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“La paz es un don escaso en esta región”: la Iglesia acompaña a refugiados y familias en Jordania
Desde el santuario de Nuestra Señora del Monte, el misionero argentino Padre Víctor Moreyra relata cómo la guerra atraviesa el cielo jordano, golpea la economía y empuja a los jóvenes a emigrar. Frente a ello, la Iglesia sostiene escuelas, asistencia médica y proyectos para refugiados, al tiempo que procura fortalecer a las familias cristianas para que permanezcan en su tierra.
ENTREVISTA | IGLESIA EN JORDANIA
Ana Paula Morales (Poli)
9/19/20266 min read
Anjara, Jordania.- Jordania no está en guerra, pero la guerra cruza su cielo. Cuando suenan las alarmas por el paso de misiles y drones, el padre Víctor Moreyra busca dónde resguardarse. En el país, explica, no existen refugios preparados para este tipo de ataques.
“Jordania es un país, hasta ahora, muy bendecido por Dios con el don de la paz”, afirmó el sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado, misionero en Anjara. Pero enseguida matizó: “La paz es un don bastante escaso por aquí”.
Rodeado por Israel, los territorios palestinos, Siria, Irak y Arabia Saudita, el reino hachemita ha logrado mantenerse al margen de las guerras que sacuden la región. Esa estabilidad, sin embargo, no lo ha aislado de sus consecuencias. Los ataques contra instalaciones militares extranjeras, el cierre temporal del espacio aéreo y las interrupciones de vuelos han llevado el temor a la vida cotidiana.
“Cuando pasan los ataques de un lado a otro, atraviesan el espacio aéreo jordano. Eso sí influye en la vida cotidiana”, dijo Moreyra. “Hay un sistema de alarma y uno trata de ponerse a resguardo”.
En julio de 2026, la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea recomendó a las aerolíneas evitar el espacio aéreo jordano ante el aumento de la actividad militar y la activación de los sistemas de defensa del país, según informó Reuters. Irán aseguró haber atacado instalaciones estadounidenses en Jordania, incluida la base aérea de Al Azraq, aunque la agencia señaló que no pudo verificar de manera independiente todos los detalles de esos ataques.
Jordania mantiene una estrecha relación con Estados Unidos y, al mismo tiempo, intenta evitar que la confrontación regional llegue a su territorio. Associated Press informó que los ataques iraníes contra instalaciones estadounidenses han puesto a prueba esa delicada posición. Moreyra atribuye buena parte del equilibrio a la labor diplomática del rey Abdalá II y de la Casa Real.
“Alrededor nuestro hay muchísimos problemas, pero aquí no llegan de manera directa como en otros lugares”, explicó. La población, no obstante, percibe sus efectos en el precio del combustible, el comercio, el empleo y, de manera especial, en el turismo.
La guerra vacía los lugares de peregrinación
Antes de la guerra en Gaza, el turismo representaba alrededor del 12.5% de la economía jordana. Reuters documentó que la percepción de que todo Medio Oriente es inseguro provocó cancelaciones de viajes, reducción de vuelos y una caída de visitantes en Petra, Wadi Rum y otros destinos, pese a que el país no participa directamente en las hostilidades.
En Anjara, donde Moreyra sirve en el santuario de Nuestra Señora del Monte, la ausencia de peregrinos y viajeros se traduce en menos ingresos para las familias. A ello se suma una preocupación que aparece una y otra vez en las conversaciones con los jóvenes: marcharse.
“Siempre está en ellos el pensamiento de buscar un futuro mejor fuera de Medio Oriente y fuera de Jordania”, reconoció el sacerdote.
La Iglesia trata de responder con oportunidades de estudio y empleo. También acompaña a los matrimonios jóvenes que desean formar una familia, pero encuentran dificultades económicas para hacerlo.
“Las familias jordanas tienen un gran amor por la vida. Quieren tener hijos y dejar descendencia”, señaló Moreyra. Instituciones como Cáritas, añadió, realizan “un trabajo silencioso” para sostenerlas.
Al santuario de Anjara llegan parejas de distintas partes del país para pedir a la Virgen la gracia de concebir un hijo. La devoción a Nuestra Señora del Monte ha convertido el lugar en un centro de peregrinación. Según Moreyra, el patriarca ha llamado a la Virgen de Anjara “Madre de todos los jordanos”.
Para Moreyra, ayudar a los jóvenes a permanecer y apoyar a las familias no son tareas separadas. Ambas buscan preservar comunidades que se reducen a medida que sus miembros parten en busca de seguridad y trabajo.
Refugiados que acompañan a otros refugiados
Jordania ha acogido durante décadas a palestinos, iraquíes y sirios que huyeron de guerras, persecuciones y crisis humanitarias. “Es un país que generosamente ha recibido a todos los refugiados que han llegado”, afirmó el misionero.
El Gobierno jordano, organismos internacionales, el Patriarcado Latino de Jerusalén, Cáritas y distintas congregaciones coordinan programas de alimentación, atención médica, educación y capacitación laboral. La ayuda, subrayó Moreyra, no depende de la fe de quien llama a la puerta.
“La Iglesia nunca cierra las puertas de la caridad de Cristo a nadie. Se ayuda a la persona, sea de la religión que sea”.
En Anjara, la parroquia carece de la infraestructura de los grandes centros de acogida, pero ha recibido proyectos de Cáritas para impartir clases de apoyo a niños refugiados y ofrecer capacitación a mujeres.
Algunos de quienes realizan este trabajo conocen el desplazamiento en primera persona. Moreyra recordó a sacerdotes y religiosos iraquíes obligados a abandonar sus propias comunidades que hoy acompañan a familias refugiadas en Jordania.
“Es muy difícil ser refugiado. Ellos hablan mucho de su tierra, de lo que han perdido y de todo lo que dejaron atrás”, relató.
El sacerdote ve en esas historias un eco de la huida de la Sagrada Familia a Egipto. “Estar lejos de la propia tierra es una experiencia de la cruz, del sufrimiento de Cristo. Pero también es una experiencia de esperanza, porque Dios nunca abandona al que sufre”.
“En el que sufre está presente Cristo”
Antes de llegar a Jordania, Moreyra fue misionero en Brasil, Perú, Egipto y Beit Jala, cerca de Belén. Cada destino, aseguró, le confirmó que un misionero necesita aprender no solo la lengua, sino también la cultura del pueblo al que es enviado.
Ahora su misión transcurre entre familias jordanas, peregrinos y personas desplazadas. En ellas, dijo, reconoce las palabras de Jesús en el Evangelio de san Mateo: “Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron”.
“En la persona que sufre está presente la imagen de Nuestro Señor Jesucristo”, afirmó. La atención de una necesidad material o espiritual no es, para él, una actividad secundaria de la Iglesia, sino una forma concreta de encuentro con Cristo.
El Papa León XIV ha pedido un alto el fuego y la reapertura del diálogo en Medio Oriente. En marzo advirtió que “la violencia nunca podrá conducir a la justicia, la estabilidad y la paz que esperan los pueblos”, y pidió a los responsables de la confrontación detener las armas. En julio volvió a expresar su preocupación por las víctimas civiles en Gaza y Cisjordania y reclamó negociaciones para alcanzar una paz justa.
Desde Anjara, el padre Moreyra ve las consecuencias de esa violencia en quienes huyeron de sus países y en los jóvenes que dudan si todavía pueden construir su futuro en Jordania. Su tarea, asegura, es permanecer cerca de ellos.
“Dios nunca abandona a los que sufren. Siempre está muy cerca de ellos”.


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El padre Víctor Moreyra, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado, durante una celebración litúrgica en el santuario de Nuestra Señora del Monte, en Anjara, Jordania. Crédito: Cortesía del padre Víctor Moreyra.




