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PISA 2025: “Tenemos una deuda grande con los niños y adolescentes de México”, advierte el secretario general del Episcopado Mexicano
México volvió a quedar por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. Mons. Héctor Pérez Villarreal; Israel Sánchez Martínez, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia; y el rector de la Universidad Intercontinental, Mtro. Hugo Avendaño Contreras, analizan el rezago educativo y sus consecuencias para los jóvenes.
ENTREVISTA | IGLESIA MÉXICO
Ana Paula Morales (Poli)
9/8/202613 min temps de lecture


Imagen: Press Crux / IA.
Ciudad de México.- a preocupación de Mons. Héctor Pérez Villarreal no comienza en los 388 puntos obtenidos por México en matemáticas ni en la distancia que separa al país del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Comienza, asegura, en cada niño y adolescente que se encuentra detrás de esas cifras.
“Sin duda nos preocupa la persona. El debate no es el número, porque ese número puede ser relativo e inclusive esta evaluación ha recibido críticas y puede tener sus imperfecciones o limitaciones”, explicó a Press Crux el obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).
Aun con esas limitaciones, el prelado considera que los resultados muestran una realidad que el país no puede ignorar: millones de estudiantes no están recibiendo plenamente las herramientas necesarias para comprender lo que leen, resolver problemas y afrontar un entorno cada vez más complejo. “La prueba nos dice que tenemos una deuda grande con los niños y adolescentes de México: capacitarlos para leer, para saber resolver problemas, para saber enfrentar no solamente un problema de matemáticas, sino los problemas grandes y terribles que a veces van a tener que enfrentar”, advirtió.
Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre, colocaron nuevamente la calidad de la educación mexicana en el centro de la discusión. De acuerdo con la ficha de México elaborada por la OCDE, los estudiantes de 15 años obtuvieron 414 puntos en ciencias, 408 en lectura y 388 en matemáticas, por debajo del promedio de los países miembros del organismo en las tres áreas.
La evaluación reunió a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías, representativos de alrededor de 33 millones de jóvenes. En México, solamente 30% de los alumnos alcanzó al menos el nivel básico de competencia en matemáticas; es decir, aproximadamente siete de cada diez no llegaron al Nivel 2, considerado por PISA como el umbral mínimo para emplear conocimientos matemáticos ante problemas concretos. Cerca de la mitad de los estudiantes mexicanos tampoco alcanzó ese nivel en lectura y ciencias.
Otro dato revela la profundidad del rezago: 41,8% de los adolescentes evaluados presentó un bajo desempeño simultáneo en matemáticas, lectura y ciencias, frente al 19,7% registrado en promedio entre los países de la OCDE. Apenas 0,5%, uno de cada 200 estudiantes mexicanos, alcanzó niveles altos de desempeño.
“No basta con estar en la escuela”
Para Hugo Antonio Avendaño Contreras, rector de la Universidad Intercontinental (UIC), los resultados deben asumirse con seriedad, aunque PISA no pueda considerarse el único criterio para evaluar un sistema educativo. “Lo primero que me dicen es que tenemos un problema de aprendizaje que debemos reconocer con seriedad, pero siendo sensibles con las realidades particulares de nuestros jóvenes y sus maestros”, afirmó en entrevista con Press Crux.
Las dificultades para comprender un texto, argumentar, razonar matemáticamente, interpretar evidencia científica o resolver problemas no permanecen dentro del salón de clases. Con el paso del tiempo repercuten en la formación universitaria, en las posibilidades de encontrar un empleo, en el ejercicio de la ciudadanía y en la capacidad de tomar decisiones informadas.
Avendaño reconoce que México ha avanzado en cobertura educativa, pero advierte que incorporar a más niños y jóvenes a las aulas no resuelve por sí mismo el problema. “No basta con que un joven esté en la escuela; necesitamos que la escuela realmente amplíe sus capacidades y sus posibilidades de vida”, subrayó.
El diagnóstico coincide con las advertencias de UNICEF sobre la educación y el aprendizaje en México. El organismo identifica dos desafíos estrechamente relacionados: las trayectorias escolares incompletas y los bajos niveles de aprendizaje. Solamente 56 de cada 100 niños que comienzan la primaria consiguen concluir la educación media superior sin repetir un grado o abandonar temporalmente sus estudios. Los rezagos comienzan durante los primeros años de escolaridad, se acumulan en la secundaria y terminan reduciendo las oportunidades educativas y laborales.
Padres de familia piden recuperar la evaluación
Israel Sánchez Martínez, presidente nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), considera que los resultados confirman las advertencias que la organización ha formulado desde la implementación de los cambios educativos de los últimos años. En declaraciones a Press Crux, cuestionó la aplicación de la Nueva Escuela Mexicana, las modificaciones en planes y programas, las deficiencias que la organización observa en los libros de texto y la falta de una preparación suficiente para que los docentes llevaran esos cambios a las aulas.
A juicio de Sánchez, después del rezago provocado por la pandemia, el sistema educativo debía concentrar sus esfuerzos en recuperar los aprendizajes fundamentales, particularmente la lectura, la escritura y las matemáticas. En ese contexto, considera que la introducción de nuevos programas sin una capacitación suficiente para maestros y escuelas profundizó dificultades que ya eran visibles.
Una de las principales preocupaciones de la UNPF es el debilitamiento de la evaluación. Sánchez sostiene que evaluar no debe entenderse como un castigo para alumnos o profesores, sino como una herramienta para identificar los rezagos y actuar antes de que un estudiante avance de grado sin haber consolidado conocimientos indispensables. La organización propone fortalecer los contenidos básicos, mejorar la formación y las condiciones laborales de los docentes, garantizar una infraestructura digna y recuperar mecanismos nacionales de evaluación que permitan comparar resultados a lo largo del tiempo.
La UNPF también pide establecer una política educativa con objetivos medibles, rendición de cuentas y continuidad más allá de cada sexenio. Sánchez reconoce que las becas pueden aliviar necesidades económicas de las familias, pero advierte que una transferencia monetaria no puede sustituir el propósito central del sistema: conseguir que los niños aprendan y amplíen sus posibilidades de desarrollo.
Algunas de estas propuestas coinciden con el análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad, que pidió restablecer una evaluación nacional estandarizada y comparable en el tiempo, así como definir con mayor precisión los contenidos de matemáticas y ciencias que los estudiantes deben dominar al finalizar la secundaria.
No obstante, atribuir los resultados exclusivamente a una reforma sería insuficiente. El rezago educativo se ha extendido durante varios gobiernos y también está relacionado con la pandemia, la desigualdad social, la marginación y las dificultades que acompañaron la ampliación de la cobertura escolar.
El Gobierno federal ha pedido considerar ese contexto. La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó que una misma evaluación se aplique a países con condiciones socioeconómicas distintas, aunque reconoció la necesidad de reforzar matemáticas y lectoescritura. También destacó el aumento de la cobertura y algunos resultados favorables de la educación pública. Tras conocerse PISA, anunció la preparación de materiales específicos para fortalecer ambas áreas, según informó El País.
En comparación con 2022, México perdió siete puntos en matemáticas y siete en lectura, mientras ganó cuatro en ciencias. La OCDE considera estadísticamente significativo el retroceso en matemáticas; en lectura y ciencias, los resultados se mantuvieron relativamente estables. En una perspectiva más amplia, el desempeño actual en matemáticas y comprensión lectora se encuentra por debajo del alcanzado por el país en varios ciclos anteriores.
Cuando la educación deja de generar esperanza
Mons. Pérez Villarreal lleva el análisis más allá de los indicadores académicos. A su juicio, una educación deficiente no solamente puede agravar en el futuro la desigualdad y la exclusión, sino que sus consecuencias ya son visibles en la vida social del país.
“Yo diría que no solamente una educación deficiente puede terminar profundizando los problemas de nuestra sociedad, sino que de hecho ya los está profundizando”, afirmó. El secretario general de la CEM relaciona la falta de oportunidades educativas con uno de los problemas más graves que enfrenta México: el reclutamiento de adolescentes y jóvenes por parte del crimen organizado.
“Cuando el Estado mexicano no cumple con la tarea de educar y capacitar a sus adolescentes y jóvenes, alguien más va a llegar y los va a capacitar para algo que tal vez no sea lo mejor”, advirtió.
El obispo considera que el abandono educativo puede dejar a los adolescentes sin un proyecto capaz de ofrecerles una perspectiva de futuro. “El reclutamiento que el crimen organizado realiza de estos adolescentes, en los que terminan convirtiéndose en criminales, es también consecuencia de una educación que a veces no inspira, que no genera esperanza”, señaló.
La relación no puede explicarse únicamente desde la escuela. La pobreza, el abandono familiar, la presencia de grupos criminales, la violencia, la falta de empleo y la debilidad institucional se entrecruzan en las comunidades donde los adolescentes son más vulnerables. El análisis de UNICEF y el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes señala que 14 millones de menores viven en situación de pobreza y 2,7 millones en pobreza extrema, mientras la marginación, la violencia y las trayectorias escolares incompletas se refuerzan mutuamente.
“Por eso, esta falta de educación tampoco alimenta la paz que todos apreciamos”, sostuvo Mons. Pérez Villarreal.
Lo que una evaluación no alcanza a medir
Detrás del desempeño escolar existen realidades familiares que no aparecen en una hoja de respuestas. Cuando se le pregunta qué observa actualmente entre los niños y sus familias, Mons. Pérez Villarreal habla de hogares donde falta el padre o la madre, familias en las que ambos deben trabajar durante jornadas prolongadas, menores que no reciben una alimentación adecuada y niños que crecen entre la violencia o sin la seguridad afectiva necesaria para aprender.
“Los niños que no comen bien, que no tienen la certeza emotiva y afectiva de pertenecer, tampoco pueden estudiar bien”, explicó.
En muchas familias, la ausencia de acompañamiento adulto es ocupada por una pantalla. El obispo señala que los niños y adolescentes enfrentan desafíos que las generaciones anteriores no conocieron y que el problema no se limita a contar las horas que pasan frente a un dispositivo. Cuando no existen orientación y vínculos familiares sólidos, la tecnología puede asumir una función formativa que correspondía principalmente a los padres, la escuela y la comunidad.
“Sin duda, los niños y adolescentes de hoy tienen retos inimaginables que nosotros no vivimos”, reconoció.
La preocupación no se limita a México. Reuters informó, al presentar los resultados mundiales de PISA 2025, que la comprensión lectora de los adolescentes cayó a su nivel más bajo desde el inicio de la evaluación y que la OCDE observa una relación entre el debilitamiento de la lectura, el aumento del tiempo frente a las pantallas y la reducción de la lectura por placer.
En México, 37% de los estudiantes señaló que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias, frente a un promedio de 28% en los países de la OCDE. Los alumnos mexicanos reportaron utilizar estos dispositivos dentro de la escuela durante 1,5 horas diarias para aprender y 1,2 horas para actividades de ocio.
PISA también examinó con mayor detalle el uso de la inteligencia artificial. En México, 47% de los estudiantes afirmó utilizar al menos una vez por semana herramientas de IA generativa para ayudarse a aprender, prácticamente el mismo porcentaje que el promedio de la OCDE, situado en 46%.
Para Avendaño, esta realidad vuelve todavía más urgente enseñar a pensar. Un estudiante puede acceder en segundos a grandes cantidades de información e incluso recibir una respuesta elaborada por una máquina, pero precisamente por eso necesita aprender a verificar, discernir, distinguir fuentes confiables y tomar decisiones por sí mismo. El desafío no consiste simplemente en prohibir la tecnología, sino en evitar que la facilidad para obtener una respuesta sustituya el proceso de formular preguntas, comprender un argumento y reconocer la diferencia entre información cierta, falsa o manipulada.
El rezago comienza al llegar a las universidades
Las consecuencias de esta crisis no terminan cuando un estudiante concluye la secundaria o el bachillerato. Avendaño advierte que las universidades deberán prepararse para recibir jóvenes con talento, creatividad y aspiraciones, pero también con brechas importantes en aprendizajes fundamentales.
“No es que estemos recibiendo una generación sin capacidades”, aclaró. Son jóvenes familiarizados con la tecnología, capaces de adaptarse y de encontrar nuevas maneras de comunicarse y aprender. El problema aparece cuando ingresan a la universidad sin haber consolidado suficientemente la comprensión lectora, la escritura, la argumentación o el razonamiento matemático.
La educación superior exige precisamente esas capacidades: investigar, distinguir fuentes confiables, formular preguntas, desarrollar un argumento y tomar decisiones fundamentadas. Por ello, el rector propone reforzar los diagnósticos de ingreso, los cursos de nivelación, las tutorías y el acompañamiento académico, además de revisar la manera en que se organiza el primer año universitario.
“No para disminuir la exigencia, sino para generar las condiciones que permitan alcanzarla”, puntualizó.
Avendaño identifica tres prioridades para comenzar a revertir el problema. La primera es recuperar los aprendizajes fundamentales: comprensión lectora, escritura y razonamiento matemático y científico, a los que deben sumarse el pensamiento crítico y la alfabetización digital. La segunda es fortalecer al profesorado mediante una mejor formación inicial, actualización constante, condiciones laborales dignas, autonomía profesional y acceso adecuado a la tecnología.
La tercera prioridad es construir una política educativa nacional de largo plazo, capaz de sobrevivir a los cambios de gobierno y a las disputas partidistas. Las dificultades que PISA registra a los 15 años, recuerda, no comienzan en la adolescencia, sino que se forman durante los primeros años de escolaridad y se profundizan cuando el sistema no consigue atenderlas oportunamente.
Un pacto alrededor de los niños
Las tres voces consultadas por Press Crux coinciden en que la responsabilidad educativa no puede depositarse exclusivamente sobre los maestros. Avendaño recuerda que el estudiante debe asumir progresivamente la responsabilidad de su esfuerzo; la familia debe acompañar, formar hábitos y transmitir valores; la escuela responde profesionalmente por la enseñanza, y el Estado tiene la obligación de garantizar docentes preparados, infraestructura, conectividad, materiales, evaluación y presupuesto suficientes.
Israel Sánchez insiste en la necesidad de incorporar verdaderamente a los padres de familia en las decisiones educativas y de ofrecerles información clara sobre lo que sus hijos deben aprender en cada etapa. Para la UNPF, la participación de las familias no puede reducirse a resolver necesidades materiales de las escuelas: debe formar parte del seguimiento académico y de la construcción de una política educativa duradera.
Mons. Pérez Villarreal recupera, por su parte, el Pacto Educativo Global propuesto por el Papa Francisco, que invita a la sociedad a colocar en el centro la dignidad de cada persona y a renovar el compromiso compartido con las nuevas generaciones.
“Es un pacto en el que toda la sociedad tenemos que poner al centro a nuestros niños y adolescentes y comprender que es por ellos que tenemos que vivir, ofreciéndoles un horizonte de esperanza y las herramientas necesarias para crecer integralmente”, explicó.
Para el obispo, educar no significa únicamente transmitir conocimientos ni preparar a una persona para incorporarse al mercado laboral. “La educación no mira al niño como un cerebro a desarrollar, sino como un hombre y una mujer a desarrollarse integralmente”, afirmó. Esa formación comprende la inteligencia, pero también las dimensiones afectiva, física, social y espiritual. “No es solamente el maestro; es también la familia y es también la comunidad”.
Avendaño plantea la misma cuestión desde el humanismo cristiano. Una educación de calidad no puede reducir a una persona a una calificación, a su productividad o a las competencias necesarias para obtener un empleo. Debe enseñarle a pensar, ejercer responsablemente su libertad, convivir con los demás, construir un proyecto de vida y poner sus capacidades al servicio de la sociedad.
“La excelencia académica es una responsabilidad ética, porque prepararse mejor significa estar en mejores condiciones para servir mejor”, afirmó.
Mons. Pérez Villarreal pide volver a reconocer el valor único de cada niño y adolescente, así como ofrecerles un horizonte que les permita descubrir posibilidades distintas de la violencia. “En ningún corazón se siembra el odio; ningún corazón se realiza haciendo el mal”, señaló.
Por eso, exhortó a las familias, las autoridades, la Iglesia y la sociedad a asumir conjuntamente una deuda que no puede medirse solamente mediante resultados académicos. “Tenemos que brindarles las herramientas necesarias para que puedan enfrentar esta realidad tan cambiante y tan difícil, para que puedan vivir con plenitud el sueño que Dios sembró en su corazón”.
PISA 2025 deja a México cifras incómodas: siete de cada diez adolescentes no alcanzan el nivel básico en matemáticas y una proporción considerable presenta dificultades simultáneas en lectura, ciencias y razonamiento matemático. Pero la deuda señalada por el secretario general del Episcopado Mexicano se mide también en las posibilidades que tendrá cada joven para comprender el mundo, elegir libremente su camino, mantenerse lejos de la violencia y construir un proyecto de vida.
Ese es, finalmente, el examen que México no puede reprobar.
Dr. Israel Sánchez Martínez
Presidente nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia




Mons. Héctor Pérez Villarreal
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México y Secretario General de la Conferencia del Espicopado Mexicano


Mtro. Hugo Avedaño Contreras
Rector de la Universidad Intercontinental


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