Si no pudiste rezar el Rosario por la Paz en Medio Oriente, aún puedes verlo y unirte en oración aquí.
«La esperanza vuelve a abrir sus puertas»: una iglesia renace en Irak, donde apenas quedan 14 familias cristianas
En una región donde llegaron a vivir hasta 500 familias cristianas, la restauración de la iglesia católica siríaca de San José representa mucho más que la recuperación de un templo: es un signo de esperanza, perseverancia y convivencia en un país marcado por décadas de guerras y emigración.
IGLESIA EN MEDIO ORIENTE | IRAK
Ana Paula Morales (Poli)
11/3/20267 min leer


Pie de foto:La iglesia católica siríaca de San José, en Amara, provincia iraquí de Maysan, reabrió sus puertas el 31 de octubre de 2026 después de trabajos de restauración. En esta región del sur de Irak permanecen apenas 14 familias cristianas, según fuentes eclesiales locales. La recuperación del templo representa un signo de esperanza para la continuidad de la presencia cristiana. Fotografía: crédito pendiente de confirmar.
AMARA, Irak. En una región donde las guerras, la inestabilidad política y la emigración han reducido drásticamente la presencia cristiana, una iglesia ha vuelto a abrir sus puertas como signo de esperanza. El pasado 31 de octubre, la comunidad católica siríaca de Amara, capital de la provincia de Maysan, en el sur de Irak, celebró la reapertura de la iglesia de San José, restaurada después de años de dificultades para una población que ha visto marcharse a buena parte de sus familias. Allí, donde durante las décadas de 1960 y 1970 llegaron a vivir entre 400 y 500 familias cristianas y hoy permanecen apenas 14, recuperar un espacio de oración significa también preservar la memoria de quienes construyeron una comunidad de fe y ofrecer a las nuevas generaciones un lugar donde sus raíces puedan seguir vivas.
La ceremonia reunió a autoridades civiles, representantes de distintas comunidades cristianas, sacerdotes, responsables eclesiásticos y fieles procedentes de varias localidades del sur iraquí. De acuerdo con la Agencia Nacional Iraquí de Noticias (NINA), el acto fue encabezado por el gobernador de Maysan, Habib Daher al-Fartousi, y contó con la presencia de monseñor Mar Firas Athanasius Dardar, vicario patriarcal de la Iglesia católica siríaca para el sur de Irak y el Golfo Arábigo, además de representantes políticos y religiosos. Durante la inauguración, el gobernador destacó la importancia de la tolerancia, la fraternidad y la convivencia pacífica entre las distintas comunidades del país, y afirmó que la protección del patrimonio religioso y cultural constituye una condición fundamental para fortalecer la paz y la estabilidad.
De cientos de familias cristianas a apenas 14
La historia de San José está estrechamente vinculada a la transformación demográfica que ha vivido Irak durante las últimas décadas. Según informó el periódico iraquí Al-Wasat, el padre Aram Sabah Qanoun, de la eparquía caldea de Basora y el sur de Irak, explicó durante la reapertura que actualmente permanecen alrededor de 14 familias cristianas en Maysan, frente a las 400 o 500 que habitaban la provincia durante las décadas de 1960 y 1970. Detrás de estas cifras se encuentra la historia de generaciones que abandonaron sus hogares, de comunidades que perdieron buena parte de sus integrantes y de familias que, pese a las dificultades, decidieron permanecer en una tierra donde el cristianismo tiene raíces milenarias.
Esta disminución no se produjo de manera repentina. Las sucesivas guerras, los desplazamientos de población, las dificultades económicas y las crisis de seguridad han afectado profundamente a las comunidades cristianas de Irak. En enero de 2025, monseñor Habib Hormuz, obispo caldeo de Basora y el sur del país, describió la situación de los cristianos de Amara y señaló que entonces permanecían 16 familias. El prelado recordó que la presencia cristiana en la región se remonta a los primeros siglos del cristianismo y explicó que las guerras y la inestabilidad política habían contribuido a reducir progresivamente una comunidad que durante generaciones formó parte de la diversidad religiosa y cultural iraquí.
El propio obispo explicó que, a pesar del reducido número de fieles, la vida religiosa nunca desapareció completamente de la ciudad. Un sacerdote caldeo procedente de Basora continuaba celebrando la Eucaristía una vez al mes, mientras que la presencia de un diácono católico siríaco permitía mantener los vínculos con la tradición eclesial local. La continuidad de estas pequeñas comunidades revela una realidad menos visible que las cifras de emigración: la de quienes han mantenido sus prácticas religiosas, sus lugares de encuentro y sus tradiciones incluso cuando las circunstancias parecían favorecer su desaparición.
Una iglesia restaurada para conservar la fe y la memoria
La iglesia de San José forma parte del patrimonio histórico y religioso de Maysan. Según las informaciones recogidas por SyriacPress, los trabajos de restauración fueron posibles gracias a la colaboración de diversas organizaciones benéficas y se desarrollaron bajo la supervisión de monseñor Dardar. El objetivo fue recuperar un edificio de gran significado para la comunidad caldea, siríaca y asiria de la región y contribuir a la conservación de una herencia religiosa que forma parte de la historia de Irak.
Para el padre Aram Sabah Qanoun, la ceremonia representó también una expresión de amor y fraternidad entre los distintos integrantes de la sociedad iraquí. El sacerdote destacó la colaboración que permitió devolver al templo su función religiosa y comunitaria, mientras que las autoridades civiles manifestaron su compromiso con la protección de los lugares de culto y los derechos de las comunidades religiosas. En un país donde las diferencias de religión y pertenencia comunitaria han convivido con periodos de graves enfrentamientos, la participación de representantes de distintas instituciones en la reapertura constituye un gesto significativo de reconocimiento de la diversidad.
Pero la recuperación de San José tiene, además, una dimensión profundamente humana. Para las familias cristianas que todavía viven en Maysan, una iglesia no representa únicamente un edificio destinado a las celebraciones litúrgicas. Es también el lugar donde se conservan recuerdos familiares, tradiciones transmitidas entre generaciones y una identidad religiosa que ha resistido el paso del tiempo. La reapertura ofrece la posibilidad de fortalecer esos vínculos y mantener un espacio de encuentro para una comunidad pequeña, cuya continuidad depende tanto de la protección de sus derechos como de la capacidad de transmitir su patrimonio espiritual.
Irak: una presencia cristiana que se resiste a desaparecer
La situación de los cristianos en el sur de Irak forma parte de una realidad más amplia. Durante las últimas décadas, las comunidades cristianas del país han sufrido las consecuencias de numerosos conflictos, entre ellos la guerra entre Irak e Irán, la invasión estadounidense de 2003 y el posterior deterioro de la seguridad, así como la violencia perpetrada por organizaciones extremistas. Estos acontecimientos provocaron desplazamientos masivos, emigración y el debilitamiento de comunidades que durante siglos habían contribuido a la vida cultural, educativa y religiosa del territorio.
Sin embargo, la historia de los cristianos iraquíes no puede reducirse a una sucesión de persecuciones y pérdidas. También es una historia de perseverancia, reconstrucción y convivencia. En distintas regiones del país, comunidades pequeñas han continuado celebrando la liturgia, restaurando sus templos y transmitiendo sus tradiciones, incluso cuando las condiciones sociales y económicas dificultan la permanencia de las nuevas generaciones.
La reapertura de San José recuerda precisamente esa dimensión de la historia cristiana de Irak: la capacidad de conservar la fe y la esperanza aun cuando la comunidad se ha reducido considerablemente. El templo restaurado no garantiza el regreso de las familias emigradas ni resuelve los problemas de seguridad, empleo y estabilidad que continúan afectando al país. No obstante, representa una señal de que la presencia cristiana sigue siendo reconocida como parte del patrimonio común y de que existen esfuerzos para preservar sus lugares de culto.
La esperanza también se reconstruye
La restauración de San José se produjo en una fecha de especial significado para los cristianos iraquíes. El 31 de octubre se cumplían dieciséis años del atentado perpetrado en 2010 contra la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad, uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente del cristianismo en el país. Aquella tragedia dejó una profunda herida en la comunidad católica siríaca y se convirtió en símbolo del sufrimiento de los cristianos iraquíes ante la violencia extremista.
Dieciséis años después, la reapertura de una iglesia de la misma tradición eclesial ofrece una imagen distinta, aunque igualmente significativa. Mientras la memoria de las víctimas continúa presente, la recuperación de San José recuerda que las comunidades cristianas también siguen escribiendo su historia a través de la reconstrucción, la oración y los esfuerzos por permanecer en su tierra.
En Amara, donde apenas quedan 14 familias cristianas, las puertas abiertas de San José representan una esperanza que no depende del número de fieles ni de la grandeza de los edificios. Es la esperanza de quienes siguen creyendo que su historia merece continuar, de quienes conservan la fe recibida de sus antepasados y de quienes desean que las próximas generaciones puedan reconocer en aquellos muros una parte de su propia identidad.
En un Medio Oriente donde tantas noticias hablan de iglesias destruidas, desplazamientos y comunidades amenazadas, la historia de San José permite contemplar otra realidad: la de una comunidad que todavía encuentra motivos para reconstruir, reunirse y mirar hacia el futuro.
Porque, a veces, la esperanza no comienza con grandes acontecimientos, sino con algo tan sencillo y tan profundo como volver a abrir las puertas de una iglesia.


¿Quieres ayudarnos a crecer? Lee. Reza. Comparte.
Lee nuestras noticias y convierte cada historia en oración: por el país que atraviesa una crisis, por quienes sufren, por el misionero o la misionera y por la persona que comparte su testimonio.
A lo largo de mi vida me ha inspirado el ejemplo de un santo que rezaba mientras leía las noticias: miraba el mundo y lo ponía ante Dios.
También te puede interesar




