Ébola en RD Congo: «El hambre se convierte a veces en una amenaza más inmediata y temida que el propio virus», advierte una religiosa
La hermana Angèle Gapio, coordinadora de emergencias de Cáritas Bunia, explica cómo la epidemia rompe la vida de los hogares y dificulta el cuidado de los enfermos en una región castigada por la violencia.
ENTREVISTA | IGLESIA EN REPÚBLICA DEL CONGO
Ana Paula Morales (Poli)
9/22/20266 min read


Bunia, República Democrática del Congo.-Hay familias que dependen de la comida y los bidones de agua que sus vecinos dejan a la puerta de casa. El aislamiento por el ébola les impide salir a trabajar o ir al mercado, y pronto empieza a faltar lo necesario para comer. La hermana Angèle Gapio, coordinadora de emergencias de Cáritas Bunia, cuenta que, en esas condiciones, el hambre puede llegar a causar más temor que la propia enfermedad.
En entrevista exclusiva para Press Crux, la religiosa explica lo que ocurre en los hogares a los que acompaña Cáritas en Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. Enfermar puede dejar a toda una familia sin ingresos. Y para quienes se recuperan, el regreso a casa tampoco resulta sencillo: algunos han perdido el trabajo o encuentran que sus vecinos ya no quieren acercarse a ellos.
El 15 de septiembre de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de unos 7.200 casos y 3.500 muertes en siete provincias congoleñas. Aunque algunas zonas de Ituri mostraban mejoras, los contagios seguían aumentando en Kivu del Norte, según el balance difundido por Naciones Unidas.
Un día después, Reuters recogió la advertencia de la OMS: pese a los avances, el brote seguía lejos de terminar. Los desplazamientos de población y las distancias entre las zonas afectadas dificultaban el control de la enfermedad.
Sin ingresos para alimentar a la familia
La hermana Angèle explica que, cuando enferma o muere la persona que sostenía económicamente la casa, se acumulan los problemas para pagar el alquiler y comprar alimentos. Incluso conseguir agua se vuelve difícil si hay que recogerla en un pozo o una fuente comunitaria y la familia debe permanecer aislada.
Los parientes y vecinos suelen ser los primeros en ayudar, dejando las provisiones fuera de la vivienda para evitar el contacto físico. Cáritas, con el Programa Mundial de Alimentos y otros colaboradores, distribuye víveres entre las familias de los pacientes y las personas que han estado en contacto con enfermos. La ayuda incluye también comida caliente en los centros de tratamiento.
En una casa donde alguien acaba de morir, atender a los hijos o preparar la comida puede resultar abrumador. La religiosa recuerda que muchas familias deben resolver esas necesidades mientras intentan asimilar la pérdida. Las mujeres suelen hacerse cargo de los enfermos y del cuidado del hogar, con el riesgo de contagiarse y la preocupación de conseguir lo necesario para los demás.
El miedo a los centros de tratamiento
Conseguir que una persona enferma acepte recibir atención es otra de las dificultades. La hermana Angèle cuenta que los centros de tratamiento inspiran temor en parte de la población. Las barreras y los trajes de protección del personal sanitario, necesarios para evitar contagios, pueden hacer que las familias perciban la atención como algo distante y amenazante.
"Este miedo lleva a muchas familias a ocultar a sus enfermos, agravando la transmisión comunitaria", señala. Al comienzo de la crisis, recuerda, había quienes atribuían la enfermedad a un envenenamiento o a un maleficio. Algunas personas buscaban ayuda fuera de los servicios preparados para atenderlas, mientras los rumores aumentaban la desconfianza hacia los equipos sanitarios.
La guerra hace aún más difícil llegar a los enfermos. Cuando los enfrentamientos obligan a una comunidad a huir, los sanitarios pueden perder el contacto con las personas a las que estaban dando seguimiento. En otras localidades, la presencia de grupos armados impide el acceso. "Los equipos médicos no pueden desplazarse hasta allí sin arriesgar la vida", afirma la religiosa.
El 2 de septiembre, EFE informó, con datos del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño, de centros de tratamiento saturados y problemas en los puntos de control por la inseguridad y las huelgas de trabajadores que reclamaban sus pagos. Las autoridades también señalaban que algunos pacientes se resistían a ser aislados.
El rechazo después del alta
La atención de Cáritas continúa cuando los pacientes vuelven a casa. Angèle describe el rechazo que sufren algunos supervivientes, que han perdido su empleo o el acceso a las tierras de las que vivían. El temor de los vecinos también alcanza a sus familiares, justo cuando más necesitan ayuda para recuperarse de lo ocurrido.
"Las viudas y los huérfanos suelen quedar aislados, privados de la red habitual de solidaridad comunitaria", advierte. La religiosa explica que el miedo al contagio ha dañado las relaciones entre las personas y que recuperar esa confianza forma parte del trabajo con las comunidades.
Para las familias que han perdido a alguien, las condiciones de los entierros añaden otra dificultad. La hermana relata el dolor de quienes no pudieron lavar o velar el cuerpo de un ser querido, como acostumbraban, o tuvieron que despedirlo con rapidez y, en ocasiones, sin estar presentes. Esa despedida incompleta, explica, les hace más difícil sobrellevar el duelo.
Los entierros deben respetar medidas de seguridad para evitar nuevos contagios. La OMS explica que el virus se transmite por contacto directo con sangre y otros fluidos corporales infectados, e incluye los entierros seguros y dignos entre las medidas necesarias para frenar los brotes. El organismo subraya también la importancia de que las comunidades participen en la respuesta.
Niños separados de sus padres
Angèle expresa especial preocupación por los niños que han perdido a sus padres o han tenido que separarse de ellos durante una hospitalización. A la ausencia de quienes los cuidaban se suman las dificultades para comer y continuar en la escuela. Algunos sufren, además, el rechazo que la enfermedad ha provocado hacia su familia.
Los parientes suelen recibirlos, aunque muchas de esas familias tienen pocos recursos y se ven desbordadas cuando aumentan los menores a su cargo. La hermana advierte del riesgo de que los niños sin protección sufran abusos o explotación. También le preocupa que una ausencia prolongada de la escuela termine convirtiéndose en abandono definitivo de los estudios.
Por eso pide ayuda económica para los hogares que acogen a estos niños y atención psicológica para quienes han sufrido una pérdida o una separación. También considera necesario mantener la educación siempre que sea posible, para que los menores puedan seguir estudiando durante la emergencia.
Cáritas pide apoyo para continuar
Además de distribuir alimentos, Cáritas Bunia entrega materiales de higiene y prevención de infecciones a los establecimientos sanitarios y a los lugares donde viven personas desplazadas. La hermana menciona la ayuda a familias de pacientes y personas en cuarentena en Lita, así como la formación de agentes comunitarios que acuden a escuelas e iglesias para informar a la población.
Con el apoyo de Trócaire, Cáritas ofrece también acompañamiento psicológico y social a las personas aisladas y a quienes han perdido a un familiar. Se trata de una población que, en muchos casos, ya había sufrido las consecuencias de los conflictos y ahora debe afrontar la enfermedad y el miedo que provoca.
El Papa León XIV ha pedido que la respuesta internacional cuente con la población de las zonas afectadas. Durante el Ángelus del 23 de agosto, al recordar a las víctimas del ébola en la República Democrática del Congo, alentó un plan preventivo "que involucre a las comunidades locales, para salvar muchas vidas humanas", según el texto publicado por la Santa Sede.
En Bunia, la falta de fondos ya ha obligado a interrumpir programas de vigilancia comunitaria, advierte Angèle. Cáritas necesita dinero que llegue directamente a la organización y pueda destinarse a las necesidades más urgentes, además de alimentos y medios para transportarlos hasta las familias afectadas.
La formación de los equipos que atienden a las familias es otra de sus prioridades. La hermana insiste en que el trato que reciben los enfermos y sus allegados puede ayudar a vencer el miedo: "Hay que poner el acento en la compasión y la escucha para romper la desconfianza y restablecer el diálogo en las comunidades".
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Foto: cortesía de la Hna. Angèle Gapio / Cáritas Bunia.
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