Sudán sin comida, agua ni seguridad: sacerdote relata el infierno cotidiano de la guerra
Sacerdote de la Conferencia Episcopal relata a Press Crux el hambre, la falta de agua y seguridad que sufren las familias atrapadas en Sudán.
ENTREVISTA | IGLESIA EN SUDÁN
Ana Paula Morales (Poli)
9/13/20267 min read


Juba, Sudán del Sur.- Conseguir comida, agua, medicamentos o simplemente trasladarse con seguridad se ha convertido en una lucha cotidiana para millones de sudaneses. El padre John Gbemboyo Joseph Mbikoyezu, coordinador de Pastoral y Comunicación Social de la Conferencia de Obispos Católicos de Sudán y Sudán del Sur, describe a Press Crux un país fragmentado por más de tres años de guerra, con familias desplazadas, iglesias dañadas y comunidades que todavía no ven una salida al conflicto.
La guerra, iniciada en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), ha provocado una de las mayores crisis humanitarias del mundo. Reuters informó el 3 de septiembre que más de 14 millones de personas han sido desplazadas y que armas, tecnología militar, combatientes y redes logísticas extranjeras continúan alimentando el conflicto. Una misión de Naciones Unidas investiga además posibles crímenes de guerra, incluidos ataques con drones contra población civil.
Associated Press calcula que al menos 59,000 personas han muerto desde el comienzo de la guerra y alrededor de 13 millones han sido desplazadas. Hasta el 80% de las instalaciones sanitarias en las zonas de combate están cerradas o apenas funcionan, mientras el cólera, la malaria y el sarampión agravan la situación de una población debilitada por el hambre y los desplazamientos.
Ante el deterioro de la situación, el Papa León XIV pidió en agosto garantizar corredores humanitarios para los civiles y exhortó a la comunidad internacional a respaldar los esfuerzos para alcanzar “un alto el fuego inmediato”, con especial preocupación por El Obeid, en Kordofán del Norte.
El padre John es sacerdote de la diócesis de Tombura-Yambio, en Sudán del Sur, y actualmente no tiene una parroquia a su cargo. Su ministerio está centrado en la Conferencia de Obispos Católicos de Sudán y Sudán del Sur, cuyo Secretariado tiene su sede en Juba.
Desde esa posición mantiene contacto con obispos, sacerdotes y comunidades que siguen viviendo directamente las consecuencias de la guerra en Sudán.
En entrevista con Press Crux, describe un conflicto estancado, con territorios bajo control de distintas fuerzas y sin una negociación capaz de conducir a una salida definitiva. “Todavía no hay negociación. Nadie está hablando con el otro”, señaló. Mientras las partes continúan enfrentándose, quienes pagan el precio son los civiles.
Sobrevivir cada día
Para muchas familias, la guerra ya no se mide solamente en disparos o bombardeos, sino en la dificultad diaria para conseguir agua, alimentos, medicamentos y desplazarse con seguridad.
El padre John describe a familias obligadas a moverse constantemente para cubrir esas necesidades básicas. Muchas sobreviven en asentamientos improvisados o encuentran refugio dentro de instalaciones de la Iglesia. A la falta de comida y medicinas se suma la ausencia de empleo, lo que deja a numerosas personas sin medios para sostener a sus familias incluso cuando logran escapar de los combates.
La crisis sanitaria agrava todavía más el panorama. Associated Press informó que los recortes de financiación internacional están obligando a cerrar decenas de centros de salud y dejando sin servicios esenciales a cientos de miles de personas.
Iglesias alcanzadas por la guerra
Los templos y edificios de la Iglesia tampoco han quedado fuera del conflicto. El padre John relata que diversas iglesias, especialmente en Jartum, sufrieron daños durante los bombardeos y enfrentamientos, al igual que casas religiosas y otras propiedades eclesiales.
La intensidad de los combates obligó a algunas comunidades, sacerdotes y religiosos a desplazarse cuando permanecer se volvió imposible. Otros, sin embargo, decidieron quedarse junto a poblaciones que tampoco tenían dónde ir.
Entre ellos, el padre John destaca a Mons. Yunan Tombe Trille Kuku Andali, obispo de El Obeid, quien ha continuado su ministerio en una de las zonas que en los últimos meses se ha convertido en foco de especial preocupación humanitaria.
El Obeid: una ciudad bajo presión
El Obeid, capital de Kordofán del Norte, ocupa una posición estratégica en la ruta hacia Darfur y otras zonas de Kordofán. Los combates y ataques con drones han dañado infraestructura esencial y agravado las dificultades para acceder a agua, alimentos y atención sanitaria.
Naciones Unidas calcula que cerca de 600,000 personas en El Obeid y sus alrededores dependen de asistencia humanitaria para cubrir necesidades básicas. La gravedad de la situación llevó al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, a advertir sobre el riesgo de una nueva catástrofe.
El deterioro de la ciudad ha sido tal que el Papa León XIV la mencionó expresamente en uno de sus llamamientos internacionales por Sudán, al pedir corredores humanitarios para la población civil y un alto el fuego inmediato.
Cuando una iglesia se convierte en refugio
En distintas zonas del país, recintos eclesiales han terminado acogiendo a familias desplazadas. No están preparados para una emergencia de esta magnitud y con frecuencia faltan alimentos, agua, medicinas y condiciones adecuadas, pero para muchas personas representan el único lugar disponible.
El padre John describe comunidades que, incluso en medio de la precariedad, permanecen juntas, rezan y celebran su fe. Allí, la labor pastoral y la asistencia humanitaria se entrelazan: quien busca consuelo espiritual puede necesitar también comida, medicamentos o agua para sus hijos.
En ese contexto, la presencia de sacerdotes y religiosos adquiere un sentido especialmente concreto. No solo administran sacramentos; comparten la inseguridad, la escasez y las mismas limitaciones de las comunidades a las que sirven.
Una guerra alimentada desde fuera
Mientras los civiles padecen las consecuencias, continúan llegando recursos que prolongan los combates. Una misión internacional independiente de Naciones Unidas ha documentado graves violaciones cometidas durante el conflicto y ha pedido diálogo, protección para los civiles y rendición de cuentas.
Reuters informó además que redes extranjeras están proporcionando armas, tecnología, entrenamiento, personal y apoyo logístico que aumentan la capacidad de las partes para seguir combatiendo.
Para el padre John, detrás de esa dimensión geopolítica hay una realidad mucho más inmediata: millones de personas que nunca eligieron esta guerra y ahora viven atrapadas en sus consecuencias. Familias que permanecieron durante generaciones en un mismo lugar han tenido que abandonarlo, muchos padres han perdido su trabajo, los servicios públicos han desaparecido en numerosas zonas y nadie sabe cuánto tiempo más puede prolongarse el conflicto.
Una generación marcada por la guerra
La educación es otra de las grandes heridas del conflicto. Millones de niños y jóvenes han visto interrumpida su escolaridad, mientras numerosas familias se han visto obligadas a desplazarse una y otra vez.
El padre John teme las consecuencias que esta ruptura prolongada puede dejar en toda una generación. No se trata solamente de reconstruir escuelas cuando termine la guerra, sino de atender a niños que han crecido entre desplazamientos, hambre, miedo y ausencia de servicios básicos.
Para el sacerdote, esa realidad compromete también el futuro de Sudán. “Es demasiado para esta población joven tener que vivir todo esto”, lamenta.
León XIV: corredores humanitarios y un alto el fuego
El Papa León XIV ha dirigido varios llamamientos a Sudán. En agosto manifestó que seguía “con preocupación la trágica situación en Sudán, particularmente en la ciudad de El Obeid”, expresó su cercanía espiritual con la población y pidió garantizar corredores humanitarios para los civiles.
El Pontífice reclamó también a la comunidad internacional respaldar los esfuerzos encaminados hacia “un alto el fuego inmediato”.
Para el padre John, que el Papa siga hablando de Sudán es especialmente importante ante el riesgo de que, después de más de tres años de conflicto, el sufrimiento del país desaparezca de la atención internacional. Agradece la insistencia del Pontífice en la protección de los civiles, pero espera que esos llamamientos se traduzcan también en esfuerzos concretos para abrir un verdadero camino hacia la paz.
“Paz, paz y paz”
¿Qué puede hacer el resto del mundo? El padre John habla de ayuda humanitaria, atención médica, alimentos y recursos para quienes lo han perdido todo, pero insiste en que Sudán necesita también algo más profundo: una negociación real que abra camino a la paz y evite que el país sea olvidado.
Su llamado se dirige también a los cristianos de otros países. No todos pueden contribuir económicamente, reconoce, pero sí pueden rezar, hablar de Sudán, dar a conocer lo que está ocurriendo y apoyar a quienes trabajan sobre el terreno. El sacerdote propone construir una red de oración, de paz, de unidad y de asistencia material alrededor del pueblo sudanés.
A pesar de la guerra, asegura que la fe sigue sosteniendo a las comunidades cristianas. Continúan reuniéndose, sirviendo y rezando.
“Nuestra esperanza está en Cristo”, afirma.
Y cuando resume qué necesita hoy Sudán por encima de cualquier otra cosa, después de años de violencia, desplazamiento y hambre, su respuesta es directa:
“Paz, paz y paz”.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial para Press Crux.
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