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Etiopía: 60 cristianos ortodoxos asesinados; entre el dolor y la oración, la Iglesia pide justicia y paz
Dos ataques ocurridos el 20 y 24 de octubre en Oromía dejaron más de 20 heridos graves y viviendas incendiadas. Mientras los sobrevivientes relatan escenas de violencia y la autoría de los asesinatos sigue sin esclarecerse, el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa etíope llama a la oración. Desde la India, otra Iglesia ortodoxa expresa su solidaridad con las familias de las víctimas.
IGLESIA EN ETIOPÍA
Ana Paula Morales (Poli)
10/28/202611 min leer


Una fiel de la Iglesia ortodoxa etíope participa en una celebración religiosa en Adís Abeba. Tras los ataques de octubre de 2026, la Iglesia ha convocado a sus comunidades a orar por las víctimas y reclamar justicia. Fotografía de archivo.Fuente: The Africa Report.
Adís Abeba, Etiopía.— En varias comunidades de la región etíope de Oromía, las familias lloran a sus muertos mientras los heridos reciben atención médica y otras personas buscan refugio después de haber perdido sus viviendas. La violencia ha dejado al menos 60 cristianos ortodoxos asesinados, según denunció el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, que ha pedido justicia, protección para sus fieles y oraciones por las víctimas.
Los asesinatos ocurrieron en dos ataques distintos, perpetrados el martes 20 y el sábado 24 de octubre de 2026 en la zona de Arsi, al sur de Adís Abeba. De acuerdo con el comunicado oficial difundido por el Santo Sínodo el lunes 26 de octubre, 14 fieles fueron asesinados durante el primer ataque, registrado en Gora Silingo, localidad del distrito de Merti. Cuatro días después, otras 46 personas perdieron la vida en las comunidades de Tereta, Chole y Birbo, pertenecientes al distrito de Shirka.
La autoridad eclesial informó también que más de 20 personas fueron hospitalizadas con heridas graves y que 20 viviendas quedaron completamente incendiadas. El balance fue recogido el martes 27 de octubre por la agencia Reuters, que señaló que todavía no se había establecido de manera concluyente quiénes perpetraron los ataques ni cuáles fueron sus motivaciones.
El Santo Sínodo denunció que los asesinatos, desplazamientos y ataques contra sus fieles y propiedades se han convertido en una preocupación recurrente en Arsi y otras zonas del país. Ante esta situación, exigió a las autoridades federales y regionales garantizar la seguridad de la población, investigar los hechos y llevar a sus responsables ante la justicia.
De casa en casa: los testimonios de la violencia
Los primeros relatos de quienes presenciaron las consecuencias de los ataques permiten conocer parte del sufrimiento que han vivido las comunidades afectadas.
Según informó Vatican News el martes 27 de octubre, hombres armados habrían recorrido las viviendas de las localidades atacadas, agrediendo a sus habitantes con armas de fuego y armas blancas. Entre las víctimas habría niños y personas mayores. El medio de la Santa Sede señaló también que una iglesia habría resultado dañada y que templos de comunidades vecinas ofrecieron refugio a quienes escapaban de la violencia.
La información se refiere especialmente al ataque contra las comunidades del distrito de Shirka, ocurrido el 24 de octubre. Sin embargo, las circunstancias precisas todavía requieren una investigación independiente que permita reconstruir lo sucedido.
Por su parte, la agencia Associated Press publicó el 27 de octubre el testimonio de un residente cristiano de una localidad cercana que se desplazó hasta Tereta Chole para participar en los funerales y ayudar a transportar a los heridos. Un sacerdote de la región confirmó a la agencia haber visto llegar a las víctimas a un hospital, desde donde algunos pacientes tuvieron que ser trasladados a otros centros médicos.
Ambos testigos solicitaron permanecer en el anonimato por temor a represalias.
Las cifras difundidas por las autoridades eclesiales reflejan la magnitud de la tragedia, pero detrás de ellas se encuentran familias que han perdido a sus seres queridos, personas que luchan por recuperarse y comunidades que viven con la incertidumbre de no saber si volverán a ser atacadas.
¿Fueron asesinados por su fe?
Aunque la Iglesia ortodoxa etíope ha identificado a las víctimas como miembros de su comunidad, todavía no se ha establecido de manera concluyente si los ataques fueron ejecutados específicamente por motivos religiosos.
Según informó Reuters el 27 de octubre, el Gobierno regional de Oromía responsabilizó a una alianza rebelde y sostuvo que los asesinatos buscaban provocar enfrentamientos religiosos y étnicos. Sin embargo, no presentó pruebas públicas que respaldaran sus acusaciones.
Una fuente vinculada a esa alianza acusó, por su parte, al Gobierno regional de estar detrás de la violencia. Reuters señaló que el Ejército de Liberación Oromo (OLA), al que las autoridades han atribuido anteriormente otros ataques contra comunidades ortodoxas, no había respondido a sus solicitudes de información.
La agencia Associated Press identificó al portavoz del Gobierno regional, Hailu Adugna, como uno de los funcionarios que responsabilizaron públicamente al OLA y sus aliados. Las versiones contrapuestas reflejan la dificultad de determinar la autoría de los asesinatos en una región donde distintos grupos armados mantienen enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales.
La posible dimensión religiosa de las matanzas también está siendo examinada por organizaciones especializadas. Según Africanews, en una información del 27 de octubre basada en declaraciones recogidas por AFP, la organización Armed Conflict Location & Event Data (ACLED) considera posible que el ataque del 24 de octubre haya tenido una motivación religiosa y se haya dirigido específicamente contra cristianos ortodoxos.
ACLED mencionó informaciones sobre el presunto saqueo de una iglesia y advirtió que los ataques contra miembros de esta confesión en la región han aumentado desde febrero de 2023, con una intensificación durante el último año.
La misma cobertura de AFP señaló que la Comisión Etíope de Derechos Humanos estaba examinando las circunstancias de los hechos.
Por tanto, aunque existen indicios que justifican investigar una posible motivación religiosa, la identidad de los autores y las causas específicas de ambas matanzas todavía no están esclarecidas de manera independiente.
El Santo Sínodo: oración por las víctimas y exigencia de protección
La respuesta de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo no se limitó a denunciar los asesinatos.
Según su comunicado oficial del 26 de octubre, ese mismo lunes el Santo Sínodo convocó una oración por las víctimas en la sede patriarcal de Adís Abeba. También pidió a todas las iglesias y monasterios etíopes, dentro y fuera del país, que ofrecieran nuevas oraciones conmemorativas después de la Divina Liturgia del martes 27 de octubre.
En su mensaje, la autoridad eclesial encomendó a los fallecidos a la misericordia de Dios y pidió para ellos el descanso eterno y el honor del martirio. Asimismo, expresó su cercanía con las familias que han perdido a sus seres queridos y con todo el pueblo etíope.
El Sínodo recordó que la Constitución etíope reconoce el derecho a la vida y la libertad religiosa, por lo que pidió a las autoridades garantizar su cumplimiento mediante medidas concretas de seguridad. También decidió impulsar reuniones con altos funcionarios y la formación de un comité integrado por responsables eclesiales, especialistas y juristas para buscar soluciones duraderas a la inseguridad.
La oración, en este contexto, no sustituye la exigencia de justicia. Para una Iglesia que acompaña a sus fieles en medio del duelo, representa también una manera de afirmar que las víctimas no serán olvidadas y que sus familias no deben afrontar solas las consecuencias de la violencia.
Desde la India, otra Iglesia ortodoxa se une al dolor de Etiopía
La tragedia ha comenzado a suscitar expresiones de solidaridad fuera del país.
El 26 de octubre, el catholicós Baselios Marthoma Mathews III, máxima autoridad de la Iglesia ortodoxa siria de Malankara, en la India, dirigió una carta al patriarca etíope Abune Mathias I para condenar los asesinatos y expresar su cercanía con las familias afectadas.
La comunicación fue difundida el martes 27 de octubre por el portal oficial de la Iglesia ortodoxa etíope.
En ella, el catholicós transmitió las condolencias y oraciones del Santo Sínodo episcopal, el clero, las comunidades monásticas y los fieles de Malankara. También recordó los vínculos históricos y espirituales entre ambas Iglesias, pertenecientes a la familia de las Iglesias ortodoxas orientales.
El dirigente religioso condenó los ataques contra personas inocentes como una grave vulneración de la dignidad humana, la libertad religiosa y los principios de convivencia pacífica. Asimismo, recordó que el sufrimiento de un miembro del Cuerpo de Cristo es compartido por toda la familia cristiana.
La carta hacía referencia a un balance aproximado de 45 fallecidos, anterior al cómputo de 60 víctimas difundido por el Santo Sínodo etíope. La diferencia responde a los datos disponibles al momento de redactarse la comunicación y no constituye un nuevo balance independiente.
Desde la India, el catholicós pidió justicia, protección para las comunidades vulnerables y medidas que impidan nuevas atrocidades. También elevó sus oraciones por el descanso de los fallecidos, la recuperación de los heridos y el consuelo de quienes lloran a sus seres queridos.
Este gesto de solidaridad tiene un significado particular: ambas Iglesias comparten una tradición cristiana antigua y una comunión espiritual que trasciende las fronteras nacionales. El sufrimiento de los fieles etíopes ha encontrado así un eco de fraternidad a miles de kilómetros de distancia.
Los obispos católicos ya habían advertido sobre la violencia en Oromía
La preocupación de las Iglesias cristianas por la situación de Oromía es anterior a los ataques de octubre.
El 13 de marzo de 2026, Vatican News informó que los obispos católicos de Etiopía habían condenado los asesinatos y otros abusos contra civiles registrados durante febrero en la zona de Arsi, entre ellos secuestros, desplazamientos y destrucción de viviendas.
La información recogía el pronunciamiento del cardenal Berhaneyesus Demerew Souraphiel, presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Etiopía, quien exigió a las autoridades medidas efectivas para proteger a la población y garantizar el Estado de derecho.
Según los datos de la Comisión Etíope de Derechos Humanos citados entonces por Vatican News, 34 cristianos ortodoxos habían sido asesinados recientemente y el número de víctimas documentadas en el distrito de Shirka ascendía a 164 durante el periodo de violencia examinado. Se trata de un balance anterior y distinto al de los ataques del 20 y 24 de octubre, por lo que esas cifras no deben sumarse automáticamente.
Meses después, el 1 de octubre, los obispos católicos etíopes difundieron un nuevo llamamiento ante el agravamiento de los conflictos en Tigray, Afar, Amhara, Oromía y otras regiones. En su mensaje pidieron diálogo, perdón, reconciliación, oración y una paz que no se limite al silencio de las armas.
Hasta el 27 de octubre no se había localizado un nuevo pronunciamiento específico del episcopado católico sobre estas dos matanzas. Sin embargo, sus declaraciones anteriores muestran que la preocupación por la protección de las comunidades de Arsi lleva meses presente entre las autoridades eclesiales del país.
El Vaticano había llamado a la paz ante la violencia en Etiopía
Aunque hasta el 27 de octubre no se había difundido un pronunciamiento específico del papa León XIV sobre el asesinato de los 60 cristianos ortodoxos en Oromía, la Santa Sede ya había expresado su preocupación por la situación del país. Durante la audiencia general del 30 de septiembre de 2026, el Pontífice manifestó su consternación por la reanudación de los enfrentamientos en Tigray y las regiones vecinas de Afar y Amhara, e hizo un llamamiento al diálogo y a la asistencia humanitaria. Posteriormente, el 27 de octubre, Vatican News informó sobre las matanzas de cristianos ortodoxos en Oromía, recogiendo testimonios sobre la violencia sufrida por las comunidades. La cobertura del medio vaticano no constituye, sin embargo, una declaración oficial del Papa sobre estos asesinatos.
Una fe que permanece en medio del dolor
La Iglesia ortodoxa etíope pertenece a una de las tradiciones cristianas más antiguas del mundo. Su historia, marcada por siglos de vida monástica, oración y liturgia, ocupa un lugar central en la identidad religiosa de millones de etíopes.
Hoy, para las familias de Arsi, esa tradición espiritual convive con el dolor de las pérdidas y con preguntas que todavía no tienen respuesta.
¿Quiénes asesinaron a sus familiares? ¿Por qué fueron atacadas sus comunidades? ¿Qué garantías tendrán para regresar a sus hogares y vivir sin miedo?
Las respuestas corresponden a las investigaciones y a las autoridades encargadas de garantizar la seguridad de la población. Las familias necesitan justicia, protección y asistencia, además de la cercanía espiritual que la Iglesia les ofrece.
La solidaridad expresada desde la India recuerda, entretanto, una dimensión esencial de la fe cristiana: el sufrimiento de una comunidad no debería ser indiferente para las demás.
San Pablo lo expresó en su primera carta a los Corintios: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26).
Los 60 cristianos cuya muerte ha denunciado el Santo Sínodo dejan familias, comunidades y una Iglesia de luto. Su recuerdo reclama que la violencia sea investigada y que quienes permanecen vivos encuentren protección y consuelo.
La esperanza cristiana no elimina el sufrimiento ni dispensa de exigir justicia. Pero sostiene la convicción de que ninguna vida es insignificante, ninguna familia debe ser abandonada y ninguna tragedia debería quedar sepultada en el olvido.
Mientras Etiopía espera respuestas, sus comunidades cristianas continúan orando por los fallecidos, por los heridos, por quienes han perdido su hogar y por una paz que permita a todos sus habitantes vivir sin temor.
En medio del duelo, la Iglesia mantiene su mirada puesta en Cristo resucitado, fundamento de una esperanza que no niega las heridas, sino que acompaña a quienes las llevan.


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A lo largo de mi vida me ha inspirado el ejemplo de un santo que rezaba mientras leía las noticias: miraba el mundo y lo ponía ante Dios.








