«Dedicaron su vida a servir»: la Iglesia en Estados Unidos pide cuidar a casi 19,000 religiosos mayores

Solo el 6 % de las congregaciones religiosas que proporcionaron información cuenta con fondos suficientes para la jubilación de sus miembros. Ante el aumento de los costos médicos y el envejecimiento de las comunidades, los obispos estadounidenses impulsan una colecta nacional para garantizar una vejez digna a quienes entregaron décadas de servicio a la Iglesia y a la sociedad.

IGLESIA EN ESTADOS UNIDOS | SOLIDARIDAD

Ana Paula Morales (Poli)

11/4/20268 min leer

Pie de foto: Religiosas mayores participan en la campaña del Fondo para la Jubilación de Religiosos en Estados Unidos. La iniciativa busca garantizar atención y cuidados dignos a quienes han dedicado décadas al servicio de la Iglesia. Fotografía: Jim Judkis / Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). © 2026. Utilizada con autorización.

WASHINGTON, Estados Unidos.— Durante décadas enseñaron a leer a generaciones de niños, acompañaron a enfermos en hospitales, atendieron a familias vulnerables y llevaron consuelo a quienes atravesaban momentos difíciles. Muchos lo hicieron sin recibir un salario o con remuneraciones muy reducidas, convencidos de que su vocación era servir. Hoy, cuando las fuerzas disminuyen y las necesidades médicas aumentan, miles de religiosas, religiosos y sacerdotes pertenecientes a congregaciones católicas en Estados Unidos enfrentan una realidad inesperada: sus comunidades no siempre cuentan con los recursos suficientes para garantizarles una jubilación digna.

Ante esta situación, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) anunció el 2 de noviembre una nueva campaña nacional de solidaridad destinada a apoyar a cerca de 19,000 religiosos mayores. La colecta, organizada a través de la Oficina Nacional para la Jubilación de Religiosos (NRRO, por sus siglas en inglés), se celebrará principalmente los días 12 y 13 de diciembre en las diócesis participantes, aunque algunas podrán realizarla en fechas distintas. Su objetivo no es únicamente recaudar fondos, sino reconocer una vida entera de entrega y ayudar a las comunidades religiosas a afrontar el creciente costo de la atención médica, la asistencia cotidiana y los cuidados especializados.

Una realidad que preocupa a la Iglesia

Las cifras presentadas por los obispos estadounidenses reflejan la magnitud del desafío. En 2026, solamente el 6 % de los institutos religiosos que proporcionaron información a la NRRO disponía de fondos suficientes para cubrir sus necesidades de jubilación, mientras que el 69 % tenía una edad mediana de sus integrantes de 70 años o más. Esto significa que numerosas congregaciones afrontan simultáneamente el envejecimiento de sus miembros, la disminución de religiosos en edad laboral y la necesidad de sostener servicios de atención cada vez más costosos. A diferencia de otros trabajadores que cuentan con planes individuales de ahorro o pensiones más elevadas, muchos religiosos mayores dedicaron prácticamente toda su vida al servicio pastoral, educativo y asistencial, sin acumular recursos suficientes para su retiro.

De acuerdo con el comunicado oficial, durante 2025 el costo promedio anual de atención de un religioso mayor fue de aproximadamente 62,000 dólares, mientras que los cuidados de enfermería especializada alcanzaron un promedio de 102,000 dólares por persona. En contraste, el beneficio anual promedio del Seguro Social que recibe un religioso fue de apenas 9,390 dólares, frente a los 24,856 dólares percibidos por el beneficiario laico promedio. La diferencia pone de manifiesto las dificultades económicas de numerosas comunidades que, además de sostener sus obras apostólicas, deben garantizar alojamiento, alimentación, medicamentos y asistencia a quienes ya no pueden trabajar como antes.

La situación tampoco es reciente. Desde 2009, el costo anual conjunto de sostener a los religiosos mayores en Estados Unidos ha superado los 1,100 millones de dólares. La NRRO advierte que muchas congregaciones carecen de reservas suficientes y que algunas comunidades pequeñas encuentran dificultades adicionales para contratar personal especializado o desarrollar planes de atención a largo plazo. Sin embargo, esta realidad también ha impulsado una respuesta de solidaridad entre los fieles, quienes durante casi cuatro décadas han contribuido a sostener a quienes anteriormente estuvieron al servicio de otros.

De ayudar a los refugiados a recibir ayuda: la historia de la hermana Anne

Detrás de estas estadísticas se encuentran historias como la de la hermana Anne Lanh Tran, religiosa vietnamita de 80 años y miembro de las Amantes de la Santa Cruz de Los Ángeles. Según el testimonio publicado por la Oficina Nacional para la Jubilación de Religiosos el pasado 11 de octubre, la hermana Anne descubrió su vocación cuando apenas tenía ocho años. Nacida en una familia católica del norte de Vietnam, ingresó a la formación religiosa siendo todavía una niña y profesó sus primeros votos en 1965. Su vida, sin embargo, estuvo marcada por los acontecimientos que transformaron profundamente a su país.

Tras la caída de Vietnam del Sur en 1975, la religiosa huyó junto con otras integrantes de su comunidad hacia Tailandia y posteriormente llegó a Estados Unidos. Allí aprendió inglés, estudió Trabajo Social y dedicó buena parte de su vida a acompañar a refugiados vietnamitas e indochinos que intentaban reconstruir sus vidas lejos de su tierra. Más adelante trabajó durante 29 años en el Good Shepherd Center for Homeless Women and Children, una obra vinculada a Catholic Charities de Los Ángeles que atiende a mujeres y niños sin hogar. Su misión consistió en estar cerca de quienes habían perdido sus seguridades, ofrecerles acompañamiento y recordarles que su dignidad no desaparecía con la pobreza o el desarraigo.

Hoy, después de décadas de servicio, la hermana Anne vive su jubilación dentro de su comunidad religiosa, dedicada a la oración y a una vida más tranquila. Su testimonio permite comprender el sentido de la campaña: quienes alguna vez tendieron la mano a otros también necesitan, llegado el momento, recibir ayuda. En su reflexión publicada por la NRRO, la religiosa agradeció la generosidad de los donantes porque permite a las hermanas vivir con dignidad esta etapa de su existencia, marcada por la oración y la confianza en Dios. Al recordar su experiencia de fe y las dificultades que atravesó, resumió su actitud espiritual con una sencilla invitación: «Reza y espera en Dios».

Una respuesta de gratitud que sigue creciendo

Pese a las dificultades económicas, los resultados de la campaña muestran una importante movilización de la comunidad católica estadounidense. La colecta de 2025 alcanzó una cifra récord de 37.1 millones de dólares, mientras que en junio de 2026 la Oficina Nacional para la Jubilación de Religiosos distribuyó 40 millones de dólares en asistencia directa a 261 comunidades religiosas. Fue la primera ocasión en que las distribuciones anuales de ayuda directa alcanzaron esa cantidad. Desde la creación de la colecta en 1988, más de 1,040 millones de dólares han sido distribuidos o destinados a programas de asistencia, de los cuales cerca de 940 millones se han dedicado al cuidado cotidiano de religiosos mayores y otros 103.9 millones a proyectos de fortalecimiento y planificación financiera de las congregaciones.

John Knutsen, director de la Oficina Nacional para la Jubilación de Religiosos, destacó que esta respuesta representa una expresión de gratitud de los católicos hacia quienes han dedicado su vida a la Iglesia. Según explicó en el comunicado del episcopado, los resultados históricos de las últimas campañas permiten que las comunidades religiosas atiendan las necesidades presentes de sus miembros y, al mismo tiempo, planifiquen su futuro con mayor seguridad. No obstante, reconoció que las necesidades continúan siendo considerables, especialmente porque muchos religiosos mayores tuvieron pocas oportunidades de ahorrar durante sus años de servicio.

El fondo no se limita a cubrir los gastos inmediatos de atención. También financia programas educativos, asesoramiento y herramientas de planificación para que los institutos religiosos puedan anticipar las necesidades de sus integrantes, administrar mejor sus recursos y organizar modelos sostenibles de cuidado. De esta manera, la iniciativa busca evitar que el envejecimiento de las comunidades se convierta en una crisis que comprometa tanto la dignidad de sus miembros mayores como la continuidad de sus obras apostólicas.

Cuidar a quienes nos enseñaron a cuidar

La campaña estadounidense plantea una cuestión que trasciende sus fronteras: ¿cómo acompañar a quienes han dedicado su existencia al servicio de los demás cuando llega el momento en que ellos necesitan ser acompañados? En una sociedad donde con frecuencia se mide el valor de las personas por su productividad, la vejez de los religiosos recuerda que una vida no pierde su sentido cuando disminuyen las fuerzas físicas. La oración, la experiencia, el consejo y el testimonio de quienes han perseverado durante décadas en su vocación siguen formando parte de la riqueza espiritual de la Iglesia.

Para muchas familias, la historia de estos religiosos puede resultar cercana. Detrás de cada cifra podría encontrarse aquella hermana que enseñó a sus hijos, el hermano que sostuvo una escuela, el sacerdote religioso que acompañó a una comunidad durante años o la religiosa que permaneció al lado de los enfermos cuando otros no podían hacerlo. La colecta invita a transformar esa memoria agradecida en un gesto concreto de solidaridad, reconociendo que la responsabilidad de cuidar no termina cuando una persona deja de trabajar o cuando una comunidad ya no dispone de los mismos recursos de otros tiempos.

La nueva campaña de la Iglesia en Estados Unidos recuerda que el servicio cristiano no es una relación de una sola dirección. Durante décadas, miles de consagrados ofrecieron su tiempo, su trabajo y su vida a los demás. Hoy, los donativos de los fieles permiten que esa misma generosidad regrese a ellos en forma de atención médica, alimentación, compañía y seguridad. Más allá de las cantidades recaudadas, la iniciativa propone una manera de entender la gratitud: que nadie que haya dedicado su vida a cuidar de los demás tenga que enfrentar su vejez sin el cuidado que merece.

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