de San Camilo de Lelis, quien atendía a los enfermos con la conciencia de estar sirviendo al propio Jesús, y de San Vicente de Paúl, que enseñaba que salir de la oración para ayudar a un pobre no significaba abandonar a Dios, sino continuar encontrándose con Él de otra manera. “En el pobre seguimos estando con Nuestro Señor”, afirmó.

El Papa León XIV ha pedido reiteradamente un alto el fuego y la reapertura de caminos de diálogo en Medio Oriente. “La violencia nunca podrá conducir a la justicia, la estabilidad y la paz que esperan los pueblos”, advirtió en marzo, al recordar a las víctimas de los ataques contra escuelas, hospitales y zonas residenciales. El Pontífice pidió entonces a los responsables de la confrontación: “¡Detengan el fuego! ¡Que se reabran los caminos del diálogo!”.

En julio, el Papa volvió a expresar su preocupación por las víctimas civiles en Gaza y Cisjordania e insistió en la necesidad de retomar las negociaciones para alcanzar una paz justa. “Sigo con profunda preocupación la violencia continua y creciente en Tierra Santa”, afirmó, al recordar que numerosos civiles habían perdido la vida.

Desde Anjara, el padre Moreyra contempla ese sufrimiento a través de los rostros de quienes han llegado huyendo de otros países y de quienes se preguntan si todavía es posible construir su futuro en Medio Oriente. Mientras Jordania intenta conservar la estabilidad en una región atravesada por la violencia, el misionero considera que la labor de la Iglesia consiste en permanecer junto a quienes han perdido la tierra, la seguridad o la esperanza.

“Dios nunca abandona a los que sufren —concluyó—. Siempre está muy cerca de ellos”.

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El padre Víctor Moreyra, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado, durante una celebración litúrgica en el santuario de Nuestra Señora del Monte, en Anjara, Jordania. Crédito: Cortesía del padre Víctor Moreyra.

El padre Víctor Moreyra, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado, durante una celebración litúrgica en el santuario de Nuestra Señora del Monte, en Anjara, Jordania. Crédito: Cortesía del padre Víctor Moreyra.

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