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«Evangelizar a los pobres»: el desafío de los misioneros que llevan esperanza a Nigeria pese a la violencia
Tercera parte de cuatro de la entrevista exclusiva de Press Crux al padre Kuha Indyer, misionero espiritano en Nigeria. El sacerdote explica cómo la Iglesia acompaña a las comunidades más vulnerables y advierte sobre las dificultades económicas y administrativas que enfrentan los religiosos para sostener su misión.
ENTREVISTA EXCLUSIVA | NIGERIA | 3 DE 4
Ana Paula Morales (Poli)
11/3/202611 min leer


Actividad de alfabetización en lengua tiv impulsada por los misioneros espiritanos en Gboko, Nigeria. Foto: Cortesía del padre Kuha Indyer.
GBOKO, Nigeria.— En una región donde la violencia ha obligado a cerrar escuelas, hospitales y parroquias, los misioneros católicos enfrentan una pregunta que va mucho más allá de la seguridad: ¿cómo continuar anunciando el Evangelio cuando las comunidades necesitan alimentos, educación, atención médica y oportunidades para sobrevivir?
Para el padre Kuha Indyer, sacerdote de la Congregación del Espíritu Santo —conocida como los espiritanos—, la respuesta se encuentra en una convicción que ha marcado la identidad de su congregación: «La evangelización de los pobres».
En esta tercera entrega de una serie de cuatro partes de una entrevista exclusiva concedida a Press Crux, el religioso, que desarrolla su ministerio en la diócesis de Gboko, en el estado nigeriano de Benue, profundiza en las iniciativas que su comunidad impulsa para acompañar a las familias más vulnerables y en las dificultades que enfrentan quienes intentan sostener la misión en medio de la inseguridad y la precariedad económica.
Tras abordar en las dos primeras entregas la violencia contra las instituciones católicas de Ihugh y sus consecuencias para las familias, esta tercera parte pone el foco en la respuesta de los misioneros: permanecer junto a las comunidades, promover el desarrollo humano y mantener viva la esperanza.
Nigeria: una crisis de violencia, pobreza y desplazamiento
Nigeria, el país más poblado de África, atraviesa una grave crisis humanitaria marcada por la violencia de grupos armados, los secuestros, los conflictos entre comunidades y la pobreza. En el noreste operan organizaciones yihadistas como Boko Haram, mientras que en el centro y noroeste del país se registran enfrentamientos relacionados con la disputa por tierras, el acceso al agua y la actividad de bandas criminales. La violencia también ha afectado a comunidades cristianas, sacerdotes e instituciones religiosas. No obstante, sus causas son diversas y no todos los ataques responden a motivaciones religiosas.
Según ACNUR, Nigeria registra alrededor de 3.6 millones de desplazados internos. En Benue, estado donde trabaja el padre Kuha Indyer, la inseguridad ha obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares y ha dificultado el acceso a escuelas, hospitales y medios de subsistencia. En este contexto, la Iglesia católica busca mantener su labor pastoral, educativa y humanitaria, aunque algunas de sus instituciones han tenido que suspender actividades por razones de seguridad.
Su testimonio llega después de que la diócesis de Gboko dispusiera, el pasado 12 de octubre, el cierre de diversas instituciones católicas en Ihugh, como consecuencia de una sucesión de incendios, robos y actos de hostigamiento.
La medida, documentada también por la agencia vaticana Fides, dejó al descubierto la fragilidad de comunidades donde la Iglesia no solamente constituye un lugar de culto, sino también un punto de apoyo para la educación, la salud y la vida cotidiana.
«A veces los misioneros no tenemos voz»
El padre Indyer considera que la comunidad internacional puede desempeñar un papel fundamental en el sostenimiento de las obras misioneras, especialmente en regiones donde la violencia, la pobreza y la falta de recursos dificultan el trabajo de los religiosos. Sin embargo, reconoce que los obstáculos no proceden únicamente de las circunstancias sociales o económicas, sino que también pueden encontrarse dentro de las propias estructuras eclesiásticas. «Es triste que, en ocasiones, los religiosos misioneros no tengamos voz en algunas diócesis en las que trabajamos», afirmó en entrevista con Press Crux, al referirse a las dificultades que enfrentan determinadas congregaciones para desarrollar y financiar sus proyectos apostólicos.
Según explicó, los procedimientos administrativos dentro de algunas diócesis pueden limitar la capacidad de los religiosos para obtener recursos destinados a sus obras. «Nos resulta extremadamente difícil recaudar fondos localmente para apoyar nuestros apostolados debido a obstáculos burocráticos eclesiásticos», señaló. Sus declaraciones ponen de manifiesto una preocupación que trasciende las necesidades materiales: la importancia de que las comunidades religiosas cuenten con espacios de participación, reconocimiento y apoyo para desarrollar una labor que, en muchos casos, llega hasta poblaciones que disponen de escasos servicios educativos, sanitarios y sociales.
El sacerdote no cuestiona la necesidad de trabajar en comunión con la Iglesia local, sino que plantea las dificultades prácticas que encuentran algunos misioneros para sostener sus iniciativas. En este sentido, su petición a los católicos de otros países y a las instituciones que apoyan la evangelización es que no olviden a quienes permanecen sobre el terreno, acompañando a familias vulnerables y tratando de mantener abiertas las obras que contribuyen al bienestar de sus comunidades.
Un centro para encontrarse con Dios y recuperar la esperanza
Frente a estas dificultades, los misioneros espiritanos han impulsado en Gboko el Spiritan Development Centre, una iniciativa perteneciente a la Provincia de Nigeria Nordeste de la Congregación del Espíritu Santo. El padre Indyer, fundador y primer director del proyecto, explicó que su propósito es responder a las necesidades de las comunidades más vulnerables mediante una propuesta que integre la vida espiritual, la educación y el desarrollo humano. El centro se inspira en el carisma de la congregación, expresado en su compromiso con «la evangelización de los pobres», y busca que el anuncio del Evangelio vaya acompañado de iniciativas capaces de mejorar las condiciones de vida de las personas.
Según explicó el religioso, el proyecto se desarrolla a partir de dos grandes objetivos: ofrecer un espacio adecuado para el encuentro con Dios, mediante retiros, conferencias y otras actividades religiosas, y promover la formación integral de los jóvenes. Para los espiritanos, estas dimensiones no son independientes, pues consideran que la evangelización también debe contribuir a que las personas descubran su dignidad, desarrollen sus capacidades y encuentren oportunidades para transformar su entorno. En una región afectada por la inseguridad y las dificultades económicas, la posibilidad de acceder a una educación, fortalecer la vida comunitaria y recibir acompañamiento espiritual constituye una forma concreta de mantener viva la esperanza.
El padre Indyer explicó que uno de sus principales anhelos es disponer de instalaciones donde los fieles puedan permanecer varios días participando en retiros espirituales y encuentros de formación. Sin embargo, la falta de infraestructura y recursos económicos limita actualmente estas posibilidades. A pesar de ello, el Spiritan Development Centre ya desarrolla iniciativas educativas, programas de alfabetización y actividades de apoyo comunitario, al tiempo que busca ampliar sus instalaciones y consolidar su presencia entre las familias de Gboko. Para el sacerdote, el desafío consiste en construir una obra que pueda atender tanto las necesidades espirituales como las dificultades cotidianas de una población que enfrenta numerosos obstáculos para salir adelante.
Cuando la falta de electricidad también significa quedarse sin agua
Las necesidades del Spiritan Development Centre reflejan las dificultades materiales que acompañan el trabajo misionero en esta región de Nigeria, donde incluso el acceso a servicios básicos puede convertirse en un desafío. El padre Indyer relató que las instalaciones carecen de un suministro eléctrico adecuado y dependen de un generador antiguo que presenta averías frecuentes. Cuando deja de funcionar, el problema va mucho más allá de quedarse sin iluminación, pues tampoco pueden bombear agua al depósito que abastece tanto al centro como a la comunidad vecina. De esta manera, una dificultad aparentemente técnica termina afectando directamente las condiciones de vida de las familias que dependen de ese suministro.
A la falta de electricidad se suma la necesidad de contar con aulas donde los niños puedan aprender, convivir y participar en actividades educativas en un entorno seguro. Los religiosos también han construido una casa comunitaria destinada a alojar a los misioneros que se incorporarán al proyecto, pero el edificio permanece sin techo debido a la falta de recursos, lo que ha impedido que algunos espiritanos puedan trasladarse para comenzar su trabajo. El transporte constituye otra de las dificultades cotidianas, especialmente en una región donde las distancias, las condiciones de las carreteras y la escasez de medios económicos complican el desarrollo de las actividades pastorales y sociales.
Aunque estas carencias puedan parecer pequeñas frente a la magnitud de la violencia que afecta a Nigeria, tienen consecuencias concretas para las personas que dependen de las obras misioneras. Disponer de un generador en funcionamiento significa garantizar el suministro de agua; construir aulas permite ofrecer espacios seguros de aprendizaje, y terminar una vivienda comunitaria facilitaría la incorporación de nuevos religiosos. Para el padre Indyer, conseguir estos recursos no representa solamente una mejora de las instalaciones, sino la posibilidad de ampliar una misión que busca responder a las necesidades de quienes cuentan con menos oportunidades.
«Que nuestros niños puedan vivir en paz»
Para el padre Indyer, la evangelización también exige prestar atención a las circunstancias sociales que impiden a numerosas familias desarrollar una vida digna. El sacerdote considera que la pobreza constituye uno de los factores que favorecen la inseguridad, los secuestros y distintas formas de delincuencia, especialmente cuando las personas carecen de oportunidades de educación y trabajo. Por ello, además de pedir a las autoridades que garanticen la protección de los ciudadanos, reclama políticas públicas capaces de mejorar las condiciones económicas, combatir la corrupción y ofrecer alternativas a las nuevas generaciones. Su reflexión no pretende justificar la violencia, sino advertir que la construcción de una paz duradera requiere atender también las causas sociales que agravan la vulnerabilidad de las comunidades.
Su preocupación se dirige especialmente a la infancia, cuya educación y desarrollo considera fundamentales para el futuro del país. «Desearía que las autoridades crearan las condiciones para que nuestros niños puedan vivir en paz y perseguir sus sueños académicos, contribuyendo así a construir un mundo mejor», expresó a Press Crux. Las palabras del sacerdote reflejan la realidad de numerosas familias que desean ofrecer a sus hijos una vida distinta de la que han conocido, pero que encuentran obstáculos relacionados con la inseguridad, la pobreza y la falta de servicios básicos. Para el misionero, proteger a los niños significa también garantizarles la posibilidad de estudiar, crecer sin miedo y descubrir que su futuro no tiene por qué quedar determinado por las circunstancias en las que nacieron.
Esta preocupación se encuentra detrás de los programas educativos y de formación que los espiritanos impulsan en Gboko, particularmente aquellos dirigidos a niños y jóvenes. La congregación considera que ofrecer conocimientos, fortalecer los valores humanos y cristianos y desarrollar capacidades de liderazgo puede contribuir a transformar progresivamente las comunidades. Estas iniciativas, especialmente las relacionadas con la Academia de Liderazgo Juvenil Peter Gierlich, serán abordadas en la cuarta y última entrega de esta entrevista exclusiva.
Una Iglesia que necesita acompañamiento
Al dirigirse a los católicos de otros países y a las personas interesadas en colaborar con la misión, el padre Indyer formuló una petición concreta: apoyar a quienes continúan dando testimonio del Evangelio en circunstancias difíciles. El sacerdote explicó que su comunidad agradecería la colaboración de personas e instituciones dispuestas a contribuir al crecimiento de sus proyectos educativos, pastorales y de desarrollo humano, y aseguró que cualquier ayuda recibida sería administrada responsablemente y acompañada de la correspondiente rendición de cuentas. Su solicitud busca llamar la atención sobre el trabajo de religiosos que, lejos de los grandes centros urbanos y con recursos limitados, permanecen junto a poblaciones cuyas necesidades no desaparecen cuando la violencia deja de ocupar los titulares internacionales.
En Gboko, la misión continúa entre dificultades muy concretas: un suministro eléctrico insuficiente, edificios que no han podido terminarse, problemas de transporte y familias que necesitan oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, para el padre Kuha Indyer, estas circunstancias no anulan el sentido de su vocación, sino que forman parte de los sacrificios que implica anunciar el Evangelio en contextos especialmente complejos. Su esperanza, explicó, se sostiene en la fe en Jesucristo, que entregó su vida por la salvación de la humanidad, y en el ejemplo de hombres y mujeres santos que, a lo largo de la historia, perseveraron en su misión a pesar de las adversidades.
El misionero recordó un dicho que resume su manera de comprender esta experiencia: «Lo que ha de dar luz debe soportar el fuego». En un país donde tantas comunidades conocen de cerca el sufrimiento, esas palabras adquieren un significado particular, pues expresan la decisión de continuar acompañando, educando y anunciando el Evangelio, incluso cuando quienes ofrecen ayuda también necesitan ser ayudados. Para los espiritanos de Gboko, evangelizar a los pobres no significa únicamente predicar, sino compartir sus dificultades, reconocer sus necesidades y trabajar para que encuentren oportunidades de construir un futuro diferente. Es una misión que, pese a sus limitaciones, sigue apostando por la dignidad humana y por la convicción de que la violencia y la pobreza no deben tener la última palabra.
Nota de la redacción: Esta es la tercera de cuatro entregas de la entrevista exclusiva realizada por Ana Paula Morales para Press Crux al padre Kuha Indyer, misionero de la Congregación del Espíritu Santo en la diócesis de Gboko, Nigeria. La serie aborda la violencia contra las instituciones católicas, sus consecuencias humanas, los desafíos de la evangelización y las iniciativas de la Iglesia para construir un futuro de paz. Las declaraciones proceden de las respuestas escritas del sacerdote y han sido traducidas del inglés al español.
Próxima entrega (4/4): La Academia de Liderazgo Juvenil Peter Gierlich y la apuesta de los espiritanos por formar a una nueva generación de líderes mediante la educación, la alfabetización digital, el acompañamiento ante el trauma y los valores cristianos.
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El padre Kuha Indyer junto a miembros de la comunidad a la que acompaña en su labor misionera en Nigeria. Foto: Cortesía del padre Kuha Indyer.
Dos niñas juegan en Nigeria, donde los misioneros espiritanos promueven la educación y el desarrollo de la infancia en medio de la pobreza y la inseguridad. Foto: Cortesía del padre Kuha Indyer.








