Independencia de México: los mitos sobre la Iglesia y Guadalupe que Jorge Traslosheros pide desmontar

El historiador explica por qué la Independencia no puede reducirse a un enfrentamiento entre la Iglesia y la insurgencia, analiza la vocación sacerdotal de Hidalgo y Morelos y recupera la conciliación como fundamento de un proyecto común de nación.

ENTREVISTA | IGLESIA EN MÉXICO

Ana Paula Morales (Poli)

9/15/20269 min read

Ciudad de México.- A 216 años del inicio de la Independencia de México, el historiador Jorge Eugenio Traslosheros Hernández propone abandonar una de las interpretaciones más arraigadas sobre aquel proceso: la idea de una Iglesia dividida simplemente entre una jerarquía monárquica y un bajo clero insurgente.

En entrevista exclusiva con Press Crux, Traslosheros sostuvo que esta explicación parte de un error fundamental: identificar a toda la Iglesia con el clero.

“La Iglesia es muchísimo más que el clero; es la comunión de los fieles, de los bautizados”, explicó.

Jorge Eugenio Traslosheros Hernández es historiador, doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane, maestro en Historia por El Colegio de Michoacán y licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Actualmente es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, pertenece al nivel II del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores y es profesor y tutor del Posgrado en Historia de esa universidad. También es miembro de número de la Academia Mexicana de Historia de la Iglesia y miembro de la Asociación Mexicana de Historia del Derecho.

Su trabajo académico se ha especializado en la historia de la Iglesia católica, la justicia eclesiástica y la conformación de la sociedad en la Nueva España. Entre sus publicaciones se encuentran Historia judicial eclesiástica de la Nueva España. Materia, método y razones, Iglesia, justicia y sociedad en la Nueva España y La dimensión judicial de la misión pastoral de los obispos en la Hispanoamérica virreinal.

Una sociedad católica, no dos bandos eclesiales

En la Nueva España de principios del siglo XIX, explicó Traslosheros, la pertenencia católica atravesaba prácticamente a toda la sociedad. Por eso, la diversidad de posiciones políticas que apareció durante la guerra también se manifestó dentro de la propia comunidad eclesial.

“Era una sociedad profundamente confesional y profundamente convencida de su catolicidad. Los católicos participaron en una guerra civil cuyo resultado final fue la Independencia”, afirmó.

Dentro de aquella sociedad coexistieron católicos partidarios de la independencia, defensores de una mayor autonomía dentro de la monarquía, promotores de una monarquía constitucional y quienes comenzaron a considerar la formación de una república.

“Toda la complejidad de la catolicidad se hizo presente en un proceso de Independencia que fue madurando a lo largo de los diez años que duró la guerra”, añadió.

Por ello, advirtió, no resulta históricamente correcto afirmar que “la Iglesia” estuvo a favor o en contra de la Independencia como si hubiera sido un bloque político uniforme.

Hidalgo y Morelos: sacerdotes también en su pensamiento político

La condición sacerdotal de Miguel Hidalgo y José María Morelos no fue únicamente un elemento biográfico ni un revestimiento religioso de sus decisiones políticas.

Según Traslosheros, la formación eclesiástica de ambos influyó profundamente en la manera en que comprendieron la autoridad, la justicia, la tiranía y la legitimidad de la resistencia.

El historiador remitió a las investigaciones de Carlos Herrejón Peredo, autor de importantes biografías de Hidalgo y Morelos, para comprenderlos dentro de la tradición intelectual católica de su tiempo.

En 1810, Hidalgo interpretaba que la invasión napoleónica de España y la deposición de Fernando VII habían generado una situación política irregular. En aquella primera etapa, explicó Traslosheros, el sacerdote no formuló todavía un proyecto de independencia absoluta, sino una exigencia de autonomía acompañada por el reclamo del regreso del monarca.

Morelos avanzó posteriormente hacia una propuesta inequívoca de independencia y hacia la creación de una república católica. En ambos casos, la religión ocupó un lugar central en su visión del mundo y en su comprensión del bien común.

“Su ser sacerdotal influyó profundamente en su idea política del mundo, concretamente en la idea de que es lícito combatir por las armas al tirano”, señaló Traslosheros.

Esta idea debe entenderse dentro de la tradición política católica sobre la resistencia frente a una autoridad considerada ilegítima. No se trataba de una justificación indiscriminada de la violencia, sino de una reflexión moral sobre la tiranía, la legitimidad del poder y la defensa del bien común.

El investigador también cuestionó la versión según la cual Hidalgo y Morelos habrían muerto completamente apartados de la Iglesia.

“Ambos murieron confesados y reconciliados con la Iglesia”, aseguró.

Presentarlos como hombres que abandonaron la fe o murieron ajenos a ella, afirmó, responde a una historiografía que separó artificialmente sus convicciones religiosas de su actuación política.

Guadalupe no perteneció únicamente a los insurgentes

Uno de los grandes símbolos de la Independencia es la imagen de la Virgen de Guadalupe tomada por Hidalgo del Santuario de Atotonilco. Sin embargo, Traslosheros advirtió que tampoco este episodio debe interpretarse mediante la sencilla oposición entre una “Virgen insurgente”, Guadalupe, y una “Virgen realista”, Nuestra Señora de los Remedios.

El culto guadalupano ya había experimentado una notable expansión durante el siglo XVIII, mucho antes del levantamiento de 1810. Ciudades y comunidades de distintos territorios de la Nueva España reconocieron a Guadalupe como patrona, en una expresión de amor a la tierra y a las tradiciones locales.

“Cuando comienza la Independencia, Hidalgo toma a la Virgen de Guadalupe como signo de unidad dentro de su movimiento y para proteger el levantamiento. Morelos, que era profundamente guadalupano, continúa con esta situación”, explicó.

No obstante, el guadalupanismo también estaba presente entre los realistas. La Virgen no era propiedad exclusiva de uno de los bandos, sino una devoción ampliamente compartida por los habitantes de la Nueva España.

En diciembre de 2025, The Associated Press documentó cómo la devoción a la Virgen de Guadalupe rebasa actualmente el ámbito estrictamente religioso y permanece como uno de los grandes símbolos de la identidad mexicana.

La agencia recordó que Hidalgo utilizó su imagen como estandarte y que, después de la Independencia, Guadalupe adquirió una dimensión cívica y nacional todavía más profunda. Su presencia llegó a incorporarse a edificios públicos, banderas, retratos políticos y obras vinculadas con el primer Congreso Constitucional.

Traslosheros insistió precisamente en la necesidad de distinguir dos momentos históricos. Una cosa fue el uso de la imagen guadalupana durante la insurgencia y otra, aunque relacionada, su consolidación posterior como símbolo de la nueva nación.

“El gran siglo guadalupano es el siglo XIX”, afirmó.

Después de la consumación de la Independencia se buscó construir un Estado confesional católico y Guadalupe se convirtió en un poderoso signo de unidad para la naciente mexicanidad.

La entrada del Ejército Trigarante estuvo acompañada por una Misa de acción de gracias celebrada en la entonces Colegiata de Guadalupe. Ese acto, explicó el historiador, expresó el ideal de una nación católica que agradecía el final de la guerra civil y buscaba reconocerse como una patria guadalupana.

En 2021, con motivo del bicentenario de la consumación de la Independencia, el Papa Francisco recordó los tres valores que dieron nombre al Ejército Trigarante —independencia, unión y religión— y afirmó que la libertad es “un don y una conquista permanente”.

De acuerdo con Vatican News, el Papa también pidió releer el pasado, purificar la memoria y fortalecer las raíces para construir el futuro. En aquel mensaje presentó a la Virgen de Guadalupe como una presencia vinculada con la fraternidad, la libertad y la reconciliación.

El mito del alto clero realista y el bajo clero insurgente

Para Traslosheros, otro de los mitos más persistentes sostiene que los obispos y cabildos catedralicios apoyaron uniformemente a la monarquía, mientras que los párrocos y sacerdotes cercanos al pueblo abrazaron en bloque la Independencia.

La rebelión encabezada por Hidalgo y continuada por Morelos fue duramente cuestionada por distintos sectores, incluso por personas que simpatizaban con una mayor autonomía.

La violencia desatada durante episodios como la toma de la Alhóndiga de Granaditas provocó un fuerte rechazo y demostró que apoyar reformas políticas no equivalía necesariamente a aprobar una insurrección armada.

Sin embargo, el movimiento trigarante que finalmente consumó la Independencia recibió el apoyo decisivo de integrantes del Cabildo de la Catedral de México y de clérigos que participaron en las reuniones de La Profesa.

Para entonces había madurado la posibilidad de establecer una monarquía constitucional independiente que preservara la identidad católica de la nueva nación.

El historiador destacó, además, que buena parte de la intelectualidad política anterior y posterior a la Independencia estuvo integrada por clérigos. Sacerdotes participaron en congresos, debates constitucionales, la Regencia, el Imperio de Agustín de Iturbide y la primera República.

“El cien por ciento de los participantes eran católicos. Por ahí están las claves de interpretación”, resumió.

Hablar de “la Iglesia” como si hubiera sido un actor único y perfectamente homogéneo impide, por tanto, comprender el verdadero escenario histórico: una sociedad católica que discutía, combatía y buscaba distintas formas de organizarse políticamente.

Una libertad todavía inconclusa

La conmemoración de la Independencia encuentra hoy a México frente a una grave crisis de violencia, desapariciones, impunidad y debilitamiento de los vínculos sociales.

En junio de 2026, Reuters informó que el país se acercaba a las 135,000 personas desaparecidas. La agencia recogió las denuncias de familias y colectivos de búsqueda que enfrentan obstáculos institucionales y que, en numerosos casos, deben realizar por sí mismos investigaciones que ponen en peligro sus vidas.

Por su parte, el Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada documentó que los registros oficiales aumentaron de 95,121 personas desaparecidas en marzo de 2022 a 129,341 en junio de 2025.

El organismo internacional manifestó su preocupación por la persistencia de la impunidad, la crisis forense y las deficiencias en los procesos de búsqueda e investigación. También pidió garantizar el acceso de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.

La violencia también representa un desafío para la vida democrática. Reuters reportó en septiembre de 2026 que el Instituto Nacional Electoral considera al crimen organizado una de las mayores preocupaciones para los procesos electorales, ante los antecedentes de intimidación de votantes, coacción y destrucción de materiales electorales.

Ante este panorama, Traslosheros consideró que la principal enseñanza de la Independencia no se encuentra en la imposición de una versión única de la historia, sino en la capacidad de conciliar las diferencias para formar una comunidad política.

“Cuando una parte de la sociedad se considera dueña de la única verdad y quiere imponer al conjunto su visión, va a haber violencia, va a haber división y se va a perder un proyecto de nación”, advirtió.

Al trasladar esta reflexión al presente, el historiador fue crítico con Morena y sostuvo que el partido gobernante pretende presentarse como el único defensor legítimo de la soberanía y la libertad de los mexicanos.

A su juicio, esta lógica profundiza la polarización y debilita los lazos sociales indispensables para enfrentar la violencia y el avance del crimen organizado.

Frente a ello, Traslosheros recuperó la herencia del momento trigarante y el propósito original del Plan de Iguala: reconciliar a grupos enfrentados después de una década de guerra y permitir que antiguos adversarios participaran en la construcción de la nueva nación.

“El gran legado de Iturbide y de las tres garantías fue conciliar las diferencias”, afirmó.

Aunque reconoció los errores posteriores de Agustín de Iturbide, destacó que la consumación de la Independencia fue posible cuando se comprendió que la patria no podía fundarse sobre la exclusión de una parte de sus habitantes.

Esa enseñanza, concluyó, debe traducirse hoy necesariamente en una convivencia democrática.

“Solo cuando se tratan de conciliar las diferencias se logran proyectos comunes. Puede existir un proyecto de nación en donde todos tengamos un lugar, pero hoy ese proyecto necesariamente tiene que ser democrático. No hay otro camino más que la democracia”.

Fotografía: cortesía de Jorge Traslosheros, utilizada con autorización. Composición editorial realizada por Press Crux con apoyo de inteligencia artificial.

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