«Nuestra única arma es el amor»: la Iglesia francesa pide escuchar a los jóvenes y frenar la violencia

Las demandas sobre educación, vivienda y poder adquisitivo mantienen las movilizaciones pese a las medidas anunciadas por el Gobierno. Desde París, Lyon, Agen y Le Havre, responsables religiosos reclaman diálogo, respuestas políticas y solidaridad con las víctimas de los disturbios.

IGLESIA EN FRANCIA

Ana Paula Morales (Poli)

10/30/20265 min leer

Manifestaciones en las inmediaciones de la Porte Saint-Denis, en París, el 17 de octubre de 2026, durante las movilizaciones sociales que atraviesan Francia. Fotografía: Jules* / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

FRANCIA.— Escuchar las preocupaciones de los jóvenes, atender las reivindicaciones justas y detener la violencia. Ese es el llamamiento que atraviesa los mensajes publicados por responsables de la Iglesia católica francesa ante las movilizaciones estudiantiles y sociales de octubre, mientras las organizaciones mantienen sus convocatorias pese a las medidas anunciadas por el Gobierno para responder a la crisis educativa.

«Nuestra única arma es el amor que se entrega» es el título, traducido del francés, de la carta publicada el 22 de octubre por los responsables de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Francesa, el organismo que reúne a los obispos católicos del país. La firman monseñor Jean-Philippe Nault, obispo referente para esa pastoral, y el padre Christophe Danset, delegado nacional. Ambos reconocen que las protestas expresan una inquietud profunda por el futuro y una búsqueda de sentido, al tiempo que lamentan los saqueos, daños y enfrentamientos que han acompañado algunas manifestaciones.

Qué reclaman los jóvenes

El movimiento reúne demandas concretas sobre las condiciones de estudio y las posibilidades de construir una vida independiente. Según una información de AFP publicada por TV5MONDE, los estudiantes de secundaria reclaman una transformación profunda o la supresión de Parcoursup, la plataforma utilizada para solicitar el acceso a la educación superior. También piden cambios en los horarios escolares, sustitución de profesores ausentes, grupos menos numerosos y renovación de los edificios, incluida su adaptación a las altas temperaturas.

Entre los universitarios, las demandas incluyen más plazas en la enseñanza superior pública, una reforma de las becas, un incremento de 200 euros mensuales de esas ayudas y la rehabilitación de residencias estudiantiles deterioradas. AFP explica que estas reivindicaciones confluyen con un malestar social más amplio por los salarios, el costo de la alimentación, la energía y la vivienda, así como por la situación de los servicios públicos. Las organizaciones sindicales también reclaman mejoras del poder adquisitivo y mayor justicia fiscal y social.

El Gobierno presentó el 26 de octubre una respuesta que incluye cambios en Parcoursup en 2027 y su sustitución en 2028, sujeta a una modificación legislativa. Según AFP, en otra información difundida por TV5MONDE, también anunció 15.000 plazas adicionales en educación superior, la actualización de las becas conforme a la inflación y un plan de renovación de centros educativos por 5.000 millones de euros, principalmente mediante préstamos a tasas reducidas para las administraciones territoriales.

Las medidas contemplan, además, limitar progresivamente a 28 alumnos los grupos de seconde, el primer curso del liceo francés, comenzando por los establecimientos más desfavorecidos. Sin embargo, las organizaciones estudiantiles y de secundaria consideraron insuficientes los anuncios y llamaron a continuar la movilización, informó la agencia.

La protesta ya había desbordado el ámbito educativo. De acuerdo con Reuters, en un despacho del 25 de octubre, el Ministerio del Interior contabilizó 410.000 participantes en las marchas del sábado 24. Aunque el despliegue policial limitó los desórdenes respecto al fin de semana anterior, hubo enfrentamientos en ciudades como París y Marsella. Distintas organizaciones anunciaron nuevas manifestaciones para el 31 de octubre y una huelga nacional para el 5 de noviembre.

La Iglesia distingue las reivindicaciones de los saqueos

La presidencia de la Conferencia Episcopal intervino mediante un comunicado publicado el 19 de octubre, firmado por el cardenal Jean-Marc Aveline y los vicepresidentes, monseñores Vincent Jordy y Benoît Bertrand. Expresaron su solidaridad con las personas heridas y los comerciantes afectados, condenaron los ataques y pidieron que las reivindicaciones justas fueran escuchadas y atendidas mediante el diálogo y la justicia.

En París, el arzobispo Laurent Ulrich advirtió sobre una consecuencia de los disturbios: la violencia termina por hacer invisibles e inaudibles las preocupaciones legítimas de quienes se manifiestan, especialmente de los jóvenes que buscan incorporarse a la vida adulta. En su mensaje del 19 de octubre, recordó a los heridos, los comerciantes perjudicados, los periodistas agredidos y las familias que sintieron miedo de salir de casa. Reclamó a los católicos compromiso, consuelo y trabajo por la comprensión mutua.

Las consecuencias alcanzaron incluso a una iniciativa interreligiosa por la paz. En Lyon, monseñor Olivier de Germay informó de que la prefectura había solicitado aplazar una marcha organizada con musulmanes, judíos y cristianos de otras confesiones debido a la violencia. En los comunicados publicados por la diócesis, el arzobispo reconoció el malestar de la sociedad, pero sostuvo que los enfrentamientos y saqueos agravan las injusticias y las divisiones. También expresó su solidaridad con quienes habían querido manifestarse pacíficamente.

Desde Agen, monseñor Alexandre de Bucy reconoció las demandas contra la carestía y a favor de mayores recursos educativos. «Romper, saquear, desbordarse de violencia no conduce a nada, no construye nada», afirmó en su comunicado del 19 de octubre. El obispo invitó a las parroquias a rezar por el diálogo, la justicia y la paz, y anunció celebraciones con las oraciones del misal previstas para tiempos de graves dificultades.

En Le Havre, los responsables religiosos fueron explícitos sobre la necesidad de una respuesta política. Su declaración, fechada el 23 de octubre y publicada por la diócesis al día siguiente, condena la violencia y reconoce un malestar real entre los jóvenes. «¿Los jóvenes de nuestra sociedad son escuchados?», preguntan. Reclaman una escucha que se traduzca en reconocimiento y medidas a la altura de sus expectativas, especialmente ante una fractura social que dificulta vivir con dignidad.

El mensaje del Papa que recupera la carta

La carta de Pastoral Juvenil sitúa el compromiso cristiano dentro de ese escenario. Recupera las enseñanzas de León XIV durante su reciente encuentro con los jóvenes en Francia y propone evitar el orgullo, la violencia y la codicia; buscar la justicia, la caridad y la mansedumbre; y comprometerse por aquello que se considera justo. Como explicó Vatican News en su cobertura del mensaje, la invitación es a actuar desde la fe sin recurrir al desprecio ni a la opresión.

Los firmantes animan a los jóvenes a discernir sus decisiones mediante la oración y la reflexión compartida en capellanías, asociaciones y grupos. Reconocen la posibilidad de participar y expresar ideas en democracia, y los invitan a encontrar dónde pueden servir. El llamamiento une así la defensa de la justicia con una exigencia concreta: que la preocupación por el futuro se transforme en participación, encuentro y construcción de paz.

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