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“Hemos de buscar caminos que nos hagan más humanos”: obispo sobre Ceuta

Dos meses después de la entrada masiva desde Marruecos, miles de migrantes siguen en Ceuta. Mons. Fernando García Cadiñanos pide una respuesta que proteja a quienes llegaron y devuelva tranquilidad a los vecinos.

ENTREVISTA | IGLESIA EN ESPAÑA

Ana Paula Morales (Poli)

10/7/20266 min read

Ceuta, España.- Durante dos meses, unas 3.000 personas vivieron en tiendas y refugios improvisados en la playa del Trampolín, en Ceuta. Este domingo 4 de octubre, la policía española comenzó a trasladarlas a alojamientos temporales para identificar su situación o facilitar su regreso a Marruecos. La operación muestra que la crisis iniciada a finales de julio sigue presente en esta pequeña ciudad española del norte de África: de las más de 72.000 personas que cruzaron entonces la frontera, al menos 10.000 permanecen allí, según Reuters.

Para Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y responsable de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, la respuesta no puede medirse solo por el número de personas que se marchan. También importa qué sucede con quienes se quedan, con los menores que llegaron solos y con los habitantes de Ceuta, cuya vida cotidiana cambió en cuestión de horas.

“Buscar el interés de los migrantes no puede verse como una oposición a la población ceutí, y al revés”, afirma en entrevista con Press Crux. “Hemos de buscar caminos que nos hagan más humanos a todos”.

Una ciudad, miles de decisiones individuales

Ceuta y Melilla son ciudades españolas situadas junto a Marruecos. Sus fronteras son también fronteras de la Unión Europea. Aunque ambas afrontan desde hace años llegadas de migrantes, el cruce masivo de los días 30 y 31 de julio se concentró en Ceuta, una ciudad de unos 80.000 habitantes. García Cadiñanos calcula que entre 50.000 y 80.000 personas entraron durante aquella jornada, pero advierte que probablemente nunca se conocerá la cifra exacta. Reuters ha informado de más de 72.000 cruces.

La tragedia dejó también un número de muertos que sigue siendo objeto de recuentos distintos. Reuters recogió un balance de 82 fallecidos en el lado español y 14 confirmados por Marruecos hasta el 21 de agosto. La organización Caminando Fronteras dijo a EFE que había documentado 141 muertes a ambos lados de la frontera entre el 30 de julio y el 4 de agosto. Las cifras proceden de fuentes y fechas diferentes, mientras algunas familias continúan buscando respuestas sobre sus seres queridos.

Quienes lograron entrar tampoco comparten una misma historia. El obispo habla de personas procedentes del África subsahariana que dejaron situaciones que considera insostenibles, de marroquíes que buscan un futuro más estable y de niños y adolescentes que llegaron sin sus padres. Algunos piden asilo. Otros esperan saber si podrán permanecer en España, reunirse con sus familias o regresar. Mientras se resuelve cada caso, necesitan cuidados básicos y un lugar seguro donde vivir.

Ceuta también necesita una respuesta, insiste el prelado. Sus vecinos han convivido con campamentos improvisados, servicios de acogida desbordados y una incertidumbre que ha generado miedo y enojo. El sábado, residentes se manifestaron para pedir la salida de los migrantes, informó Reuters. Para García Cadiñanos, reconocer esa preocupación es indispensable para recuperar la calma y evitar que la tensión se convierta en rechazo hacia todas las personas que cruzaron.

Los menores no pueden esperar

Los niños y adolescentes que llegaron solos son una de las mayores preocupaciones del obispo. Determinar su edad, conocer si tienen familiares a quienes puedan reunirse y decidir dónde recibirán protección requiere estudiar su situación individual. García Cadiñanos advierte que Ceuta no cuenta con recursos suficientes para atender por sí sola a todos los menores y señala una vulnerabilidad especial entre las niñas.

El 15 de septiembre, el Gobierno español calculaba que entre 700 y 1.000 menores seguían en las calles sin estar bajo tutela, mientras 2.048 estaban identificados y acogidos por la administración de Ceuta y otros 300 recibían atención en recursos estatales, según EFE. Esas cifras corresponden a esa fecha y pueden variar conforme avanzan la identificación y los traslados. Unicef ha recordado que las repatriaciones de menores no pueden hacerse de forma colectiva.

Para el obispo, la protección de esos niños requiere la colaboración de otras comunidades autónomas españolas y de la Unión Europea. También exige mirar más allá del momento de la llegada: al cumplir 18 años, algunos jóvenes quedan fuera de las estructuras de acogida destinadas a menores y necesitan apoyo para encontrar vivienda, trabajo y una comunidad en la que integrarse.

La Iglesia, entre la ayuda inmediata y la convivencia

García Cadiñanos describe una labor discreta, realizada dentro de las posibilidades de cada comunidad. En Ceuta, explica, el centro San Antonio de la diócesis de Cádiz-Ceuta ha ofrecido duchas, ropa y servicios higiénicos y médicos. Las Hijas de la Caridad se han hecho presentes en los campamentos y han colaborado con organizaciones que distribuyen alimentos. Cáritas continúa acompañando a personas vulnerables.

La tarea no termina en la atención material. Según el obispo, la Iglesia busca “generar un clima de calma y paz social” para que vecinos, autoridades y migrantes puedan encontrar una salida. En la península española, añade, los llamados “Corredores de Hospitalidad” acompañan a personas que han cumplido 18 años y necesitan apoyo para integrarse mediante la vivienda, el trabajo y una comunidad de acogida. Más de 50 personas han participado en el proyecto, de acuerdo con el prelado.

Una frontera que interpela a Europa

La crisis también ha abierto una disputa sobre sus causas. García Cadiñanos considera que, además de las decisiones individuales de quienes migraron, pudieron intervenir intereses políticos y económicos. Esa es su interpretación: la responsabilidad de actores concretos continúa siendo materia de debate. Reuters informó que el presidente español, Pedro Sánchez, señaló fallas en el control fronterizo marroquí, mientras Marruecos negó haber facilitado la entrada y la atribuyó a la desinformación y a los traficantes de personas.

El rey Felipe VI calificó lo ocurrido de “inaceptable” y pidió mayor solidaridad europea. Él y la reina Letizia tienen previsto visitar Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre. García Cadiñanos coincide en que la ciudad necesita el apoyo del resto de España y de las instituciones europeas, tanto para proteger a quienes llegaron como para sostener a la población que los recibe.

En agosto, el Papa León XIV expresó su preocupación por la “alarmante situación en Ceuta” y pidió “soluciones de paz, de estabilidad y de justicia”. Dos meses después de aquel llamado, el desafío sigue a la vista en los centros de acogida, en las calles y en la playa del Trampolín: dar seguridad a una ciudad y una respuesta digna a cada persona que llegó a ella.

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Foto: cortesía de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y responsable de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española. Foto: cortesía de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Foto: cortesía de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Foto: cortesía de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

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