"MERECEMOS PAZ": la Hna. Gloria Estela Murúa, coordinadora de la Pastoral de Movilidad Humana en Chiapas, denuncia el drama silencioso del desplazamiento forzado
La religiosa de las Hermanas Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio narra a Press Crux el sufrimiento de miles de indígenas que han perdido su tierra, sus muertos y su derecho a la esperanza.
Ana Paula Morales (Poli)
9/8/20266 min read


La religiosa de las Hermanas Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio narra a Press Crux el sufrimiento de miles de indígenas que han perdido su tierra, sus muertos y su derecho a la esperanza.
Por Ana Paula Morales (Poli)
San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 6 de septiembre de 2026 (Press Crux).- La Hna. Gloria Estela Murúa Valencia, religiosa de la congregación de las Hermanas Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio y coordinadora diocesana de la Pastoral de Movilidad Humana de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, conversó con Press Crux sobre la crisis de desplazamiento forzado que golpea a Chiapas. "Las personas desplazadas por la violencia en Chiapas han quedado vulneradas en sus derechos humanos", afirma de entrada la religiosa, quien acompaña de cerca a las comunidades afectadas.
La crisis que enfrenta el sur de México no es nueva, pero se ha agravado en los últimos años. Reuters documentó ya en 2021 el surgimiento de grupos de autodefensa indígena como "El Machete" en el municipio de Pantelhó, formados por comunidades que decidieron armarse ante el avance del crimen organizado sobre sus tierras. La agencia recogió entonces el testimonio de pobladores que decían buscar solo paz, democracia y justicia frente a lo que describían como una amenaza que no daba tregua.
Crédito: Cortesía: Pastoral de Movilidad Humana de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.


La emergencia humanitaria ha llevado a cientos de familias a cruzar la frontera hacia Guatemala en busca de refugio. The Associated Press reportó en julio de 2024 que las familias que cruzaron hacia el municipio guatemalteco de Cuilco huyeron después de que los cárteles las obligaran a servir como escudos humanos durante los enfrentamientos, mientras las autoridades mexicanas tardaron días en responder sobre la situación. Organismos como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas han documentado, solo entre 2021 y octubre de 2025, más de 24 mil personas víctimas de desplazamiento forzado en municipios como Pantelhó, Chicomuselo, Oxchuc, Las Margaritas y Chenalhó.
Consultada sobre las regiones más golpeadas, la Hna. Gloria Estela es clara: "las regiones donde los cárteles del narcotráfico están presentes y se disputan el territorio como Frontera Comalapa y Chicomuselo, se encuentran entre las más afectadas". Explica que las pérdidas humanas, antes, durante y después del desplazamiento, "son numerosas y no existen denuncias por miedo a sufrir la pérdida de otros seres queridos o la propia vida". Muchas familias, añade, "tienen a una o más personas desaparecidas, lo cual padecen en silencio".
La religiosa describe con crudeza el costo emocional de la violencia: "se fragilizó y agravó la salud física y emocional, la gente experimenta miedo constante y secuelas de duelos no realizados". Según relata, "la ausencia de paz y el mantenerse en estado de alerta provoca crisis de ansiedad, angustia, sentimientos de miedo, desprotección y de culpa que siguen sin ser nombrados". A esto se suman las pérdidas materiales: casas saqueadas o incendiadas, siembras y cosechas perdidas, animales y vehículos abandonados en la huida.
Sobre las causas que empujan a las familias a salir de sus comunidades, la coordinadora diocesana enumera "la presencia de actores armados (cárteles de narcotráfico), el cobro de piso, la extorsión, el temor al reclutamiento forzado, la desaparición o asesinato de un familiar" y la pérdida de los medios de vida. En el último año, señala, hay menos publicaciones en redes sociales sobre estos hechos, no porque la violencia haya cedido, sino porque a las familias "les han silenciado". El reclutamiento de menores y adultos continúa, y el control de caminos y vías de transporte se ha convertido en una violación constante al derecho de libre tránsito.
Detrás de las cifras hay rostros concretos. La Hna. Gloria Estela subraya que "las mujeres son las víctimas que mayor impacto padecen con la crueldad de la violencia y el desplazamiento, son las madres, esposas, hijas, hermanas de quienes están siendo asesinados, reclutados, desaparecidos"; muchas de ellas, dice, "han quedado como cabeza de familia". Comparte, bajo nombres ficticios para proteger su identidad, la historia de Eva, "mujer de edad avanzada" que despidió a su esposo una mañana en que él salió a trabajar y a la fecha no ha regresado: por iniciativa propia intentó buscarlo hasta verse amenazada, y "lo sigue esperando". Comparte también el caso de Esther, quien "aún no alcanzaba quince años cuando fue testigo de crueles asesinatos" y a quien "le fue arrebatado el sueño de poder estudiar en medio de los suyos"; hoy añora recuperar el hogar que sus padres construyeron con sacrificio y continuar, como ellos, "el trabajo por la construcción de la paz con justicia y dignidad".
La religiosa detiene la mirada también en la niñez y en los pueblos originarios. "La pérdida de clases ha dejado vacíos educativos y frustración en niños y adolescentes que se vieron obligados a abandonar la escuela", explica, y advierte que muchos son señalados y sufren bullying por provenir de zonas donde operan los cárteles. Sobre los pueblos indígenas, afirma que "experimentan con mucha fuerza el desarraigo de su tierra y territorio, sus lugares sagrados, el lugar donde visitan y acompañan a sus difuntos", así como la pérdida de sus celebraciones comunitarias y del trabajo de cuidar a la Madre Tierra.
Para que un eventual retorno sea posible, la Hna. Gloria Estela insiste en que debe garantizarse justicia para quienes fueron asesinados y desaparecidos, respeto a los recursos naturales del territorio y el ejercicio real del derecho al trabajo digno y al libre tránsito. "Los pueblos tienen derecho a vivir en paz, libres de hostigamiento y de represión", afirma con contundencia.
Frente a este panorama, la Iglesia diocesana ha sido, muchas veces, la única presencia constante junto a las familias desterradas. "La ayuda humanitaria promovida desde las comunidades parroquiales es una labor inicial de la Iglesia, desde su pobreza las comunidades son generosas para aportar a quienes sufren mayor necesidad", relata la religiosa, quien menciona también los procesos pastorales de acompañamiento psicosocial, la pastoral de la tierra y los espacios de oración que buscan devolver a las familias la fuerza para reorganizar su vida comunitaria. "Necesitamos seguir creando y facilitando espacios de escucha, diálogo y fortalecimiento del corazón para que cada persona encuentre en ella el eco de su voz", afirma, convencida de que la comunidad "hace posible lo que parecía imposible".
La coordinadora diocesana es igualmente clara al señalar la insuficiencia de la respuesta gubernamental: denuncia que las autoridades han sido "deficientes en la procuración de justicia" y "negligentes en la búsqueda de las personas desaparecidas". Pide a los gobiernos que "resuelvan todo lo que atenta contra los derechos humanos fundamentales y no se maquille la realidad con discursos de paz y de desarrollo".
Al cierre de la entrevista, la religiosa dirige un llamado a toda la sociedad mexicana: la construcción de la paz "comienza por devolver al centro a la persona humana, reconocer nuestra dignidad y comprometernos" con la reconstrucción de quienes han sido heridos. Recuerda, en particular, el clamor de las niñas y los niños que han llorado el desplazamiento y la muerte de sus padres, y hace suyo su grito: "MERECEMOS PAZ".
Crédito: Cortesía: Hermana Gloria Murúa
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