Cáritas Somalia: “La ayuda humanitaria no se trata solo de cifras”
En entrevista con Press Crux, Sara Ben Rached, directora de Cáritas Somalia y responsable del proyecto de respuesta a la emergencia actual, explica cómo la organización busca responder a la falta de agua y alimentos, proteger a las mujeres y ayudar a las comunidades a recuperar su sustento.
ENTREVISTA | IGLESIA EN SOMALIA
Ana Paula Morales (Poli)
10/1/20266 min read


Somalia.-“Una familia que pierde su ganado por la sequía no pierde simplemente animales. Pierde su alimento, sus ingresos y, muchas veces, la capacidad de permanecer en su propia comunidad”. Sara Ben Rached, directora de Cáritas Somalia y responsable del proyecto de respuesta a la emergencia actual, describe así lo que significa quedarse sin agua y sin medios para vivir en un país donde la sequía y el conflicto obligan a tantas familias a abandonar sus hogares.
En entrevista con Press Crux, Ben Rached habla de las personas a las que sus equipos encuentran cuando llegan a las comunidades: familias que han agotado buena parte de sus recursos para afrontar la crisis y necesitan ayuda para salir adelante. Su preocupación es atenderlas ahora y dejarles algo que puedan utilizar después. “Queremos ir más allá del suministro de agua de emergencia en camiones cisterna y crear infraestructuras que permanezcan en las comunidades”, explica.
La emergencia sigue siendo grave. En una alerta publicada el 23 de septiembre, el Gobierno somalí y Naciones Unidas proyectaron que 5,4 millones de personas afrontarían niveles de inseguridad alimentaria de crisis o peores entre octubre y diciembre de 2026. También estimaron que 1,92 millones de menores de cinco años necesitarían tratamiento por desnutrición aguda entre julio de 2026 y junio de 2027. A las consecuencias de la sequía se suma la amenaza de inundaciones asociadas a El Niño.
La respuesta humanitaria está limitada por la falta de fondos. Reuters informó el 14 de mayo de que la asistencia para abril-junio cubría apenas al 12 % de las personas en situación de inseguridad alimentaria de crisis o peor. El 27 de agosto, EFE recogió la advertencia del Consejo Noruego para Refugiados sobre el efecto de los recortes de ayuda y el peligro de nuevas inundaciones para familias ya debilitadas por el hambre.
Sin embargo, la ayuda puede cambiar esa realidad. La evaluación de septiembre difundida por la ONU señaló una mejoría de la situación de desnutrición aguda en Burhakaba, atribuida a las lluvias y al aumento de la respuesta humanitaria. Es uno de los lugares donde Cáritas Somalia trabaja con su socio local VAD, según detalla Ben Rached.
Agua para recuperar el sustento
“Lo primero que vemos sobre el terreno es una grave falta de agua”, cuenta la directora. Muchas comunidades han perdido ganado y producción agrícola; cuando las familias ya no encuentran agua o alimentos, se trasladan hacia las ciudades o los asentamientos de desplazados. La intervención de Cáritas se concentra en Bay, Gedo y Sool. Con VAD, trabaja en Baidoa y Burhakaba, en Bay, y en seis aldeas del distrito de Laas Anood, en Sool; Trócaire encabeza el componente del llamamiento correspondiente a Gedo.
Ben Rached explica que el programa prevé abastecer mediante camiones cisterna a unos 3.000 hogares afectados por la sequía, con alrededor de 45 litros diarios por hogar. “Nuestra intervención combina la ayuda de emergencia con soluciones a más largo plazo”, precisa. Por ello, en Baidoa y Burhakaba se construirán sistemas de captación de lluvia, depósitos y puntos de distribución de agua, con capacidad prevista para atender a unas 24.825 personas. Los animales tendrán bebederos separados para evitar que contaminen el agua utilizada por las familias.
El proyecto también contempla rehabilitar cinco fuentes prioritarias, reparar bombas y equipos solares y vigilar la calidad del agua en diez fuentes. Para la directora, importa especialmente lo que quedará al servicio de la población: “Un depósito de agua, un punto de agua que funcione o un invernadero comunitario pueden seguir sirviendo a las personas después de que el proyecto haya terminado. Esto es muy importante para nosotros”.
Esa continuidad incluye volver a cultivar. “Queremos ayudar a las familias a producir alimentos de nuevo”, afirma Ben Rached al explicar la creación de huertos e invernaderos comunitarios, la entrega de semillas y herramientas y la formación de quienes los gestionarán. “La idea es que estas instalaciones sigan siendo bienes de la comunidad y continúen produciendo alimentos después de que termine el proyecto”.
Cuidar a las mujeres y a los niños
Entre quienes necesitan mayor protección, Ben Rached menciona a los niños, las mujeres, las personas mayores o con discapacidad y las familias desplazadas. “Los niños son especialmente vulnerables porque la falta de alimentos, el agua insegura y la mala higiene pueden provocar rápidamente desnutrición y enfermedades”, advierte. En muchas comunidades, además, son las mujeres quienes recogen y administran el agua del hogar; caminar más lejos para encontrarla aumenta su carga y puede exponerlas a mayores riesgos.
La respuesta contempla distribuir 2.000 kits de dignidad para mujeres y niñas en Bay y Sool: 500 en Baidoa, 500 en Burhakaba y 1.000 en las seis aldeas de Laas Anood. Incluirán artículos de higiene y uso personal, y su entrega permitirá hablar sobre protección y servicios de apoyo. “Tratamos de responder no solo a la necesidad inmediata de alimentos o agua, sino también a la protección, la dignidad y la posibilidad de que las familias se recuperen”, explica.
Estar cerca cuando la ayuda es más necesaria
Llegar hasta las comunidades supone recorrer grandes distancias, afrontar caminos difíciles y trabajar en condiciones de seguridad que pueden cambiar rápidamente. Ben Rached destaca por eso la experiencia de VAD y sus relaciones con las autoridades y la población. A esas dificultades se añade la escasez de recursos: “Tenemos que tomar decisiones difíciles sobre dónde podemos intervenir y concentrar nuestra asistencia en los lugares donde las necesidades son especialmente elevadas”.
En medio de esas limitaciones, la directora vuelve al sentido de cada gesto de ayuda: “Cuando entregamos un kit de dignidad a una mujer, proporcionamos agua a una familia o ayudamos a una comunidad a construir un sistema de agua o un invernadero, intentamos devolver a las personas un poco de seguridad y dignidad”. Su testimonio permite comprender qué puede significar una aportación: contribuir a que una familia tenga agua o a que una comunidad recupere medios para alimentarse.
Los lectores que deseen acompañar esta misión pueden consultar los canales de aportación en la página oficial de donativos de Cáritas Somalia, compartir su trabajo y rezar por las familias somalíes y por quienes las atienden. Para las parroquias, comunidades y familias, es una oportunidad de expresar la fe mediante una ayuda concreta y de sostener en la oración a personas cuyo sufrimiento puede parecer lejano.
Ben Rached resume así lo que más valora de su labor: “Estar cerca de las personas en un momento muy difícil, pero también ayudarlas a disponer de algo que puedan seguir utilizando y gestionando por sí mismas una vez terminada la respuesta de emergencia”.






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Sara Ben Rached, directora de Cáritas Somalia
Cortesía de Cáritas Somalia
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