«Son ellos quienes me evangelizan»: la fe de las familias pobres de Vietnam que sostiene a un sacerdote

En las montañas de Pác Nặm, el padre Peter Doãn comparte la mesa de familias que viven del cultivo y la cría de animales, recorre aldeas dispersas y busca pequeñas capillas para doce comunidades. A Press Crux le cuenta cómo esos encuentros han transformado también su propia fe.

Ana Paula Morales (Poli)

10/31/202611 min leer

El padre Phêrô Nguyễn Quang Doãn celebra la misa en Pác Nặm, Vietnam. Fotografía: cortesía del sacerdote.

VIETNAM.— El padre Phêrô Nguyễn Quang Doãn sube a las aldeas de las montañas del noreste de Vietnam llevando un poco de carne de cerdo, verduras y fideos instantáneos. Sabe que muchas de las familias que visita apenas tienen lo necesario para alimentarse, por lo que acostumbra llevar algo para compartir antes de sentarse a conversar con ellas. «Llevaba un poco de carne de cerdo, verduras y fideos instantáneos a las casas para conversar, conocerlos y comer con ellos», relata a Press Crux. «Sabía que eran pobres y que no tenían qué comer, por eso llevaba algo para compartir». Lo que comenzó como una manera sencilla de acercarse a los habitantes de Pác Nặm, una región montañosa donde las comunidades se encuentran separadas por largos caminos y muchas familias sobreviven gracias al cultivo y la cría de animales, terminó transformando profundamente su propia vida sacerdotal.

El religioso, conocido como padre Peter Doãn, llegó a esta misión convencido de que debía llevar el Evangelio a quienes viven en condiciones de pobreza y aislamiento. Sin embargo, después de compartir la vida cotidiana de las familias, escuchar sus dificultades y descubrir su manera de vivir la fe, reconoce que también él ha sido transformado. «Después de estos meses viviendo con ellos, siento que son ellos quienes me evangelizan con su fe viva y su sencillez sincera», afirma. En medio de las limitaciones materiales, el sacerdote ha encontrado una comunidad que lo recibe como parte de su familia y que le recuerda, a través de gestos cotidianos, el sentido de su vocación.

Pác Nặm, una región de Vietnam marcada por la pobreza

Para comprender la historia del padre Peter es necesario situarse en el norte de Vietnam, un país del sudeste asiático que, a pesar de su crecimiento económico durante las últimas décadas, continúa enfrentando profundas desigualdades entre las ciudades y las comunidades rurales de las montañas. Pác Nặm se encuentra en el territorio de la antigua provincia de Bắc Kạn, incorporada administrativamente a Thái Nguyên desde julio de 2025, según la información del Gobierno provincial. En esta región viven familias pertenecientes a distintos pueblos, entre ellos los h’mong, dao, tày, sán chỉ y nùng, además de habitantes kinh, el grupo étnico mayoritario del país.

La pobreza de Pác Nặm ha sido documentada desde hace años por medios vietnamitas. En un reportaje publicado el 11 de enero de 2012 por Báo Tin tức, medio de la Agencia Vietnamita de Noticias, Bắc Kạn era descrita como la provincia más pobre del país y Pác Nặm como su distrito más empobrecido, con más del 40 % de los hogares en situación de pobreza. Aunque aquellos datos históricos no permiten establecer que actualmente mantenga esa posición en una clasificación nacional, muestran las dificultades estructurales que han marcado a sus habitantes durante generaciones.

El padre Peter conoce esas dificultades de primera mano. «Su economía depende principalmente del cultivo del maíz, el arroz y la cría de animales», explica. Describe terrenos altos, rocosos y secos, sometidos a condiciones climáticas adversas, donde las posibilidades de obtener ingresos son limitadas y las familias dependen de su propio trabajo para subsistir. Sin embargo, cuando habla de sus vecinos no se detiene únicamente en sus carencias. «Son personas muy sencillas, sinceras, cercanas y amistosas», asegura.

Las desigualdades también afectan a la educación y al acceso a servicios básicos. De acuerdo con un informe de UNICEF publicado en diciembre de 2025, elaborado a partir de información de 2024, casi uno de cada tres niños pertenecientes a minorías étnicas de Vietnam vive en pobreza multidimensional, una condición que implica privaciones relacionadas con la educación, la salud, la vivienda, el saneamiento o el acceso a la información. El indicador corresponde al conjunto de las minorías étnicas del país y no exclusivamente a Pác Nặm, pero ayuda a comprender el contexto de desigualdad en el que trabajan los misioneros.

En las aldeas que visita, el sacerdote encuentra personas que no saben leer ni escribir, así como familias cuya lengua materna es distinta del vietnamita. Las distancias también representan una dificultad para participar en la vida religiosa. Cuando algunos fieles logran desplazarse hasta la parroquia para asistir a misa, el padre procura ofrecerles alimentos y ayudarles a regresar a sus hogares. «Les preparo de comer y les doy dinero para la gasolina de regreso», cuenta.

Un joven sacerdote que llegó a las montañas para quedarse

Phêrô Nguyễn Quang Doãn pertenece a la Congregación del Santísimo Redentor, cuyos miembros, conocidos como redentoristas, se dedican especialmente al anuncio del Evangelio entre las personas pobres y abandonadas. Fue ordenado sacerdote el 1 de julio de 2022 y, menos de un año después, comenzó su misión en Pác Nặm.

Su vocación misionera, sin embargo, había nacido mucho antes. Recuerda que, siendo niño, escuchó durante la fiesta de los mártires vietnamitas un canto que relataba la entrega de quienes habían dado su vida por Cristo. Aquellas palabras despertaron en él un deseo que lo acompañaría durante años. «Me conmovió profundamente. Desde entonces deseé ser misionero», recuerda. Al conocer la espiritualidad redentorista encontró una respuesta a esa inquietud: dedicar su vida a anunciar el Evangelio entre quienes viven situaciones de mayor pobreza y abandono.

El sacerdote recuerda con especial emoción la mañana del 15 de marzo de 2023, cuando llegó a Pác Nặm. En aquel momento encontró únicamente seis familias católicas que habían llegado desde las tierras bajas. No existía una iglesia propia ni una estructura parroquial como la actual. Una de aquellas familias se trasladaría posteriormente a otra localidad, pero el padre conserva el recuerdo de aquellos primeros encuentros.

Su primera necesidad fue encontrar un lugar donde vivir y reunir a los fieles. Finalmente alquiló una pequeña vivienda de aproximadamente sesenta metros cuadrados que se convirtió al mismo tiempo en su residencia y en el espacio para celebrar la Eucaristía. «Nunca olvidaré aquella mañana en que llegué a esta misión», relata. «En ese momento pensé en silencio: ofrezco a Dios todo mi corazón y esta misión suya».

Los habitantes comenzaron a preguntarse quién era aquel hombre que había llegado a vivir entre ellos. Algunos nunca habían oído hablar del catolicismo y sentían curiosidad por conocerlo. Querían saber por qué no tenía esposa y qué hacía en una región tan apartada. El sacerdote comenzó a responder a esas preguntas mediante conversaciones sencillas, visitas a las viviendas y encuentros en el mercado local, que se celebra cada cinco días y reúne a personas procedentes de distintas aldeas.

Allí saludaba a quienes bajaban de las montañas para comprar alimentos, los invitaba a su casa y pedía permiso para visitar a sus familias. Poco a poco, fue conociendo comunidades distribuidas en un radio aproximado de sesenta kilómetros. «Esto me facilitó acercarme a ellos de manera amistosa y ganarme su confianza, con la cercanía de un miembro de su familia», explica. Con el tiempo, comenzó a escuchar una frase que todavía recuerda con cariño: «El padre Doãn es nuestro padre, y su casa es nuestra casa».

«La evangelización debe comenzar de corazón a corazón»

La cercanía con las familias no eliminó las dificultades que suponían las diferencias culturales y lingüísticas. En Pác Nặm conviven comunidades con lenguas y tradiciones propias, y algunas personas no saben leer ni escribir, ni siquiera en su idioma materno. Para el padre Peter, anunciar el Evangelio significa también aprender a comunicarse de una manera que sus interlocutores puedan comprender, respetando su cultura y sus costumbres.

El sacerdote ha comenzado a aprender las lenguas de las comunidades que acompaña. «Ahora celebro la misa en su lengua», explica. «Ya entiendo un poquito para conversar con ellos». Aunque reconoce que todavía tiene mucho por aprender, considera que hablar con las familias en su propio idioma constituye una forma de respeto y cercanía.

Esta experiencia lo ha llevado a comprender que la evangelización no puede limitarse a transmitir conocimientos religiosos. Antes de enseñar, dice, es necesario conocer a las personas, escucharlas y compartir sus preocupaciones. «La evangelización debe comenzar de corazón a corazón», afirma. El religioso insiste en que no puede acercarse a las familias desde una posición de superioridad por haber recibido una mayor formación académica o religiosa. Por el contrario, descubre que la fe sencilla de quienes viven en las montañas tiene mucho que enseñarle.

La misión ha experimentado un crecimiento significativo desde aquellos primeros encuentros. Según el recuento proporcionado por el padre Peter a Press Crux, entre 2024 y octubre de 2026 se han registrado 243 bautismos en su misión. El sacerdote aclaró que la cifra aproximada de 500 personas mencionada en otras informaciones incluye también comunidades de otros lugares y no corresponde exclusivamente a Pác Nặm.

Uno de los acontecimientos recientes más importantes tuvo lugar el 25 de agosto de 2026, cuando monseñor Giuse Đỗ Quang Khang, obispo de Bắc Ninh, presidió en Pác Nặm la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana para 105 personas pertenecientes a distintas comunidades étnicas, según informó la diócesis. Durante aquella visita, el obispo también bendijo una imagen de la Virgen María vestida con el traje tradicional h’mong, un gesto que acercó la representación de la Madre de Dios a la identidad cultural de las familias de la región.

Pác Nặm fue constituida como parroquia en octubre de 2025 y su templo central fue inaugurado a comienzos de 2026, según la información publicada por la diócesis de Bắc Ninh. Sin embargo, ese crecimiento no ha resuelto todas las necesidades de las comunidades dispersas entre las montañas.

Doce comunidades todavía esperan tener una capilla

Actualmente, la parroquia de Pác Nặm cuenta con un único templo central. Las otras doce comunidades que atiende el padre Peter, distribuidas en distintas aldeas, todavía no tienen capillas propias. Para celebrar la misa, el sacerdote debe desplazarse hasta las viviendas de los fieles, donde alguna familia presta un espacio de su casa para reunir a los vecinos y participar en la Eucaristía.

La distancia entre las aldeas, las dificultades de transporte y los limitados recursos económicos hacen que la construcción de pequeñas capillas sea uno de los principales desafíos de la misión. Las familias han expresado al sacerdote un deseo que lo conmueve especialmente: «No tenemos miedo a la pobreza; solo deseamos tener pequeñas capillas donde podamos rezar y celebrar la misa en nuestras aldeas».

El padre Peter reconoce que las necesidades materiales son numerosas. Además de acompañar espiritualmente a las comunidades, procura impulsar iniciativas que permitan mejorar sus condiciones de vida, como la cría de animales, la construcción o reparación de viviendas y otras formas de sustento familiar. Sin embargo, los recursos disponibles no alcanzan para financiar los espacios de oración que necesitan las doce comunidades.

«Mi mayor sueño para el futuro es construir capillas para que puedan rezar y acompañarlos», confiesa el sacerdote. Su aspiración no consiste únicamente en levantar edificios, sino en conseguir que las familias puedan reunirse para celebrar la Eucaristía sin tener que recorrer largas distancias por caminos montañosos o depender siempre de una vivienda particular.

Las necesidades que describe —alimentos, transporte, vivienda, medios de subsistencia y espacios para reunirse— permiten comprender que el acompañamiento pastoral está estrechamente vinculado con la vida cotidiana de las familias. Para quienes conocen su historia desde otros continentes, como América Latina, esas dificultades pueden resultar cercanas: padres que trabajan para alimentar a sus hijos, comunidades que necesitan mejores condiciones de vivienda y personas que encuentran en la fe una fuente de esperanza ante la adversidad.

Una fe que transforma también al misionero

Después de varios años viviendo entre las familias de Pác Nặm, el padre Peter reconoce que su experiencia misionera ha sido distinta de lo que imaginaba cuando era niño y soñaba con anunciar el Evangelio. Llegó pensando en lo que podía ofrecer a las comunidades, pero hoy insiste en todo lo que ha recibido de ellas.

Las visitas a las aldeas, las comidas compartidas, las conversaciones en el mercado y las celebraciones en viviendas particulares le han permitido descubrir una fe que, según explica, se manifiesta en la sencillez de sus habitantes. «Después de estos meses viviendo con ellos, siento que son ellos quienes me evangelizan con su fe viva y su sencillez sincera», asegura.

Al finalizar su testimonio para Press Crux, el sacerdote expresa un deseo que va más allá de las necesidades materiales de su misión: que otras personas puedan conocer a las familias que él acompaña y acercarse a su realidad. «Ojalá en alguna ocasión puedas venir a mi región a visitar a los hermanos y hermanas pobres con quienes vivo», escribe.

Antes de despedirse, pide algo más: «Por favor, reza mucho por mí».

Es la petición del mismo sacerdote que comenzó su misión entre seis familias católicas, que hoy acompaña a doce comunidades sin capilla y que continúa recorriendo las montañas de Vietnam llevando alimentos para compartir. En aquellas aldeas, donde tantas familias tienen poco que ofrecer materialmente, el padre Peter asegura haber encontrado algo que sostiene su propia vocación: una fe viva que, según sus palabras, también lo evangeliza.

Feligreses de la parroquia de Pác Nặm, en las montañas del noreste de Vietnam. Fotografía: cortesía del padre Phêrô Nguyễn Quang Doãn.

Feligreses de la parroquia de Pác Nặm, en las montañas del noreste de Vietnam. Fotografía: cortesía del padre Phêrô Nguyễn Quang Doãn.

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