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“Tener depresión o ansiedad no significa tener poca fe”, afirma obispo mexicano

Ante la intención de oración de León XIV por la salud mental, Mons. Roberto Yenny llama a escuchar sin juzgar, acompañar a quienes sufren y facilitar el acceso a la atención profesional.

ENTREVISTA | IGLESIA EN MÉXICO

Ana Paula Morales (Poli)

10/6/20269 min read

Imagen de Mons. Yenny conversando con jóvenes, “Ilustración creada con IA”.

Ciudad Valles, México.- Decirle “reza más” o “échale ganas” a una persona con depresión puede aumentar su sufrimiento, aunque esas palabras nazcan de una buena intención. Para Mons. Roberto Yenny García, obispo de Ciudad Valles y responsable de la Pastoral de la Salud de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), las comunidades católicas necesitan aprender a escuchar y ayudar a buscar atención profesional.

“Claro que la oración ayuda, pero también hay momentos en que necesitamos decir: ‘Estoy contigo y vamos a buscar ayuda’”, afirma en entrevista con Press Crux, con motivo de la intención de oración de León XIV para octubre, dedicada a la salud mental.El prelado considera que la petición del Papa exige, ante todo, un cambio de mirada: “Una persona con depresión, ansiedad o algún problema de salud mental no es alguien a quien le falta fe o voluntad. Es una persona que está sufriendo y necesita ser escuchada y acompañada”.

En su oración difundida por la Santa Sede el 1 de octubre, el Santo Padre pide por quienes padecen estas enfermedades y por quienes los cuidan. “Haz que tu Iglesia sea casa abierta”, ruega, una comunidad “que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo”.

Mons. Yenny pide comunidades donde sea posible mostrar las propias heridas sin sentirse juzgado.

Un sufrimiento que también puede pasar inadvertido

En México, según el informe de INEGI publicado en septiembre de 2026, el Módulo de Bienestar Autorreportado de ese año identificó indicios de ansiedad en el 21.8% de la población de 12 años y más, y de depresión en el 13.4%. Además, el 6.9% declaró haberse sentido solo la mayor parte o todo el tiempo.

Son indicios detectados mediante una encuesta, no diagnósticos clínicos.

Entre adolescentes, el análisis de UNICEF sobre la situación de la niñez en México, publicado en mayo de 2026, recoge que en 2023 el 24.9% de la población de 10 a 19 años presentó sintomatología depresiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo especializado de Naciones Unidas, identifica la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en adolescentes a escala mundial.

Al hablar de las realidades que más le preocupan, el obispo menciona también las adicciones, la soledad, las consecuencias de la violencia y el suicidio entre adolescentes y jóvenes. Su mirada incluye a personas cuyo dolor suele pasar inadvertido: adultos mayores que viven solos, cuidadores agotados, familias en duelo, sacerdotes y agentes pastorales que atraviesan situaciones de desgaste.

“Hay mucho sufrimiento que no se ve”, advierte.

La OMS estima que en 2023 unos 322 millones de personas vivían con depresión: el 4% de la población mundial y el 5.2% de los adultos. Entre las mujeres adultas, la proporción era del 6.2%, frente al 4.1% entre los hombres. Por su parte, los trastornos de ansiedad afectaban a 470 millones de personas, equivalentes al 5.8% de la población mundial de todas las edades.

La pandemia agravó esta situación. Según un informe de la OMS publicado en 2022, durante el primer año de la COVID-19 la prevalencia mundial de ansiedad y depresión aumentó aproximadamente un 25%. Ese dato expresa un incremento relativo respecto de la situación anterior a la pandemia.

Los adolescentes requieren especial atención. Con base en estimaciones de 2021, la OMS señala que alrededor de uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años vive con algún trastorno mental. En el grupo de 10 a 14 años, estima una prevalencia de trastornos de ansiedad del 4.1% y de depresión del 1.3%; entre los de 15 a 19 años, las proporciones son del 5.3% y del 3.4%, respectivamente.

Las estimaciones de la OMS se refieren a trastornos y no son directamente comparables con las encuestas mexicanas sobre síntomas.

El suicidio juvenil y la necesidad de actuar a tiempo

El aislamiento, la irritabilidad o la caída en el rendimiento escolar pueden suscitar respuestas centradas únicamente en corregir una conducta. Mons. Yenny pide detenerse antes de atribuirlo todo a la disciplina. “Puede haber detrás un sufrimiento que el muchacho no sabe expresar. Familia, escuela, comunidad cristiana y especialistas tenemos que aprender a trabajar juntos y, sobre todo, escuchar al propio joven”, explica.

Esa escucha cobra especial relevancia ante las cifras de suicidio. De acuerdo con los datos preliminares de INEGI, en 2025 ocurrieron y se registraron 8,709 suicidios en México. Entre las personas de 15 a 29 años se contabilizaron 3,318 muertes, el 38.1% del total. El suicidio fue la tercera causa de muerte en ese grupo, con una tasa de 10.2 por cada 100,000 personas, por encima de la nacional de 6.7.

Para el responsable de la Pastoral de la Salud, cualquier expresión de intención suicida debe tomarse en serio, sin minimizarla ni responder únicamente con una exhortación religiosa. "Hay que escuchar, acompañar y, si existe riesgo, no dejar sola a la persona y buscar inmediatamente ayuda profesional”, sostiene. También pide protocolos sencillos para que las comunidades sepan cómo actuar y acompañamiento a las familias que han perdido a un ser querido por suicidio, sin juicios ni palabras que aumenten su culpa.

A escala mundial, el informe de la OMS sobre suicidio estima 727,000 muertes en 2021. En ese año, el suicidio también fue la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. Para el conjunto de la población, la tasa mundial ajustada por edad fue de 8.9 por cada 100,000 habitantes; esta última cifra no es una tasa específica de jóvenes. Entre 2000 y 2021, la tasa mundial ajustada por edad disminuyó un 35%.

En México, el informe de INEGI registra un aumento: la tasa nacional pasó de 5.1 por cada 100,000 habitantes en 2015 a 6.7 en 2025. Por su metodología, la tasa bruta mexicana no debe compararse directamente con la mundial ajustada por edad.

Las adicciones y el acceso a la atención

En México, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 registra una evolución distinta entre adolescentes y adultos. Entre adolescentes de 12 a 17 años, la proporción que había consumido alguna droga ilegal al menos una vez en la vida bajó del 6.2% en 2016 al 4.1% en 2025. Entre adultos de 18 a 65 años, aumentó del 10.6% al 14.6% en el mismo periodo.Al considerar únicamente los 12 meses anteriores a la encuesta de 2025, el consumo de drogas ilegales fue del 2.3% entre adolescentes y del 3% entre adultos. Estas cifras describen consumo, no necesariamente adicción.

En cuanto a la dependencia, la ENCODAT estimó que el 0.6% de la población de 12 a 65 años —aproximadamente 567,000 personas— presentó dependencia de drogas durante los 12 meses previos. El dato corresponde al conjunto de la población estudiada, sin distinguir ambos grupos de edad.

Las adicciones, otra de las preocupaciones del obispo, forman parte de este panorama. El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) estima que 331 millones de personas consumieron drogas durante 2024, un 34% más que en 2014. El organismo advierte que el incremento refleja tanto una mayor prevalencia del consumo como el crecimiento de la población.

En la presentación del informe ante Naciones Unidas, UNODC explicó que unos 63 millones de personas vivían con trastornos por consumo de drogas en 2024 y que apenas alrededor del 8% accedía a alguna forma de tratamiento. El consumo y los trastornos por consumo son indicadores distintos.

“Un sacerdote no se convierte en psicólogo por ser sacerdote”

Mons. Yenny insiste en que el acompañamiento espiritual y la atención psicológica o psiquiátrica pueden colaborar en el cuidado de la persona. Para ello, cada uno debe reconocer su responsabilidad y sus límites. “Los seres humanos somos una unidad: cuerpo, mente, relaciones, espíritu”, afirma. Un sacerdote puede escuchar, ofrecer los sacramentos y acompañar espiritualmente, pero su ministerio no lo habilita por sí mismo para ejercer una profesión sanitaria.

“Un sacerdote no se convierte en psicólogo por ser sacerdote. Cuando se necesita atención profesional, también es parte de nuestro acompañamiento ayudar a buscarla”, puntualiza. Por eso, la primera respuesta pastoral no debería ser una explicación apresurada del sufrimiento. “Primero, alguien que lo escuche. No inmediatamente un consejo, un juicio o una respuesta religiosa”, expresa.

Después de escuchar, el siguiente paso es ofrecer un acompañamiento concreto. Mons. Yenny considera indispensable formar agentes de pastoral que reconozcan señales de alarma, sepan cuándo buscar ayuda profesional y puedan orientar a las personas hacia los servicios adecuados, especialmente cuando no tienen recursos para pagar una consulta.

Cuidar también a quienes cuidan

La petición del Papa abarca a profesionales, familiares y voluntarios que sostienen a quienes atraviesan dificultades de salud mental. Mons. Yenny advierte que el cuidado puede traer consigo cansancio, miedo, culpa o impotencia, y que quienes lo ofrecen también necesitan apoyo. “A veces cuidamos mucho al enfermo y olvidamos al que lo está cuidando”, señala. Para ellos pide espacios donde puedan hablar, descansar y recibir orientación: “También tenemos que cuidar a quienes cuidan”.

Según explica, en distintas diócesis existen centros de escucha, atención psicológica, acompañamiento en duelo, tanatología y redes de profesionales. Desde la Pastoral de la Salud, añade, se han impulsado experiencias de este tipo. El desafío es conectarlas mejor y facilitar el acceso, especialmente a quienes no pueden pagar una consulta.

Para avanzar propone tres prioridades: formación, redes y acceso a la atención. Esto implica vincular parroquias y centros de escucha con psicólogos, psiquiatras y otros profesionales. “Tenemos que superar también la idea de que la parroquia puede resolverlo todo. Hay cosas para las que necesitamos trabajar con otros”, afirma.

La esperanza de saber que uno no está solo

Sin revelar casos particulares, el obispo comparte una enseñanza que ha recibido al acompañar situaciones difíciles: no siempre hace falta tener una respuesta inmediata. “Hay momentos en que nuestra primera tarea es simplemente ‘estar’. Escuchar sin apresurarnos a explicar el sufrimiento, sin juzgar y sin pretender resolver inmediatamente la vida del otro”, dice.

A quien hoy enfrenta depresión, ansiedad o desesperanza, dirige una invitación: “No te quedes solo con lo que estás viviendo. Pedir ayuda no es debilidad”. “Muchas veces he comprobado que una persona comienza a recuperar esperanza cuando descubre algo muy sencillo: que no está sola”.

Mons. Roberto Yenny García, obispo de Ciudad Valles, junto al Papa León XIV. Foto: cortesía de Mons. Yenny.

Video de su Santidad el Papa León XIV con motivo de su intención mensual: Salud mental

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