“Una sola barca no basta”: la Iglesia de Norteamérica se une ante la crisis migratoria

Ante el aumento de las detenciones y deportaciones en Estados Unidos y el giro restrictivo de Canadá, los episcopados de los tres países buscan articular una respuesta pastoral común que no termine en las fronteras.

Ana Paula Morales Martínez

9/4/20269 min read

Pie de foto: Obispos y representantes de las Conferencias Episcopales de México, Estados Unidos y Canadá durante su encuentro fraterno en Cuernavaca, Morelos. Crédito: Cortesía: CEM y Diócesis de Cuernavaca, vía Mons. Ramón Castro Castro.

“Una sola barca no basta”: la Iglesia de Norteamérica se une ante la crisis migratoria

Ante el aumento de las detenciones y deportaciones en Estados Unidos y el giro restrictivo de Canadá, los episcopados de los tres países buscan articular una respuesta pastoral común que no termine en las fronteras.

En el Santuario del Sagrado Corazón de Washington, el miedo ha comenzado a notarse en las bancas vacías. Más de 40 integrantes de esta comunidad católica habían sido detenidos, deportados o habían pasado por ambas situaciones desde que las autoridades federales intensificaron sus operativos migratorios, en agosto de 2025.

Algunos fieles dejaron de asistir a Misa, comprar alimentos o acudir al médico por temor a ser arrestados. Otros comenzaron a preparar documentos para designar a quienes cuidarían de sus hijos si ellos eran detenidos. La parroquia respondió con asesoría legal, entrega de alimentos, acompañamiento a las familias y rosarios en línea para quienes tenían miedo de salir de casa, según documentó Associated Press.

Es una escena local, pero retrata una realidad que atraviesa el continente. Mientras Estados Unidos amplía sus operaciones de detención y deportación y Canadá reduce la llegada de residentes temporales, las Iglesias de México, Estados Unidos y Canadá buscan evitar que su respuesta pastoral quede dividida por las fronteras.

Ese fue uno de los principales propósitos del Encuentro Fraterno de los obispos delegados de las Conferencias Episcopales de Norteamérica, celebrado en Cuernavaca, Morelos. La reunión concluyó el 4 de septiembre con un comunicado conjunto dirigido a las Iglesias de los tres países.

“Una sola barca no basta: México no puede caminar solo, ni Estados Unidos, ni Canadá”.

La frase fue pronunciada por monseñor Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, durante la Eucaristía que cerró las jornadas. Resume la convicción que acompañó el encuentro: ninguna Iglesia local puede responder aisladamente a un fenómeno que cruza territorios, sistemas jurídicos y familias.

Tres países ante un mismo camino

En la reunión participaron monseñor Ramón Castro; monseñor Daniel Flores, obispo de Brownsville y vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos; y monseñor Pierre Goudreault, presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Canadá.

También estuvieron presentes monseñor Óscar Cantú, obispo de San José y presidente del Subcomité de Asuntos Hispanos/Latinos del episcopado estadounidense, y monseñor Eugenio Lira Rugarcía, responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana en México, además de varios colaboradores.

Los representantes compartieron las realidades sociales, políticas y eclesiales de sus países. Hablaron de migración, evangelización, inteligencia artificial, intercambio de sacerdotes y posibles misiones conjuntas. Pero la movilidad humana ocupó un lugar central.

La reflexión presentada por monseñor Lira permitió mirar las distintas orillas del mismo recorrido: las condiciones que obligan a una persona a salir de su país, los riesgos del trayecto, las dificultades para ser recibida y la incertidumbre que acompaña un eventual retorno.

México aparece en todas las etapas: es país de origen, tránsito, destino y regreso. Estados Unidos recibe a millones de migrantes, pero ha endurecido sus medidas de control. Canadá, durante años reconocido por su política de acogida, también ha comenzado a reducir sus cifras de inmigración.

“En los rostros de quienes migran reconocimos historias, necesidades y esperanzas que reclaman cercanía, acompañamiento y solidaridad”, señalaron los obispos.

Detenciones, deportaciones y familias separadas

La reunión se celebró en un momento especialmente delicado para las comunidades migrantes en Estados Unidos.

Una revisión de datos publicada por Reuters señala que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, conocido como ICE, tiene como objetivo alcanzar un millón de deportaciones anuales.

Las detenciones efectuadas por la agencia llegaron a un promedio de 1,300 diarias en diciembre de 2025 y se mantenían cerca de mil por día a comienzos de marzo de 2026, muy por encima del promedio de 350 registrado durante la década anterior. Las deportaciones realizadas por ICE pasaron de 271,000 en el año fiscal 2024 a 443,000 en 2025.

Los operativos tampoco se han limitado a personas con antecedentes penales. Según la misma revisión, el número de detenidos sin condenas ni cargos criminales adicionales pasó de unos 860 durante el mes en que Donald Trump regresó a la Presidencia a 24,500 a principios de febrero de 2026.

En enero, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió al Gobierno estadounidense que sus políticas migratorias respetaran los derechos individuales y el derecho internacional.

Türk expresó preocupación por denuncias de arrestos y detenciones arbitrarias o ilegales, algunas de ellas realizadas con violencia en viviendas, escuelas, hospitales, tribunales, mezquitas e iglesias. También advirtió sobre el uso innecesario o desproporcionado de la fuerza y las dificultades de algunos detenidos para recibir asistencia jurídica a tiempo.

El representante de la ONU pidió, además, una investigación independiente sobre las muertes bajo custodia migratoria. En enero había registrado 30 fallecimientos durante 2025 y seis en las primeras semanas de 2026, de acuerdo con Reuters. En abril, datos de ICE recogidos por la misma agencia elevaban a 48 el número de migrantes muertos bajo custodia desde el inicio del segundo mandato de Trump, 17 de ellos en 2026.

Los obispos reunidos en Cuernavaca advirtieron, por su parte, que en el discurso público se ha ido perdiendo la distinción entre una infracción de carácter civil y un delito. La sola condición de migrante sin documentos, señalaron, tiende a presentarse como un crimen. Esa confusión alimenta la estigmatización y el miedo.

También reconocieron la tensión que esta realidad representa para los católicos que participan en la vida pública. Sin entrar en disputas partidistas, reafirmaron que la defensa del bien común y de la dignidad de toda persona es una parte irrenunciable de la misión de la Iglesia.

Cuando el miedo alcanza los templos

En enero de 2025, el Gobierno estadounidense revocó las directrices que limitaban los operativos migratorios en lugares considerados sensibles, como escuelas, hospitales e iglesias. Las nuevas disposiciones permitieron que los agentes actuaran en esos espacios sin la autorización especial exigida anteriormente. Associated Press recogió entonces la preocupación de dirigentes religiosos y autoridades educativas ante el riesgo de que los migrantes dejaran de acudir a servicios esenciales.

La medida fue impugnada ante los tribunales. En agosto de 2026, una corte federal de apelaciones mantuvo una orden que impide realizar estos operativos cerca de ocho lugares de culto pertenecientes a comunidades cuáqueras, sijs y bautistas.

Los jueces consideraron que la política podía vulnerar la libertad religiosa al disuadir a los migrantes de asistir a sus celebraciones por temor a ser detenidos. Sin embargo, la protección se limita a las comunidades que participaron en la demanda y no se extiende automáticamente a todos los templos del país. Reuters

Durante el encuentro, los representantes estadounidenses explicaron que la labor caritativa de la Iglesia también enfrenta dificultades jurídicas. Algunas instituciones han tenido que defenderse ante los tribunales frente a intentos de presentar como complicidad lo que ellas consideran un servicio evangélico a los pobres y vulnerables.

En medio de este escenario, la Iglesia estadounidense ha impulsado iniciativas como la campaña You Are Not Alone —“No estás solo”— y el Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispano/Latino, destinado a orientar la evangelización y el acompañamiento de estas comunidades.

México, también tierra de retorno

La situación estadounidense repercute directamente en México. Además de acompañar a quienes atraviesan el país rumbo al norte, la Iglesia atiende a migrantes varados y a quienes regresan después de ser deportados.

En agosto de 2026, el Gobierno de Guatemala informó que había recibido alrededor de 2,300 ciudadanos mexicanos deportados desde Estados Unidos durante el año. Aunque habitualmente los deportados son enviados directamente a su país de origen, estos mexicanos fueron trasladados primero a territorio guatemalteco.

La Secretaría de Relaciones Exteriores comunicó a Washington su rechazo a esa práctica. Especialistas consultados por Reuters advirtieron que el envío de migrantes a terceros países dificulta su localización y aumenta la incertidumbre sobre la protección de sus derechos.

Ante decisiones de esta naturaleza, el comunicado episcopal devuelve la mirada hacia las personas concretas:

“Detrás de cada política hay familias, detrás de cada estadística una historia, detrás de cada frontera una persona que conserva la esperanza de una vida más digna”.

El giro migratorio de Canadá

Aunque su situación es diferente, Canadá también atraviesa un cambio importante.

Después de varios años de crecimiento acelerado, el país comenzó a reducir la llegada de inmigrantes ante la presión sobre la vivienda y los servicios públicos. En 2024, el Gobierno anunció una disminución de los permisos para estudiantes internacionales y mayores restricciones a los permisos laborales de sus cónyuges y de algunos trabajadores extranjeros.

Las medidas buscaban reducir la proporción de residentes temporales, que entonces representaban el 6.8 % de la población. Organizaciones de defensa de los migrantes y algunos economistas advirtieron que responsabilizar a los recién llegados por la falta de vivienda y el aumento del costo de vida simplificaba problemas económicos mucho más complejos, según informó Reuters.

El plan migratorio vigente para 2026-2028 fijó una meta de 385,000 nuevas llegadas temporales para 2026 y de 370,000 para cada uno de los dos años siguientes. También busca reducir la población temporal a menos del 5 % del total nacional antes de que termine 2027. Las admisiones de residentes permanentes se mantendrán en 380,000 anuales durante ese periodo, de acuerdo con Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá.

En este contexto, la Iglesia canadiense reconoce que todavía necesita fortalecer su pastoral de movilidad humana. El país trabaja en la creación de un Servicio Nacional para la Movilidad Humana que conecte a las diócesis, ofrezca formación y promueva una cultura de acogida inspirada en el Evangelio.

Los obispos hicieron notar también una realidad menos visible: en numerosas diócesis, las familias migrantes y los sacerdotes procedentes de otros países han renovado parroquias afectadas por la secularización.

“El migrante se vuelve también misionero”, subraya el comunicado.

Una fraternidad que busca volverse permanente

Como primer resultado del encuentro, los obispos identificaron varias iniciativas comunes que serán presentadas a los Consejos Permanentes de sus respectivas Conferencias Episcopales para su discernimiento y eventual aprobación.

El documento no adelanta todavía el contenido de estas propuestas, pero expresa el deseo de avanzar, de manera gradual y prudente, hacia una “región de fraternidad episcopal de Norteamérica”.

No se pretende crear una nueva institución ni una instancia paralela a las Conferencias existentes. La intención es establecer un vínculo más constante entre las Iglesias de México, Estados Unidos y Canadá, respetando la identidad de cada una y manteniendo la coordinación con la Iglesia en el resto del continente.

La imagen elegida por monseñor Ramón Castro para cerrar la reunión fue la del Evangelio en el que Pedro, después de una noche de redes vacías, escucha a Jesús pedirle que reme mar adentro. Cuando la pesca resulta abundante, debe llamar a los compañeros de la otra barca.

Los acuerdos y los proyectos serán importantes, explicó el presidente del Episcopado Mexicano, pero solo darán fruto si nacen de la certeza de que cada Iglesia necesita de las otras. “Si hemos venido solo a intercambiar información, habremos hecho muy poco”, advirtió en su homilía.

El encuentro concluyó en la Basílica de Guadalupe. Ante la Virgen, los obispos encomendaron las necesidades de los migrantes, las familias, los jóvenes, los pobres y quienes buscan seguridad lejos de su tierra.

“Las fronteras entre las naciones no tienen por qué convertirse en fronteras entre los corazones”, afirmaron.

Para la Iglesia, ningún migrante es un extraño. En quien deja su hogar y emprende el camino buscando seguridad y dignidad, los obispos reconocen el rostro de Cristo que camina.

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