Asesinan a sacerdote de 68 años en Líbano; su obispo llama a la esperanza: «Somos hijos de la resurrección»

La Iglesia maronita llora al padre Samir Daou. Las autoridades libanesas anunciaron la detención de un sospechoso el 30 de octubre, pero no han establecido públicamente un móvil religioso.

IGLESIA EN LÍBANO

Ana Paula Morales (Poli)

11/2/20264 min leer

El padre Samir Mikhaël Daou y una vista de archivo de la iglesia de San Juan, en Biblos, Líbano. Composición editorial asistida por IA: Press Crux. Retrato difundido por Daou Families/Facebook, vía L’Orient-Le Jour; fotografía de la iglesia: Linaduliban/Wikimedia Commons, dominio público. Las imágenes corresponden a lugares y momentos distintos.

BIBLOS, Líbano.- El obispo maronita de Jbeil —la histórica Biblos—, Mons. Michel Aoun, llamó a su diócesis a no perder la esperanza y a trabajar por la paz después del asesinato del padre Samir Mikhaël Daou, un sacerdote que atendía varias comunidades de la región.

«Somos hijos de la resurrección», expresó el prelado en una homilía publicada este lunes por el Centro Católico de Información del Líbano. Al abrir el año litúrgico y diocesano, reconoció el dolor de la familia del sacerdote, de sus feligreses y del presbiterio, y ofreció la Eucaristía por su descanso eterno. La publicación es del 2 de noviembre; el crimen había sido conocido la semana anterior.

Biblos, conocida hoy como Jbeil, tiene también un vínculo con las Escrituras: es la antigua ciudad fenicia de Gebal, cuyos artesanos aparecen mencionados en Ezequiel 27,9 por su habilidad para reparar las embarcaciones de Tiro. Esta referencia sitúa a la ciudad en el horizonte histórico del Antiguo Testamento y recuerda sus antiguas conexiones con otros pueblos de la costa mediterránea.

Un sacerdote con 33 años de ministerio

El padre Samir Mikhaël Daou tenía 68 años y llevaba 33 años de sacerdocio, según recordó Mons. Michel Aoun durante su funeral, celebrado el 1 de noviembre. Era sacerdote diocesano de la eparquía maronita de Jbeil —Biblos—, no miembro de una congregación religiosa. Originario de Aïn Jrain, atendía las comunidades de Hsoun, Farhet y Aïn el-Delbé.

Ingresó al seminario de Ghazir en 1977 y recibió la ordenación sacerdotal en 1993, después de una estancia en Canadá. Estaba casado desde 1986 con Rogette y era padre de tres hijas y un hijo, además de abuelo. El obispo lo recordó como un hombre sereno, cercano y entregado a su familia y sus comunidades. La Iglesia maronita, en plena comunión con Roma, admite la ordenación de hombres casados.

De la desaparición a la investigación

Según la información publicada por L’Orient-Le Jour el jueves 29 de octubre, el padre Daou había dejado de ser localizable desde el miércoles 28. Sus familiares encontraron su cuerpo en una vivienda que le pertenecía en Aïn Jrain, en el distrito de Jbeil. La policía judicial acudió al lugar para recoger huellas y otros indicios.

El sacerdote atendía las parroquias de Hsoun, Farhet y Aïn el-Delbé. En su primer comunicado, el arzobispado maronita condenó el crimen, recordó su entrega al servicio de Dios y de los fieles, y pidió responsabilidad ante las informaciones que circulaban sobre lo ocurrido. L'Orient-Le Jour

El viernes 30 de octubre, las Fuerzas de Seguridad Interior anunciaron la detención de un sospechoso. De acuerdo con LBCI, las autoridades confirmaron que las investigaciones continuaban bajo supervisión judicial. L’Orient-Le Jour precisó que el anuncio policial no detallaba la identidad del detenido ni el móvil del crimen. Una detención no equivale a una condena.

El patriarca maronita, cardenal Béchara Boutros Raï, reclamó esclarecer los hechos y llevar a los responsables ante la justicia. El arzobispado también pidió no difundir rumores ni versiones sin verificar. L'Orient-Le Jour

El dolor de una diócesis y la tarea de la paz

En la homilía difundida este 2 de noviembre, Mons. Aoun no redujo la paz a una petición dirigida a otros. Invitó a los fieles a examinar su propia conducta y a construirla en la familia, las parroquias y la sociedad. La oración, explicó, debe traducirse en conversión y en relaciones concretas de respeto y amor.

El obispo vinculó esa tarea con el sufrimiento del Líbano y de Oriente Medio, sin presentar el asesinato del padre Daou como un crimen cuyo motivo religioso hubiera sido demostrado.

La distinción es importante. Un sacerdote puede ser víctima de violencia criminal sin que se haya probado que fue atacado por su fe. Hablar de persecución religiosa exige acreditar ese vínculo; la condición sacerdotal de la víctima, por sí sola, no lo establece.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU protege tanto la vida como la libertad religiosa. En Biblos, esclarecer el crimen y acompañar a quienes han perdido a su sacerdote son dos tareas que siguen abiertas: la esperanza cristiana no sustituye a la justicia ni vuelve innecesaria la búsqueda de la verdad.

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