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«La esperanza también se busca»: la Iglesia en Filipinas acompaña a familias de desaparecidos
En una capilla de Quezon City, sacerdotes claretianos y familiares de personas desaparecidas se reunieron para rezar, recordar y exigir justicia. En un país donde las desapariciones forzadas continúan siendo motivo de preocupación para Naciones Unidas, la Iglesia ofreció un espacio de consuelo y acompañamiento a quienes se resisten a perder la esperanza.
IGLESIA EN FILIPINAS
Ana Paula Morales (Poli)
11/4/20265 min leer


QUEZON CITY, Filipinas. — Hay familias que cada 2 de noviembre llevan flores a una tumba. Otras, en cambio, todavía esperan saber dónde están sus seres queridos. Para estas últimas, la capilla del Inmaculado Corazón de María del Colegio Claretiano, en Quezon City, abrió sus puertas y se convirtió en un lugar de oración, memoria y acompañamiento. Allí, entre fotografías de personas desaparecidas, flores blancas y plegarias, familiares y sacerdotes se reunieron con una convicción compartida: el dolor no debe conducir al olvido y la búsqueda de la verdad no tiene por qué vivirse en soledad.
La celebración, presidida por los sacerdotes claretianos Jeffrey Rasay y Mon Andrei Ebdani, tuvo lugar el 2 de noviembre, cuando la Iglesia católica conmemora a los fieles difuntos. La jornada reunió a familiares de personas desaparecidas durante distintos periodos de la historia filipina, desde la dictadura de Ferdinand Marcos padre hasta administraciones posteriores. Según informó LiCAS News, después de la misa se realizó un encuentro organizado con la participación de las asociaciones Desaparecidos y Karapatan, en el que las familias renovaron sus peticiones para conocer el paradero de sus seres queridos y exigir responsabilidades a quienes participaron en su desaparición.
Un país donde las familias siguen buscando respuestas
La celebración religiosa se desarrolló en medio de una realidad que continúa preocupando a organismos internacionales. Filipinas arrastra un largo historial de desapariciones forzadas vinculadas a periodos de represión política, conflictos internos y denuncias de abusos contra defensores de derechos humanos. Aunque en 2012 el país aprobó la Ley contra las Desapariciones Forzadas o Involuntarias, conocida como Ley de la República 10353, su aplicación sigue presentando dificultades, según ha reconocido la propia Comisión de Derechos Humanos de Filipinas.
La organización Desaparecidos, que agrupa a familiares de víctimas, denunció durante la conmemoración que ha documentado 15 casos de desaparición forzada bajo la administración del presidente Ferdinand Marcos Jr., en el poder desde junio de 2022. La cifra corresponde al registro de la organización y no constituye un balance oficial independiente. Su portavoz, JL Burgos, sostuvo que las familias no han abandonado la búsqueda ni sus exigencias de verdad y justicia, pese a las dificultades que enfrentan.
La preocupación también ha llegado a Naciones Unidas. El 31 de marzo de 2026, expertos de la ONU enviaron una comunicación al Gobierno filipino sobre la presunta desaparición forzada y posterior muerte de la defensora de derechos humanos Elena Tijamo, así como las desapariciones denunciadas de los activistas Dexter Capuyan, Gene Roz Jamil de Jesus y Felix Balonzo Salaveria Jr. Los casos, ocurridos entre 2021 y 2024, reflejan los riesgos que pueden enfrentar quienes trabajan en defensa de comunidades indígenas, derechos territoriales y causas ambientales.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ya había advertido en 2020 sobre graves violaciones de derechos humanos y problemas persistentes de impunidad en Filipinas. En sus informes posteriores, el organismo ha mantenido su trabajo de cooperación con instituciones nacionales, organizaciones civiles y familiares de víctimas para fortalecer la investigación de los abusos y los mecanismos de protección.
De la dictadura a la actualidad: las heridas que Filipinas busca sanar
El problema de las desapariciones forma parte de una historia más amplia de violencia y exigencias de justicia en el archipiélago asiático. Durante la dictadura de Ferdinand Marcos padre, miles de personas sufrieron detenciones arbitrarias, torturas y otras violaciones de derechos humanos. Décadas después, el país sigue enfrentando las consecuencias de nuevos episodios de violencia, particularmente los relacionados con la campaña antidrogas emprendida por el expresidente Rodrigo Duterte.
En marzo de 2025, según informó Reuters, Duterte fue detenido por las autoridades filipinas a petición de la Corte Penal Internacional y trasladado a La Haya para responder por acusaciones relacionadas con presuntos crímenes de lesa humanidad. Durante su administración, las autoridades reconocieron más de 6,000 muertes en operaciones antidrogas, mientras organizaciones defensoras de derechos humanos sostuvieron que la cifra real era considerablemente mayor. Se trata de un proceso distinto de las investigaciones sobre desapariciones forzadas, pero ambos han colocado la rendición de cuentas y la protección de la vida humana en el centro del debate público filipino.
No obstante, también existen decisiones judiciales que abren caminos para las familias. En enero de 2026, un tribunal de apelaciones ordenó a la Policía Nacional y a la Comisión de Derechos Humanos investigar la desaparición del activista James Jazmines, ocurrida en agosto de 2024. Según informó The Philippine Star, los magistrados consideraron que existían pruebas suficientes de que había sido víctima de desaparición forzada. Aunque la resolución no resuelve por sí sola el caso, representa un paso en el reconocimiento judicial de los derechos de su familia.
La fe como lugar de encuentro y esperanza
En medio de esta realidad, la celebración del 2 de noviembre adquirió un significado particular. Los participantes llevaron fotografías de sus familiares, ofrecieron flores y compartieron mensajes en su memoria. Algunos utilizaron pañuelos blancos con la consigna «Que aparezcan todos los desaparecidos», un gesto que recuerda la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, y que simboliza la perseverancia de quienes buscan a sus seres queridos.
La jornada también dejó una imagen distinta de las habituales manifestaciones de protesta. Después de la ceremonia, los familiares elaboraron grullas de papel que, según informó The Philippine Star, serán utilizadas en una exposición conmemorativa prevista para diciembre. Un gesto sencillo que convirtió el encuentro en una expresión colectiva de recuerdo y solidaridad, y que permitirá mantener presentes las historias de quienes todavía no han regresado a casa.
La esperanza cristiana no consiste en negar el sufrimiento ni en sustituir la justicia por el consuelo. En su encíclica Spe Salvi, el Papa Benedicto XVI recordó que la esperanza está profundamente vinculada con la justicia y que el sufrimiento puede encontrar un sentido distinto cuando quien lo padece sabe que no está abandonado. Bajo esa perspectiva, la presencia de los sacerdotes claretianos en Quezon City muestra una dimensión concreta de la misión de la Iglesia: acompañar a las familias, ofrecerles un espacio para rezar y reconocer su derecho a seguir buscando respuestas.
En Filipinas, donde la conmemoración de los difuntos constituye una de las tradiciones familiares más arraigadas, la celebración de este año recordó que no todas las familias pueden reunirse alrededor de una sepultura. Algunas continúan viviendo entre preguntas, recuerdos e incertidumbre. Para ellas, una comunidad que escucha, una oración compartida y una Iglesia que mantiene abiertas sus puertas pueden convertirse en signos de esperanza.
Porque mientras haya alguien que pronuncie sus nombres, acompañe a sus familias y mantenga viva la búsqueda de la verdad, las personas desaparecidas no serán entregadas al olvido.
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El memorial Bantayog ng mga Bayani, en Quezon City, Filipinas, recuerda a las víctimas de la represión durante la dictadura de Ferdinand Marcos. Décadas después, familias de personas desaparecidas continúan reclamando verdad y justicia, acompañadas también por comunidades religiosas. Fotografía de archivo: Judgefloro / Wikimedia Commons, dominio público
