“El Partido puede destruir un templo, pero no a la Iglesia”: los cristianos bajo presión en China
El reverendo doctor Bob Fu, fundador de ChinaAid, describe una nueva etapa de control ideológico, vigilancia y detenciones contra comunidades cristianas. La Santa Sede, por su parte, mantiene el diálogo con Pekín y continúa promoviendo la comunión eclesial mediante nuevos nombramientos episcopales.
Ana Paula Morales (Poli)
9/1/202610 min read


Iglesia católica en Xinjiang (las palabras que se muestran al lado de la puerta significan "Escuchen las palabras del Partido Comunista Chino ")
“El Partido puede destruir un templo, pero no a la Iglesia”: los cristianos bajo presión en China
El reverendo doctor Bob Fu, fundador de ChinaAid, describe una nueva etapa de control ideológico, vigilancia y detenciones contra comunidades cristianas. La Santa Sede, por su parte, mantiene el diálogo con Pekín y continúa promoviendo la comunión eclesial mediante nuevos nombramientos episcopales.
Por Ana Paula Morales
La presión sobre las comunidades cristianas que viven fuera de las estructuras reconocidas por el Estado chino se ha endurecido bajo el gobierno de Xi Jinping. Ya no se trata únicamente de registrar templos o supervisar al clero: el objetivo, sostiene el fundador de ChinaAid, es someter la vida religiosa a la autoridad política e ideológica del Partido Comunista Chino.
“El Partido Comunista ya no se conforma con regular las iglesias; busca remodelar el cristianismo para que la fe y su práctica se sometan a la ideología del Partido y a su autoridad política”, afirmó en entrevista para Press Crux el reverendo doctor Bob Fu, fundador y presidente de ChinaAid Association, organización cristiana de derechos humanos con sede en Estados Unidos que defiende la libertad religiosa y el Estado de derecho en China.
Fu no habla de la persecución como un observador distante. Tras su conversión al cristianismo en 1989, se integró al movimiento de iglesias domésticas y, junto con su esposa, Heidi, fundó una escuela bíblica clandestina en las afueras de Pekín. En mayo de 1996 ambos fueron arrestados por su liderazgo religioso. El reverendo pasó dos meses en prisión acusado de “evangelización ilegal” y, durante los primeros tres días y noches, fue sometido a interrogatorios continuos sobre otros creyentes, los dirigentes de su comunidad y los vínculos de la escuela con cristianos del extranjero.


En el recinto, relató, fue encerrado en una celda de unos 20 metros cuadrados junto con entre 20 y 30 prisioneros. Allí presenció las secuelas de golpes y torturas contra otros detenidos. Después de recuperar la libertad y ante el riesgo de ser arrestados nuevamente, él y su esposa huyeron a Hong Kong; en 1997 llegaron a Estados Unidos como refugiados religiosos. Esa experiencia personal explica por qué el doctor insiste en preservar los nombres y testimonios de quienes hoy permanecen privados de libertad por su fe.
El reverendo describe el momento actual como uno de los más graves para la libertad religiosa desde la Revolución Cultural. Su diagnóstico alcanza tanto a católicos que se niegan a incorporarse a la Asociación Patriótica Católica China como a iglesias protestantes domésticas e incluso a comunidades registradas: cierres de templos, interrogatorios, detenciones, procesos penales, censura de materiales religiosos, restricciones a los menores y un control digital cada vez más estrecho.
Los episodios conocidos en los últimos meses respaldan la existencia de una ofensiva más amplia contra las iglesias no registradas. Reuters informó en enero de 2026 de la detención de seis integrantes de la Iglesia del Pacto de la Lluvia Temprana, en Chengdu, después de varias operaciones de gran escala. La agencia señaló que el gobierno de Xi ha endurecido las reglas para recaudar fondos, predicar por internet y celebrar reuniones presenciales. En octubre de 2025, casi 30 pastores y colaboradores de la Iglesia de Sion habían sido detenidos en una operación nacional, considerada la mayor contra cristianos desde 2018.
El caso tuvo un giro en julio de 2026, cuando el pastor Jin Mingri —también conocido como Ezra Jin— fue liberado y llegó a Estados Unidos. Sin embargo, su hija declaró a Reuters que ocho miembros de la Iglesia de Sion permanecían detenidos. Las cifras oficiales citadas por la agencia hablan de más de 44 millones de cristianos registrados en iglesias autorizadas, la mayoría protestantes, mientras que decenas de millones participarían en comunidades domésticas situadas fuera del control estata
Cortesía de reverendo Dr Bob Fu
Católicos: comunión con Roma ante el control del Estado
Para los católicos que permanecen fuera de las estructuras estatales, el conflicto toca el núcleo mismo de la conciencia y de la autoridad espiritual. Estas comunidades desean mantenerse unidas a la Iglesia universal y al sucesor de Pedro, al tiempo que procuran preservar su vida de fe frente al control político.
“El mensaje del gobierno es, en esencia: pueden ser católicos, pero solo en los términos del Partido Comunista”, resumió el doctor. Según su testimonio, los sacerdotes que no se registran pueden ser citados repetidamente por la policía y por funcionarios de asuntos religiosos, vigilados, apartados de sus parroquias o impedidos de celebrar la Eucaristía. Las autoridades también pueden cerrar lugares de culto y ejercer presión sobre las finanzas y los fieles de una comunidad.
Human Rights Watch documentó en abril de 2026 un aumento del control ideológico, la vigilancia y las restricciones a la movilidad de las comunidades católicas no registradas. La organización estima que en China viven alrededor de 12 millones de católicos y sostiene que ha crecido la presión para que quienes permanecen fuera de las estructuras oficialmente reconocidas ingresen en la Asociación Patriótica.
Entre los nombres que el presidente de ChinaAid pide no olvidar está Mons. James Su Zhimin, obispo de Baoding. Fue detenido en 1997 y visto por última vez en 2003, cuando apareció brevemente en un hospital bajo custodia. La Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional mantiene su situación como desconocida y clasifica el caso como desaparición forzada.
El reverendo también señaló a Mons. Peter Shao Zhumin, obispo de Wenzhou reconocido por Roma pero no por las autoridades chinas, sometido durante años a detenciones, vigilancia e interferencias en su ministerio. En marzo de 2025 fue arrestado nuevamente después de negarse a pagar una multa impuesta por celebrar una Misa que las autoridades consideraron ilegal.
Sobre Mons. Joseph Zhang Weizhu, obispo emérito de Xinxiang, el doctor afirmó que ha permanecido privado de libertad desde su detención en 2021. En diciembre de 2025, Vatican News informó que Zhang recibió el reconocimiento civil de su dignidad episcopal y que León XIV había aceptado su renuncia al gobierno pastoral. El comunicado de la Santa Sede calificó la medida como un paso importante para la vida de la Iglesia en China.
El defensor de la libertad religiosa subrayó la dimensión humana de estos casos y pidió mantener presentes a los pastores que han perdido años de libertad por permanecer fieles a su conciencia religiosa.
La ‘sinización’: cultura china o subordinación política
La política de ‘sinización’ constituye el marco ideológico de esta transformación. El entrevistado establece una diferencia entre la legítima expresión de la fe mediante la lengua, el arte y la cultura de China —un proceso presente desde hace siglos— y el programa político promovido por el Partido Comunista.
En su versión oficial, explicó, la sinización exige que las enseñanzas, las instituciones y el liderazgo religioso se ajusten a la ideología socialista y a la conducción del Partido. Iglesias y ministros son presionados para exhibir propaganda política y lemas patrióticos, limitar símbolos religiosos y participar en actividades de formación política. “La pregunta fundamental es quién tiene la autoridad final sobre la Iglesia: Cristo o el Partido Comunista”, planteó.
La disputa se ha extendido al espacio digital. Nuevas normas promulgadas en 2025 prohibieron la predicación y la formación religiosa en línea sin autorización, así como determinadas relaciones con organizaciones extranjeras. Reuters vinculó estas disposiciones con la detención de líderes acusados de utilizar ilegalmente redes de información.
Los menores ocupan un lugar central en esta estrategia. El reverendo denuncia restricciones contra las escuelas dominicales, los campamentos cristianos y la catequesis, además de la prohibición de que el clero instruya religiosamente a niños y adolescentes por internet. “El Partido entiende que quien forma a los niños forma el futuro de China”, advirtió. Como ejemplo citó el caso de seis cristianos detenidos en Kaili, provincia de Guizhou, acusados, entre otros cargos, de organizar a menores en actividades que supuestamente alteraban el orden público. ChinaAid sostiene que entre esas actividades se encontraba la enseñanza cristiana ordinaria a niños.
A ello se suma una infraestructura de vigilancia capaz de seguir la actividad religiosa más allá del templo: cámaras, reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales y supervisión de comunicaciones. Para muchos creyentes, asistir a una celebración, compartir una predicación o formar a sus hijos deja una huella digital que puede ser utilizada por las autoridades.
La presión china cruza sus fronteras
La influencia de Pekín sobre las voces críticas parece extenderse más allá de sus fronteras. En agosto de 2026, el National Catholic Register reveló que la U.S.-China Catholic Association retiró al sociólogo Fenggang Yang, profesor de la Universidad Purdue y especialista en religión en China, como conferencista principal de su encuentro bienal en Houston. Según los correos y una carta obtenidos por el medio, dos funcionarios de la Administración Estatal de Asuntos Religiosos de China habrían solicitado excluirlo por sus críticas a la persecución de los cristianos. Los responsables de la asociación reconocieron que temían perder el acceso a China y poner en riesgo a integrantes de su consejo vinculados con ese país. La Universidad de St. Thomas, sede del encuentro, aseguró que no participó en la decisión. El congresista estadounidense Chris Smith calificó el episodio como un posible caso de “represión transnacional” y advirtió que ninguna organización religiosa con sede en Estados Unidos debería aceptar la censura exigida por un gobierno extranjero.
El acuerdo con China y los avances episcopales
La Santa Sede y la República Popular China firmaron en septiembre de 2018 un acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos. Su texto continúa siendo confidencial. Fue renovado en 2020 y 2022 por periodos de dos años y, en octubre de 2024, ambas partes lo prorrogaron por cuatro años, hasta 2028. EFE informó entonces que Pekín valoraba positivamente su aplicación y que los dos gobiernos continuarían las conversaciones constructivas.
El pacto permitió que todos los obispos de China quedaran en plena comunión con el Papa y abrió una vía para superar décadas de ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Vatican News ha destacado entre los frutos del diálogo el reconocimiento público de prelados antes rechazados por el Estado, la presencia de obispos chinos en sínodos celebrados en Roma y una cadena de nuevos nombramientos.
León XIV ha mantenido esta línea. El 31 de agosto de 2026 fue ordenado obispo de Datong Mons. Paolo Liu Honggang, nombrado por el Papa dentro del marco del acuerdo. Un mes antes había recibido la ordenación episcopal Mons. Joseph Chang Yanfeng, obispo de Chifeng, cuya candidatura también fue aprobada por el Pontífice conforme al pacto.
La oración de León XIV y la solidaridad internacional
El 24 de mayo de 2026, Jornada de Oración por la Iglesia en China, el papa León XIV pidió a los fieles del mundo unirse a la oración de los católicos chinos como signo de cercanía y comunión con la Iglesia universal. Invocó para ellos “la gracia de la unidad” y la fortaleza necesaria para dar testimonio del Evangelio en medio de las dificultades de cada día.
El doctor pidió a la comunidad internacional mantener la libertad religiosa entre sus prioridades. Entre las medidas que propone figuran plantear de forma constante los casos individuales, proteger a los refugiados religiosos contra la repatriación forzada, documentar cada abuso y aplicar sanciones selectivas a los funcionarios responsables de violaciones graves cuando corresponda.
El fundador de ChinaAid invitó también a los responsables de las distintas confesiones cristianas del mundo a acompañar a los creyentes chinos con la oración, la cercanía pública y la ayuda concreta. Recordó que, cuando una parte del Cuerpo de Cristo sufre, toda la comunidad cristiana está llamada a expresar su solidaridad.
El defensor de la libertad religiosa propuso recordar los nombres de pastores, sacerdotes, obispos y laicos encarcelados; rezar públicamente por ellos; apoyar a sus familias, y plantear cada caso concreto ante las autoridades chinas y los gobiernos de otros países.
El reverendo presentó la libertad religiosa y la solidaridad con los cristianos perseguidos como expresiones del discipulado. Subrayó que muchos creyentes en China pagan un precio enorme por permanecer fieles a Cristo y agradeció el acompañamiento de las comunidades cristianas de otros países.
Pese a la dureza del panorama, el fundador de ChinaAid encuentra esperanza en las comunidades que continúan rezando tras el cierre de sus templos, en los pastores que vuelven a predicar después de un interrogatorio y en las familias que conservan la fe cuando uno de sus miembros es encarcelado.
“El Partido tiene policía, prisiones, enormes recursos económicos y una tecnología de vigilancia sofisticada. Pero todavía no puede controlar la conciencia humana. Un gobierno puede destruir el edificio de una iglesia, pero no puede destruir a la Iglesia”, afirmó.
Su mensaje final para México y América Latina es una invitación a profundizar la solidaridad: rezar por nombres concretos, mantener viva la memoria de obispos, sacerdotes, pastores y laicos, y alentar a las autoridades civiles y eclesiales a sostener su cercanía y apoyo. “El Cuerpo de Cristo no tiene fronteras nacionales. Cuando desaparece un obispo en China, los católicos de México deben interesarse. Cuando un sacerdote es detenido o se impide a los niños conocer su fe, toda la familia cristiana sufre”.
En China, donde la autoridad política pretende fijar los límites de la fe, esos creyentes sostienen una convicción que el doctor expresó con palabras tajantes: “El César no es el Señor. Jesucristo es el Señor”.
La frase que aparece arriba de la fotografía "El César no es el Señor. Jesucristo es el Señor" Templo de los Cristianos de Pekín (基督徒會堂), fundado en 1937 por el pastor Wang Mingdao, una figura destacada de la Iglesia independiente china que sufrió más de veinte años de prisión.
