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Bob Fu: la persecución de cristianos en China
Bob Fu, fundador de ChinaAid, denuncia la persecución de cristianos en China y explica cómo hoy el régimen comunista busca controlar y someter a la Iglesia.
ENTREVISTA | IGLESIA EN CHINA | REV.BOB FU
Ana Paula Morales (Poli)
9/3/202614 min read


Iglesia católica en Xinjiang (las palabras que se muestran al lado de la puerta significan "Escuchen las palabras del Partido Comunista Chino ")
“El Partido puede destruir un templo, pero no a la Iglesia”: los cristianos bajo presión en China
El pastor protestante Bob Fu, fundador de ChinaAid, describe una nueva etapa de control ideológico, vigilancia y detenciones contra comunidades cristianas. La Santa Sede, por su parte, mantiene el diálogo con Pekín y continúa promoviendo la comunión eclesial mediante nuevos nombramientos episcopales.
Por Ana Paula Morales
Pekín, China.-La presión sobre las comunidades cristianas que viven fuera de las estructuras reconocidas por el Estado chino se ha endurecido bajo el gobierno de Xi Jinping. Ya no se trata únicamente de registrar templos o supervisar al clero: el objetivo, sostiene el fundador de ChinaAid, es someter la vida religiosa a la autoridad política e ideológica del Partido rComunista Chino.A
“El Partido Comunista ya no se conforma con regular las iglesias; busca remodelar el cristianismo para que la fe y su práctica se sometan a la ideología del Partido y a su autoridad política”, afirmó en entrevista para Press Crux el reverendo doctor Bob Fu, pastor protestante, fundador y presidente de ChinaAid Association, una organización cristiana de derechos humanos con sede en Estados Unidos que defiende la libertad religiosa y el Estado de derecho en China.
Fu no habla de la persecución como un observador distante. Tras su conversión al cristianismo en 1989, se integró al movimiento de iglesias domésticas y, junto con su esposa, Heidi, fundó una escuela bíblica clandestina en las afueras de Pekín.
En mayo de 1996, ambos fueron arrestados por su liderazgo religioso. Fu pasó dos meses en prisión, acusado de “evangelización ilegal”, y durante los primeros tres días y noches fue sometido a interrogatorios continuos sobre otros creyentes, los dirigentes de su comunidad y los vínculos de la escuela con cristianos del extranjero.
En el recinto, relató, fue encerrado en una celda de unos 20 metros cuadrados junto con entre 20 y 30 prisioneros. Allí presenció las secuelas de golpes y torturas contra otros detenidos.


Después de recuperar la libertad y ante el riesgo de ser arrestados nuevamente, él y su esposa huyeron a Hong Kong. En 1997 llegaron a Estados Unidos como refugiados religiosos. Esa experiencia personal explica por qué Fu insiste en preservar los nombres y testimonios de quienes permanecen privados de libertad por su fe.
Una nueva etapa de control religioso
El fundador de ChinaAid describe el momento actual como uno de los más graves para la libertad religiosa desde la Revolución Cultural. Su diagnóstico alcanza tanto a los católicos que se niegan a incorporarse a la Asociación Patriótica Católica China como a las iglesias protestantes domésticas e incluso a algunas comunidades registradas.
Entre las medidas denunciadas se encuentran cierres de templos, interrogatorios, detenciones, procesos penales, censura de materiales religiosos, restricciones a la formación de menores y un control digital cada vez más estrecho.
Diversos episodios documentados durante los últimos meses coinciden con el diagnóstico expresado por Fu. Reuters informó en enero de 2026 sobre la detención de seis integrantes de la Iglesia del Pacto de la Lluvia Temprana, en Chengdu, después de varias operaciones contra comunidades cristianas no registradas.
Crédito: Cortesía: Reverendo Dr Bob Fu
Las autoridades chinas sostienen que el país protege la libertad religiosa conforme a la Constitución y que únicamente regula las actividades religiosas de acuerdo con la ley. En documentos oficiales, el gobierno afirma que los ciudadanos pueden creer o no creer y que las denominadas “actividades religiosas normales” están protegidas.
Organizaciones internacionales y defensores de los derechos humanos cuestionan esa interpretación y advierten que el concepto de “actividad normal” permite al Estado determinar cuáles expresiones religiosas son aceptables, exigir el registro de las comunidades y restringir aquellas que actúan fuera de las organizaciones reconocidas oficialmente.
Católicos: comunión con Roma ante el control del Estado
Para los católicos que permanecen fuera de las estructuras estatales, el conflicto toca el núcleo mismo de la conciencia y de la autoridad espiritual. Estas comunidades desean mantenerse unidas a la Iglesia universal y al sucesor de Pedro, al tiempo que procuran preservar su vida de fe frente al control político.
“El mensaje del gobierno es, en esencia: pueden ser católicos, pero solo en los términos del Partido Comunista”, resumió Fu.
Según su testimonio, los sacerdotes que no se registran pueden ser citados repetidamente por la policía y por funcionarios de asuntos religiosos, vigilados, apartados de sus parroquias o impedidos de celebrar la Eucaristía. Las autoridades también pueden cerrar lugares de culto y ejercer presión sobre las finanzas y los fieles de una comunidad.
Human Rights Watch documentó en abril de 2026 un aumento del control ideológico, la vigilancia y las restricciones a la movilidad de las comunidades católicas no registradas. La organización estima que en China viven alrededor de 12 millones de católicos y sostiene que ha crecido la presión para que quienes permanecen fuera de las estructuras oficialmente reconocidas ingresen en la Asociación Patriótica Católica China.
Entre los nombres que el presidente de ChinaAid pide no olvidar está Mons. James Su Zhimin, obispo de Baoding. Fue detenido en 1997 y visto por última vez en 2003, cuando apareció brevemente en un hospital bajo custodia. Organizaciones especializadas en libertad religiosa continúan clasificando su caso como una desaparición forzada.
Fu también mencionó a Mons. Peter Shao Zhumin, obispo de Wenzhou reconocido por Roma, pero no por las autoridades chinas. El prelado ha sido sometido durante años a detenciones, vigilancia e interferencias en su ministerio. En marzo de 2025 fue arrestado nuevamente después de negarse a pagar una multa impuesta por celebrar una Misa que las autoridades consideraron ilegal.
Sobre Mons. Joseph Zhang Weizhu, obispo emérito de la Prefectura Apostólica de Xinxiang, Fu recordó los prolongados periodos en los que el prelado permaneció privado de libertad o sometido a restricciones.
En diciembre de 2025, Vatican News informó que Zhang había recibido el reconocimiento civil de su dignidad episcopal y que el papa León XIV aceptó su renuncia al gobierno pastoral. La Santa Sede expresó su satisfacción y calificó la medida como un paso importante para el camino de comunión de la circunscripción eclesiástica.
El defensor de la libertad religiosa subrayó la dimensión humana de estos casos y pidió mantener presentes a los pastores que han perdido años de libertad por permanecer fieles a su conciencia religiosa.
La “sinización”: cultura china o subordinación política
La política de “sinización” constituye el marco ideológico de esta transformación. Fu establece una diferencia entre la legítima expresión de la fe mediante la lengua, el arte y la cultura de China —un proceso presente desde hace siglos— y el programa político promovido por el Partido Comunista.
En su versión oficial, explicó, la sinización exige que las enseñanzas, las instituciones y el liderazgo religioso se ajusten a la ideología socialista y a la conducción del Partido. Iglesias y ministros son presionados para exhibir propaganda política y lemas patrióticos, limitar símbolos religiosos y participar en actividades de formación política.
“La pregunta fundamental es quién tiene la autoridad final sobre la Iglesia: Cristo o el Partido Comunista”, planteó.
La crítica de Fu se refiere a la pretensión del poder político de condicionar la doctrina, el culto y la conciencia de los creyentes; no al diálogo diplomático que la Santa Sede mantiene con Pekín para preservar la comunión eclesial y garantizar la presencia de obispos reconocidos por Roma.
La disputa se ha extendido al espacio digital. Nuevas normas promulgadas en 2025 prohibieron la predicación y la formación religiosa en línea sin autorización, así como determinadas relaciones con organizaciones extranjeras. Reuters vinculó estas disposiciones con la detención de líderes acusados de utilizar ilegalmente redes de información.
Los menores ocupan un lugar central en esta estrategia. Fu denuncia restricciones contra las escuelas dominicales, los campamentos cristianos y la catequesis, además de la prohibición de que el clero instruya religiosamente a niños y adolescentes por internet.
“El Partido entiende que quien forma a los niños forma el futuro de China”, advirtió.
Como ejemplo citó el caso de seis cristianos detenidos en Kaili, provincia de Guizhou, acusados, entre otros cargos, de organizar a menores en actividades que supuestamente alteraban el orden público. ChinaAid sostiene que entre esas actividades se encontraba la enseñanza cristiana ordinaria a niños.
A ello se suma una infraestructura de vigilancia capaz de seguir la actividad religiosa más allá del templo: cámaras, reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales y supervisión de comunicaciones. Para muchos creyentes, asistir a una celebración, compartir una predicación o formar a sus hijos deja una huella digital que puede ser utilizada por las autoridades.
La presión china cruza sus fronteras
La influencia de Pekín sobre las voces críticas también ha generado preocupación fuera de China.
En agosto de 2026, el National Catholic Register reveló que la U.S.-China Catholic Association retiró al sociólogo Fenggang Yang, profesor de la Universidad Purdue y especialista en religión en China, como conferencista principal de su encuentro bienal en Houston.
Según los correos y una carta obtenidos por el medio, dos funcionarios de la Administración Estatal de Asuntos Religiosos de China habrían solicitado excluirlo por sus críticas a la persecución de los cristianos. Los responsables de la asociación reconocieron que temían perder el acceso a China y poner en riesgo a integrantes de su consejo vinculados con ese país.
La Universidad de St. Thomas, sede del encuentro, aseguró al National Catholic Register que no participó en la elección de los conferencistas ni solicitó retirar a Yang del programa.
En un pronunciamiento publicado por su oficina, el congresista estadounidense Chris Smith calificó lo ocurrido como un posible caso de “represión transnacional” y advirtió que ninguna organización religiosa con sede en Estados Unidos debería aceptar la censura exigida por un gobierno extranjero.
La presión también alcanza a los abogados que defienden a pastores y creyentes. Ruth Wang, socia del despacho VDoor Law Firm, formó parte del equipo legal que desde octubre de 2025 representó a pastores y miembros de la Iglesia de Sion de Pekín, una de las comunidades cristianas no registradas más numerosas de China.
Según informó The Associated Press, mientras se encontraba de vacaciones con su familia en Japón, Wang recibió una llamada de las autoridades chinas para que acudiera a reunirse con ellas. Ante el temor de convertirse en el siguiente objetivo, decidió no regresar a su país y viajó a Taiwán, donde permanece temporalmente mientras busca una alternativa para establecerse con su familia en Estados Unidos, Canadá u otro lugar seguro.
Las autoridades exigieron a Wang y a sus compañeros disolver el despacho o afrontar su cierre. La licencia profesional del fundador de la firma y mentor de Wang, Zhang Kai, fue revocada y se le prohibió salir del país, mientras otros abogados fueron suspendidos durante seis meses. También habrían recibido instrucciones de abandonar los casos relacionados con la Iglesia de Sion.
Bob Fu afirmó que este caso muestra la enorme presión que enfrentan los abogados dispuestos a defender a cristianos perseguidos y a otros presos de conciencia.
“La abogada Wang trató de cumplir con la responsabilidad más elemental de un abogado”, declaró Fu a The Associated Press. Sin embargo, debido a que entre sus clientes se encontraban dirigentes detenidos de la Iglesia de Sion, comenzó a temer que ella misma pudiera convertirse en el próximo objetivo.
En un comunicado difundido por ChinaAid, Fu pidió a las autoridades de Taiwán proteger a Wang, a su esposo y a sus dos hijos, y garantizar que no sean devueltos por la fuerza a China. También instó a Estados Unidos y a otros gobiernos democráticos a colaborar en la búsqueda de una solución segura para la familia.
En Hong Kong, territorio que mantiene un sistema jurídico diferente del vigente en China continental, aunque sometido a una creciente presión política de Pekín, el caso del cardenal Joseph Zen volvió a ocupar la atención internacional.
El 3 de septiembre, la Corte de Apelaciones de Hong Kong rechazó el recurso presentado por el obispo emérito de la ciudad y otros cuatro antiguos responsables del Fondo de Ayuda Humanitaria 612, creado para ayudar a pagar los gastos médicos y legales de personas detenidas durante las protestas de 2019.
The Associated Press informó que la condena, impuesta en 2022 por no registrar el fondo como asociación, no fue dictada bajo la Ley de Seguridad Nacional. Los acusados anunciaron que buscarán recurrir ante el Tribunal de Última Instancia.
El propio cardenal Zen señaló después de su condena que su proceso no debía presentarse como un caso relacionado con la libertad religiosa. No obstante, el fallo vuelve a colocar en el centro del debate el espacio disponible para la libertad de asociación y las voces críticas en Hong Kong.
El acuerdo con China y los avances episcopales
La Santa Sede y la República Popular China firmaron en septiembre de 2018 un acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos. Su contenido continúa siendo confidencial.
El acuerdo fue renovado en 2020 y 2022 por periodos de dos años y, en octubre de 2024, ambas partes lo prorrogaron durante cuatro años, hasta 2028. Pekín valoró positivamente su aplicación y manifestó su disposición a mantener conversaciones constructivas con la Santa Sede.
Según ha explicado la Santa Sede, uno de los primeros frutos del acuerdo fue restablecer la plena comunión con el Papa de los obispos chinos que todavía carecían del reconocimiento pontificio y abrir una vía para superar décadas de divisiones provocadas por ordenaciones episcopales realizadas sin mandato de Roma.
Vatican News ha destacado entre los frutos del diálogo el reconocimiento público de prelados antes rechazados por el Estado, la presencia de obispos chinos en sínodos celebrados en Roma y una serie de nuevos nombramientos episcopales.
León XIV ha mantenido esta línea. El 31 de agosto de 2026 fue ordenado obispo de Datong Mons. Paolo Liu Honggang, después de que el Papa aprobara su candidatura y lo nombrara dentro del marco del acuerdo provisional. Vatican News informó que el nombramiento pontificio tuvo lugar el 10 de agosto.
Un mes antes había recibido la ordenación episcopal Mons. Joseph Chang Yanfeng, obispo de Chifeng, cuya candidatura también fue aprobada por el Pontífice conforme al pacto.
Estos avances coexisten con denuncias sobre la situación de obispos, sacerdotes y comunidades católicas no registradas. El diálogo diplomático busca preservar la unidad de la Iglesia y abrir espacios para su vida pastoral, mientras organizaciones defensoras de los derechos humanos piden que la libertad religiosa y los casos individuales continúen formando parte de las conversaciones.
La oración de León XIV y la solidaridad internacional
El 24 de mayo de 2026, Jornada de Oración por la Iglesia en China, el papa León XIV pidió a los fieles del mundo unirse a la oración de los católicos chinos como signo de cercanía y comunión con la Iglesia universal. Invocó para ellos “la gracia de la unidad” y la fortaleza necesaria para dar testimonio del Evangelio en medio de las dificultades de cada día.
Fu pidió a la comunidad internacional mantener la libertad religiosa entre sus prioridades. Entre las medidas que propone se encuentran plantear de forma constante los casos individuales, proteger a los refugiados religiosos contra la repatriación forzada, documentar cada abuso y aplicar sanciones selectivas a los funcionarios responsables de violaciones graves cuando corresponda.
Desde una perspectiva ecuménica, el pastor invitó a los responsables de las distintas confesiones cristianas del mundo a acompañar a los creyentes chinos mediante la oración, la cercanía pública y la ayuda concreta. Recordó que, cuando una comunidad cristiana sufre, las demás no pueden permanecer indiferentes.
El defensor de la libertad religiosa propuso recordar los nombres de pastores, sacerdotes, obispos y laicos encarcelados; rezar públicamente por ellos; apoyar a sus familias y plantear cada caso concreto ante las autoridades chinas y los gobiernos de otros países.
Fu presentó la libertad religiosa y la solidaridad con los cristianos perseguidos como expresiones del discipulado. Subrayó que muchos creyentes en China pagan un precio enorme por permanecer fieles a Cristo y agradeció el acompañamiento de las comunidades cristianas de otros países.
Pese a la dureza del panorama, encuentra esperanza en las comunidades que continúan rezando tras el cierre de sus templos, en los pastores que vuelven a predicar después de un interrogatorio y en las familias que conservan la fe cuando uno de sus miembros es encarcelado.
“El Partido tiene policía, prisiones, enormes recursos económicos y una tecnología de vigilancia sofisticada. Pero todavía no puede controlar la conciencia humana. Un gobierno puede destruir el edificio de una iglesia, pero no puede destruir a la Iglesia”, afirmó.
Su mensaje final para México y América Latina es una invitación a profundizar la solidaridad: rezar por nombres concretos, mantener viva la memoria de obispos, sacerdotes, pastores y laicos, y alentar a las autoridades civiles y eclesiales a sostener su cercanía y apoyo.
“El Cuerpo de Cristo no tiene fronteras nacionales. Cuando desaparece un obispo en China, los católicos de México deben interesarse. Cuando un sacerdote es detenido o se impide a los niños conocer su fe, toda la familia cristiana sufre”.
En China, donde la autoridad política pretende fijar los límites dentro de los cuales puede manifestarse la fe, los creyentes sostienen una convicción que Fu expresó con palabras tajantes:
“El César no es el Señor. Jesucristo es el Señor”.
La frase que aparece arriba de la fotografía "El César no es el Señor. Jesucristo es el Señor" Templo de los Cristianos de Pekín (基督徒會堂), fundado en 1937 por el pastor Wang Mingdao, una figura destacada de la Iglesia independiente china que sufrió más de veinte años de prisión.
La agencia señaló que el gobierno de Xi Jinping ha endurecido las reglas para recaudar fondos, predicar por internet y celebrar reuniones presenciales. A finales de 2025, decenas de pastores y colaboradores de la Iglesia de Sion también habían sido detenidos durante una operación nacional considerada una de las mayores contra los cristianos desde 2018.
El caso tuvo un giro en julio de 2026, cuando el pastor Jin Mingri —también conocido como Ezra Jin— fue liberado y llegó a Estados Unidos. Sin embargo, su hija declaró a Reuters que ocho integrantes de la Iglesia de Sion continuaban detenidos en China.
Las cifras oficiales citadas por la agencia hablan de más de 44 millones de cristianos registrados en iglesias autorizadas, la mayoría protestantes, mientras que decenas de millones participarían en comunidades domésticas situadas fuera del control estatal.


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