«Ahora son enviados a renovar la fe de los demás»: cardenal Bo anima a los catequistas de Myanmar en medio de la guerra

En un país donde 4,9 millones de niños necesitan asistencia humanitaria, el arzobispo de Yangon llamó a 79 catequistas a convertirse en mensajeros de esperanza y reconciliación. Algunos llevan más de medio siglo transmitiendo la fe entre comunidades afectadas por la violencia y el desplazamiento.

IGLESIA EN MYANMAR

Ana Paula Morales (Poli)

10/31/20267 min leer

Catequistas escuchan con atención y recogimiento las palabras de su eminencia el cardenal Charles Bo. Fotografía: RVA Sgaw Karen.

MYANMAR.— En un país donde la guerra ha obligado a millones de personas a abandonar sus hogares y ha interrumpido la educación de innumerables niños, el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, ha pedido a los catequistas que enseñen a las nuevas generaciones a rechazar el odio, la discriminación y la violencia, y a construir relaciones basadas en el perdón, la compasión y la reconciliación. Su mensaje fue dirigido a 79 catequistas que participaron en un encuentro de renovación espiritual celebrado del 13 al 20 de octubre de 2026, una ocasión en la que el purpurado recordó que la misión de la Iglesia no consiste únicamente en transmitir conocimientos religiosos, sino en ayudar a las personas a encontrarse con Cristo y reconocer la dignidad de cada ser humano.

«Vinieron aquí a renovar sus fuerzas. Ahora son enviados a renovar la fe de los demás», afirmó el cardenal, según la crónica publicada por Radio Veritas Asia. El encuentro concluyó el 20 de octubre en la iglesia de San Pedro y San Pablo, perteneciente a la arquidiócesis de Yangon, la ciudad más poblada de Myanmar. En su intervención, Bo agradeció la fidelidad de quienes continúan sirviendo a las comunidades católicas pese a las dificultades económicas, los desplazamientos y la inseguridad que afectan a numerosas regiones del país.

Myanmar, una guerra que también amenaza el futuro de los niños

Myanmar, conocido también como Birmania, se encuentra en el sudeste asiático, entre India, Bangladesh, China, Laos y Tailandia. Su historia reciente está marcada por décadas de conflictos entre el ejército y diversas organizaciones étnicas, una crisis que se agravó el 1 de febrero de 2021, cuando los militares tomaron el poder y derrocaron al Gobierno elegido de Aung San Suu Kyi. La represión de las manifestaciones posteriores al golpe desencadenó una resistencia armada que terminó extendiendo la guerra a amplias zonas del territorio nacional. Como ha documentado Reuters, la confrontación ha provocado desplazamientos masivos y una profunda crisis política y humanitaria.

Las consecuencias son especialmente graves para los niños. Según el informe de UNICEF correspondiente al primer semestre de 2026, 16,2 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Myanmar, entre ellas 4,9 millones de menores de edad. El organismo de Naciones Unidas señaló también que casi 3,8 millones de personas se encontraban desplazadas dentro del país a mediados de año. Los combates, la destrucción de infraestructuras, las dificultades económicas y las restricciones para llegar a las comunidades han agravado la vulnerabilidad de las familias, mientras numerosos niños enfrentan interrupciones en su educación y dificultades para acceder a servicios esenciales.

En este contexto, la labor de los catequistas adquiere una dimensión que va más allá de la formación religiosa. Para muchas comunidades, especialmente aquellas situadas en zonas rurales o afectadas por el conflicto, estos hombres y mujeres constituyen una presencia constante de la Iglesia. Acompañan a las familias, preparan a los niños para recibir los sacramentos, enseñan la fe y sostienen la vida comunitaria cuando las distancias, la inseguridad o la falta de recursos dificultan la presencia habitual de sacerdotes.

«Verán cosas mayores»: una invitación a mantener viva la esperanza

El encuentro de renovación espiritual celebrado en Yangon reunió a 79 catequistas durante ocho días de oración, reflexión y formación. Durante la clausura, el cardenal Bo centró su mensaje en el Evangelio de san Juan, particularmente en las palabras de Jesús a Natanael: «Verás cosas mayores que estas» (Jn 1,50). Para el arzobispo, esa promesa constituye una invitación a perseverar incluso cuando las circunstancias parecen superar las fuerzas humanas.

El cardenal explicó que concluir un retiro espiritual no significa terminar un camino, sino comenzar nuevamente la misión con una fe fortalecida. Por ello, invitó a los participantes a regresar a sus parroquias, aldeas, capillas y comunidades con renovado valor y esperanza. «Vinieron aquí a renovar sus fuerzas. Ahora son enviados a renovar la fe de los demás», les recordó, según Radio Veritas Asia.

Bo insistió en que la vocación del catequista no puede limitarse a explicar doctrinas o enseñar oraciones. Su misión, señaló, consiste en ayudar a los niños, jóvenes y familias a conocer personalmente a Jesucristo mediante la enseñanza y, sobre todo, mediante el testimonio de una vida coherente con el Evangelio. La paciencia, la bondad, el perdón y el amor expresado en obras concretas permiten mostrar a las nuevas generaciones que cada persona posee una dignidad que debe ser respetada.

El arzobispo también reconoció que muchos catequistas realizan su labor sin recibir reconocimiento público y sin observar resultados inmediatos. Comparó su servicio con la siembra: quienes anuncian el Evangelio pueden no contemplar personalmente todos los frutos de su trabajo, pero están llamados a confiar en que Dios hará crecer las semillas sembradas con fidelidad.

Enseñar a los niños a rechazar el odio y la violencia

Uno de los mensajes centrales del cardenal estuvo dedicado a la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones en una sociedad marcada por la guerra. Bo pidió a los catequistas que se conviertan en mensajeros de paz y esperanza, enseñando a los niños a rechazar el odio, la discriminación y la violencia, y a cultivar el perdón, la compasión y la reconciliación.

La exhortación adquiere especial relevancia en un país donde la violencia ha alterado profundamente la vida de las familias. De acuerdo con UNICEF, los desplazamientos forzados, la inseguridad y la interrupción de servicios básicos están poniendo en riesgo el bienestar y el futuro de una generación de niños. La educación, la protección infantil y el acompañamiento emocional forman parte de las necesidades más urgentes.

Frente a esa realidad, el cardenal invitó a los catequistas a fortalecer su amistad con Cristo mediante la oración y la lectura de las Escrituras, amar a cada niño confiado a su cuidado y trabajar conjuntamente con sacerdotes, religiosos, padres de familia y otros responsables de la formación cristiana. También les recordó la importancia de cuidar su propia salud espiritual, física y emocional, especialmente cuando deben enfrentar dificultades económicas, largos desplazamientos o situaciones de inseguridad.

Más de 66 años enseñando la fe

La arquidiócesis de Yangon cuenta con 101 catequistas, según las cifras recogidas por Radio Veritas Asia. De ellos, 55 trabajan a tiempo completo, 29 a tiempo parcial y 17 son personas de edad avanzada. Cinco han dedicado más de cincuenta años a este servicio y otros tres superan los veinticinco años de labor catequética.

Entre los testimonios destacados se encuentra el de David U Htun Nho, quien lleva más de 66 años como catequista. Su trayectoria representa una vida dedicada a transmitir la fe a distintas generaciones, a menudo mediante un trabajo silencioso que rara vez ocupa un lugar en las noticias internacionales.

El cardenal Bo expresó su gratitud hacia él y hacia los demás catequistas que han permanecido fieles a su vocación durante décadas. Para el arzobispo, esas vidas de servicio muestran que la misión de la Iglesia no depende del reconocimiento social, sino del amor a Cristo y de la perseverancia en el acompañamiento de las personas.

Al concluir el encuentro, el cardenal impartió su bendición a los participantes y los animó a regresar a sus comunidades recordando la promesa de Jesús a Natanael: «Verás cosas mayores que estas».

En un país donde millones de familias continúan enfrentando las consecuencias de la guerra, la exhortación del arzobispo de Yangon deja una tarea concreta para quienes enseñan la fe: ayudar a que los niños y jóvenes crezcan sin considerar el odio y la violencia como un destino inevitable, y puedan reconocer en el perdón, la solidaridad y la reconciliación un camino posible hacia la paz.

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