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¿Por qué un sacerdote puede incomodar al crimen organizado? Responde el director del Centro Católico Multimedia
El padre Omar Sotelo explica a Press Crux cómo el acompañamiento a las víctimas y la defensa de las comunidades pueden incomodar al crimen organizado. Tras la localización con vida del padre Clemente Morales Topete en Culiacán, advierte sobre el hostigamiento y la impunidad que afectan a miembros de la Iglesia en México.
ENTREVISTA | IGLESIA EN MÉXICO
Ana Paula Morales (Poli)
10/27/20266 min leer


Pie de foto: El padre Omar Sotelo Aguilar, director del Centro Católico Multimedia. Crédito: fotografía facilitada por el padre Omar Sotelo.
Ciudad de México.— Cuando un sacerdote es asesinado, las consecuencias alcanzan también a quienes encontraban en él ayuda, orientación y protección. Para el padre Sergio Omar Sotelo Aguilar, director del Centro Católico Multimedia (CCM), estos crímenes pueden debilitar la vida de comunidades donde la Iglesia sostiene servicios y acompaña a las víctimas de la violencia.
«Un sacerdote en su comunidad parroquial es un estabilizador social», afirma en entrevista con Press Crux. Su explicación parte de las tareas que se realizan desde las parroquias: junto con la atención espiritual, menciona la ayuda médica y educativa, la protección a víctimas y la defensa de los derechos humanos, aportaciones que, sostiene, en ocasiones suplen la insuficiente respuesta de las autoridades.
Desde su experiencia al frente del CCM, Sotelo considera que esta presencia puede incomodar a los grupos criminales que buscan imponer su control sobre una población. «Todo ello inquieta a los organismos del crimen organizado», expresa. Según su análisis, atacar a un sacerdote puede desestabilizar a la comunidad y facilitar la expansión de lo que denomina «la narco economía, la narco política y la narco cultura».
Su reflexión aborda las consecuencias sociales de estas agresiones, cuyos motivos y responsabilidades deben esclarecerse mediante la investigación de cada caso.
El padre Clemente fue localizado con vida
La entrevista se produce en el contexto de la preocupación por el padre Clemente Morales Topete, reportado como desaparecido desde el 24 de octubre de 2026 en Culiacán, Sinaloa. Este martes 27 de octubre, la Secretaría de Seguridad Pública estatal informó que fue localizado sano y salvo en esa ciudad.
De acuerdo con el comunicado de la dependencia, recogido por UnoTV, autoridades del Grupo Interinstitucional acudieron a la parroquia donde presta sus servicios para dar seguimiento a las acciones de seguridad e investigación. La información difundida no precisó las circunstancias de su ausencia ni estableció que hubiera sido víctima de algún delito.
«Afortunadamente el caso del padre Clemente se ha resuelto favorablemente», expresa Sotelo. Al mismo tiempo, recuerda que el CCM mantiene el seguimiento de otros tres sacerdotes que reporta como desaparecidos: Santiago Álvarez Figueroa, Carlos Órnelas Puga y Francisco Núñez Martínez.
En su Reporte Anual 2025, el organismo identifica a Santiago Álvarez Figueroa, de la diócesis de Zamora, como desaparecido desde el 29 de diciembre de 2012; a Carlos Órnelas Puga, desde el 3 de noviembre de 2013; y a Francisco Núñez Martínez, de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, desde el 7 de febrero de 2025.
Un hostigamiento «severo y peligroso»
En el recuento compartido con Press Crux, el padre Omar señala que el CCM contabiliza 14 sacerdotes asesinados en México. Como antecedente documental, el informe anual de 2025 registraba 13 asesinatos entre 2018 y 2025.
Por su parte, el Reporte Anual 2024 consignó cerca de 900 extorsiones y amenazas de muerte contra miembros de la Iglesia católica para el periodo 2018–2024. Se trata de balances con distintos cortes temporales, que permiten observar otras formas de violencia además de los homicidios.
El director del centro distingue entre una persecución religiosa y el hostigamiento que describe en el país. «Aunque no hay una persecución religiosa como tal, sí existe un hostigamiento muy severo y peligroso en contra de miembros de la Iglesia católica, de sus colaboradores y de sus instalaciones», afirma.
Su diagnóstico comprende tanto las agresiones contra sacerdotes como los ataques que afectan a sus colaboradores y a los espacios donde se desarrolla la vida parroquial. La preocupación alcanza, por tanto, a las personas que acuden a la Iglesia en busca de acompañamiento y a quienes participan en sus tareas pastorales y sociales.
La impunidad prolonga el daño
A la violencia se suma la falta de justicia. En las conclusiones de su Reporte Anual 2025, el CCM estimó que más del 80 % de los crímenes analizados permanecía en la impunidad, un diagnóstico que Sotelo reitera en esta entrevista.
Al hablar de los casos sin esclarecer, el sacerdote menciona el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y los de otros sacerdotes que, señala, siguen sin resolverse. Su reclamo apunta a la necesidad de investigar los hechos, establecer responsabilidades y ofrecer respuestas a las familias y comunidades afectadas.
Para el director del centro, la actuación de los distintos niveles de gobierno en materia de seguridad pública ha sido insuficiente. Asimismo, sostiene que la infiltración del crimen organizado en organismos gubernamentales dificulta la lucha contra la violencia.
Desde su perspectiva, la protección de las comunidades y el esclarecimiento de las agresiones forman parte de las responsabilidades pendientes de las autoridades. El daño que describe comprende tanto la pérdida de una vida como la ruptura de los vínculos de ayuda y confianza que esa persona sostenía.
La familia y la formación de la conciencia
En su reflexión sobre la prevención, Sotelo concede un papel central a la formación de la conciencia y a la vida familiar. Considera que la unión de las familias y la fe pueden contribuir a formar personas capaces de resistir la corrupción.
«Es necesario partir desde un cambio radical de la conciencia humana y ello comienza en la familia», expresa.
Su testimonio vuelve así sobre las relaciones que sostienen a una comunidad: la familia, la parroquia y las redes de solidaridad que permiten acompañar a quienes sufren. En los lugares donde un sacerdote protege a víctimas, ofrece ayuda o defiende derechos, su ausencia puede dejar un vacío que se extiende mucho más allá del templo.


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A lo largo de mi vida me ha inspirado el ejemplo de un santo que rezaba mientras leía las noticias: miraba el mundo y lo ponía ante Dios.








