Cardenal Bo: La Iglesia camina con Myanmar; "la esperanza no es la ausencia de sufrimiento"

El arzobispo de Yangon explica a Press Crux cómo sacerdotes, religiosas y laicos acompañan a las familias desplazadas por la guerra y pide sostener con oración y ayuda la misión de la Iglesia.

ENTREVISTA | IGLESIA EN MYANMAR

Ana Paula Morales (Poli)

10/2/20266 min read

Yangon, Myanmar.— El cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, aseguró que la Iglesia católica continúa acompañando a las familias desplazadas por la guerra mediante la asistencia humanitaria, la educación y la atención espiritual. En una entrevista por escrito con Press Crux, el purpurado destacó el servicio de sacerdotes, religiosas y laicos que permanecen junto a las comunidades y pidió a los católicos de otros países rezar por quienes han perdido sus hogares, sus familiares y sus medios de vida.

Después de cincuenta años de sacerdocio, el cardenal reconoce que no puede ofrecer una solución a todas las dificultades de su pueblo, pero sí comprometerse a acompañarlo. "No puedo prometer a mi gente que puedo resolver todos sus problemas. Pero sí puedo prometerles que estaré a su lado", afirmó. Al explicar cómo sostiene su propia fe ante el sufrimiento, señaló: "La esperanza es descubrir que Dios está presente en medio del sufrimiento".

Myanmar atraviesa una guerra civil desde el golpe militar de 2021. Reuters informó el 29 de septiembre de 2026 que un ataque aéreo del ejército contra Kyauktaw, en el estado de Rakhine, ocurrido el 28 de septiembre, dejó 50 muertos y al menos 58 heridos, según el Ejército de Arakán, que controla la zona, y un trabajador humanitario local. La agencia señaló que un portavoz del Gobierno no respondió a su solicitud de comentarios.

Según una actualización publicada el 13 de julio de 2026 por la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 16 millones de personas necesitaban asistencia y cerca de 3,8 millones se encontraban desplazadas, muchas después de haber huido en varias ocasiones. El organismo advirtió que los combates, las restricciones de movimiento y las exigencias administrativas obstaculizaban la llegada de ayuda a las comunidades.

El cardenal explicó que el desplazamiento ha obligado a adaptar la pastoral: las celebraciones, las visitas y la enseñanza de la fe continúan en campamentos, refugios, asentamientos en los bosques y casas familiares. "He visto a sacerdotes, religiosas, catequistas y laicos seguir sirviendo cuando hubiera sido más fácil marcharse", relató. "Me recuerdan que la Iglesia no es simplemente un edificio; la Iglesia es un pueblo que camina unido".

Entre los ejemplos que mencionó está la diócesis de Loikaw, donde el obispo Celso Ba Shwe ha permanecido cerca de las personas desplazadas y los agentes pastorales acompañan a familias dispersas. Los sacerdotes celebran la Eucaristía, administran los sacramentos y visitan a los enfermos, mientras los catequistas reúnen a las comunidades para rezar y mantienen el contacto con las parroquias en lugares a los que un sacerdote solo puede llegar ocasionalmente.

La atención a las familias incluye alimentos, agua potable, refugio y medicamentos, además de acompañamiento a quienes han sufrido pérdidas, separación y violencia. Según el arzobispo, escuchar a una madre afligida, rezar con una familia desplazada o animar a un joven forma parte de ese servicio. Las religiosas y los voluntarios participan tanto en la asistencia material como en el cuidado de niños, personas mayores y otras personas especialmente vulnerables.

La educación es otra de las prioridades. Allí donde las escuelas son inaccesibles o inseguras, religiosas, maestros y voluntarios organizan actividades de aprendizaje para los menores desplazados; algunas iniciativas acogen a niños católicos y budistas. "Por favor, ayúdennos también a que los niños y jóvenes permanezcan en la escuela", pidió el cardenal. "La educación es una de las mayores inversiones que podemos hacer en el futuro de Myanmar".

La cooperación entre comunidades religiosas también ha permitido responder a las emergencias. Bo relató que, tras el terremoto de marzo de 2025, organizaciones católicas colaboraron con iglesias, monasterios budistas y pagodas para llevar ayuda a las zonas afectadas. Hubo, además, familias de distintos credos que se ofrecieron refugio mutuamente, una experiencia que el arzobispo considera significativa para la reconciliación del país.

"Budistas, cristianos, musulmanes e hindúes pueden tener creencias distintas, pero cuando un vecino tiene hambre o no tiene hogar, la compasión puede superar nuestras diferencias", expresó. Para el cardenal, esa colaboración muestra la posibilidad de construir relaciones de respeto entre comunidades divididas por el conflicto. La Iglesia, añadió, sigue promoviendo el diálogo y el perdón junto con su labor humanitaria.

Al preguntarle dónde encuentra personalmente la esperanza, el arzobispo reconoció que el dolor puede resultar abrumador. Durante sus cinco décadas de ministerio ha visto familias separadas, comunidades desplazadas y jóvenes que pierden oportunidades, pero también personas dispuestas a ayudar aun cuando tienen muy poco. "Recuerdo a madres sencillas que, aunque no tenían casi nada, encontraron algo que compartir con otra familia", señaló.

Su mayor esperanza, afirmó, proviene de Jesucristo. "Miro la Cruz y veo a un Dios que no abandona a la humanidad en su sufrimiento. Jesús compartió nuestro dolor. Y miro la Resurrección y sé que la Cruz no es la última palabra", explicó. Aunque no sabe cuándo terminará el sufrimiento de Myanmar, dijo creer que "el amor es más fuerte que el odio, el perdón es más fuerte que la venganza y la vida es más fuerte que la muerte".

Desde esa convicción, el cardenal anima a sus fieles a conservar la fe y a sostenerse unos a otros. "Quizás hayan perdido sus hogares, sus posesiones y muchas cosas que antes consideraban seguras. Pero no permitan que nadie les arrebate la fe, la dignidad, la compasión ni la esperanza", expresó. También pidió a los católicos de otros países apoyar, en la medida de sus posibilidades, el trabajo de Cáritas y de otras organizaciones eclesiales de confianza, cuya ayuda puede proporcionar alimentos, refugio, medicinas y educación.

El Papa León XIV también ha pedido una salida pacífica a la crisis. En su discurso al cuerpo diplomático del 9 de enero de 2026, llamó a elegir "con valentía los caminos de la paz y del diálogo inclusivo" para garantizar el acceso a la ayuda humanitaria en Myanmar. Meses después, el 5 de junio, recibió a los obispos del país en el Vaticano. Tras el encuentro, Bo explicó a Vatican News que el Pontífice les había hecho sentir que Myanmar seguía presente en sus oraciones.

Bo solicitó que Myanmar esté presente en la oración de parroquias, diócesis, escuelas y comunidades religiosas, y que se acompañe a los sacerdotes, religiosas, catequistas y laicos que continúan sirviendo en condiciones difíciles. "A veces, el simple hecho de saber que otra comunidad católica reza por nosotros nos da una fuerza enorme", afirmó. Pidió rezar especialmente por quienes han perdido a seres queridos, las familias desplazadas, los niños y jóvenes, y las personas que sufren hambre y pobreza.

El arzobispo insistió en que el país necesita una paz fundada en la dignidad humana, la justicia, la libertad y los derechos de todas las comunidades. A quienes desean acompañar a su pueblo les dirigió esta petición: "Acompañen a Myanmar en su camino. Oren con Myanmar. Solidárdense con Myanmar. Ayuden a nuestros niños. Apoyen a nuestras familias desplazadas. Animen a nuestros sacerdotes, religiosos y laicos. Y, sobre todo, sigan creyendo con nosotros que la paz es posible".

Crédito: Encuentro con familias refugiadas. Fotografía facilitada a Press Crux por el cardenal Charles Maung Bo.

Crédito: Fotografía facilitada a Press Crux por el cardenal Charles Maung Bo.

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