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«Dios está presente en su lucha»: director del Diálogo por la Paz sobre madres buscadoras
El padre Jorge Atilano González Candia explica a Press Crux cómo la fe, la escucha y el acompañamiento sostienen a las familias de personas desaparecidas en México. La iniciativa que dirige nació tras el asesinato de dos jesuitas en Cerocahui en 2022 y busca transformar el dolor de las víctimas en caminos de paz y justicia.
ENTREVISTA | IGLESIA EN MÉXICO
Ana Paula Morales (Poli)
10/27/20268 min leer


Ciudad de México.- Las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos necesitan encontrar en la Iglesia una comunidad que las escuche, rece con ellas y acompañe sus esfuerzos por conocer la verdad. Así lo señala el padre Jorge Atilano González Candia, sacerdote jesuita y director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, quien reconoce en la perseverancia de las madres buscadoras una expresión de valentía y de fe: “Dios está presente en su lucha”.
En entrevista con Press Crux, el sacerdote propone acciones concretas para las parroquias: abrir los templos a las familias, dar visibilidad a las búsquedas, colocar fotografías de sus seres queridos en los altares y recordar sus nombres durante las celebraciones. El propósito, afirma, es “que sientan en la Iglesia un aliado para sus luchas y sus búsquedas”.
Una búsqueda que reúne a miles de familias
México enfrenta una violencia vinculada al crimen organizado que deja asesinatos, amenazas y personas desaparecidas: familias que dejan de saber dónde están sus seres queridos y qué les ocurrió. Ante la falta de respuestas, muchas madres se organizan para buscarlos, difundir sus fotografías y rastrear posibles lugares de entierro clandestino; por eso se las conoce como madres buscadoras. Sus colectivos también reúnen a padres, hermanos, esposas y otros familiares. Según Reuters, quienes buscan suelen enfrentar amenazas y muchos casos permanecen sin resolver, lo que alimenta la desconfianza hacia las autoridades.
La magnitud de la crisis aparece en los registros nacionales. En una información publicada el 27 de marzo de 2026, Associated Press señaló que México contabilizaba alrededor de 130 mil personas desaparecidas y recogió las críticas de colectivos a la revisión gubernamental de esos datos. Esa cifra corresponde a aquel momento. La agencia explicó que las desapariciones habían aumentado desde el inicio de la estrategia contra el narcotráfico en 2006.
Para el padre Atilano, detrás de esas cifras están las familias que han aprendido a buscar y a sostenerse mutuamente durante años de incertidumbre. “Es impresionante cómo estas mujeres están haciendo tareas que el Estado no ha podido hacer”, afirma. Su esfuerzo, añade, impulsa a otras personas a involucrarse y acompañarlas.
Cerocahui: el dolor que dio origen al movimiento
El Diálogo Nacional por la Paz nació en 2022, después de una tragedia que conmovió a la Iglesia mexicana. El 20 de junio de ese año fueron asesinados los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar en Cerocahui, una comunidad de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, al norte del país. También fue asesinado el guía de turistas Pedro Palma.
En su declaración publicada al día siguiente, la Compañía de Jesús informó que los religiosos habían intentado defender a un hombre que buscaba refugio en el templo y era perseguido por una persona armada. La violencia había alcanzado a dos sacerdotes que dedicaban su vida al servicio de las comunidades de la región.
A partir de esa herida comenzó un camino de escucha y organización. Según la historia del movimiento publicada por la Compañía de Jesús, el Diálogo articula a los jesuitas de México, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México y la Dimensión Episcopal para los Laicos, en colaboración con la sociedad civil. Su finalidad es promover la reconciliación, la justicia y la reconstrucción de los vínculos comunitarios dañados por la violencia.
Dos encuentros nacionales para construir respuestas
Ese proceso ha tenido dos grandes encuentros nacionales, además de foros y espacios de trabajo locales. El primero se celebró del 21 al 23 de septiembre de 2023 en la Universidad Iberoamericana Puebla, en el centro de México. Reunió a distintos sectores para escuchar experiencias, conectar iniciativas y avanzar en una agenda nacional de paz.
Más de dos años después, el segundo encuentro se realizó del 30 de enero al 1 de febrero de 2026 en el ITESO, universidad jesuita de Guadalajara, en el occidente del país. De acuerdo con el comunicado final, participaron más de 1,200 líderes sociales, religiosos, académicos, empresarios, autoridades locales y representantes de organizaciones civiles.
Ambos encuentros forman parte de un esfuerzo que busca convertir la escucha de las víctimas en acciones sostenidas. En el caso de las familias buscadoras, el padre Atilano describe un acompañamiento que abarca la vida parroquial y los espacios de diálogo con las autoridades.
Los rostros de los desaparecidos llegaron al Papa
En octubre de 2026, ese trabajo tuvo también una expresión en el Vaticano. Como informó Press Crux, Mons. Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, presentó al Papa León XIV un documento con fotografías de personas desaparecidas en México y recibió su promesa de oración.
La iniciativa surgió de la convocatoria «Un nombre, mil voces». En una publicación del 9 de octubre de 2026, el Diálogo Nacional por la Paz explicó que el libro reunió fichas y fotografías enviadas por familias y colectivos de búsqueda. Cada registro conservaba un nombre, un rostro y datos de la desaparición: la memoria de alguien a quien su familia no ha dejado de buscar.
Abrir los templos y aprender a escuchar
“Cuando una familia se acerca a la Iglesia, busca consuelo, busca quien la escuche”, explica el padre Atilano. Por ello, considera que el acompañamiento comienza con la disposición a recibir a quienes llegan con su dolor y con la fotografía de un familiar.
El sacerdote menciona los centros de escucha y las celebraciones o ritos que acompañan el inicio de las búsquedas como espacios donde las familias pueden expresar su sufrimiento, recibir palabras de esperanza y compartir la oración. Reconoce, sin embargo, que la respuesta eclesial necesita “mayor apertura, mayor sensibilidad”, además de una mejor preparación para saber cómo actuar ante estos casos.
Entre las iniciativas que describe están los buzones de paz, que las familias llevan a las iglesias para sensibilizar a las comunidades. Después de una charla de reflexión, las personas pueden depositar mensajes de esperanza o información que pudiera ayudar a localizar a quienes siguen desaparecidos. Posteriormente, las familias recogen y revisan ese material para orientar sus búsquedas.
Acompañar también exige verdad y justicia
El trabajo ha incluido mesas de diálogo entre familias buscadoras y autoridades federales o estatales. Según el sacerdote, estos espacios han contribuido a sensibilizar a funcionarios, presentar propuestas técnicas y agilizar algunas búsquedas, aunque persisten resistencias. “Vemos que falta voluntad para resolver el problema”, advierte.
El padre Atilano identifica dos obstáculos principales: la crisis del sistema forense y la de las fiscalías, las instituciones encargadas de investigar los delitos. Se trata de tareas distintas, pero relacionadas: identificar a las personas cuyos restos han sido encontrados y esclarecer qué ocurrió con quienes siguen desaparecidos.
Las carencias aparecen también en la información oficial. En un despacho del 27 de marzo de 2026, Reuters informó que menos del 10% de un grupo de más de 43 mil registros completos, sin actividad detectada en otras bases gubernamentales, tenía una investigación penal vinculada. El dato correspondía a ese conjunto específico de expedientes y mostraba la distancia entre registrar una desaparición e investigarla.
La fe que sostiene la búsqueda
En su cercanía con las familias, al sacerdote le impresionan la paciencia, el esfuerzo y la valentía con que perseveran, así como los conocimientos que han adquirido para encontrar algún indicio del paradero de sus seres queridos. Desde la fe, acompañarlas significa reconocer la presencia de Dios en ese sufrimiento y en la fuerza que les permite continuar.
Para quienes desean colaborar, propone acercarse al Diálogo Nacional por la Paz y comenzar con círculos de escucha en el entorno familiar o escolar. La invitación a las comunidades católicas parte de un gesto sencillo: que quien entre a un templo con la fotografía de un familiar desaparecido encuentre a alguien dispuesto a escuchar su historia, compartir su oración y acompañar su búsqueda.


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El padre Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, consulta una publicación durante una reunión de trabajo. Foto: cortesía del padre Jorge Atilano González Candia S.J.
El cardenal Pietro Parolin consulta una publicación sobre la metodología para la construcción de la paz. Foto: cortesía del padre Jorge Atilano González Candia.
Una madre buscadora participa en un encuentro del Diálogo Nacional por la Paz, iniciativa que promueve la escucha y el acompañamiento a las familias de personas desaparecidas en México. Foto: cortesía del padre Jorge Atilano González Candia.
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