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Profanan una sala de oración maronita en Israel: «El perdón no significa callar ante la agresión»
La arquieparquía de Haifa exige investigar la destrucción de imágenes y estatuas en Nahariya. La comunidad anuncia que continuará rezando en el lugar mientras se esclarece quiénes cometieron el ataque.
IGLESIA EN ISRAEL
Ana Paula Morales (Poli)
11/2/20264 min leer


Iglesia maronita de San Luis, en Haifa, Israel. Fotografía de archivo: Levi Meir Clancy / Wikimedia Commons, CC0. No corresponde a la sala de oración profanada en Nahariya.
NAHARIYA, Israel.- La arquieparquía maronita de Haifa condenó la profanación de la sala de oración de los Santos Pedro y Pablo, en Nahariya, al norte de Israel, donde fieles encontraron estatuas destrozadas e imágenes religiosas vandalizadas el domingo 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos. El arzobispo Moussa El-Hage reclamó una investigación y medidas de protección para que la comunidad pueda ejercer su derecho al culto sin intimidación.
En el pronunciamiento, difundido este lunes por Vatican News, la arquieparquía subrayó que la agresión no afecta únicamente a bienes eclesiales, sino también a la dignidad de los fieles y al carácter sagrado de un lugar destinado a la oración.
Nahariya se encuentra en la costa mediterránea del norte de Israel, cerca de la frontera con el Líbano y a unos diez kilómetros de Acre, la antigua Tolemaida. Según Hechos de los Apóstoles 21,7, san Pablo visitó allí a la comunidad cristiana y permaneció un día con ella. Aunque el pasaje corresponde a Acre y no al recinto profanado en Nahariya, recuerda las raíces apostólicas del cristianismo en esta región de Tierra Santa.
Encontraron los daños cuando acudían a rezar
El padre Rudy Noura explicó a The Times of Israel que los miembros de la comunidad llegaron al recinto alrededor de las 17:45 del domingo. Allí descubrieron imágenes cortadas y estatuas rotas.
La sala sirve a una comunidad de aproximadamente 1.200 personas, integrada por antiguos miembros del Ejército del Sur del Líbano y sus familias. Miles de integrantes de esa fuerza, aliada de Israel, encontraron refugio en territorio israelí tras la retirada militar israelí del sur del Líbano en 2000.
El mismo medio informó de una nota de disculpa dejada en el altar. Ese elemento, sin embargo, no permite establecer por sí solo la identidad del autor ni las motivaciones de la agresión. The Times of Israel
La arquieparquía pidió identificar y llevar ante la justicia a los responsables, proteger el recinto y evitar nuevos ataques. También anunció que la comunidad continuará utilizando la sala: el vandalismo no la hará renunciar a la oración ni será respondido con odio. «El perdón no significa callar ante la agresión», afirmó.
Un contexto de hostilidad que exige protección
El episodio ocurre después de otras denuncias de agresiones contra cristianos en Israel y Jerusalén Oriental. En un despacho del 3 de mayo de 2026, AFP recogió la preocupación de religiosos y fieles tras el ataque a una monja en Jerusalén. La agencia citó al Centro Rossing, que documentó 61 agresiones físicas contra cristianos durante 2025, entre ellas golpes, escupitajos y uso de gas pimienta.
En otro ámbito geográfico y político, Reuters informó el 14 de julio de 2025 de las denuncias de líderes cristianos por ataques de colonos en Taybeh, en la Cisjordania ocupada. El cardenal Pierbattista Pizzaballa advirtió entonces de que la inseguridad alimentaba la tentación de emigrar. Estos antecedentes no demuestran quién atacó el recinto de Nahariya, pero ayudan a comprender la preocupación por la continuidad de las comunidades cristianas.
La protección del culto es, además, un derecho reconocido por la ONU. El artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos ampara la manifestación de la religión individualmente o en comunidad, tanto en público como en privado. En Nahariya, la exigencia de la Iglesia es concreta: esclarecer la agresión y garantizar que los fieles puedan seguir rezando con seguridad.


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