Si no pudiste rezar el Rosario por la Paz en Medio Oriente, aún puedes verlo y unirte en oración aquí.
¿Se necesita un millón de pesos para hacer santo a alguien? Un vicepostulador responde y habla de las mujeres olvidadas
El padre Rubén Rodríguez Balderas explica por qué las canonizaciones pueden tardar décadas, qué papel desempeñan los historiadores y por qué la Iglesia necesita recuperar los testimonios de santidad de más mujeres mexicanas.
ENTREVISTA 3 DE 5 | IGLESIA EN MÉXICO
Ana Paula Morales (Poli)
11/5/20266 min leer


Vista panorámica de la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, durante una multitudinaria celebración litúrgica presidida en el marco de una ceremonia de la Iglesia católica. Miles de fieles se congregan frente a la Basílica de San Pedro. Foto: archivo.
CIUDAD DE MÉXICO.— Cuando se habla de canonizaciones, una de las preguntas más frecuentes es cuánto dinero se necesita para llevar a una persona a los altares. Existe la creencia de que estos procesos son necesariamente millonarios o que la rapidez de una causa depende de los recursos económicos disponibles. Sin embargo, detrás del reconocimiento oficial de un santo hay investigaciones que pueden extenderse durante décadas y que requieren el trabajo de historiadores, teólogos y especialistas.
El padre Rubén Rodríguez Balderas, sacerdote del Opus Dei, doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad de Navarra y vicepostulador de la canonización de los Niños Mártires de Tlaxcala, abordó estas cuestiones durante una entrevista exclusiva con Press Crux.
Al referirse a la idea de que basta reunir una suma de dinero para conseguir una canonización, el sacerdote ironizó sobre quienes imaginan que el proceso puede resolverse con un millón de pesos.
«Te doy el millón de pesos y arregla, a ver qué es», comentó, antes de resumir lo que considera verdaderamente indispensable: «Trabajo, trabajo, trabajo, pero muy bien hecho».
¿Cuánto cuesta realmente una canonización?
Las causas de beatificación y canonización sí generan gastos, como reconoce expresamente la Santa Sede. Es necesario financiar investigaciones, viajes, estudios documentales, traducciones, honorarios profesionales y otros procedimientos derivados del trabajo diocesano y romano.
En 2016, durante el pontificado del Papa Francisco, la Santa Sede publicó unas normas sobre la administración de los bienes destinados a las causas de beatificación y canonización, que establecieron mecanismos de vigilancia económica y rendición de cuentas.
La normativa prevé la administración de fondos, la presentación de balances y la supervisión de gastos. También contempla mecanismos de solidaridad para determinadas causas que experimentan dificultades económicas.
Por tanto, afirmar que una canonización no cuesta dinero sería incorrecto. Pero también lo sería sostener que el reconocimiento de la santidad puede comprarse.
La decisión final no depende de una aportación económica, sino del proceso canónico y de la evaluación realizada por la autoridad eclesiástica competente.
El trabajo invisible de los historiadores
El padre Rodríguez participó en la causa de los santos Cristóbal, Antonio y Juan, canonizados por el Papa Francisco en 2017, y posteriormente colaboró con otras investigaciones, entre ellas la de Arturo Álvarez Ramírez, en Guadalajara.
Recordó que la fase diocesana de esta última pudo completarse en aproximadamente dos años, gracias a la recopilación y organización de numerosos documentos.
Según explicó, el expediente ya se encuentra en Roma y se trabaja en la preparación de la positio, un documento que reúne de manera sistemática el material necesario para el estudio de la vida y las virtudes del candidato.
El historiador mencionó también que, en otra de las investigaciones en las que participa, relacionada con fray Antonio Alcalde, se han reunido aproximadamente 2,500 documentos.
Estos ejemplos muestran que el reconocimiento de la santidad no depende únicamente de una devoción popular. Requiere reconstruir la vida de una persona, distinguir los hechos comprobables de las tradiciones y examinar cuidadosamente las fuentes.
¿Por qué hay tan pocas santas mexicanas?
La conversación abordó también una pregunta que trasciende los procedimientos canónicos: ¿por qué la historia de la santidad mexicana está representada mayoritariamente por hombres?
El padre Rodríguez mencionó la gran diferencia entre el número de santos varones y mujeres mexicanas, y alentó a reconocer más ampliamente los testimonios femeninos de santidad.
Entre las mujeres nacidas en México que han sido canonizadas se encuentran Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, elevada a los altares por San Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000, y Santa María Guadalupe García Zavala, canonizada por el Papa Francisco el 12 de mayo de 2013.
En la homilía de canonización de Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, el Papa San Juan Pablo II destacó su caridad hacia los pobres y enfermos, y el profundo vínculo entre su espiritualidad eucarística y el servicio al prójimo.
La pregunta sobre las mujeres que todavía no han sido reconocidas públicamente invita también a examinar cómo se ha escrito y conservado la historia.
Durante siglos, la vida de muchas mujeres transcurrió en espacios domésticos, comunitarios y religiosos cuya documentación no siempre recibió la misma atención que las trayectorias de obispos, sacerdotes o fundadores.
Aunque esta realidad no permite explicar por sí sola las diferencias en el número de canonizaciones, sí plantea un desafío: buscar, estudiar y conservar los testimonios de mujeres cuya vida cristiana dejó una huella profunda en sus comunidades.
Tres niños indígenas, laicos y santos
El propio padre Rodríguez encontró un ejemplo significativo de la diversidad de caminos hacia la santidad en los Niños Mártires de Tlaxcala.
Cristóbal, Antonio y Juan no fueron sacerdotes ni religiosos. Eran adolescentes indígenas que abrazaron la fe cristiana durante los primeros años de la evangelización de México.
«Indígenas cien por ciento. Laicos, no eran seminaristas», recordó el sacerdote.
Los tres fueron canonizados por el Papa Francisco el 15 de octubre de 2017, un acontecimiento que recordó a la Iglesia universal que la santidad no está reservada a quienes ocupan cargos eclesiásticos o pertenecen a una congregación religiosa.
Para el historiador, el desafío consiste en seguir descubriendo testimonios que el tiempo, el desconocimiento o la falta de investigaciones han dejado en segundo plano.
«México es un país verdaderamente grandioso. Estamos empezando a conocerlo», afirmó.
Quizá una de las tareas pendientes de la Iglesia en México sea precisamente esa: investigar la santidad que permanece escondida en sus propias páginas de historia.
El padre Rubén Rodríguez durante una conferencia en Monterrey, Nuevo León, México. Foto: Cortesía del P. Rubén Rodríguez.


¿Quieres ayudarnos a crecer? Lee. Reza. Comparte.
Lee nuestras noticias y convierte cada historia en oración: por el país que atraviesa una crisis, por quienes sufren, por el misionero o la misionera y por la persona que comparte su testimonio.
A lo largo de mi vida me ha inspirado el ejemplo de un santo que rezaba mientras leía las noticias: miraba el mundo y lo ponía ante Dios.
Y, si está en tus posibilidades, apoya a Press Crux para que podamos seguir contando estas historias con rigor, independencia y esperanza.




