«La prevención es posible»: directora del Centro Fray Julián Garcés ante la trata de personas en Tlaxcala

En un estado mexicano marcado por redes de explotación sexual de mujeres y niñas, una iniciativa nacida del compromiso de sacerdotes, religiosas y organizaciones civiles busca combatir la trata desde las escuelas. Marisol Flores García, directora del Centro Fray Julián Garcés, explica a Press Crux cómo la educación puede ayudar a romper los mecanismos de captación y prevenir que nuevas generaciones reproduzcan esta forma de esclavitud.

Ana Paula Morales (Poli)

10/30/2026

Marisol Flores García, directora del Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, en Tlaxcala, México, trabaja en la prevención de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, mediante iniciativas educativas y comunitarias. Fotografía: cortesía del Centro Fray Julián Garcés.

Tlaxcala, México.- Una adolescente conoce a un joven que le promete amor, una casa y una vida mejor. Poco a poco, aquella relación comienza a convertirse en una forma de control. Lo que parecía una historia romántica termina siendo, en algunos casos, el comienzo de una red de explotación sexual. Es uno de los mecanismos utilizados por tratantes de personas en México, donde las organizaciones criminales aprovechan la pobreza, la violencia familiar, las aspiraciones económicas y los vínculos afectivos para captar a mujeres y niñas. En Tlaxcala, una pequeña entidad situada en el centro del país, este fenómeno tiene raíces históricas y ha dado lugar a redes de explotación que operan dentro y fuera del territorio mexicano.

Frente a esta realidad existe también una historia de resistencia que comenzó hace más de dos décadas, cuando sacerdotes, religiosas y comunidades cristianas decidieron preguntarse qué podían hacer ante la explotación de mujeres y niñas. De aquella inquietud nació el Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, una organización que hoy trabaja para prevenir la trata desde las aulas. En entrevista exclusiva con Press Crux, su directora, Marisol Flores García, explica cómo docentes y adolescentes están aprendiendo a reconocer distintas formas de violencia, cuestionar los mecanismos de explotación y construir relaciones basadas en la dignidad humana. «La prevención es posible», afirma.

México ante una de las formas más graves de explotación humana

La trata de personas es un delito que puede implicar la captación, el traslado, la acogida o la recepción de personas mediante engaños, amenazas, coacción o abuso de situaciones de vulnerabilidad, con fines de explotación. Sus manifestaciones incluyen la explotación sexual, el trabajo forzado, la servidumbre y otras formas de sometimiento. En México, el fenómeno no se limita a una región ni a una modalidad: las víctimas pueden ser explotadas dentro del país o trasladadas a otros territorios, particularmente a Estados Unidos, donde también operan redes criminales vinculadas con la explotación de personas procedentes de México.

El Informe sobre Trata de Personas 2025 del Departamento de Estado de Estados Unidos situó a México en el nivel 2 de su clasificación internacional, categoría que significa que el país no cumple plenamente con los estándares mínimos para eliminar la trata, aunque realiza esfuerzos significativos para conseguirlo. Esta clasificación no representa el segundo lugar mundial en número de víctimas o delitos, sino una evaluación de las respuestas gubernamentales frente al fenómeno. El informe identifica entre los métodos de captación las falsas ofertas laborales, las relaciones sentimentales utilizadas como engaño, la coerción y las amenazas, además de advertir sobre las dificultades para identificar a las víctimas, investigar los delitos y garantizar respuestas judiciales eficaces. La dimensión real del problema resulta difícil de establecer, pues las cifras oficiales reflejan únicamente los casos detectados o denunciados, mientras que numerosas víctimas permanecen fuera de los registros institucionales por miedo, dependencia económica, amenazas o desconfianza hacia las autoridades.

Tlaxcala: una historia de explotación que atraviesa generaciones

Aunque Tlaxcala es uno de los estados más pequeños de México, la entidad ha sido señalada durante décadas por la presencia de redes dedicadas a la explotación sexual de mujeres. El problema no puede explicarse únicamente como una actividad delictiva aislada. Investigaciones antropológicas han documentado cómo determinadas prácticas de explotación fueron transmitidas entre generaciones y se extendieron hacia otras entidades mexicanas y ciudades estadounidenses. En el libro Educar, cuidar y prevenir. Proyecto escolar por una vida libre de violencia, publicado por el Centro Fray Julián Garcés, se recuperan investigaciones del antropólogo Oscar Montiel Torres que sitúan los antecedentes del fenómeno en la década de 1950, cuando algunos hombres comenzaron a obtener beneficios económicos mediante la explotación sexual de mujeres y transmitieron posteriormente ese modelo de actividad criminal a otros integrantes de sus comunidades.

Con el paso de los años se consolidaron redes que trascendieron los límites estatales. En junio de 2026, el Centro Fray Julián Garcés denunció públicamente la persistencia del problema y cuestionó la respuesta de las autoridades. La organización recordó que un diagnóstico de percepción ciudadana realizado en 2017 había identificado referencias a tratantes, víctimas o lugares de explotación en 40 municipios de Tlaxcala. Aunque este dato no equivale a 40 municipios con casos judicialmente acreditados, sino a percepciones recogidas durante la investigación, permite comprender por qué las organizaciones sociales advierten que el fenómeno no puede reducirse a una sola localidad.

A esta preocupación se suma el contexto general de violencia contra las mujeres. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 del INEGI, el 68.6 % de las mujeres de 15 años y más en Tlaxcala había experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida; el 46.3 % reportó violencia sexual y el 33.6 %, violencia física. Aunque estas cifras no corresponden específicamente a víctimas de trata, muestran el contexto de violencia y desigualdad en el que las organizaciones buscan desarrollar estrategias de prevención y promover cambios que permitan proteger a las nuevas generaciones.

Una respuesta que nació desde la Iglesia

La historia del Centro Fray Julián Garcés está profundamente vinculada con el compromiso de la Iglesia católica en Tlaxcala. Flores García explica que, alrededor del año 2000, sacerdotes, religiosas dominicas de la Presentación y organizaciones civiles participaron en un proceso de reflexión pastoral para identificar los problemas sociales que afectaban a las comunidades de la diócesis. Aquella búsqueda pretendía reconocer los denominados «nuevos rostros de Cristo» entre las personas que sufrían pobreza, exclusión y violencia. Fue entonces cuando comenzaron a identificar una realidad especialmente dolorosa: mujeres explotadas sexualmente y comunidades donde esta actividad se había normalizado. Lo que inicialmente se reconocía como prostitución fue estudiado posteriormente como parte de redes de trata con fines de explotación sexual.

El libro Educar, cuidar y prevenir, en un capítulo firmado por Emilio Muñoz Berruecos y Marisol Flores García, recuerda que «un grupo de sacerdotes y religiosas en Tlaxcala se dieron a la tarea de reflexionar con grupos parroquiales». Aquella reflexión pastoral dio paso a un trabajo de investigación, organización comunitaria y exigencia de respuestas institucionales. En 2002 se fundó el Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, con la finalidad de fortalecer los procesos comunitarios de documentación, denuncia, visibilización e incidencia. Cuatro años después, distintas organizaciones impulsaron las Organizaciones de la Iniciativa Popular contra la Trata de Mujeres y Niñas, un espacio de articulación social para exigir medidas públicas frente al delito. Más de dos décadas después, esta labor continúa mediante programas de prevención educativa, formación docente e incidencia ante las autoridades.

Cuando el amor se utiliza para someter

Uno de los aspectos más difíciles de combatir es la utilización de relaciones sentimentales como mecanismo de captación. Flores García explica que los tratantes pueden aprovechar deseos legítimos de las adolescentes y jóvenes, como formar una familia, salir de un hogar violento, conseguir estabilidad económica, adquirir una vivienda o construir una vida distinta. El agresor puede presentarse inicialmente como una pareja amorosa y protectora para, posteriormente, introducir mecanismos de dependencia y manipulación hasta conseguir que la víctima acepte situaciones de explotación. En ocasiones, esta se presenta como un sacrificio temporal para ayudar al novio o esposo ante una supuesta dificultad económica, de manera que la relación afectiva se convierte en un instrumento de sometimiento.

El libro profundiza en estas prácticas mediante un capítulo de Ixchel Yglesias González Báez y Oscar Montiel Torres, quienes describen el uso de «estrategias psicológicas y afectivas para anular la autonomía de las mujeres» e identifican entre los mecanismos de captación «el mito del amor romántico y la falsa promesa de un futuro mejor». Esta realidad plantea un desafío para las familias y las comunidades educativas, pues una víctima de trata no necesariamente presenta heridas visibles, permanece encerrada o manifiesta abiertamente que está siendo explotada. En determinados casos, los vínculos afectivos construidos por el agresor dificultan que ella misma identifique la violencia, mientras quienes la rodean pueden interpretar equivocadamente la situación como una relación sentimental ordinaria.

Por eso, explica la directora, prevenir requiere enseñar a reconocer señales de control, manipulación, aislamiento y dependencia, pero también trabajar con los adolescentes varones para cuestionar modelos de masculinidad que asocian el éxito con el dinero, el poder y el dominio sobre las mujeres. La prevención no consiste solamente en enseñar a las niñas a protegerse, sino también en evitar que los niños normalicen la explotación o lleguen a convertirse en tratantes y consumidores de prostitución. Se trata, en definitiva, de transformar las ideas, relaciones y comportamientos que permiten que la explotación sexual continúe reproduciéndose.

Diez escuelas para cambiar una realidad

Una parte importante del trabajo del Centro Fray Julián Garcés se desarrolla actualmente en diez escuelas secundarias de Tlaxcala. Flores García explica que la organización acompaña una red de 12 integrantes, conformada por personal docente, directivo y de trabajo social, con el objetivo de incorporar la prevención de la trata y la violencia de género a la educación cotidiana. No se trata únicamente de impartir conferencias ocasionales o desarrollar campañas conmemorativas, sino de conseguir que los adolescentes aprendan a reconocer las violencias presentes en sus relaciones, sus familias y sus comunidades, y que dispongan de herramientas para cuestionarlas antes de que se conviertan en situaciones de explotación.

Según la directora, durante el ciclo escolar más de 150 docentes han participado en dos webinarios de formación que han contado con aportaciones de especialistas y sobrevivientes. Estos espacios buscan fortalecer la capacidad de las escuelas para identificar situaciones de riesgo y ofrecer herramientas pedagógicas que permitan abordar un problema particularmente complejo. Flores García relata que, durante estas experiencias, algunas adolescentes comienzan a reconocer agresiones que habían normalizado, mientras sus compañeros varones cuestionan prácticas violentas y expresan rechazo hacia la explotación sexual. Aunque estos cambios corresponden a observaciones realizadas durante el acompañamiento escolar y no a una evaluación estadística que permita medir una reducción del delito, muestran la importancia de intervenir sobre las ideas y comportamientos que pueden facilitar su reproducción.

Un libro para enseñar a prevenir la trata desde las aulas

Uno de los frutos de este trabajo es el libro Educar, cuidar y prevenir. Proyecto escolar por una vida libre de violencia, publicado en 2025 con apoyo de la Fundación Adveniat. La obra fue desarrollada por el Centro Fray Julián Garcés, con coordinación del proyecto a cargo de Marisol Flores García y Emilio Muñoz Berruecos, mientras que las autoras de la propuesta didáctica son Valeria Rebolledo Angulo y Teresa Martínez Cabrera. El material propone integrar la prevención de la violencia y la explotación sexual a diferentes asignaturas de secundaria, de manera que no dependa exclusivamente de una materia o de la celebración de determinadas jornadas de sensibilización.

Su estructura se organiza en tres grandes ejes: derechos humanos y ciudadanía para primero de secundaria; violencia de género para segundo; y vínculos afectivos para tercero. En lugar de presentar la trata como un fenómeno lejano, el libro invita a analizar situaciones presentes en la vida cotidiana de los estudiantes mediante actividades que incluyen el estudio de desigualdades sociales, la identificación de estereotipos, el análisis de canciones y narrativas románticas y la construcción de redes comunitarias de protección. Entre las propuestas se encuentran Cambiemos la letra, Historias en silencio, Redes que cuidan y Nombrar es prevenir, ejercicios diseñados para que los adolescentes puedan reflexionar sobre sus propios entornos y reconocer cómo determinadas formas de violencia llegan a normalizarse.

La introducción de la obra explica que su propuesta está diseñada «con los tres grados de secundaria y con la participación de toda la comunidad escolar» y aclara que el material «no ofrece una receta ni impone un modo único de trabajo», ya que cada comunidad educativa puede adaptarlo a sus circunstancias. El propósito es evitar que la prevención quede reducida a una jornada o una campaña anual, e incorporar el reconocimiento de la dignidad humana a los procesos educativos cotidianos. Como señala el libro, «la violencia contra las mujeres es una realidad cotidiana que requiere atención y reflexión constante».

¿Qué está haciendo el Gobierno para combatir la trata?

La respuesta frente a la trata de personas requiere medidas que van más allá de la prevención escolar. En México existe una legislación federal destinada a prevenir, sancionar y erradicar los delitos relacionados con la trata, así como mecanismos de coordinación entre autoridades federales y estatales. Las instituciones tienen responsabilidades en la investigación de las redes criminales, la identificación y protección de víctimas, la persecución penal de los responsables y la elaboración de políticas preventivas. Sin embargo, informes internacionales y organizaciones civiles han señalado diferencias importantes entre las disposiciones legales y su aplicación efectiva. El Departamento de Estado estadounidense, por ejemplo, ha advertido sobre obstáculos en la identificación de víctimas, la investigación de delitos y el acceso a la justicia.

En Tlaxcala, el Centro Fray Julián Garcés ha insistido en que la prevención debe convertirse en una política educativa sostenida y no depender exclusivamente de iniciativas de organizaciones civiles. El 28 de abril de 2026, durante una jornada dedicada a la prevención de la violencia y la trata, se entregó a la Secretaría de Educación Pública estatal una propuesta de programa educativo respaldada por 42 grupos, colectivos y organizaciones. La iniciativa busca incorporar de manera más amplia y permanente la prevención de la explotación sexual de mujeres y niñas en las escuelas, mediante un trabajo que incluya formación docente, contenidos educativos y participación de las comunidades escolares.

Flores García explica que, posteriormente, la Secretaría convocó a una primera reunión con el Comité Educativo para la Prevención de la Trata de Personas, en la que pudieron presentar la propuesta y acordaron profundizar en su análisis. La directora también señala que las autoridades educativas distribuyeron el libro mediante una circular dirigida a escuelas secundarias, y que los departamentos correspondientes lo hicieron llegar a planteles de distintas modalidades. Sin embargo, esta distribución no significa que el programa ya se aplique en todas las escuelas de Tlaxcala. Por ahora, la experiencia directa de acompañamiento que describe la organización corresponde a los diez planteles vinculados con la red educativa, mientras que el reto pendiente consiste en transformar una iniciativa de prevención en una política pública con continuidad, recursos, capacitación y mecanismos de evaluación.

¿Cómo reconocer las señales de riesgo?

Para Flores García, las familias tienen un papel fundamental en la prevención. Entre las situaciones que merecen atención se encuentran el aislamiento progresivo de una adolescente, el miedo o la ansiedad frente a su pareja, los cambios bruscos en sus relaciones personales y la aparición de recursos económicos cuyo origen no puede explicar. Ninguna de estas señales, considerada de manera aislada, demuestra que exista trata de personas, pero pueden indicar situaciones de violencia, control o manipulación que requieren escucha y acompañamiento. La directora insiste en la importancia de generar relaciones de confianza para que las adolescentes puedan expresar lo que están viviendo sin sentirse juzgadas, especialmente cuando han desarrollado una dependencia emocional hacia su agresor.

Flores García también precisa que el Centro Fray Julián Garcés concentra su actividad en la prevención, la formación y la incidencia pública, no en la atención directa a víctimas y familiares. «No acompañamos a víctimas y a sus familias», aclara al explicar el alcance institucional de la organización. Esta distinción permite comprender el sentido de su trabajo: reducir los factores que facilitan la captación, fortalecer las capacidades de las comunidades educativas y promover cambios sociales que dificulten la reproducción de la explotación. La protección de quienes ya han sido víctimas, por su parte, requiere respuestas especializadas de las instituciones competentes.

Una apuesta por la dignidad humana

La historia del Centro Fray Julián Garcés muestra cómo una reflexión nacida en comunidades cristianas puede convertirse en una iniciativa sostenida de defensa de los derechos humanos. El trabajo que comenzó con sacerdotes, religiosas y organizaciones civiles para reconocer las formas de sufrimiento presentes en Tlaxcala se ha transformado en una propuesta educativa que busca llegar a nuevas generaciones. Para sus integrantes, combatir la trata exige cuestionar las estructuras sociales que permiten convertir a mujeres y niñas en objetos de explotación y construir, desde las familias y las escuelas, una cultura que reconozca su dignidad.

En el capítulo que firman Emilio Muñoz Berruecos y Marisol Flores García, los autores insisten en la necesidad de reconocer a las mujeres «como personas con dignidad y derechos, y no como objetos de consumo ni mercancía». Esa convicción explica por qué la organización ha colocado a las escuelas en el centro de su estrategia: prevenir la trata no comienza únicamente cuando una víctima consigue escapar de una red criminal, sino también cuando una adolescente aprende a identificar el control disfrazado de amor, cuando un joven rechaza la explotación y cuando una comunidad deja de considerar normal la violencia contra las mujeres.

La esperanza que expresa el proyecto aparece recogida en las páginas del propio libro: apostar «por la vida, por el derecho a vivir sin miedo, por la posibilidad de tejer comunidades más justas y solidarias». Frente a una realidad que durante décadas ha destruido proyectos de vida, separado familias y convertido la vulnerabilidad humana en un negocio criminal, la educación representa una posibilidad de cambio. No elimina por sí sola las redes de explotación ni sustituye las responsabilidades del Estado, pero puede contribuir a modificar las condiciones sociales que permiten que el delito continúe reproduciéndose. Como resume Marisol Flores García: «La prevención es posible».

Para profundizar

El libro Educar, cuidar y prevenir. Proyecto escolar por una vida libre de violencia se encuentra disponible gratuitamente a través del Centro Fray Julián Garcés. La organización también ofrece materiales educativos y pastorales para la prevención de la trata, destinados a escuelas, familias y comunidades.

Pie de foto: fachada del Centro Fray Julián Garcés

Portada del informe de actividades del Centro Fray Julián Garcés

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