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“No promovemos la migración ilegal, sino vías legales”: obispo mexicano pide una política fronteriza humana
En entrevista exclusiva con Press Crux, Mons. Eugenio Lira advirtió que las políticas migratorias más restrictivas están provocando separación familiar, miedo, vulnerabilidad y una mayor exposición al crimen organizado. Tras el encuentro de obispos de México, Estados Unidos y Canadá en Cuernavaca, explicó que las tres conferencias episcopales buscan fortalecer una respuesta común.
ENTREVISTA | IGLESIA EN MÉXICO
Ana Paula Morales (Poli)
9/18/20267 min temps de lecture


“Familias migrantes recorren una ruta cercana a la frontera entre México y Estados Unidos. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial para Press Crux”.
Matamoros, Tamaulipas.— El obispo de Matamoros-Reynosa, Mons. Eugenio Lira, afirmó que la Iglesia católica defiende vías legales para la migración y pidió que las medidas de seguridad fronteriza respeten los derechos de las personas, independientemente de su situación documental.
“La Iglesia no aboga por fronteras abiertas, sino por leyes que respeten los derechos humanos básicos”, señaló en entrevista exclusiva con Press Crux, citando a los obispos de la frontera Texas-México. “No fomentamos la migración ilegal o indocumentada, sino que abogamos por vías legales para la migración”, añadió.
Mons. Lira, responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), participó en el Encuentro Fraterno de obispos delegados de México, Estados Unidos y Canadá, celebrado del 30 de agosto al 4 de septiembre en Cuernavaca. Los participantes analizaron cómo mejorar la atención a los migrantes mediante la colaboración entre diócesis y organizaciones católicas de los tres países.
Las propuestas serán presentadas a los consejos permanentes de las respectivas conferencias episcopales para su valoración y posible aprobación. Entre ellas figuran la formación de agentes pastorales, la difusión de información veraz, la defensa de los derechos humanos y la obtención de recursos para sostener los servicios de asistencia.
“Lo que más preocupa a la Iglesia es el reconocimiento y el respeto a la dignidad humana de todas las personas, tengan o no documentación”, subrayó el obispo.
Separación familiar y temor a las deportaciones
La reunión se celebró en un contexto de restricciones migratorias en Norteamérica. En enero de 2025, el Gobierno de Donald Trump eliminó las disposiciones que limitaban los operativos en iglesias, escuelas y hospitales de Estados Unidos, según informó Associated Press.
En noviembre de ese año, los obispos estadounidenses rechazaron las deportaciones masivas indiscriminadas y expresaron su preocupación por el temor entre las comunidades migrantes y las condiciones de detención, de acuerdo con Reuters. Canadá también redujo sus metas: su plan migratorio para 2026-2028 contempla 385,000 nuevas llegadas de estudiantes y trabajadores temporales en 2026 y busca que la población de residentes temporales represente menos del 5% del total nacional al terminar 2027.
Mons. Lira se refirió a las consecuencias de las medidas estadounidenses adoptadas desde la declaración de emergencia nacional en la frontera sur, el 20 de enero de 2025. Mencionó la cancelación de citas mediante CBP One, el despliegue militar, las restricciones al refugio y al asilo, las detenciones y deportaciones y la suspensión de fondos para programas humanitarios.
Estas decisiones, advirtió, han provocado separaciones familiares, pérdidas patrimoniales y afectaciones físicas y psicológicas. También han generado “un flujo migratorio inverso y peligroso”, con personas que afrontan dificultades para reintegrarse o permanecen varadas en México y en terceros países, expuestas al crimen organizado.
El temor a los operativos ha afectado también la participación de los migrantes en sus comunidades religiosas. El 18 de agosto de 2026, una corte de apelaciones estadounidense mantuvo una restricción a esas acciones en ocho lugares de culto vinculados con los demandantes. Según Reuters, los jueces consideraron probable que la política federal vulnerara la libertad religiosa. La protección se limita a esos lugares.
Los peligros del trayecto migratorio
El obispo explicó que muchas personas dejan su hogar por la pobreza, la violencia, la corrupción, la inestabilidad política o los desastres naturales; otras buscan reunirse con sus familias. Quienes viajan sin documentos suelen recurrir a rutas peligrosas, donde pueden sufrir extorsiones, secuestros, violencia sexual y trata.
Al citar la guía pastoral No esclavos sino hermanos, del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño y la Red Clamor, recordó que algunos migrantes son sometidos a explotación laboral o sexual, obligados a participar en actividades relacionadas con las drogas o reclutados por grupos armados.
Entre las dificultades que persisten en los países de destino, mencionó la “soledad, nostalgia, desarraigo, vulnerabilidad legal y laboral, invisibilidad, explotación, discriminación y persecución constante”. Sin embargo, destacó que muchos migrantes logran mejorar sus condiciones de vida, sostienen a sus familias y contribuyen al trabajo, la economía y la vida parroquial de las comunidades que los reciben.
La red católica de atención a migrantes
Mons. Lira indicó que 54 de los casi cien centros y albergues para migrantes administrados por organizaciones religiosas y civiles en México son atendidos por instituciones católicas. En ellos, laicos, religiosas, diáconos y sacerdotes ofrecen hospedaje, alimentación, atención médica, asesoría jurídica y acompañamiento emocional y espiritual.
Algunos centros también ayudan a realizar trámites, acceder a la educación y encontrar empleo. Otros servicios se dirigen a quienes han sufrido trata, secuestro o agresiones. Las casas del migrante y las pastorales diocesanas mantienen comunicación para acompañar a las personas durante su recorrido, con apoyo de consulados, autoridades, universidades y organismos humanitarios.
El obispo recordó la campaña “You Are Not Alone” —“No estás solo”— de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y la red de apoyo a trabajadores agrícolas migrantes surgida de las diócesis católicas de Quebec, en Canadá.
La cooperación entre los episcopados tiene antecedentes como el trabajo de los obispos de la frontera Texas-México, que en 2026 cumple 40 años. También existen iniciativas entre diócesis de otras regiones fronterizas y redes de colaboración en Centroamérica y el Caribe. El encuentro de Cuernavaca busca fortalecer estos vínculos para dar continuidad a la asistencia entre un país y otro.
La enseñanza de la Iglesia sobre la acogida
Mons. Lira sostuvo que las leyes deben permitir “una frontera segura y una política de inmigración humana”. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 2241, recoge tanto el deber de los países más prósperos de acoger, según sus posibilidades, a quienes buscan seguridad y sustento, como la facultad de las autoridades de establecer condiciones jurídicas para la inmigración. También señala que los inmigrantes deben cumplir las leyes y respetar el patrimonio material y espiritual del país que los recibe.
El Papa León XIV se refirió a esta cuestión el 23 de abril de 2026, durante el vuelo de regreso de África a Roma. Reconoció el derecho de los Estados a controlar sus fronteras, pero denunció que algunos migrantes son tratados “peor que los animales domésticos”. Según Reuters, pidió además a los países con mayores recursos contribuir al desarrollo de las naciones de origen para que sus habitantes no se vean obligados a emigrar.
El desplazamiento forzado dentro de México
El obispo advirtió también sobre las familias que huyen de la violencia sin salir del territorio mexicano. “De acuerdo con fuentes locales, académicas y medios de comunicación, el desplazamiento forzado interno en México constituye una crisis persistente y subregistrada”, afirmó.
El Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno estimó que en 2024 se produjeron unos 26,000 nuevos desplazamientos por conflictos y violencia en México y que cerca de 390,000 personas seguían desplazadas al finalizar ese año, según los datos del organismo recogidos por El País.
Mons. Lira explicó que la falta de un registro nacional dificulta conocer cuántas personas han huido, cuántas pudieron regresar y cuántas necesitan una solución permanente. Muchas de estas familias dependen de parroquias, albergues, Cáritas y organizaciones civiles para conseguir alimentos, alojamiento, atención médica y acceso a la escuela para sus hijos.
El Estado, señaló, debe prevenir la violencia, garantizar la seguridad, perseguir los delitos y atender a las víctimas. También pidió a la sociedad defender la vida y la dignidad de las personas desde las familias, las escuelas y los lugares de trabajo.
Al referirse a la acogida al extranjero, recordó el mandato bíblico: “Será para ustedes como uno de sus compatriotas y lo amarás como a ti mismo”.




Mons. Eugenio Lira participa en una celebración pastoral en la Diócesis de Matamoros-Reynosa. Fotografía proporcionada por Mons. Eugenio Lira.
Foto: Cortesía de Mons. Eugenio Lira
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