Sagrado Corazón película México: Pablo José Barroso habla del impacto del filme

Pablo José Barroso habla con Press Crux sobre el impacto de Sagrado Corazón en México: confesiones después de años, reconciliación y cerca de 80 mil espectadores. Sagrado Corazón película México

ENTREVISTA | PELÍCULA SAGRADO CORAZÓN | MÉXICO

Ana Paula Morales (Poli)

9/12/20267 min read

Ciudad de México.-Tres semanas después de su estreno en México, Sagrado Corazón: Su Reino no tendrá fin empieza a dejar detrás algo más difícil de medir que la taquilla.

Personas que llevaban años sin confesarse han regresado al sacramento. Otras se han reconocido en los testimonios que aparecen en pantalla. Algunas, según relata Pablo José Barroso, han encontrado motivos para perdonar, reconciliarse o volver a acercarse a Dios.

Barroso conoce bien lo que significa apostar por una película de contenido católico.

Fundador de Dos Corazones Films, ha desarrollado durante cerca de dos décadas proyectos cinematográficos vinculados con la fe y la evangelización. Fue productor de Guadalupe, estrenada en 2006, y de Cristiada, la producción sobre la persecución religiosa en México protagonizada por Andy García, Peter O'Toole y Eva Longoria. Más recientemente dirigió y produjo Max, cinta animada sobre san Maximiliano Kolbe.

En esta ocasión no es el realizador de Sagrado Corazón. La película es una producción francesa dirigida por Sabrina y Steven J. Gunnell; Dos Corazones Films participa en su distribución en México. El documental combina la historia de las apariciones del Sagrado Corazón a santa Margarita María de Alacoque con testimonios actuales de personas cuyas vidas han sido transformadas por esta espiritualidad.

Desde esa experiencia acumulada detrás de producciones, estrenos y distribución de cine religioso, Barroso observa ahora la reacción del público mexicano.

“Ha habido gente que se ha ido a confesar después de muchos años de no haberse confesado”, dijo en entrevista con Press Crux.

Para él, una de las sorpresas ha sido comprobar que la película no provoca la misma reacción en todos.

“Hay mucha gente que se ha identificado con ciertos testimonios que están en la película. Ha sido una gran sorpresa ver cómo a cada quien le habla distinto”.

Una película que no habla únicamente a los católicos

Sagrado Corazón parte de una devoción profundamente arraigada en la tradición católica, pero Barroso considera que el punto de partida de la película es mucho más universal: la necesidad humana de amar y de ser amado.

“Todos estamos buscando el amor. Seas de cualquier religión o seas ateo, al final de cuentas, ¿a quién no le gusta ser amado y a quién no le gusta amar?”, plantea.

Para Barroso, la propuesta de la película consiste precisamente en mostrar que esa búsqueda puede conducir al encuentro con Cristo.

“Jesús sale a nuestro encuentro porque quiere darnos su amor”.

Y en medio de una cultura donde el bienestar suele asociarse con el éxito material, el productor considera que la película propone una respuesta radicalmente sencilla.

“Te enseña cómo puedes encontrar ese sentido de la vida que andas buscando y que no encuentras en otras cosas materiales, y encontrarlo en algo tan sencillo como dejarte amar por Él, que es el amor”.

“El amor siempre nos repara”

Uno de los conceptos centrales de la espiritualidad del Sagrado Corazón es la reparación.

Las apariciones a santa Margarita María de Alacoque, ocurridas en Paray-le-Monial en el siglo XVII, colocaron en el centro el amor de Cristo por la humanidad y la respuesta del ser humano ante ese amor. El press kit de la película resume ese mensaje en tres dimensiones: Cristo muestra su Corazón lleno de amor por las personas, lamenta la indiferencia con la que muchas veces ese amor es recibido y pide una respuesta de reparación.

Pero ¿qué significa reparar hoy?

Para Barroso, no puede reducirse a una práctica piadosa ni a la repetición de una oración.

“El amor siempre nos repara”, afirma.

Esa reparación comienza, explica, cuando una persona permite que Dios sane sus propias heridas, pero no termina ahí.

“Nosotros salimos sanados de nuestras heridas, pero también Jesús quiere que lo reparemos a Él”.

¿De qué manera?

“Siendo mejores personas, amando al prójimo”.

Barroso vuelve así al núcleo del Evangelio: amar a Dios y amar al prójimo.

La devoción, desde esta perspectiva, no tendría sentido si no produce un cambio concreto en la manera de vivir.

350 años después

La película se estrenó en torno al aniversario de las apariciones del Sagrado Corazón a santa Margarita María de Alacoque, cuyo jubileo por los 350 años concluyó en junio de 2025. Sin embargo, Barroso hace una precisión teológica importante: el amor de Dios no comenzó hace 350 años.

“La devoción y el amor de Dios están desde el principio. Juan evangelista nos dice que Dios es amor”.

Lo que ha cambiado son los lenguajes con los que ese mensaje puede transmitirse.

Y ahí es donde Barroso vuelve a una convicción que ha marcado buena parte de su trayectoria: el cine puede ser una herramienta de evangelización.

En 2006, cuando presentó Guadalupe, hablaba ya de utilizar los medios masivos para acercar al público un mensaje de fe. Años después, al hablar de Cristiada, explicaba que había encontrado en el cine una forma de comunicar la existencia de “un Dios vivo” a públicos a los que quizá no alcanzaría desde otro espacio.

Hoy mantiene la misma idea.

“En la Iglesia somos tú y yo. Todos los bautizados somos Iglesia. No podemos dejar toda la responsabilidad a la jerarquía”, señala.

Por eso considera fundamental que los católicos no sólo produzcan contenidos, sino que también los respalden.

“Sí es importante usar las tecnologías actuales y por eso creo que el cine es una herramienta en la que podemos y debemos estar”.

La carrera contra el tiempo de una película católica

Pero llevar una película religiosa a las salas tiene una dificultad adicional: el tiempo.

Un libro puede permanecer disponible durante meses o años. Una película, en cambio, puede perder sus salas en cuestión de días.

“Una película te dan una semana en el estreno y si no va la gente, la quitan”, explica Barroso.

Con Sagrado Corazón, el comportamiento inicial permitió mantenerla.

“La primera semana nos mantuvieron; la segunda nos dieron un poquito más de cines y en ésta estamos a la mitad”, señaló durante la entrevista.

Por eso insiste en que las primeras semanas son decisivas.

No es solamente una cuestión comercial. Para Barroso, llenar las salas permite extender el tiempo durante el cual una película puede encontrarse con nuevas personas.

Según los datos que comparte, alrededor de 80 mil espectadores habían visto ya Sagrado Corazón en México al momento de la entrevista.

En Francia, señala, la película superó los 500 mil.

Barroso conoce bien el desafío. Durante años ha participado como productor y distribuidor de cine religioso; medios católicos lo han identificado también como responsable de la distribución de distintas producciones a través de Dos Corazones Films.

Sin embargo, para él, ninguna de esas cifras responde por sí sola a la pregunta fundamental.

“¿Cuánto vale un alma?”

Cuando se le pregunta cómo mediría el verdadero éxito de Sagrado Corazón, Barroso no responde con espectadores, taquilla o semanas en cartelera.

“Más que el número de espectadores, son las personas que hayan transformado sus vidas gracias a la película”.

Después lanza una pregunta:

“¿Cuánto vale un alma? No tiene precio”.

Es posiblemente la frase que mejor resume la manera en la que Barroso entiende el cine que ha impulsado durante años.

El resultado de una película, sostiene, puede estar ocurriendo en lugares imposibles de contabilizar: en alguien que decide volver a confesarse, en quien perdona una herida antigua, en una familia que recupera una práctica de fe o simplemente en una persona que vuelve a preguntarse por Dios.

“Yo creo que nos vamos a dar cuenta hasta que lleguemos al cielo”.

México y el Sagrado Corazón

La llegada de la película coincide además con un momento especialmente significativo para esta devoción en México.

Barroso recuerda la renovación realizada este año de la consagración de México al Sagrado Corazón, a cien años de aquella consagración, así como distintas iniciativas diocesanas para promover una consagración personal.

Pero nuevamente introduce una advertencia: una consagración no consiste únicamente en recitar una fórmula.

“Es un cambio de vida”.

Y ese cambio, afirma, no significa convertirse de un día para otro en personas sin defectos.

“No quiere decir que no tengamos nuestros defectos, nuestros arranques, nuestra desesperación y muchas otras cosas. Dios nos ama como somos”.

Lo que ocurre después, explica, es un camino.

“Busca ayudarnos a ser mejores personas y que estemos cerca de Él”.

Para Barroso, ésa es también la lógica del Sagrado Corazón: un Dios que no permanece esperando pasivamente a que el hombre regrese.

Sale a buscarlo.

Como el padre que corre hacia el hijo pródigo.

Como el pastor que va detrás de una sola oveja.

Y quizá por eso, después de años produciendo, dirigiendo y distribuyendo películas, Barroso sigue utilizando una medida que no aparece en ninguna estadística de taquilla.

Una sola persona.

Un regreso.

Un perdón.

Una confesión después de años.

“¿Cuánto vale un alma?”, vuelve a preguntar.

“No tiene precio”.

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