Somalia: “No son números, son personas”, advierte el administrador apostólico de Mogadiscio

Mons. Jamal Daibes advierte que los recortes de la ayuda internacional agravan una crisis marcada por el hambre, la violencia y el clima extremo. Frente al abandono, afirma, la Iglesia permanece a través de Cáritas Somalia

Ana Paula Morales (Poli)

9/24/20266 min read

Yibuti.— “La Iglesia nunca puede abandonar un país”. Con estas palabras, Mons. Jamal Khader Daibes, obispo de Yibuti y administrador apostólico de Mogadiscio, resumió a Press Crux la decisión de la Iglesia católica de permanecer junto al pueblo somalí, pese a que la comunidad católica es mínima y el país atraviesa una crisis humanitaria agravada por la violencia, la inseguridad y los fenómenos climáticos extremos.

El testimonio del prelado llega después de que el Papa León XIV expresara su “gran preocupación” por Somalia y pidiera una respuesta generosa de la comunidad internacional. Vatican News informó que solo se ha financiado una tercera parte del presupuesto humanitario —ya reducido— y que el Programa Mundial de Alimentos disminuyó su cobertura de unos dos millones de personas a alrededor de 600,000 durante 2026.

La situación de Somalia es especialmente grave porque el país arrastra más de tres décadas de conflicto e inestabilidad política, mientras el grupo islamista Al-Shabaab mantiene presencia en amplias zonas y dificulta el acceso de la ayuda humanitaria. A esta violencia se suman sequías prolongadas, lluvias irregulares e inundaciones que destruyen cultivos y ganado, provocan desplazamientos y agravan el hambre y la desnutrición. En febrero, Reuters reportó que 4.4 millones de personas enfrentaban inseguridad alimentaria en nivel de crisis y que cerca de un millón padecían hambre severa. La emergencia se ha profundizado por la reducción de los fondos internacionales, que ha obligado a las agencias humanitarias a disminuir la asistencia precisamente cuando millones de somalíes, especialmente mujeres y niños, necesitan alimentos, agua, atención médica y protección.

Una Iglesia que se niega a abandonar

Mons. Daibes explicó que dirigir la misión católica en Somalia significa hacer visible la preocupación de la Iglesia universal por una población que lleva décadas sufriendo.

“Tenemos una larga historia en Somalia, pero, debido a las circunstancias actuales, muy pocos católicos viven allí. La Iglesia nunca puede abandonar un país; continuamos nuestro trabajo humanitario como expresión de la misión de la Iglesia”, afirmó.

El obispo reconoció que la presencia católica es discreta y se desarrolla en condiciones especialmente complejas. Sin embargo, sostuvo que las dificultades no han borrado la responsabilidad de acompañar al pueblo somalí: “La Iglesia enfrentó muchos desafíos en el pasado, pero nunca renunció a su misión de estar cerca del pueblo de Somalia”.

Esa cercanía, añadió, nace directamente del Evangelio y de la convicción de que el sufrimiento de los más vulnerables interpela a todos los cristianos. Recordó las palabras de Cristo —“cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicieron”— y el inicio de la constitución pastoral Gaudium et spes, que hace suyos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias” de los pobres y afligidos.

“No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas”, subrayó. “La crisis humanitaria afecta a millones de personas, especialmente a mujeres y niños. La Iglesia trata de estar cerca de ellos y asistirlos”.

Cáritas, principal rostro de la Iglesia

En un país donde la comunidad católica es muy pequeña, la principal presencia de la Iglesia se realiza mediante Cáritas Somalia. Mons. Daibes explicó que la organización, reconocida por las autoridades y valorada por la población, mantiene sus oficinas en Yibuti, sigue de cerca la situación humanitaria y desarrolla proyectos para las personas más vulnerables.

La Iglesia conserva además sus propiedades y las ruinas de la catedral de Mogadiscio, mantiene contacto con las autoridades somalíes y acompaña a una pequeña comunidad, principalmente en Somalilandia, donde hay un sacerdote.

Sin embargo, el obispo insistió en que el centro de la misión no son las estructuras eclesiales ni la supervivencia institucional. “La pregunta principal para la Iglesia no es cuáles son los desafíos, sino qué podemos hacer para aliviar el sufrimiento de la población. ¿Cómo podemos estar cerca de la gente y mostrar nuestra solidaridad?”.

Esa asistencia se ofrece sin distinción religiosa. A través de Cáritas, la prioridad son los niños, las mujeres y las personas con discapacidad. Entre las acciones mencionadas por Mons. Daibes están la entrega de paquetes de dignidad para mujeres y los programas de agua, saneamiento e higiene, conocidos por sus siglas en inglés como WASH.

Para el prelado, estas acciones son también una forma concreta de anunciar el Evangelio. “Cuando Jesús vio a la multitud, se compadeció de ella”, recordó, citando el Evangelio de Marcos. “Damos testimonio del Evangelio siendo compasivos, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor”.

La colaboración con organizaciones locales y con las propias comunidades, añadió, permite promover el diálogo y el respeto en un entorno en el que la misión se desarrolla con discreción y bajo fuertes condicionamientos de seguridad.

Un país olvidado mientras crece el gasto militar

Mons. Daibes fue especialmente crítico ante la reducción de la ayuda humanitaria internacional. Señaló que los recortes han alcanzado también a las agencias de las Naciones Unidas que trabajan con refugiados y han limitado seriamente la capacidad de respuesta de numerosas organizaciones.

“Creo que, debido a que el conflicto es interno, la comunidad internacional ha renunciado a ayudar a Somalia”, lamentó. A su juicio, esa mirada ignora que las consecuencias de la crisis no terminan en las fronteras somalíes: “La inestabilidad de Somalia afecta al Cuerno de África, crea tensiones más allá del país y empuja hacia una nueva ola de desplazamiento y emigración”.

El obispo denunció además la contradicción entre la caída de los fondos humanitarios y el aumento del gasto bélico. La Iglesia, explicó, intenta despertar conciencia sobre las necesidades de una población que corre el riesgo de desaparecer del foco internacional, “cuando Somalia es olvidada por el mundo y los países ricos aumentan su gasto en armamento y reducen sus fondos para apoyar a las organizaciones humanitarias”.

“La población de Somalia enfrenta una grave crisis humanitaria. La situación requiere la atención de la comunidad internacional”, advirtió.

No son números, son personas

Pese a las dificultades, Mons. Daibes identificó en la continuidad de la misión católica un signo de esperanza. La presencia de Cáritas, sostuvo, demuestra que una comunidad eclesial pequeña puede servir a una población mucho más amplia y mantener viva la conciencia sobre una emergencia que recibe cada vez menos atención.

“Nuestra misión no consiste simplemente en dar comida al hambriento; consiste en devolver la dignidad a personas reales, especialmente a mujeres, niños y personas con discapacidad”, señaló. Además de alimentos y agua, agregó, estas comunidades necesitan seguridad, protección y educación.

Su mensaje final para los católicos de América Latina y para el mundo de habla hispana fue una invitación a mirar más allá de las cifras y reconocer rostros concretos detrás de la emergencia.

“No estamos hablando de números; estamos hablando de personas reales que esperan que estemos cerca de ellas. Eso es lo que la Iglesia católica trata de hacer”.

Imagen ilustrativa de Somalia. Foto: Ismail Salad Osman Hajji Dirir / Unsplash.

a person carrying a baby
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Imagen ilustrativa de Somalia. Foto: Pixabay

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Imagen ilustrativa de Somalia. Foto: Ismail Salad Osman Hajji Dirir / Unsplash.

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Mons. Jamal Khader Daibes, obispo de Yibuti. Foto: Patriarcado Latino de Jerusalén.

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